LOGINYa habian pasado dos años desde que la pequeña Amelia habia llegado a la vida de la joven pareja. Si bien, al inicio fue dificil; ya que tuvieron que aprender a ser padres del día a la mañana, lograron adaptarse a ella y a su nueva vida.
La pequeña de dos años amaba incondicionalmente a sus padres, tal como ellos la amaban a ella. No hubo problemas hace años cuando la fueron a inscribir, ya que el Alpha habia dado un anuncio hacia toda la manada esa misma noche sobre la nueva integracion en sus tierras.
Y pese a los miedos que los padres lobos tuvieron sobre su nueva hija, nadie nunca fue mal aducado o hirientes con su hija. De hecho, ella era muy querida dentro de la comunidad y todos la cuidaban ya que sabian que era un eslabón fragil dentro de la manada.
James por su parte, no volvió a acercarse a la familia de lobos, pero desde la distancia los observaba y se aseguraba de que nada le faltara a la pequeña; como lo hacía justo en ese momento. Si bien, sus acciones mayoritariamente eran guiadas por su lobo que le exigia verla, con el paso del tiempo él mismo comenzó a preocuparse por ella.
Aquellas reacciones seguían inquietándolo y pese a que intentó investigar, no ha podido dar con la posible razon del porque su Lobo reacciona así con la pequeña humana. Porque la verdadera razon de su miedo se debia a que él ya habia reaccionado así con alguien.
Una hermosa loba que lo cautivo desde el primer momento.
Una loba con la que vivió hermosos años.
Hasta que la tragedia los golpeó.
Hasta que las consecuencias de ser Alpha los alcanzó.
La risa de la humana lo sacó de sus pensamientos y guío sus ojos hacia el patio de la familia, donde Lila se encontraba con Amelia sentadas en una manta en medio del pasto y rodeadas de juguetes de la pequeña.
Su lobo se removía en su interior pidiéndole acercarse, pero James como siempre lo ignoraba.
–¿Dónde estás? –escuchó la voz de beta atraves del enlace.
James rodó los ojos al oírlo, ya que nunca podía escapar ni una hora de él.
–Dando una vuelta por la manada.
–No me mientas, otra vez estás vigilándola ¿cierto?
El Alpha bufó y negó.
–No –respondió dándole una última mirada a la pequeña niña que jugaba con su madre corriendo alrededor de ella–. Estoy recorriendo los alrededores.
–Haré como que te creo –su beta río–. Acércate a la mansión, llegó tu pedido.
–¿Ya? –comenzó a correr en direccion a su hogar–. Lo pedi hace dos días.
–Bueno, ya llegó. Lo dejaré en tu despacho.
–Bien, enseguida voy.
Corrió lo más rapido que sus piernas se lo permitieron para llegar a su casa, aquel libro sería el que le de las respuestas que él necesitaba. Le costó encontrarlo y tuvo que pagar más de lo necesario, pero al menos ya estaba aquí.
Entró directamente por la puerta que daba hacia el bosque y sin saludar a nadie avanzó rapidamente hacia su despacho. Cerró la puerta tras de él para no ser interrumpido y se acercó hacia el libro que se encontraba envuelto sobre su escritorio.
Una hora estuvo leyendo el contenido de aquellas páginas amarillas, una hora en la que todas sus preguntas fueron contestadas.
Ignoro el sonido de quien fuera que tocara su puerta, aunque sabía por el olor de quien se trataba, pero toda su concentracion estaba en otra cosa.
La puerta se abrió y Karina ingresó en el despacho de su hijo encontrándolo sentado tras su escritorio, con una mano afirmando su mentón y sus ojos fijos en un libro que jamás habia visto.
–¿Qué es eso? –preguntó su madre acercándose a donde él estaba.
–Un libro –respondió él rogando que su madre no hiciera más preguntas.
Porque no queria responder ninguna, ya que si hablaba de aquello significaba asumir las palabras que habia leido ahí y aún no sabía cómo sentirse al respecto.
–Puedo notarlo, ¿pero sobre qué trata?
James se mantuvo en silencio aún con los ojos pegados en aquellas páginas y su madre al notar la negativa de hablar se acercó aún más y comenzo a leer.
–¿Segundas compañeras? –ella preguntó, pese a que sabía el porqué su hijo averiguaba sobre eso–. ¿Por qué estás leyendo sobre eso?
–Nada importante –mintió.
–No me mientas, ¿Encontraste otra compañera?
El corazón de James se aceleró ante aquella pregunta, porque la respuesta era lo que temía.
–James…–su madre presionó para que él lo admitiera.
Ella sabía que su hijo rechazaría aquella noticia, lucharía con dientes y garras para evitarlo, pero era inevitable.
–No lo sé madre…–suspiró el Alpha–. No lo sé…
–Creo que si lo sabes hijo –su madre lo miró con compasion, viendo esos hermosos ojos café que hace tiempo no veía–. Y creo que también sabes quién es.
–No –él negó parándose y dándole la espalda para ver por la ventana–. Es imposible, no puede ser.
–Hijo mío…–Karina lo siguío abrazándolo por la cintura–. Sé que sufriste mucho, pero la diosa luna te ha enviado una segunda oportunidad de ser feliz.
–No…–él negó con un nudo en la garganta al recordar a Natalia–. No merezco una segunda oportunidad… no merezco nada…
–Sí la mereces, siempre nos preguntamos el porqué no te sucedió nada despues de la tragedía… el porqué seguias con nosotros y ahora sabemos la respuesta –Karina intentó transmitir paz por en enlace que compartian, ya que sentía la lucha interna de su hijo–. Ella es la respuesta mi tesoro, no la desperdicies.
–¿Por qué la diosa Luna me hace esto madre? ¿La he ofendido de alguna manera? –preguntó con el nudo en su garganta cada vez más grande.
Karina frunció el ceño y lo rodeó para quedar frent a él.
–¿De qué hablas?
–Dices que es mi segunda oportunidad, pero…–suspiró–. Como la mantendre a salvo, si nisiquiera pude proteger a Natalia y ella era como nosotros; ¿Asi que explicame como mantendre a salvo a una humana?
–Hijo…
–No madre, ya tomé mi desicion –contestó con seguridad, pese a que cada parte de su cuerpo se oponia a ella–. Me mantendre lejos de ella, no merece que traiga peligros a su vida, ni dolores –se volvió hacia su escritorio y se sentó–. Esta mejor así, además aun es pequeña, nisiquiera sabemos si es verdad.
–¿No te has visto al espejo últimamente?
–No –James frunció el ceño ante la pregunta–. ¿Por qué?
–Tus ojos volvieron a ser café tesoro mío –dijo su madre sorprendiendolo–. Creo que aunque quieras negarlo, las señales estaran ahí y no podras hacer nada para evitarlo.
–Sí puedo, soy un Alpha –trató de convencerse a él mismo–. Mi fuerza de voluntad es mayor que la de cualquier otro, así que si quiero mantenerme lejos de ella lo haré.
–Disfruta mientras puedas, porque ella aún es joven y su olor no ha madurado –su madre acarició su cabello antes de caminar hacia la puerta–. Pero cada año su esencia aumentará atrayendote y cuando cumpla la mayoria de edad no habra nada que puedas hacer para luchar contra la conexión.
La puerta se cerró dejando flotando en el aire las palabras de su madre, aquellas que él sabía tenían razon. Porque aunque podia sentir un ligero aroma proveniente de ella que lo atraía aún no era con tal intensidad como cuando sintió el de Natalia.
Pero su desision estaba tomada, pese a que su lobo no concordaba.
Se mantendría alejado de ella.
Por su propio bien.
El transcurso de los días pasaba con rapidez y el tiempo era inevitable. El cumpleaños de Amelia era en una semana más y los nervios de ambos crecía en buques gigantes ante la expectativa que traería aquel suceso.James como habian quedado en acuerdo de no hacer nada grande solo familia, habia reservado las mejores carnes para poder hacer una barbacoa y una torta pequeña para ellos. Le habia dicho a Amelia y sus suegros que no se preocuparan de nada, que él compraria todo y pese a que los papás de ella quisieron intervenir, él les explicó que su lobo no le permitiria nunca que alguien más pague las cosas que no fueran ellos.Las clases en la escuela de ella ya habían terminado y sus vacaciones comenzaban, por lo que ella permanecia más tiempo en la casa, dando vueltas intentando no ostigar a James con su presencia ya que aun mantenia el miedo de aburrirlo.Así que su nuevo pasatiempo era preocuparse del jardín. –Te colocaremos un lindo abono para que crezcas grande y fuerte –le hab
Una semana más pasó y la rutina entre ambos ya estaba más que establecida, los nervios cada día también crecian más ante la cercanía del cumpleaños de Amelia, pero se refugiaban entre ambos y conversaban las cosas sin problemas. Las caricias eran algo frecuentes, ya que desde aquel beso no habían podido quitarse las manos de encima en caricias inocentes aún, con respeto a ella sin querer presionar James simplemente aceptaba lo que ella quisiera darle.Avanzaba solo lo que ella permitia y con eso él era más que feliz.Las clases de Amelia igual ya estaban casi por terminar y era su último año escolar, así que ella igual estaba nerviosa por aquello. –¿Hemos tenido algun avance con el tema de contactar a Cassian? –preguntó James a su beta.–No, nada –suspiró Benjamín–. Nadie quiere dar nada sobre él.–¿Y el sujeto de la otra vez? –preguntó comenzando a frustarse–. ¿No ha vuelto a entrar en nuestra frontera?–Tampoco, fue como si desapareciera y no hemos vuelto a verlo. Su lobo gruñó d
Un mes pasó más rapido de lo que hubieran querido, las dinamicas se habian establecido y las rutinas eran las mismas cada día. Desayunaban juntos, él la iba a dejar al colegio, ella volvía caminando y finalmente en la noche cenaban. Los distanciamientos se habian terminado, la conexión de su vínculo era cada vez más fuerte y más aún porque la mayoría de edad de Amelia estaba a la vuelta de la esquina. Quedaban exactamente 30 días y ambos estaban igual de nerviosos por aquello, porque pese a que ahora llevaban una rutina y vivían juntos por razones totalmente ajenas a su vínculo, una vez que la esencia de ella madurara y se dejará ver todo sería completamente distinto.–¿Tienes pensado qué hacer para tu cumpleaños? –James preguntó mientras cenaban ese día.Amelia dejó de comer para alzar la vista y verlo, cayendo en cuenta que ya faltaba solo un mes. –La verdad no –admitió–. Lo habia olvidado por completo.–¿Cómo podrias olvidar tu mayoria de edad? –rió James consciente de lo olvida
Dos días habian pasado desde que Amelia vivia en la mansión, desde que llegó no había hablado con James sobre la situación, la verdad lo estaba evitando.En las mañanas se levantaba temprano, se arreglaba para ir al colegio y se escabullía en la cocina para recoger comida y poder llevar, no se quedaba a desayunar, pese a que sabía que él a esa hora ya estaba despierto porque la señora de la cocina se lo habia dicho el primer día.Pero queria evitar toda conversacion, aún no estaba lista para afrontar todo esto. Así que para ella lo mejor era evitarlo, llegaba de la escuela, comía rapido en la cocina y se encerraba en su cuarto.Y James sabía todo aquello, que ella lo evitaba a proposito, pero prefería darle su espacio. Entendía que toda la situación debía ser estresante para ella, más porque la sacó de su hogar y la trajo aquí, así que esperaría que ella estuviera lista para acercarse.Lo unico que lo calmaba, era que al menos ella no habia puesto objeciones sobre los guardías que anda
Amelia caminaba de un lado a otro dentro de su habitacion mientras mordisqueaba su dedo y pensaba como habia pasado todo esto en tan poco tiempo. Un par de horas atrás no hablaba hace años con su Alpha, luego fue a buscarlos para aclarar las cosas “que no resultaron muy bien”, pensó y ahora debía mudarse a la mansion donde cabe aclarar él vive. Soltó un pequeño quejido de frustración y volteó hacia su cama donde sus bolsos se encontraban.Sus padres habian hablado con ella y pese a que ella no quería vivir ahí más que nada por una especie de acto infantil, sabía que lo que se debia hacer era aquello ya que no era algo ligero lo que sucedia.Al fin y al cabo su vida posiblemente estaba en peligro. Un pequeño golpe en la puerta la sobresaltó y su madre entró con una leve sonrisa en el rostro. –¿Estás bien tesoro? –preguntó viendo sus dos bolsos. –Estoy nerviosa –admitió–. No sé cómo podremos estar bajo el mismo techo con todo lo que nos rodea.–Un día a la vez hija –su madre se ace
James observó fijamente a Amelia con su cabeza funcionando a mil por hora, la seguridad se había roto dentro de su manada ya que aquel extraño habia logrado entrar sin problemas y acercarse lo suficiente para llegar a ella. ¿Qué hubiera pasado si él no estuviera aquí? ¿Sí la encontraba sola?, tenía su seguridad, pero aún así, ahora el peligro era más que real. –¿Quién era? –Amelia preguntó confundida–. ¿Quién era esa persona por la que preguntó?James la recorrio con la mirada y la abrazó contra su pecho tomandola desprevenida, pero las emociones que lo recorrian en ese momento estaban sobrepasandolo. Necesitaba sentirla cerca, saber que aún estaba a salvo de los peligros. –¿James? –preguntó ella contra su pecho. No sabía que sucedía, quién era aquel hombre ó por qué él estaba actuando tan raro, pero sabía que algo andaba mal. –¿Qué sucede? –volvió a preguntar escuchándolo respirar pesadamente–. Hablame.–Tenemos que ir a la mansión –dijo ignorando sus preguntas–. Ahí estaremos b







