Compartir

Capítulo 6

last update Fecha de publicación: 2021-06-27 12:08:48

Tragó los bocadillos de buena gana y bebió el café. Sabía que su actuación estaba dando buenos resultados y esto solo era el comienzo.

Como lo había intuido ayer, la empleada era fácil de manejar e incluso consiguió, con solo una sonrisa de buen chico, que esta le diese permiso para entrar a la casa. No tuvo que hacer absolutamente nada, la mujer cayó rendidita a sus pies. Sacaría provecho, de eso no tenía un ápice de dudas. Sin embargo, se preguntó si la buena mujer, que tenía una especie de devoción para con su “señorita”, sabía lo que las personas hablaban de esta y si tenía algún tipo de conocimiento respecto a los amantes que la visitaban. Saber esto último no le había costado nada porque lo oyó por parte de los tres hombres que frecuentaban la misma cafetería que él y, antes de llegar a la casa, estuvo, como todas las mañana, sentado en la mesa de costumbre, bebiendo un mísero café. Los tipos llegaron unos diez minutos después y no hicieron otra cosa que cotillear como viejas chismosas. Así fue cómo se enteró que la dizque señorita recibía a sus amantes en su propia casa.

—Si tan solo supiese, Beatriz, que su señorita no es más que una vil hipócrita —susurró, terminando de beber el café.

Soltó una risita altanera y se paseó un poco por el jardín. La mujer le había dicho que solo podía permanecer en la propiedad hasta las cuatro de la tarde y se preguntó el por qué. Dedujo que tal vez uno de esos amantes le haría una visita a la “señorita” y esta no quería tener a un hombre dentro de la propiedad. Vaya indecorosa la muchachita esa.

Rió con más fuerza. Él conocía muy bien a ese tipo de mujeres que mostraban una apariencia de no saber nada, una imagen de inocencia ante las personas ajenas, pero también sabía de primera mano que eran muy experimentadas a la hora de la “siesta”. Ja, había tenido su parte en el pasado y no estaría mal volver a tenerlo de nuevo en su presente. Estaba más que seguro que lo gozaría y haría gozar también a la “señorita”.

(…)

Encontró un sitio perfecto en el ala este de la casa. Montó el caballete y estuvo haciendo bosquejos del amplio jardín. Realmente le gustaba mucho el paisaje y en eso no mintió cuando expuso su deseo de pintarlo en un cuadro. Además, si lograba hacer un buen trabajo, cosa que estaba más que seguro, sacaría unos muchos billetes cuando lo llevase al museo de arte para venderlo. Y sí, los cuadros anteriores fueron bien recibidos por el dueño del museo e incluso el hombre regordete con cara de sinvergüenza le había ofrecido un empleo permanente; rechazó la oferta porque simplemente no era para él.

Exhaló un largo y perezoso suspiro y escuchó su nombre desde algún lugar. Buscó con la mirada hasta que vio a la empleada. La mujer le estaba haciendo señas con una mano, indicándole que se acercara.

Poniendo su mejor carita de niño bueno, asintió y, luego de guardar sus pinceles y papeles de dibujo dentro del bolso maltratado, caminó despacio hacia la mujer.

—Señora, ¿estoy siendo un impertinente? —preguntó cabizbajo.

«Bravo, sigue así, Santi, que esta está comiendo de tus manos», pensó.

—Oh, no, no —Sonrió, mentalmente, de manera lobuna—. Es que ya es mediodía y tienes que comer y ya que has guardado tus objetos de trabajo, ven, entra.

—Discúlpeme, pero creo que sería mejor que…

—Nada de eso, Santiago, vendrás conmigo y comerás comida decente —demandó la mujer.

Una mísera sensación de culpa brotó dentro de sí al oír el tono maternal de la empleada, pero tan rápido llegó, se esfumó. No, no tendría lástima de nadie. Seguro que ella sabía las fechorías de la muchachita.

Irguiendo la cabeza, miró fijo a los ojos de la mujer. Esta le sonrió enternecidamente, haciéndole seña para que la siguiese.

—Muchas gracias, señora —imperó, su tono de voz suave y dulce.

Ella negó con la cabeza, aún con la sonrisa en los labios.

Se detuvo cuando la mujer abrió una puerta y se adentraron a una elegante, espaciosa y lujosa cocina.

—Siéntate, ahora te sirvo —profirió la mujer.

Optó por asentir y hacer todo cuanto le dijese la empleada. Era mejor mantener un comportamiento sumiso y dejar que la mujer confiase más en él y comenzase a soltar la lengua. O bien podía usar un poco de sus encantos y hacer que hablase.

—Es una cocina muy bonita —comentó, mirando a la empleada servirle algún tipo de estofado en un plato.

Dios, ¿hacía cuánto no comía comida casera? ¿Hacía cuánto no probaba comida decente? Mucho tiempo de hecho. Se había estado manteniendo con base de café barato y algún que otro refrigerio o comida de algún puesto de la calle, pero ahora podría disfrutar de una buena comida y todo gracias a sus artilugios de niño bueno.

—Aquí tienes, come a gusto —Quedó mirando el plato y las ganas de comer como si fuese un cavernícola nacieron, el aroma que desprendía la comida le hizo gruñir el estómago—. Me temo que no es mucho, pero al menos es decente y te saciará el apetito.

—Se lo agradezco, señora —profesó.

Comenzó a comer sin importarle que su comportamiento no fuese apropiado. Llevó la cuchara cargada del estofado a la boca una y otra vez, apenas masticando. Quizá no había pasado ni cinco minutos cuando la mujer le sirvió una segunda ración. Comió gustoso, pero esta vez un poco más lento, degustando los sabores de especias en el paladar. No sabía cuándo iba a tener otra oportunidad, aunque recordó que podía manipular fácilmente a la empleada.

—Da gusto verte comer —Sonrió de manera inocente y bebió un sorbo del vaso con agua—. Ojalá mi señorita lo hiciese así también.

Ladeó la cabeza hacia un lado, eso le llamó la atención por varios motivos. Uno, ¿por qué la chiquilla desperdiciaría una buena comida como esta? Dos, ¿sería que quería mantener su figura de ensueño para sus amantes? Tres, ¿qué tipo de hombres serían sus amantes? Quitó esos pensamientos de su mente, ya lo averiguaría.

—Pues, sin sonar déspota, ella se lo pierde —comentó, llevándose la última cuchara cargada a la boca.

—Sabes, Santiago, tengo que serte sincera —Pestañeó varias veces, pareciendo sorprendido, aunque no lo estuviese realmente—. Pensé que serías un mal chico, pero estuve totalmente equivocada, ahora me doy cuenta de ello.

—Oh, eso…

—No, permíteme decirte esto —Asintió—. Creí que eras un, bueno, hombre que solo quería aprovecharse de la situación que está pasando mi señorita. Hemos tenido muchos problemas con las personas que acusaron al señor Filipo Wetter injustamente de robo y e****a, se han cizañado con mi señorita y han estado haciendo de su vida miserable. El señor Filipo es un buen hombre y excelente padre, él nunca haría nada malo y menos para causar algún problema a su propia hija, pero lo cierto es que los está causando al haber huido. Los Brin son los únicos culpable de toda esta situación y que hoy día acechen a mi señorita cada que les vengan en gana, bueno, ya ve, los problemas solo aumentan.

Por supuesto, a él le importaba un comino lo que le haya sucedido a Filipo Wetter y los Brin, pero lo cierto era que la dizque señorita con ese aire de ofendida por todo, no era más que una muchachita vulgar que se vendía por las tardes y noches para mantener la casa y una apariencia de clase social alta. A su percepción, era una total descarada y estaba más que dispuesto a sacar provecho de todo eso.

—Eso sí que es un suceso lamentable —Le valía si lo era o no, pero debía mantener su imagen de niño bueno—. Siento oír todo esto.

—No lo sientas, no es tu culpa —Hizo un mohín en los labios—. Bueno, si has acabado, es mejor que salgas de aquí. No debo dejar que te vea mi señorita.

Asintió, tragándose las ganas de decirle que era una mujer tonta por andar pensando en su “señorita”, pero tuvo que contenerse si quería continuar con su plan.

Se irguió de la silla y, siendo escoltado por la empleada, salió al jardín.

—¿Me dará de comer mañana también, buena mujer? —preguntó, su fachada inocente imperturbable.

—Por supuesto que sí —decidió ella—. Recuerda que tienes permitido estar hasta las cuatro.

—Gracias, señora.

Le plantó un beso en la mejilla izquierda a la empleada y se encaminó de nuevo donde dejó su caballete y su bolso.

Cuando se cercioró de que nadie lo veía, soltó una risita altiva, dejando caer su máscara de inocencia y remplazándola con su rostro altanero de siempre. Oh, sí, él siempre salía con las suyas.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Santiago, amorosamente voluble   Epílogo.

    —«No me interesa la fama, pero sí el sentirme satisfecho conmigo mismo» —Santiago se sobresaltó al oír esas palabras y volteó en torno a la puerta, frunció el ceño—. Nunca olvidaré el día que pronunciaste esas palabras. Santiago se mordió el labio inferior, tratando de no sonreír. Caminó hacia la puerta, apoyando su costado sobre la madera. —Esas palabras fueron y son parte de mí. No mentí entonces y no miento ahora —imperó, mirando las puntas de sus zapatos—. ¿Estás nerviosa? —Haré de cuenta de que no escuché semejante pregunta. —¿Sabes? Estoy haciendo mucho esfuerzo para no abrir esta puerta y verte —profirió—. ¿Crees en el destino, Olivia? Hubo un largo silencio del otro lado de la puerta. Santiago sentía cómo los latidos de su corazón iban en aumento e incluso podía jurar que en cualquier momento se le saldría del pecho, porque él sí estaba de los nervios. —Sí, creo en el destino —Contra su voluntad, esbozó una sonrisa altanera—. Y

  • Santiago, amorosamente voluble   Capítulo 61 (+18)

    Comenzó con una pequeña curvatura de las comisuras de sus labios, pero pronto aquella curvatura se transformó en una hermosa sonrisa. Una sonrisa tan brillante que lo encandilaba, que lo hacía sentir inmensamente feliz. —Tu… prometida. Yo… —Dios, sí, lo eres. Eres mi prometida —enunció feliz, risueño, incrédulo—. No lo puedo creer, esto es real. Ver el anillo en tu dedo es mucho mejor de lo que imaginé. Es… inverosímil. Te amo, Olivia, te amo tanto como no tienes idea. Sintió sus ojos escocer y le importó un bledo que sus emociones lo traicionasen. Le importó un comino si no podía contener la alegría… Nada, absolutamente nada podía superar la dicha de ver la radiante sonrisa de Olivia, luciendo el anillo que él había escogido con tanta ilusión y anhelo. —Santi, estás… —No me importa —balbuceó, siendo traicionado por las lágrimas—. Me importa un carajo que nos estén viendo ahora mismo. Lo único importante eres tú, preciosa. Solo tú. Oli

  • Santiago, amorosamente voluble   Capítulo 60

    Los años no vienen solos, nunca lo hacen. Mirar hacia atrás le causaba un dejo de nostalgia porque su historia no comenzó de la manera típica y cliché. Su historia no fue color rosa. Estaba bien, sin embargo, porque logró aprender de sus errores, logró crecer como persona y logró madurar como hombre. En algún momento creyó y pensó que siempre sería ese chico libertino, ese pintor de aspecto andrajoso que saltaba de ciudad en ciudad; ese chico que conquistaba cuántas mujeres se le cruzasen por el camino; ese chico que juró no enamorarse nunca. Las vueltas de la vida porque nunca imaginó estar dónde está hoy día.Él había hecho un largo recorrido y no es como si se arrepintiese de todo lo que vivió o experimentó cuando era más joven. Por el contrario. Durante ese tiempo en el cual a él no le importaba un comino n

  • Santiago, amorosamente voluble   Capítulo 59

    A veces sentía que todo lo que estaba viviendo era solo un sueño. A veces sentía que no se merecía todo lo bueno. A veces incluso sentía temor porque, después de seis meses, aún le costaba asimilar que todo en su vida estaba bien; de hecho, muy bien.Su vida había cambiado y también lo hizo su personalidad, aunque no del todo. Esa chispa altanera, la sonrisa lobuna y la mirada altiva, seguían siendo parte de sí. Podía haber cambiado en muchos aspectos, pero no creía poder cambiar su carácter y personalidad. Lo que sí podía hacer era modificarlo y amoldarse a las situaciones del día a día porque él bien sabía que una persona nunca cambia, una persona solo modifica ciertos rasgos de sí para acoplarse a las situaciones de la vida diaria.Santiago lo había conseguido. Había modificado para bien. Hoy día ten&

  • Santiago, amorosamente voluble   Capítulo 58

    La situación no podía ser más desastrosa y de lo más bochornosa porque, en serio, era incapaz de recordar el instante exacto en el cual todo se volvió en su contra. Y sí, tuvo que dejarse llevar por un impulso y decir algo que no era del todo verdad. Dios, era injusto que por culpa de sus emociones actuase de una manera tan inmadura, por decir algo. ¿En qué estaba pensando cuando le dijo a Olivia que él sabía cocinar? ¿Por qué, incluso, dijo que su comida era buena y comestible? La realidad, de todo lo que dijo y prometió, distaba de ser verdad.La cocina era un completo caos de sartenes y cacerolas, de salpicaduras de salsa de tomate por la superficie de la encimera y ni hablar del humo que salía del horno. Y si no hacía algo pronto, la alarma contra incendios comenzaría a sonar. En completo estado casi paranoico, sacó del horno el recipiente que conten&iacu

  • Santiago, amorosamente voluble   Capítulo 57 (+18)

    No podía creer lo que veía en el impoluto espejo. No podía creer que ese reflejo que portaba una sonrisa tonta fuese el suyo. Era imposible que cada vez que veía su propio reflejo, esbozase una sonrisa tonta y ridícula. Dios, en serio, nunca creyó que estar y sentirse enamorado arraigaría a que se sintiese estúpido y tonto. Tampoco contó con que su mente se perdiese en pensamientos color rosa y dejase de prestar atención en los negocios. No, Santiago no podía continuar de esa manera y ansiaba poder hacer algo con carácter urgente si quería mantener su imagen de empresario eficaz y capaz. Sobre todo ahora que su padre había dejado entrever que dejaría el mando de la empresa y que sería él quien se ocupase de dirigir Metal Desing y a los miles de empleados distribuidos en las centenares de sucursales en todo el país.Era un trabajo para el cual se hab&ia

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status