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2: Ratoncita

Autor: D. Meiler
last update Data de publicação: 2026-04-05 12:01:21

Me quedé helada, no sabía qué hacer, a dónde mirar, ni qué decir.

Ahora que lo pienso con calma, ni siquiera debí esconderme. Soy trabajadora de la casa, se supone que limpie, me ordenaron hacerlo. Pero ahora me veo increíblemente sospechosa.

La voz de Ezra era grave. Ronca. Nada que ver con la voz aguda del niño que me pedía que fuera su novia.

Pero había algo en el tono. Un dejo burlón. Un brillo en los ojos que decía te tengo y a la vez prometía peligro.

Yo no podía hablar.

Mi boca se hab
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Último capítulo

  • Secuestré al Jefe de la Mafia... Y me Volví su Obsesión    80: El Secuestro (2)

    (Narrado por Ezra)Diez minutos después estaba en la calle.El teléfono vibró. Un mensaje. Número desconocido."Almacén del puerto. Zona vieja. Ven solo y desarmado. Si veo un arma, la niña muere. Si veo policía, muere. Si tardas más de veinte minutos, muere. Tic tac."No lo pensé. Arranqué el coche y pisé el acelerador.La zona vieja del puerto era exactamente lo que sonaba. Almacenes abandonados. Grúas oxidadas. Contenedores vacíos. Un laberinto de metal y podredumbre donde nadie iba de noche. El lugar perfecto para una emboscada.Aparqué a dos calles de distancia. No quería que escuchara el motor. Caminé el resto. Solo. En silencio.No llevaba pistola. No llevaba navaja. Mateo me había ordenado ir desarmado y yo había obedecido. Pero eso no significaba que fuera indefenso. Había aprendido a matar con las manos mucho antes de tener mi primera arma.El almacén estaba al final de un callejón. Una construcción enorme de chapa metálica, con las ventanas rotas y una puerta corredera entr

  • Secuestré al Jefe de la Mafia... Y me Volví su Obsesión    79: El Secuestro

    (Narrado por Ezra)El grito de Dhalia me arrancó del sueño como un cuchillo clavado en el pecho.Nunca había escuchado un sonido así. Ni en mis peores pesadillas. Abrí los ojos. Dhalia estaba de pie junto a la cuna vacía. Temblando. Con las manos en la boca. Los ojos desorbitados.—No está —dijo, con una voz que no era la suya—. Ezra, no está. No está.Me levanté tan rápido que la silla salió disparada contra la pared. Dos zancadas. Tres. Llegué a la cuna.Vacía.Sin Esperanza.Algo se rompió dentro de mí. Algo oscuro. Algo que llevaba años controlando. Una rabia primitiva que me subió por el pecho como fuego líquido.—No —dijo Dhalia—. No puede ser. Las enfermeras. Seguro que fueron las enfermeras.—¿Las enfermeras?—Se la llevaron para hacerle alguna prueba. O para alimentarla. O para...Me miró. Y supe que no se lo creía ni ella.Salí al pasillo. Agarré a la primera enfermera que vi. Una mujer mayor, de pelo canoso y gafas gruesas.—Mi hija no está en la cuna. ¿Dónde está?—¿Cómo

  • Secuestré al Jefe de la Mafia... Y me Volví su Obsesión    78: La Sombra sobre la Cuna

    (Narrado por Dhalia)Los días en el hospital se volvieron borrosos.No sabía si era martes o viernes. No sabía si era de día o de noche. Las horas se mezclaban unas con otras como acuarelas mojadas. Lo único que existía era ella. Esperanza. Mi hija. El bultito cálido que dormía en mis brazos mientras yo la miraba durante horas sin cansarme.—Tienes que descansar —me decían las enfermeras.—Claro —respondía yo. Y no descansaba.Ezra estaba peor que yo.Dormía en una silla. Una silla ridículamente incómoda que arrastraba hasta el rincón más cercano a mi cama. Apenas comía. Yo le insistía. Él decía que sí. Que ahora iba. Que no me preocupara. Y luego se quedaba ahí, con los ojos fijos en la puerta, como un perro guardián que no se permite ni un segundo de debilidad.—¿Cuándo fue la última vez que dormiste? —le pregunté una mañana.—No sé.—Ezra.—Anoche dormí un par de horas.—Eso no es cierto.—Dormí —insistió.—Estabas despierto a las tres de la mañana. Te vi.Me miró. Esos ojos que ta

  • Secuestré al Jefe de la Mafia... Y me Volví su Obsesión    77: El Nacimiento (2)

    (Narrado por Ezra)Otra enfermera sale, al cabo de un rato. Camina rápido. Demasiado rápido. Lleva algo en las manos. No alcanzo a ver qué es. Desaparece por otra puerta.Nadie me dice nada.Me acerco a la puerta del quirófano. La toco con la palma de la mano. Fría. Blanca. Como un muro.—Estoy aquí —digo en voz baja—. Estoy justo aquí, Dhalia. No me he ido.Quiero que lo sepa. Aunque no pueda oírme. Aunque esté sedada. Aunque esté luchando por su vida y por la de nuestra hija. Quiero que sepa que no estoy lejos. Que no me he rendido.—Vas a salir de esta —le digo a la puerta—. Las dos van a salir de esta. Porque tú eres la mujer más fuerte que conozco. Porque has sobrevivido a tu tío. A la policía. A un tiroteo. A una huida. A todo. Esto no te va a vencer. Esto no.Me quedo en silencio un momento. Apoyo la frente contra la puerta.—Y yo tengo planes para nosotras —continúo—. ¿Me oyes? Tengo planes. Vamos a ver crecer a nuestra hija. Le vamos a enseñar a caminar. A hablar. A defender

  • Secuestré al Jefe de la Mafia... Y me Volví su Obsesión    76: El Nacimiento

    (Narrado por Ezra)No creo en dios.Nunca creí. Ni cuando era un niño hambriento en un orfanato. Ni cuando maté por primera vez a los diecisiete años y sentí que el alma se me partía en dos. Ni cuando construí un imperio con sangre y plomo. Nunca. Porque si Dios existía, se había olvidado de mí mucho antes de que yo aprendiera a decir su nombre.Pero ahora estoy aquí.De pie. En el pasillo de un hospital de mierda. Solo. Con las manos manchadas de sangre de Dhalia y el corazón latiéndome tan fuerte que me retumba en los oídos como un tambor de guerra.Y estoy rezando.Rezando como un idiota. Como un desesperado. Como un hombre que está a punto de perderlo todo y no tiene nada más a lo que aferrarse.—Por favor —digo en voz baja, los codos apoyados en las rodillas, la cabeza gacha—. Por favor.No sé a quién se lo digo. A Dios. Al universo. A la nada. Me da igual. Que alguien me escuche. Que alguien haga algo.Que no se las lleven.---Todo empezó hace tres horas.Estábamos en casa. Yo

  • Secuestré al Jefe de la Mafia... Y me Volví su Obsesión    75: La Verdad sobre Mateo

    Esa noche no dormí.Me quedé sentada en la cama, con la espalda apoyada contra la cabecera y las manos sobre el vientre. La bebé se movía de vez en cuando. Pataditas suaves. Como si supiera que algo no estaba bien y quisiera recordarme que ella seguía ahí.—No va a pasar nada —le susurré—. Tu papá y yo no vamos a dejar que nada te pase.Pero el miedo estaba ahí. Instalado en el pecho. Pesado como una losa.Prima.Esa palabra me persiguió durante horas. La repetí en mi mente una y mil veces tratando de encontrarle sentido. ¿Era una casualidad? ¿Una broma de mal gusto? ¿Un error?No.Nada en Mateo parecía casual. Ni su llegada. Ni su historia. Ni esa forma de mirar como si supiera algo que nosotros no.A las seis de la mañana me rendí. Me levanté y bajé a la cocina. La casa estaba en silencio. Demasiado grande para dos personas. Demasiado vacía. Preparé un té que no me tomé. Me senté en la mesa y me quedé mirando la pared como si pudiera encontrar respuestas en la pintura blanca.No las

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