LOGIN~ANNA~ Cuando Alexander entra en mi habitación casi media hora después, ya estoy acostada. He apagado las luces principales y solo he dejado encendida la lámpara de mi mesita. Llevo un pijama cómodo y estoy revisando sin prestar demasiada atención algunos correos en el móvil cuando lo veo aparecer con una camiseta gris y pantalón deportivo. Se queda junto a la puerta. —¿Qué haces? —Evaluando los riesgos. Bajo el teléfono. —¿Qué riesgos? —Todavía estoy intentando decidir de qué lado debo dormir para no infringir accidentalmente alguna cláusula de nuestro acuerdo. Lo miro fijamente. —Alexander, ven a acostarte. —Después no quiero denuncias. —Voy a denunciarte si sigues hablando. Eso consigue que se ría y finalmente rodea la cama. Se mete bajo las sábanas y se acuesta tan cerca del borde que tengo que contener otra sonrisa. —Te vas a caer. —Estoy siendo prudente. —Estás siendo ridículo. —Es una línea muy fina. Apago la lámpara. Durante unos minutos per
~ANNA~ Terminamos de cenar bastante más tarde de lo habitual. Ninguno de los dos tenía demasiada hambre cuando regresamos del cementerio, así que dejamos pasar varias horas antes de preparar algo sencillo y sentarnos a la mesa. Alexander ha intentado mantener la conversación ligera durante toda la cena, sin obligarme a hablar de Luka ni preguntarme constantemente cómo me siento, y se lo agradezco. Hemos hablado de las empresas, de una llamada que recibió de David y hasta de Blackie, que aparentemente ha decidido que la cama de sus padres le pertenece y ya consiguió que Rooster duerma a los pies como un invitado en su propia casa. Me he reído más de lo que esperaba después del día que hemos tenido, pero eso no significa que mi cabeza haya conseguido alejarse completamente del cementerio y de la tumba de mi pequeño Luka. Aunque intente no pensar en él, él siempre está presente en mi cabeza, y especialmente está más presente cuando visito su tumba. Recojo mi plato y lo llevo has
~ALEXANDER~ No sé adónde vamos. Anna se ha limitado a decirme que quiere mostrarme algo y, aunque durante el trayecto he sentido curiosidad más de una vez, no le pregunto. Parte de este extraño acuerdo que tenemos consiste precisamente en aprender a no presionar al otro para obtener respuestas antes de que esté dispuesto a darlas. Cuando estaciona frente a un cementerio, comprendo al menos una parte. La observo mientras apaga el motor. —Quiero visitar a mi padre —me informa—. Y pensé que quizá tú también querías hacerlo. Asiento. —Está bien. Quiero hacerlo. Bajamos del automóvil y caminamos juntos por el sendero. Anna lleva un pequeño ramo de flores entre las manos y yo permanezco a su lado sin intentar tocarla. Cuando llegamos frente a la tumba de Dominik, ella se agacha, coloca las flores con cuidado y pasa los dedos sobre su nombre. La culpa vuelve a instalarse en mi pecho. No con la misma violencia de antes, pero sigue ahí. Observo aquella lápida y recuerdo perfectamente
~ANNA~ Cuando terminamos, llevamos los platos hasta la mesa del comedor y nos sentamos. —¿Cómo están Irene y Michael? —pregunto mientras corto un trozo de panqueque. —Bien. Mi madre pregunta por ti cada vez que hablamos. —¿Todavía no me odia? —Anna, esa mujer probablemente te quiere más que a mí. Sonrío. —Extraño a Irene. —Ella también te extraña. Bajo la mirada al plato y después recuerdo otra cosa. —¿Y Blackie? Alexander sonríe. —Está en casa de mis padres. —¿Lo dejaste con ellos? —No podía dejarlo solo mientras venía para acá. —¿Y Rooster no se puso celoso? —Un poco. Me río. —Lo sabía. —Pero tendrá que acostumbrarse. Son hermanos y tendrán que quererse y cuidarse. Eso me hace reír y sentirme tan bien con él, sabiendo que, después de todo, todavía podemos hablar tranquilamente de cualquier cosa y hacernos reír. Después levanto la mirada hacia él y me doy cuenta de que también me está observando. La sonrisa desaparece poco a poco de nuestros rostros y algo cambi
~ANNA~ Despierto bastante más tarde de lo que debería y, durante unos segundos, permanezco mirando el techo sin recordar demasiado bien por qué siento aquella extraña tranquilidad en el pecho. Después llegan los recuerdos de la noche anterior. Alexander quedándose en mi departamento. Nuestra conversación. La confesión sobre lo que le hice a Roddy y quiero hacerle a Miranda. Su reacción. El hecho de que, aun estando horrorizado con lo que habíamos hecho, no hubiera salido corriendo ni me hubiera juzgado como si de repente yo fuera una desconocida para él o un monstruo. Y también recuerdo que seguimos sin ser nada. No hemos regresado. No nos hemos reconciliado oficialmente. No existe ninguna promesa entre nosotros más allá de decirnos que todavía nos amamos. Me quedo algunos minutos más en la cama hasta que finalmente me obligo a levantarme. Me pongo una bata ligera sobre el pijama, recojo mi cabello en un moño y salgo de la habitación esperando encontrar el departamento en silenci
~ALEXANDER~ Por un instante me quedo paralizado. No sé qué pensar, qué decir o siquiera cómo respirar. Que me diga que buscaron justicia por su propia mano y se mancharon las manos de sangre sin remordimiento alguno es una cosa. Pero saber que tienen pensado hacerlo una vez más es otra distinta. —Mierda —digo finalmente cuando logro hablar. Me aparto unos pasos. Me llevo las manos a la cabeza y respiro profundamente, intentando calmarme y ordenar mis pensamientos. —Anna, debes pensar mejor las cosas —le digo—. No quiero que hagan lo mismo con ella. —Ella no va a detenerse —rebate—. No hasta que alguien la detenga. —Entonces encontraremos otra manera. —La justicia ya tuvo suficientes oportunidades. —No estoy diciendo que debamos sentarnos a esperar que alguien más solucione todo. Estoy diciendo que no quiero verte repetir lo que hicieron con Roddy. —Tú no entiendes. —No puedo entender todo lo que has sufrido, pero sí entiendo algo: Miranda ya te ha quitado demasiado. A Luka







