FAZER LOGIN— ¡Maldita sea! ¿De verdad, me dio libertad? — Grito Valentina, al entrar a su recámara molesta.
Miró una caja sobre la cama. Se acercó y, al abrirla, encontró un elegante vestido negro junto con los accesorios que combinaban a la perfección.
—Maldito imbécil... —susurró molesta mientras cerraba nuevamente la caja.
Sacó su teléfono y encontró un mensaje de Anthony. Su enojo se desvaneció por completo.
"Pronto estaremos juntos, mi amor."
Parecía que ella había estado exagerando antes. Solo necesitaban un poco de tiempo para recuperar lo que habían tenido.
Valentina mordió su labio inferior antes de responder.
"Te amo."
Esperó unos segundos.
"Yo también te amo, Peque. Todo esto terminará pronto."
Guardó el teléfono y abrió nuevamente la caja. Tomó el vestido sin mucho entusiasmo. Debía empezar a arreglarse para esa noche. Aunque lo detestaba, era la señora Hart y debía actuar como tal. Anthony solo le había pedido un poco más de tiempo. En cuanto recuperara el prestigio de la empresa Solís, anularían su matrimonio con Alexander Hart y podrían estar juntos.
—Señora Solís... —susurró con una sonrisa.
Una hora después, Valentina salió de su recámara. Alexander ya la esperaba en el vestíbulo revisando unos documentos en su celular. Al escuchar sus pasos, levantó la vista apenas un instante y la recorrió de pies a cabeza antes de guardar el teléfono.
—Nos vamos. —ordenó con frialdad mientras metía el celular en el bolsillo de su pantalón.
Valentina soltó una risa irónica y se cruzó de brazos.
—¿Siempre eres tan arrogante? —preguntó sin apartar la vista de él.
Alexander sostuvo su mirada durante unos segundos y una sonrisa ladina apareció en sus labios.
—Solo con las personas que insisten en desafiarme. —respondió con tranquilidad.
Valentina arqueó una ceja y negó con la cabeza.
—Entonces debo felicitarte. Eres bastante constante.
La sonrisa ladina de Alexander se acentuó apenas un poco.
—Y tú bastante predecible. —replicó sin dejar de mirarla.
Valentina rodó los ojos, pasó a su lado y caminó hacia la salida con evidente molestia. Alexander esperó un instante antes de seguirla hasta el vehículo.
Durante el trayecto, permanecieron en silencio, Alexander revisaba correos desde su celular y Valentina mantenía su mente en su encuentro con Anthony.
Apenas entraron al salón, varios empresarios se acercaron a saludar a Alexander.
—Señor Hart.
—Es un gusto verlo nuevamente.
— La señora Hart, tan hermosa como siempre.
Valentina agradeció con una sonrisa ante el cumplido, aunque estaba harta de la farsa de ser el matrimonio perfecto, tenía que soportarlo por ahora.
Alexander respondió cada saludo con la misma serenidad, mientras Valentina permanecía a su lado fingiendo una sonrisa. Aquella clase de eventos nunca le habían gustado. Todos parecían interesados en aparentar una vida perfecta.
Valentina recorrió el salón con la mirada hasta encontrarlo. Anthony conversaba con una mujer. Permaneció observándolo unos segundos. No le pareció extraño. Él le había dicho que estaba haciendo todo lo posible por levantar nuevamente la empresa Solís y asistir a eventos como ese formaba parte de su plan.
Sonrió para sí misma. Faltaba poco. Muy pronto dejaría de ser la señora Hart.
Valentina aprovechó que Alexander continuaba hablando con unos empresarios para alejarse. Recorrió el salón con la mirada hasta encontrar a Anthony y comenzó a caminar hacia él. Antes de llegar, un grupo de invitados pasó frente a ella obligándola a detenerse. Cuando volvió a buscarlo, Anthony ya no estaba donde lo había visto. Frunció el ceño y siguió recorriendo el salón hasta encontrarlo nuevamente cerca de la terraza. Esta vez no estaba solo.
Alexander continuaba atendiendo a los invitados. Valentina aprovechó para alejarse. Recorrió el salón hasta encontrar a Anthony cerca de la terraza. Sonrió y caminó hacia él, pero se detuvo al escuchar la voz de Miranda.
—¿De verdad vas a esperar hasta el divorcio? —preguntó ella.
Anthony soltó una risa.
—Por supuesto. En cuanto cobre la herencia que le dejó su abuela y reciba las acciones que obtendrá tras divorciarse de Hart, todo pasará a mi nombre. —Dijo Anthony con total seguridad.
—¿Y si cambia de opinión? —Cuestionó Miranda.
—No lo hará. Valentina haría cualquier cosa por mí. Solo tengo que decirle que es para nuestro futuro y firmará cada documento sin siquiera leerlo. —Respondió Anthony con una sonrisa de satisfacción.
—Jamás pensé que pudiera ser tan ingenua. —Dijo Miranda con una sonrisa burlona.
—Por eso la elegí. Se enamoró de mí cuando apenas éramos unos adolescentes. Desde entonces supe que podía hacer con ella lo que quisiera. —Respondió Anthony con absoluta indiferencia.
Miranda sonrió antes de acercarse a él.
—Eres un desgraciado.
—Soy un hombre inteligente. —Respondió Anthony sin el menor remordimiento.
Anthony la tomó de la cintura y la besó.
Valentina permaneció inmóvil.
Sus labios temblaron apenas un instante mientras apretaba los puños con rabia. Anthony nunca la había amado. Durante dos años creyó cada una de sus palabras, mientras él solo esperaba la herencia de su abuela y las acciones que obtendría tras divorciarse de Alexander Hart. Todo ese tiempo la había utilizado. Miranda fue su cómplice desde el principio. Ambos pensaban dejarla sin nada.
Una sonrisa amarga apareció en sus labios.
Ella se encargaría de destruirlos. Esa sería su venganza.
Levantó la mirada y encontró a Alexander Hart conversando con varios empresarios. Él era el único hombre con el poder suficiente para dejar a Anthony y Miranda sin nada. Pero para conseguirlo, primero tendría que ponerlo de su lado.
Caminó hacia él con la elegancia que siempre la caracterizaba. Ese par de imbéciles acababa de matar a la mujer que los amó y confió en ellos. Lo único que quedaba de Valentina era el deseo de verlos perderlo todo. Quería destruirlos, verlos arrastrarse como las ratas de m****a que eran.
Alexander dejó de hablar al verla acercarse. Antes de que pudiera preguntarle qué ocurría, Valentina tomó su rostro entre sus manos y unió sus labios con los de él frente a todos los invitados.
Él abrió ligeramente los ojos, sorprendido. Sin embargo, la sorpresa apenas duró un instante. Rodeó su cintura con un brazo y respondió al beso sin dudarlo. Cuando Valentina se apartó, él continuó sujetándola por la cintura, sin dejar de mirarla.
Valentina levantó la vista. Al otro lado del salón, Anthony los observaba sin apartar la mirada.
Perfecto. El primer paso estaba dado.
Ahora comenzaría a seducir a su esposo.
Lo que Anthony aún no sabía era que acababa de perder a la mujer que manipuló durante dos años. Y Alexander Hart jamás compartía lo que ya consideraba suyo.
Valentina llegó al corporativo Luna con Natalia siguiéndola de cerca. Desde que Alexander le había asignado la tarea de protegerla, la joven se había mantenido atenta a cada movimiento, sin apartarse de ella ni siquiera durante el trayecto por los pasillos del edificio.Al llegar frente a la oficina de su abuelo, Valentina se detuvo y miró la puerta antes de volverse hacia Natalia. No sabía qué asunto tenía tanta prisa por tratar Valente, pero esperaba que no fuera nada que le quitara demasiado tiempo. Su presentación estaba cada vez más cerca y todavía tenía cosas que revisar antes de dirigirse al corporativo Hart.—Natalia, ¿podrías esperarme afuera? —preguntó con una sonrisa—. Solo voy a saludar a mi abuelo.Natalia miró la puerta de la oficina y después a Valentina. Aunque entendía que se trataba de su abuelo, tenía instrucciones de no separarse de ella.—Está bien, pero, por favor, si necesitas algo, no dudes en llamarme —dijo finalmente Natalia.Valentina asintió y entró en la o
Valentina miraba fijamente a Natalia. Ambas estaban sentadas en la parte trasera del vehículo, pero todavía no le había indicado al chofer adónde quería ir. Su nueva guardaespaldas parecía bastante cómoda con la situación y, a juzgar por su sonrisa, tenía otros planes además de cumplir con su trabajo.—Señora Hart, me esforzaré mucho en mi trabajo —aseguró Natalia con una gran sonrisa.—Dime Valentina… —respondió ella, devolviéndole la sonrisa.—Okey, Valentina. Entonces, seamos amigas, ¿te parece? —preguntó Natalia sin borrar la sonrisa de su rostro.—¿Amigas? —repitió Valentina, desconcertada.No era que tuviera algo en contra de hacer nuevas amistades, pero después de lo que había pasado con Miranda, la idea de confiar en otra persona no le parecía tan sencilla. Su mejor amiga de tantos años había resultado ser una perra que se revolcaba con su novio, el mismo al que ella había jurado amar antes de terminar casada con Alexander. Y pensar que durante tanto tiempo había confiado cieg
Alexander se acercó por detrás de Valentina, la rodeó con los brazos y le dio un beso tierno en el cuello.—Te ves hermosa —susurró, mirándola a través del espejo.Valentina sonrió. Estaba feliz con su relación con Alexander. Nunca imaginó que podría llegar a sentirse tan bien al lado del hombre que una vez juró odiar.—Esta noche es la cena con los Evans —comentó, intentando mantener la sonrisa—. Le dije a Miranda que llegaría a las siete.Alexander suspiró y asintió. Seguía en desacuerdo con que asistiera a aquella cena, pero no pensaba prohibírselo. No quería imponerle sus decisiones ni demostrarle su posesividad de esa manera.—No le dije que me acompañarías —añadió Valentina.—¿Por qué? —preguntó Alexander, arqueando una ceja.Valentina se giró entre sus brazos y lo miró con expresión inocente.—Porque, si le decía, podría advertirle a Marcos Evans. Es mejor que tu presencia sea una sorpresa —explicó.Alexander asintió y se inclinó para darle un beso corto en los labios, complaci
Anthony Solís se encontraba en su departamento cuando recibió la invitación del Internado Real de Ashbourne. Al leer el nombre de la institución y la fecha de la reunión, una sonrisa se dibujó en sus labios. Dejó el documento sobre la mesa y volvió a leerlo, deteniéndose en el anuncio del reencuentro de la Generación Legado.—¿Doce años después? —murmuró—. ¿Acaso el poder de los Hart ya no es tan influyente?Se recostó en el sofá, sosteniendo la invitación entre los dedos. Le resultaba curioso que el internado decidiera organizar una reunión después de tanto tiempo sin dar señales de vida. Los Hart siempre habían tenido contactos e influencia suficientes para conseguir lo que querían, así que le costaba creer que aquella invitación fuera una simple coincidencia.….Alexander seguía despierto pasada la medianoche. Le resultaba difícil conciliar el sueño después de recibir aquella invitación del Internado Real de Ashbourne. No entendía cómo era posible que, después de tantos años, hubie
Alexander entró en la recámara justo cuando Valentina colocaba el álbum de fotografías en el librero.— ¿No descansaste? — preguntó al acercarse.Valentina se giró para mirarlo e intentó sonreír, pero no podía dejar de pensar en aquella imagen de Alexander cuando era adolescente. Había algo en su rostro que le provocaba una extraña incomodidad, aunque no lograba entender por qué.— Alexander, ¿en qué internado estudiaste? — preguntó Valentina.Alexander entrecerró los ojos, se acercó a ella y la observó durante unos segundos antes de responder.— En el Internado Real de Ashbourne — contestó.Valentina se quedó en silencio. Ese era el nombre que había leído en el álbum de fotografías, pero había algo más. Sentía que conocía aquel lugar, aunque no conseguía recordar de dónde. La imagen de los pasillos oscuros volvió a su mente junto con aquellos gritos que había escuchado, provocándole una sensación de inquietud.¿Por qué estaba recordando esas cosas? ¿Y qué tenían que ver con el intern
Valentina entró en la recámara de Alexander. Se sentía un poco cansada y, como habían decidido quedarse a comer con sus suegros, aprovechó que su esposo estaba platicando con Edward en el estudio para descansar un rato.Recorrió la habitación con la mirada. Aunque era diferente a la que compartía con Alexander en su propia casa, le gustaba descubrir esos pequeños detalles que formaban parte de los gustos de su esposo. Se detuvo frente al librero y sonrió al reconocer los mangas de romance que había visto anteriormente. Tal vez debería leer alguno. Así tendría algo más en común con Alexander y podría compartir ese interés con él.Sus ojos se detuvieron en un álbum de fotografías que descansaba en el librero. En la portada, el nombre Internado Real de Ashbourne y el año de la generación estaban escritos con letras doradas.— ¿Por qué se me hace familiar? — susurró Valentina mientras tomaba el álbum.Se sentó en la cama y comenzó a hojearlo. Había fotografías de los alumnos durante las a







