INICIAR SESIÓNMe quedé mirando fijamente al asistente del Ceo, ya que tenía una voz suave y calmada. Parecía que estuviera muy seguro de lo que me estaba comentando, lo que le daba una especie de calidez y me hacía sentirme algo más segura y me daba algo más de confianza, por si debía decir o comentar alguna situación que me estuviera incomodando. Cogí el documento y con un pulso firme, estampe mi firma ante la mirada simpática de Reed, mientras me seguía hablando
—Quiero que advertirle, señorita Donovan, que mi jefe la llevará a los tribunales si usted incumpliera lo términos de esta cláusula, ya que en esta reunión se van a entablar asuntos que son personales y sensibles, pero también podrían dañar la reputación de mi jefe y por supuesto la de usted, quiero que eso lo tenga muy presente Keira —Me dijo, haciendo después una pequeña pausa—. A lo que me refiero, es que usted podría ir a la cárcel si comparte el más mínimo detalle de esta reunión o de los documentos que acaba de firmar, por supuesto que habrá dos copias, una para usted y otra para mi cliente y por supuesto también eso podría acarrear alguna sanción en contra de mi jefe —dijo, y se veía muy nervioso. —Gracias por informarme señor Reed, pero yo pensaba que tan sólo era una entrevista de trabajo, ya que si el señor O'Brien, decide aceptarme como la niñera de su hijo, ese será solamente mi trabajo —- le dije algo incrédula. —No solo se trata de que sea la niñera del hijo de mi cliente… quiero que sepa, que también nosotros vamos a salvaguardar su privacidad, tanto la suya como la de mi jefe, por eso son estos documentos, espero que lo entienda así, Keira —Está vez su voz era cortante y su rostro se tornó algo serio. Reed no me dijo nada más, sonriéndole yo con algo de nerviosismo mientras miraba el documento que tenía delante y que acababa de firmar. —Gracias señorita Donovan, —dijo el abogado, recogiendo el documento y guardándolo en una de las carpetas que había encima de la mesa. —¿Quiere tomar alguna bebida, café, té o algún refresco? —Me ofreció Reed. —No, gracias estoy bien, si ustedes desean tomar algo, no se preocupen por mí —respondí. —Tenemos entendido que usted es de Nueva York y además ha trabajado de niñera en la casa de un senador muy importante desde que sus padres fallecieron en un accidente de coche —intervino entonces Alfred. —Si es verdad, pero cuando el senador Williams y su esposa se iban a divorciar, decidí que no podía quedarme en esa casa ya que su esposa se iba a trasladar a otra ciudad —Le dije intentando que no descubrieran la verdad del porqué decidí irme de esa casa. —Va a estar muy bien en la casa del señor O”Brien, aunque su hijo es como todos los niños de cuatro años, un trasto pero es muy simpático y cariñoso —Me comentó Reed. —Señor Reed, le puedo hacer una pregunta —dije entonces. —Cualquier duda que tenga señorita Donovan, cuente conmigo para ayudarla —respondió en tono amable. —Ya he firmado el documento que me ha dado, pero me gustaría que me comentaran ¿Cuál es el verdadero propósito de esta reunión? ya que solo esperaba una entrevista para ser la niñera de un niño pequeño —pregunté de forma directa. Los dos hombres me miraron con una expresión tranquilizadora, aunque yo seguía estando muy nerviosa. —No hay ningún motivo Keira, mi jefe solo desea darle la oportunidad de que le conozca y hablar profesionalmente con usted, vamos lo que se dice, conocerla un poco más antes de que su hijo la vea —explicó Reed. —¿Conocerme más? —esgrimí— si solo voy a ser la niñera de su hijo, y por lo que veo al señor O”Brien no lo voy a ver, se nota que es un hombre muy ocupado por el tiempo que llevamos esperando —respondí. Aunque mi corazón en ese momento me dio un vuelco al ver acercarse a aquella sala a un hombre alto, de pelo negro, con unos impresionantes ojos verdes, pómulos fuertes y un gracioso hoyuelo en su barbilla, deteniéndose por un momento en la puerta de aquella Sala de Juntas, mirando unos papeles que tenía en sus manos. —Señorita Donovan, encantado de conocerla me llamo Jerry y soy el subdirector de esta empresa —dijo el hombre, ofreciéndome de forma caballerosa su mano. Yo también le ofrecí mi mano, pero sin sonreír, ya que no podía apartar mi mirada de aquel hombre tan bien vestido, apuesto, pero demasiado serio. Me encontraba en ese momento algo confusa, preguntándome cómo un hombre así podía tener un hijo, ya que se le veía de carácter fuerte, rígido y parecía que solo le importaba y vivía para su empresa.Al día siguiente, mi hijo dio un salto encima de la cama para despertarme, dándo varios besos en mis mejillas mientras yo le hacía cosquillas en su cuerpecito.—- Mami levanta, papá me ha dicho que te despierte para desayunar —- me dijo mi niño.— Ya voy mi amor, vete a la cocina primero y termina de desayunar, tienes que ir a la guardería y no querrás llegar tarde ¿verdad enano? —- le dije mientras seguía haciéndole cosquillas escuchando ese lindo sonido que era su risa.—- Vale mami, pero no tardes, eh —- me dijo levantando su dedo mientras nos mirábamos.Cuando mi hijo se marchó de mi dormitorio, me levanté de la cama sonriendo, mi hijo era vida pura, un niño alegre, que daba todo su amor y alegría a todo el mundo que lo rodeaba. Me fui hacia la cocina poco después, viendo cuando entre, a mi esposo y a mi hijo desayunando mientras se reían, gastando bromas entre los dos. Después nos marchamos en la limusina dejando primero a mi pequeño Lucas en la guardia, marchando después a la cl
—- Si Keira, es sobre tu esposo de lo que necesito hablar contigo, pues lo estuve llamando y solo me suele decir que se encuentra muy bien, pero yo que no es así, De la última prueba que se le realizó, nos hemos dado cuenta de que a parte del tumor, tiene un coágulo bastante llamativo que le podría perjudicar si no se le opera en las próximas cuarenta y ocho horas —- me dijo dejandome algo asustada por sus criterios.—- ¿Qué puedo hacer yo entonces? Mario no me quiere escuchar y cuando saco el tema en conversación, siempre acabamos en peleas — le comente lo que en realidad sucedió entre mi esposo y yo.—- Aunque ya lo llame por teléfono y no puedo contactar con el, dile que necesito verlo urgente, puede que si tu se lo dices recapacite y venga a verme — me comentó—- Está bien doctor Tayeler, lo intentare aunque no le prometo nada —- le dije algo cohibida.Después de hablar con el doctor me marché de la clínica, dirigiendome hacia donde estaba esperándome el chofer con la limusina. A
Entramos los dos en el dormitorio quedándome sentada en la cama mirando al suelo mientras escuchaba como mi esposo cerraba la puerta acercándose después Mario a la cama poniendose el de rodillas delante de mí mientras me cogía mis manos sin dejar de mirarnos.—- Tranquila mi amor, ese es un payaso que se cree lo que no es, así que no nos hará nada, además os pondré a ti y a mi hijo varios guardaespaldas, más bien para estar yo más tranquilo — me comentó.—- Mario tenemos que hablar, tus cambios de humor y tu manera de ser ahora me preocupa mucho, quiero darte las gracias por preocuparte tanto por mí, pero ¿qué pasa contigo? estas enfermo y me gustaria que hablaras con el medico y te pusieras en sus manos, no se que haria si algo te ocurre — termine diciéndole.—-Tranqila Keira, yo por ahora me encuentro bien y te prometo que me pondré en tratamiento cuando vea que voy a peor, ahora mi amor, te necesito a ti, ¿quieres hacer el amor con tu esposo? sin malos entendidos entre los dos y ¿c
Jamas habia pasado una noche como la que pase con Anselmo, castigos, azotes, oral y anal, tanto que al dia siguiente casi no podia moverme de la cama, aunque solo me preocupaba mi bebe, A mi me podria hacer todo lo que quisiera, pero necesita pasar la revision prenatal, sabiendo que Anselmo no me dejaria ir por no arriesgarse a que yo huyera de su lado. Cuando me levanté por fin de la cama, como pude de la cama, entre en el cuarto de baño, me duche tranquilamente con el agua más bien caliente para relajarme un poco, marchando seguidamente al dormitorio rodeado mi cuerpo con una toalla, pero sin esperarme a que Anselmo estuviera sentado en la cama mirandome.—- ¿Qué quieres? —- pregunte.—- Por si lo has olvidado soy tu amo, no puedes tratarme de tú y no puedes mirarme a los ojos cuando te hable o me hables, solo eres una puta que calienta mi cama, – comentó— Lo siento mi amo, no volverá a suceder — comente mientras miraba al suelo —- Eso espero Keira, ahora ven que ponga el collar,
Una semana pasó desde que me secuestraron, aunque se me hizo demasiado larga, sin saber nada de Mario y sin saber dónde me encontraba yo. Anselmo era muy amable conmigo, nunca me hizo ningún daño, pero yo tampoco provocaba que se enfadara conmigo. Las tres chicas íbamos por aquella casa desnudas, con la correa en nuestro cuello y sirviendo a nuestro amo en todo lo que él deseaba. Una tarde nos comunicó nuestro amo que iba a ver una reunión de hombres importantes y quería que hiciéramos todo lo que nos pidieran y es ahí donde pensé que podría escaparme, pero solo fue un mal pensamiento. Minutos antes de la reunión que tenía Anselmo con aquellos importantes hombres, me hizo ir a un cuarto donde había diversas cosas, entre ellas enseres de castigo, el se acerco a un mueble sacando de un cajón una mascara de latex.—- Te voy a poner esta máscara en tu cabeza, cuando la cierre, no podrás quitártela pues solo yo tendré la llave, podrás respirar por dos pequeños agujeros que tiene en la nar
Dos de los cuatro hombres que me estaban mirando se acercaron hasta donde estabamos Anselmo y yo, tiraron los cigarrillos que se estaban fumando al suelo mientras nos miraban sonriendo.—- ¿Necesitas ayuda, con la fierecilla? —- preguntó uno de aquellos hombres.—- No gracias, se como domar a estas putas, no es la primera zorra que se me resiste — comentó Anselmo mientras se reían.Anselmo cogió mis muñecas con fuerza obligándome a poner mis brazos en mi espalda, mientras yo seguía peleando y luchando por apartar de mí aquella bestia de hombre, pero no pude. Así de esa forma me hizo entrar en aquel club, aunque más bien dirigia mi mirada por todo el local buscando a mi marido. Anselmo me hizo sentar al lado suyo en uno de los sillones, rodeando mi cuello con sus brazos, sintiendo repugnancia cuando note como su lengua lamia mi oído, mi mejilla y mi cuello.—- Nunca me he acostado con una puta preñada de tanto tiempo, — me comentó.—- Y no lo harás si puedo impedirlo, deja que me vaya,







