تسجيل الدخولEl día que debía ser el más feliz de su vida se convirtió en su peor pesadilla. Vestida de novia y con el corazón latiendo de ilusión, ella lo esperó en el altar, pero él nunca llegó. En su lugar, recibió un frío mensaje que destrozó su mundo, ya no la amaba y estaba enamorado de otra. Humillada, sola y con un secreto creciendo en su vientre, tuvo que reconstruir su vida desde las cenizas. Años después, la necesidad la empuja a aceptar un trabajo que podría salvarla, sin imaginar que el destino es cruel. Su nuevo jefe es el hombre que la abandonó, su primer amor y el padre del hijo que él nunca supo que existía. Lo peor no es tenerlo cerca. Lo peor es que él actúa como si no la conociera. Porque algunas traiciones no se perdonan. Y algunos amores, jamás se apagan.
عرض المزيدValeria.
Lo feliz que me sentía en ese momento me hacía suspirar frente al espejo, intentando no demostrar demasiada emoción.
Hoy, por fin, me casaría con el hombre que amo.Por fin sería su esposa.
Observé el vestido con detenimiento. Era demasiado elegante, demasiado perfecto. Me pregunté cuánto dinero le habría costado a Emir. Incluso le dije que no era necesario tanto lujo; sabía que él no ganaba tanto.
Pero aun así lo hizo. Solo para hacerme feliz en este día tan especial para los dos.
—Hija, por favor, apresúrate —la voz de mi madre sonó desde la puerta—. Recuerda que tu futuro esposo debe estar esperándote ansioso en el altar.
Sonreí, sintiendo cómo mi corazón latía con fuerza.
—Claro que sí, mamá. Yo también estoy muy ansiosa. Por fin seré muy feliz ¿puedes creerlo? Jamás imaginé que Emir me pediría que fuera su esposa y ahora más que nunca siento que mi sueño se ha hecho realidad.
Mi madre sonrió con ternura.
—Claro que lo creo, cariño. Es algo que yo misma viví cuando me casé con tu padre —su voz se quebró ligeramente—. Duramos tantos años naciste tú, nació tu hermano y luego… se fue.
Me acerqué de inmediato y la abracé con fuerza.
—Por favor, mamá, no quiero que recuerdes momentos tristes no ahora, en el día más feliz de mi vida.
—Tranquila, cariño —respondió acariciando mi espalda—. No pienso arruinar tu momento.
Asentí y solté un nuevo suspiro.
Terminé de arreglarme y salimos. Mi hermano ya nos esperaba junto al auto que había alquilado. Antes de subir, miré mi teléfono, había varias llamadas perdidas de Emir. Desde hace unas horas y no lo había visto.
Fruncí el ceño.
Cuando intenté devolverle la llamada, no contestó.
Seguramente ya me estaba esperando en el altar.
Mamá acarició mi mejilla y me sonrió. Yo estaba realmente nerviosa; sentía el estómago lleno de mariposas revoloteando sin descanso. Después de unos quince minutos mi hermano estacionó el auto
—Ya llegamos —anunció mamá—. Hijo, ayuda a tu hermana a bajar del auto. Recuerda que tú la llevarás al altar.
—Tranquila, mamá —bromeó mi hermano—. Estás más apurada que ella.
Sonreí, sonrojada.
Tomada del brazo de mi hermano, avancé por la iglesia. Estaba llena, algunas amistades de mi madre y mis compañeros de la universidad.
Pero, mi sonrisa se congeló. En el altar no había nadie.
Mi hermano me miró confundido, pero seguimos caminando cuando la melodía nupcial comenzó a sonar. Todos los invitados giraron a verme y luego miraron hacia la entrada.
Los murmullos empezaron.
El sacerdote me observó con incertidumbre.
Le hice una seña a mi hermano para que llamara a Emir.
No respondió.
El nerviosismo comenzó a apretarme el pecho.
—¿Qué habrá pasado? —susurré.
—Esperaré media hora más —dijo el sacerdote con amabilidad—. Seguramente se retrasó y tengo un bautizo en unas horas.
Asentí aunque algo dentro de mí empezó a sentirse mal.
Minutos después, mi hermano regresó y me entregó el móvil.
—Tienes un mensaje de Emir.
El corazón me dio un vuelco.
Tomé el teléfono con manos temblorosas. Un mal presentimiento me recorrió el cuerpo.
Abrí el mensaje.
Y mi mundo se rompió.
«Lo siento. No podré casarme contigo. Estoy enamorado de otra mujer».
El móvil cayó de mis manos.
Las lágrimas brotaron sin control.
—¿Qué pasa, hija? —preguntó mi madre alarmada y recogiendo el móvil.
—Él… —mi voz se quebró—. Él no se va a casar conmigo.
Un murmullo escandalizado recorrió la iglesia. Las miradas de lástima comenzaron a clavarse en mí como cuchillos.
Marqué su número y salí al buzón, una y otra vez.
La desesperación me consumía.
—Llama a alguien cercano a él —dijo mi madre con urgencia.
Asentí y marqué a Rodrigo su mejor amigo.
Contestó al tercer tono.
—Rodrigo… ¿sabes algo de Emir? Estoy en la catedral esperándolo, pero él...
Se escucho un silencio, luego su voz grave.
—Lo siento mucho. Emir no quiere saber nada de ti decidió irse lejos con la mujer que ama, Vale, de verdad que estoy incluso sorprendido.
Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
El teléfono se cayó de mis manos.
Me quité el velo con rabia y lo lancé al suelo.
—Cancela la boda, mamá… —susurré con el alma hecha pedazos—. Él no va a venir.
Salí corriendo de la iglesia bajo la mirada de todos, sintiendo la peor humillación de mi vida.
Afuera, la lluvia comenzó a caer.
—¡Valeria escúchame! —gritó mi madre detrás de mí.
—No, mamá… por favor… déjame sola.
—Tranquila, vamos a casa.
Solo asentí. Subí al auto de mi hermano, ningúno dijo nada, solo se escuchaba mis sollozos.
Al llegar a casa salí corriendo hacia el jardín. Las lágrimas se mezclaban con la lluvia y mi pecho dolía por todo lo que sucedió.
Las náuseas me golpearon de repente.
Un mareo horrible me hizo tambalear.
Caí de rodillas junto a la banca y apreté con fuerza mi vestido de novia, sin importarme cuánto había costado.
Emir había jugado con mis sentimientos. Me había humillado.
Si no me amaba…
¿Por qué me prometió tanto?
¿Por qué me hizo entregarme a él?
Las lágrimas nublaron mi vista.
Y en ese momento juré algo con el corazón destrozado.
Jamás se lo perdonaría.
***
Me recosté en la cama, con la cabeza hundida entre mis piernas. Mamá me había ayudado a quitarme el vestido de novia y a darme una ducha, pero ni el agua caliente había logrado arrancarme esta sensación de vacío que me consumía por dentro.
Mi mirada se posó en el móvil sobre la mesita. Lo había llamado tantas veces, eran demasiadas.
Y siempre lo mismo, el maldito buzón.—¿Por qué demonios no me dijiste la verdad?… ¿Por qué me dejaste plantada en el altar como si fuera una burla? —susurré para mí misma, con la agonía burbujeando en mi pecho.
Jamás lo perdonaría.
Ahora entendi, del porqué nunca quiso hablarme de su familia. Lo único que supe fue lo poco que me confesó, que no tenía a nadie, solo una hermana. Y que, cuando nos casáramos, me mostraría quién era realmente.
Solté una risa amarga que me arañó la garganta.
—Eres un imbécil… —murmuré con odio—. Ni siquiera nos casamos y ya me mostraste la calaña que eres.
De mi cuenta corre que el día que te vea vas a sentir lo miserable que me hiciste.—reí sola— Si amabas a otra ¡me lo hubieras dicho! Pero no, preferiste ilusionarme. Preferiste hacerme creer en un futuro que nunca existió.Negué con la cabeza, con el corazón hecho pedazos. Las lágrimas bajan sin control.
De pronto, una oleada de náuseas me golpeó con fuerza.
— Ah...—me llevé la mano al estómago.
Corrí al baño y me incliné sobre el inodoro, vomitando lo poco que había comido. Mi cuerpo temblaba, débil, mientras el sudor frío me perlaba la frente.
¿Qué demonios me estaba pasando?
Respiré con dificultad y casi por instinto, llevé la mano a mi vientre. Una sensación extraña me atravesó, un presentimiento que me heló la sangre.
Volví a la habitación y me dejé caer en la cama, pero entonces el recuerdo me golpeó con brutal claridad.
Mi período, no había bajado y ya había pasado más de dos meses.
Mis ojos se abrieron de par en par.
—No… —susurré, negando lentamente—. No, no, no…
El aire me faltó.
¿Estaba…?
Las lágrimas comenzaron a caer sin control mientras mi mano temblorosa se aferraba a mi vientre.
—No puede ser —mi voz se quebró—No ahora, no así en este momento.
¿Cómo era posible?
Después de haber sido abandonada…
¿Era posible que estaba esperando un hijo de él?Me cubrí la boca para ahogar el sollozo que luchaba por salir.
Yo me había cuidado, pero fueron tantas veces, sin embargo en el fondo, en lo más profundo de mi alma… el miedo ya me estaba diciendo la verdad.
Las lágrimas rodaron calientes por mis mejillas.
El había sido mi primer amor, lo amé con locura, pero ahora lo odiaba con toda el alma.
Narrado en tercera persona.Valeria le besaba el rostro, las mejillas y el cabello, incapaz de contener la alegría que le inundaba el pecho.—¡Mi niña hermosa! ¡Mi vida! Qué bendición tan grande... vas a ser una madre maravillosa —susurró Valeria, acariciándole la espalda—. No sabes la felicidad que le vas a dar a esta casa. Tu padre se va a volver loco de la emoción.En ese momento, la figura alta de Emir apareció en el marco de la puerta de cristal que daba a la terraza. Llevaba unos lentes de lectura en la mano y miraba a ambas con extrañeza al verlas llorando y abrazadas de esa manera.—¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué lloran tanto las dos mujeres de mi vida? —preguntó Emir, acercándose a ellas con el ceño levemente fruncido por la intriga.Valeria se puso de pie, tomó la caja de la banca y se la extendió a su esposo sin decir una palabra, limitándose a sonreír con los ojos llenos de lágrimas de dicha. Emir tomó la caja, miró a su esposa, luego a su hija, y finalmente observó el i
Narrado en tercera persona.La audiencia volvió a romper en aplausos de pie. Desde su lugar, Valeria se limpiaba las lágrimas con un pañuelo de seda, sintiendo que cada sacrificio, cada momento oscuro del pasado y cada esfuerzo valía la pena al ver a su hija tocar el cielo con las manos. Emir la rodeó por la cintura y la pegó a su costado, susurrándole al oído:—Mira lo que creamos, Valeria. Todo esto es fruto del amor que sembramos, estoy agradecido con Dios y contigo por mis bellos hijos.—Yo también mi amor. Agradezco a Dios por tenerlos a todos ustedes, incluyendo a mi hermano y a mi cuñada junto a mis sobrinos, ya qué mamá se convirtió en un Angel y no esta a nuestro lado.—Lo sé, cariño. Sin embargo el recuerdo de ella sigue en nuestros corazones.Valeria asintió y una lágrima rodó por su mejilla. Emir la abrazó con fuerzas, sintiéndose nostálgico y a la vez feliz por todo el triunfo de sus hijos.Esa misma noche, el apellido familiar brilló con una luz propia que nada ni nadie
El Brillo de la ExcelenciaNarrado en tercera persona.Los años transcurrieron rápidamente. Aquellos días en que los niños corrían por los pasillos de la casa pidiendo ayuda con las tareas escolares habían quedado atrás, transformándose en una madurez llena de triunfos y realizaciones. Valeria había transmitido la pasión por el arte culinario a su hija Valentina, quien desde muy joven demostró una disciplina feroz, un paladar absoluto y un respeto casi sagrado por los ingredientes, había adquirido el aprendizaje de sus padres y con el tiempo ya manejaban los hoteles y restaurantes.La noche se vestía de gala en el gran salón del centro de convenciones más lujoso de la capital. Luces cálidas, copas de cristal de bohemia que resonaban con brindis elegantes y una concurrencia compuesta por los más distinguidos críticos gastronómicos, chefs internacionales y personalidades de la alta sociedad. Era la ceremonia anual de la Guía Michelin, el evento cumbre donde se consagraban los mayores ta
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