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Autor: OrfhyLuna18
last update Data de publicação: 2026-08-24 23:09:58

El pasillo que conducía a los aposentos de Perséfone se extendía como una senda entre dos mundos: a un lado, los jardines del Olimpo con flores perpetuas que nunca se marchitaban; al otro, sombras que se alargaban como dedos ansiosos, anticipando el frío que pronto llegaría. Mis pasos resonaban con una cadencia inestable, el eco de mi propia tragedia repitiéndose en cada baldosa de mármol grisáceo. Llevaba conmigo el peso de una corona que no pedí y la culpa de una sangre que no quise derramar.
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Último capítulo

  • SEMIDIOSA HIJA DE DIOSES   NOTA

    Queridos lectores, necesito hacer una aclaración sobre SEMIDIOSA HIJA DE DIOSES. Este libro es un puente de transformación para Isabella. Aquí veremos como continúa su destino en el Olimpo al momento de fallecer.La historia de amor entre Isabella y Ericksson continuará en un tercer libro llamado SEMIDIOSA HIJA DE LA TIERRA, aún está en proceso, no ha sido publicado. Pero aclaro esta parte para que no se confundan o esperen alguna intervención de parte del mundo Mortal con el de los Dioses. Estamos aquí para ver crecer a Isa, redimirse y renacer -de nuevo- pero como una nueva persona, más madura.Habrá capítulos extras en el primer libro y en este cuando finalice. Daremos un pequeño vistazo a lo que pasa en la tierra mientras Isabella se enfrenta a los dioses y su juicio en el Olimpo.//Recomendaciones.Para leer los capítulos extras, te recomendaría que leas el primer extra cuando vayas por el capítulo 13 de SEMIDIOSA HIJA DE DIOSES.El segundo capítulo extra cuando vayas por el capí

  • SEMIDIOSA HIJA DE DIOSES   22

    El salón del trono respiraba una tensión tan densa que casi podía palparse entre mis dedos, como un humo espeso que nublara la vista y pesara en el pecho. Me mantuve de pie, con la espalda recta y las manos entrelazadas con fuerza delante de mí, sintiendo cómo cada mirada se posaba sobre mí: unas con duda, otras con recelo, algunas con una esperanza frágil que dolía sostener. Aleteia, la diosa de la verdad, permanecía en un rincón, vestida de blanco puro con bordados de oro que brillaban apenas con la luz de las antorchas; su presencia era un recordatorio silencioso de que nada podría ocultarse por mucho tiempo. Pensé que con ella ahí, todo se resolvería con unas pocas palabras. Quería dar el primer paso, alzar la voz y confesar lo que sabía, poner sobre la mesa cada pieza de este rompecabezas que había costado tanto dolor armar. Pero no contaba con que Hestia se adelantaría, y que lo haría para defenderse a toda costa.Fue entonces cuando la voz de la diosa del hogar rompió el silenc

  • SEMIDIOSA HIJA DE DIOSES   21

    El campo de batalla aún olía a humo, a ceniza y a esa tensión espesa que se queda pegada en la garganta como polvo seco. Yo permanecía inmóvil, con el pecho subiendo y bajando a ritmo acelerado, mientras las palabras de aquella chica resonaban en mi cabeza una y otra vez: traidora. No la conocía. Jamás la había visto. Y sin embargo, todos los presentes me miraban como si hubiera confesado cada crimen del mundo. Sus ojos pesaban sobre mí, llenos de sospecha, de juicio, de esa certeza que duele porque sabes que no hay nada que puedas hacer para borrarla. Ella había aparecido de entre las sombras, señalándome, y en un instante me había convertido en la culpable de todo lo que había ocurrido.-No es verdad -alcancé a decir, aunque mi voz sonó más débil de lo que quería-. Yo no sé quién es ella. No sé de qué habla...Mis palabras parecieron caer en el vacío. Ares mantenía a la desconocida sujeta por los brazos, con esa fuerza bruta y sin fin que lo caracteriza, el ceño fruncido y la mirada

  • SEMIDIOSA HIJA DE DIOSES   20

    El aire que golpeó mi rostro al cruzar el umbral entre el mundo de los muertos y el reino de los dioses fue tan frío que dolió en los huesos, como si el propio aliento del invierno se hubiera adelantado para recibirme. Mis piernas temblaban, no por el cansancio del viaje, sino por la pesadez que aún cargaba en el alma tras haber caminado por los campos de castigo y los prados de asfódelos. Pero no tuve tiempo de recuperar el aliento, porque antes de que pudiera dar un paso firme, el cuerpo de Perséfone se desplomó contra mí.La sostuve con todas mis fuerzas, sus ropas de seda negra y terciopelo pesaban como si estuvieran hechas de plomo. Sus ojos, antes oscuros y profundos como abismos sin fondo, se pusieron en blanco por unos instantes, y su respiración se entrecortó en pequeños jadeos asustados. La sujeté por los hombros, sintiendo cómo su corazón latía desbocado contra el mío.-Kore -susurré, acercándola más a mí-, respira. Ya estamos fuera.Poco a poco, el brillo vacío abandonó su

  • SEMIDIOSA HIJA DE DIOSES   19

    El pasillo que conducía a los aposentos de Perséfone se extendía como una senda entre dos mundos: a un lado, los jardines del Olimpo con flores perpetuas que nunca se marchitaban; al otro, sombras que se alargaban como dedos ansiosos, anticipando el frío que pronto llegaría. Mis pasos resonaban con una cadencia inestable, el eco de mi propia tragedia repitiéndose en cada baldosa de mármol grisáceo. Llevaba conmigo el peso de una corona que no pedí y la culpa de una sangre que no quise derramar. El aire aquí era distinto; carecía de la electricidad dominante que reinaba en el salón de Zeus. Era más ligero, más sutil, como si respirara el alma del otoño que agonizaba.Llegué ante las puertas de ébano, talladas con hojas de árboles que se desprendían y caían en espiral. Antes de que mis nudillos rozaran la madera, estas se abrieron lentamente por sí solas, revelando un interior bañado en una luz ámbar y melancólica.-Pasa, Isabella -dijo una voz suave que parecía provenir de todas partes

  • SEMIDIOSA HIJA DE DIOSES   18

    El aire en el salón del trono se sentía pesado, cargado de una electricidad estática que hacía erizar la piel, como si el mismo espacio contuviera el aliento contenido de los cielos. Las columnas de mármol blanco, talladas con formas de nubes perpetuas y relámpagos congelados, se alzaban hacia un techo infinito donde el firmamento oscuro se mezclaba con destellos dorados. Yo caminaba con pasos rápidos, mis sandalias resonando contra el suelo de obsidiana pulida, cada eco reflejando mi impaciencia y el caos que se agitaba en mi pecho. Mis manos se cerraban en puños, mis nudillos palideciendo bajo la presión de mi propia furia y confusión.-¿Cómo puede ser tan bipolar? -escupí, mi voz resonando con amargura, mis ojos recorriendo la inmensidad del salón buscando una salida que parecía no existir-. No quiero título, solo quería aclarar toda esta farsa e irme.La figura que caminaba a mi lado, con pasos mesurados y una calma que me exasperaba, giró levemente el rostro. Su porte era impecab

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