LOGINSinopsis Reclamado por un Alfa. Cazados por enemigos. Nacido para gobernar. Tras años atrapada en una relación tóxica, Valeria, de veinte años, finalmente deja a su novio infiel. Ella piensa que lo peor ya pasó. Se equivoca. En el momento en que se vaya, Rafael Navarro... un maldito Rey Alfa entra en su vida y afirma que es su verdadera pareja. Para sobrevivir, Valeria acepta un matrimonio falso Para evitar que Rafael muera, tiene que convertirse en algo más que humana. Pero nada es sencillo. Los enemigos están observando. Quieren que desaparezca. Una maldición mortal está contando el tiempo de Rafael. Y justo cuando Valeria piensa que las cosas no pueden volverse más locas, descubre la verdad: No es una persona corriente. Es la última sangre de la Manada de la Luna de Sangre, una rara loba blanca con el poder de curar... o destruir. Ahora se acerca la guerra. La confianza se está rompiendo. Y la chica que antes se sentía impotente tiene que decidir quién es realmente. Valeria puede huir del lobo que lleva dentro. O ascender como la Reina Alfa que siempre debió ser.
View MorePrólogo
La luna se volvió roja esa noche.
No era la típica luna blanca y suave. Parecía oscuro y pesado, como si el cielo .
Cada lobo de la Manada de la Luna de Sangre sentía algo extraño en el aire. Se sentía poderoso. Parecía una advertencia.
Todos los lobos se reunieron fuera de su casa de manada. Los guerreros se mantenían en filas firmes. Los ancianos bajaron la cabeza. El Alfa y su Luna estaban juntos al frente, cogidos de la mano con orgullo.
Esta noche se suponía que iba a ser sagrada y pacífica.
En cambio, se convirtió en la noche en que todo murió.
Dentro de la gran casa de la manada de madera, Luna estaba sentada en su habitación sosteniendo a su recién nacida. El bebé había nacido hacía solo unas horas.
Estaba muy callada.
No lloró. No se movía mucho. Simplemente miró la luna roja a través de la ventana abierta. Sus pequeños ojos eran plateados.
La Luna acarició suavemente el suave cabello de su hija.
"Eres especial", susurró. "Eres fuerte, más fuerte de lo que crees."
Los ojos plateados del bebé parecían brillar más.
Entonces, de repente.
Un aullido fuerte y terrible llenó el aire.
No era un llamado de lobo normal.
Era un grito de guerra.
Fuera, el Alfa se giró rápidamente hacia el bosque. Sus guerreros también se giraron.
Pero ya era demasiado tarde.
Lobos rebeldes salieron disparados de los árboles. Estaban salvajes y enfadados. Atacaron sin previo aviso.
La reunión pacífica se convirtió en caos.
Los lobos luchaban por todas partes. Garras desgarraban carne. La sangre cubría el suelo. Los gritos reemplazaron a las canciones sagradas.
El Alfa se transformó en su enorme forma de lobo y atacó a los enemigos con fiereza. Luchó para proteger a su pueblo.
Pero había demasiados atacantes.
Entonces empezó a incendiar las paredes exteriores de la casa de la manada. Alguien había colocado aceite allí en secreto antes del ataque.
Esto no fue un accidente.
Esto estaba planeado.
Al frente del ataque estaba el rey Pícaro Carlos de los Pícaros.
Era enorme y aterrador en su forma de lobo. Su pelaje era oscuro y su rostro tenía cicatrices. Sus ojos eran fríos y crueles.
Luchó con cuidado y destreza, matando a los guerreros de la Luna de Sangre uno a uno.
Esto no fue solo un ataque.
Estaba destinado a destruirlos por completo.
Y tuvo ayuda.
Al borde del bosque estaba una mujer con túnicas rojas.
Se llamaba Camila, la Bruja Carmesí.
No luchaba con garras. Usó magia.
Levantó las manos y susurró palabras antiguas.
La magia oscura se extendió por el campo de batalla.
Los lobos de la Luna Sangrienta de repente se sintieron débiles. Era como si algo les robara fuerzas.
Camila sonrió.
"Esta es la noche en que el destino se rompe", dijo suavemente.
Dentro de la casa de la manada, la Luna sentía algo terrible a través de su vínculo con su pareja.
Sentía su dolor.
Sintió que se debilitaba.
Entonces escuchó su último rugido.
Y de repente.
El vínculo entre ellos se rompió.
Estaba muerto.
La Luna jadeó como si alguien le hubiera apuñalado el corazón.
"Se ha ido", susurró.
El reino había caído.
El humo empezó a llenar los pasillos a medida que el fuego se extendía.
La puerta de su cámara se abrió de golpe.
El Beta entró tambaleándose. Estaba sangrando mucho.
"Han logrado abrirse paso", dijo. "No podemos ganar."
La Luna se mantuvo erguida aunque las lágrimas llenaron sus ojos.
"Lucharé", dijo.
"No puedes", dijo el Beta con firmeza. "Debes proteger al niño."
Otra explosión sacudió el edificio.
La Luna miró hacia abajo a su bebé.
Esto ya no era por orgullo.
Se trataba de salvar a su hija.
Besó la frente del bebé. "Perdóname", susurró.
El Beta tomó a la bebé con cuidado y la envolvió en una manta especial con el símbolo de la Luna de Sangre.
"Los detendré", dijo la Luna.
Se transformó en su forma de lobo blanco y corrió hacia los pasillos en llamas para luchar.
Sabía que no ganaría.
Pero ella ganaría tiempo.
Y a veces, los segundos son suficientes.
El Beta dudó unos segundos. "Vete", dijo Luna.
Corrió por un túnel secreto bajo la casa de la manada. El humo llenaba el aire detrás de él.
No dejó de correr.
Cuando por fin salió más allá de la tierra de la manada, cayó de rodillas, respirando con dificultad.
La casa de la manada detrás de él ardía.
Pensaba que estaba a salvo.
Se equivocaba.
Una voz suave habló detrás de él.
"Deberías haber corrido más rápido."
Se quedó paralizado.
Camila salió de las sombras.
El Beta se transformó en lobo para proteger al bebé.
Pero Camila levantó la mano y la magia invisible lo derribó al suelo. No podía moverse.
Se acercó y miró al bebé.
El bebé la miró con ojos plateados y brillantes.
Camila bajó la cabeza para acercarse al bebé.
"Así que sobreviviste", dijo en voz baja.
El suelo tembló ligeramente.
"El Lobo Blanco", susurró Camila. "Nacido para la grandeza, para erradicar a los tejidos del mal y la mala magia."
Podría matar al bebé.
Debería.
Pero no lo hizo.
En cambio, se inclinó más cerca.
"O salvarás a los tejidos", dijo suavemente, "o destruirás toda magia mala."
Ella lanzó un hechizo al bebé.
Luego eliminó la magia que sostenía al Beta.
"Corre", le dijo.
No hizo preguntas.
Corrió.
Corría durante horas por bosques y arroyos. Abandonó las tierras de los lobos y entró en territorio humano.
Al amanecer, llegó a un pequeño pueblo humano llamado Valle Alto.
Estaba débil y sangraba mucho.
Caminó hasta una casita en una calle tranquila. Con cuidado, colocó al bebé en la puerta principal.
Escondió el símbolo de la manta para que nadie supiera quién era.
Se inclinó y susurró una palabra.
"Vive."
Luego volvió a las sombras.
Su cuerpo cedió.
Murió allí cuando el sol comenzaba a salir.
Los ojos plateados del bebé brillaron una última vez. Entonces el resplandor desapareció.
Parecía un bebé humano normal.
Lloró por primera vez.
Dentro de la casa, se encendieron las luces.
Alguien se acercaba a la puerta.
A lo lejos, Camila se alzaba ante las ruinas ardientes de la Manada de Luna de Sangre.
La luna roja se había desvanecido de nuevo a plata.
Sonrió.
"El Lobo Blanco vive", susurró. "Pero ahora no sirve para nada."
Creía que el destino había sido destruido.
Pero el destino solo comenzaba.
POV de Rafael Mi madre murió al amanecer, en el jardín, con mi padre a su lado. Había querido ver el amanecer una última vez, y había obtenido su deseo. El cielo había sido pintado en tonos de oro y rosa, y las flores habían estado floreciendo, y los pájaros habían estado cantando. Fue una mañana perfecta. Un final perfecto. Un adiós perfecto.No estuve allí cuando falleció. Ninguno de nosotros lo estuvo. Ella había querido que fuera así. Había dicho sus adioses el día anterior, en el jardín, rodeada de la familia que amaba. Nos había dicho que no la lloráramos, que no lloráramos por ella, que no nos aferráramos a ella. Nos había dicho que viviéramos, que amáramos, que siguiéramos adelante. Y luego había pedido estar a solas con mi padre.La sostuvo mientras daba su último aliento. La sostuvo mientras el fuego blanco se desvanecía de sus ojos. La sostuvo mientras ascendía, su espíritu elevándose para unirse a los antepasados que tanto había luchado por honrar. La sostuvo hasta que se
POV de ValeriaEl día que morí fue el día más hermoso de mi vida. El sol se elevó sobre las montañas como una bendición, pintando el cielo en tonos de oro y rosa y lavanda. Los pájaros cantaban en los árboles, sus voces dulces y claras. Las flores en el jardín florecían, sus pétalos brillantes de color, su fragancia llenando el aire. Era como si el mundo mismo estuviera celebrando, dándome la bienvenida a casa.Me desperté esa mañana sabiendo que sería mi última. Podía sentirlo en la forma en que mi corazón latía, lento y constante, como un tambor marcando el tiempo de una canción que casi había terminado. Podía sentirlo en la forma en que mi aliento llegaba, superficial y suave, cada uno un regalo que no había esperado. Podía sentirlo en la forma en que el fuego blanco dentro de mí parpadeaba y se atenuaba, ya no un infierno furioso sino una llama gentil, esperando ser extinguida.No sentía miedo. Sentía paz. Sentía que estaba lista.Rafael estaba a mi lado, como siempre estaba. No h
POV de ValeriaSabía que mi tiempo se acercaba. Podía sentirlo en la forma en que mis huesos dolían por la mañana, en la forma en que mi aliento se acortaba cuando subía las escaleras, en la forma en que mi corazón a veces se saltaba un latido y luego se aceleraba para alcanzarlo. Estaba vieja. Más vieja de lo que la mayoría de los lobos llegaban a vivir. Más vieja de lo que jamás había esperado ser. Y estaba cansada. No el tipo de cansancio que una buena noche de sueño puede arreglar. El tipo de cansancio que se asienta en tu alma y susurra que es hora de descansar.No temía a la muerte. Me había enfrentado a ella demasiadas veces para tenerle miedo ahora. Había mirado la oscuridad y me había negado a parpadear. Había luchado batallas que deberían haberme matado y había salido caminando. Había perdido a todos los que amaba y de alguna manera había encontrado la fuerza para seguir adelante. La muerte no era un enemigo. Era un viejo amigo, esperando pacientemente al final de un largo c
POV de Rafael La luz de la mañana se filtró en nuestras cámaras lentamente, gentil y dorada, extendiéndose por el suelo de piedra y subiendo por las paredes. Me desperté antes que Valeria, como siempre lo hacía ahora, y me quedé quieto a su lado, observándola dormir. Estaba tan pacífica en estas horas tranquilas, su cara suave, su respiración lenta, su mano descansando en la almohada a su lado. Estaba vieja. Ambos lo estábamos. Pero cuando la miraba, no veía las líneas en su cara o la plata en su cabello. Veía a la chica que había reclamado hace tantos años. Veíaa la mujer que me había salvado. Veía a mi compañera.Le había hecho un voto una vez. Fue la noche en que la maldición se rompió, cuando el fuego blanco había surgido a través de mi cuerpo y había hecho añicos la oscuridad que me había retenido durante tanto tiempo. Había estado recostado en sus brazos, débil y roto, y la había mirado y le había prometido que pasaría el resto de mi vida probando que era digno de ella. Había












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