FAZER LOGINAl salir en el primer piso, justo la puerta del ascensor se abrió. La recepción era amplia; de tal manera que el ascensor quedaba en medio, con la vista a la puerta del exterior. De modo que la persona que salió de él no pudo verla hasta que giró la cara. Fingiendo ignorancia, Dayana salió, cruzó en la esquina y salió a la sala principal del edificio. Los pasos resonaron a su espalda. Casi podía sentir el aliento chocando en su nuca.
“Mañana vendré con el pelo suelto”. Anotó, para evitar sentirlo tan cerca.
-¿Tienes auto? - el gerente se paró en la acera. Dayana giró la cara levemente - ¿quieres que te lleve?
“Sería mejor ir sola que con el diablo acompañándome”. No confiaba en él, en lo absoluto - No, gracias. Prefiero tomar el bus.
-No tengo problema con llevarte…
Antes de que terminara de hablar, Dayana se giró y empezó a caminar - hasta luego - pronunció al alejarse.
Tenía que tomar un bus hacia el metro que la llevaba a casa. Vivía lejos, ya que el centro de la ciudad era muy caro; pero encontró una casa cómoda, la cual modificó a su conveniencia. Además, estaba en un lugar bastante seguro.
Cuando llegó, puso el código de la puerta principal y entró al pasillo. Al ser un lugar barato, tenía un solo nivel; sin embargo, los apartamentos eran grandes, aunque no había mucha gente viviendo ahí. Atravesó el pasillo hasta la última puerta e ingresó el código. Un pitido sonó; entonces, giró la manija. La oscuridad nubló sus ojos. Al entrar, cerró para luego vaciar sus bolsillos.
Lo único que llevaba encima era un pequeño monedero y el celular. Los dejó en la mesita frente a los sofás que estaban ante la puerta. Apoyada en el rincón junto a la entrada, había una puerta abandonada a punto de resbalarse; pero como estaba acostumbrada a verla, no le prestó atención. En cambio, fue al pasillo del lado derecho. Debía bañarse y cambiarse; no obstante, necesitaba hacer algo más antes de eso.
La pared de un lado tenía una parte hecha de un material diferente. El repello blanco se interrumpía con el color de la madera. Justo donde empezaba el cambio, había un mueble pequeño a la altura de sus muslos. A simple vista parecía el estilo exótico del apartamento. Con una pared de madera adornando el costado del pequeño pasillo que conducía a una ventana alta; pero al mover el mueble quedó al descubierto una cerradura de llave.
Dayana se acercó a la ventana y levantó una única maceta que había en ella. Un objeto metálico quedó al descubierto. Se pegó a la ropa la maceta para luego estirar la mano libre hacia la llave. Sin embargo, un sonido detuvo sus movimientos.
¡Ding… Ding!.
El timbre sonó. De inmediato volvió a colocar todo en su lugar y fue a la puerta. Al abrir se encontró con su vecino parado afuera - Hola - saludó alzando una mano - te vi llegar hace rato - El muchacho era joven. De unos diecisiete años, más o menos. No estaba segura. Lo único que tenía claro era que era menor de edad.
-Hola - saludó. Intentó sonreír; pero el aburrimiento regresó sus labios a su lugar.
El chico la escaneó y de repente señaló - ¿qué te pasó?, ¿te caíste?
Dayana miró sus costillas. Marcas de tierra mancharon su ropa - ah, no - levantó la cara - estaba arreglando mi flor.
El chico sonrió - ¿tu flor? - bromeó - si es solo una rama seca que murió hace tiempo - aunque reía dijo la verdad.
Dayana parpadeó - ¿cómo lo sabes? - era imposible hacerla enojar con un par de palabras; así que lo tomó de buena manera.
-Puedo verla desde el callejón de al lado. Soy alto, así que puedo ver todo por tu ventana.
-Cierto. Has crecido mucho últimamente - entabló una conversación sin emociones - ya eres más alto que yo en solo un año y medio que llevo viviendo aquí.
-Sí - se aclaró la garganta, para luego inclinarse y sujetar la puerta medio abierta - ¿puedo entrar a tu casa? - enfocó la vista, con su brazo pasando a un lado de la cabeza de Dayana.
Era lo que esperaba, sabía lo que quería desde un principio - hoy… tengo mucho trabajo - A pesar de sus insinuaciones constantes, nunca le había dado esperanza. Su ex novio, no la había dejado de molestar; además, no estaba de humor para involucrarse con un niño - me iré a dormir pronto - empujó la puerta.
-Espera… - él no la dejó cerrar. Su rostro cambió de sensual a afligido - Mi madre no ha venido aún. No quiero estar solo en casa. ¿Puedo hacerte compañía? - su actitud dependiente era lo que removía su corazón, provocando que siempre lo dejara entrar.
-Pasa - se apartó y fue al sofá.
Él vivía con su madre a unas puertas de la suya. La señora era madre soltera y lo dejaba solo a menudo. Por eso, se acostumbró a buscarla y tratarla como si fuera su madre. Para Dayana era tierno que siguiera siendo tan dócil a pesar de ser tan grande.
Al entrar, se detuvo por un momento - ¿quieres que mueva la puerta de lugar? Se puede caer en cualquier momento.
Dayana se sentó, apoyando un brazo en el costado del sillón - ahí está bien. No tengo dónde ponerla.
-Bueno - siguió y se sentó tan cerca que su pierna casi quedó sobre la de ella - ¿por qué regresaste tan tarde hoy? No es normal que tengas mucho trabajo. ¿Acaso saliste con…
-Tuve problemas en el trabajo. Me atrasé mucho - interrumpió, recostando la cabeza y cerrando los ojos.
-Oh - de pronto, algo frío envolvió su mano - ¿estás muy cansada?, deberías ir a la cama - supo que él la agarró con firmeza. También notó que estaba muy cerca, ya que su aliento le rozó la mejilla.
-Iré cuando vengan por ti.
-Bien - la mano se retiró para luego sentir algo pesado en las piernas.
Abrió los ojos, para verlo recostado cómodamente, como si fuera a dormirse. Dayana se recompuso, a punto de levantarse - iré a tomar agua.
Se quedó parada un rato, asimilando, cuando escuchó golpes y quejidos desde fuera. Miró a todos lados; pero no tenía otro teléfono para marcar a la policía. Alguien llegó a ayudar y no podía dejarlo solo en el peligro.Corrió a la cocina y tomó un cuchillo, antes de salir con todo el valor que poseía. Para luego, quedarse parada en la entrada de la puerta con el cuchillo alzado, estupefacta. Jaziel luchó contra Elmer, tirados en el suelo; mientras soltaban golpes al azar. Los dos parecían locos. Cerca de los pies de Dayana, estaba el arma tirada.Dando un paso más cerca, dijo - ¡ten cuidado!Jaziel gritó - ¡llama a la policía! - envuelto en coraje.
Hacía un tiempo se mudo de casa a una que quedaba a más de cinco cuadras del trabajo, en dirección opuesta de donde estaba. Su segunda intención era tener un lugar más grande donde Jacobo pudiera vivir cómodamente con ella; así que alquiló una casa entera. En cambio, el primer motivo, ese lo trataba de olvidar; por tal motivo, creyó profundamente en el segundo, aunque no le dio resultado. Aún así, valió la pena.Caminó por la orilla de la calle, cruzó y pasó frente al callejón sin salida. En tal parte, solo había un farol alumbrando una esquina, dejando a oscuras el profundo rincón - ¡espera! - una voz llamó desde las sombras, produciéndole un escalofrío. Asustada, dio un saltó lejos. La figura fue saliendo en cuestión de segundos. Su cara se ilumin&oacut
Fueron en dirección al parque; puesto que no sabía a qué otro lugar llevarlo, ya que no tenían mucho tiempo. La actitud de Carmen le resultó extraña; pero, al menos por una vez, confió en que no tenía malas intenciones. Ambas actuaron sin el propósito de dañar. Tal vez fue porque la última pelea que tuvieron desahogó muchas frustraciones que al final solo las llevó a sentirse arrepentidas.-Desde que te peleaste con ella ha estado diferente - comentó Jacobo - ha estado muy preocupada. Casi no me deja hacer nada solo - Los juegos se divisaron a la distancia. El sol se tornó de naranja - y ya no se enoja tanto.-¿Antes se molestaba seguido?-No. Bueno… - pensó - depende de lo que haga - rio - a ve
Jaziel esperó sin moverse. Su estado no era bueno, parecía enojado y su aspecto era tenebroso. Mostrando solo los ojos brillantes en la oscuridad.-Espera - tomando precauciones, se hizo a un lado - aún no he terminado.Llegó a la mesa, estiró el brazo para tomar el vaso; pero al hacerlo con nerviosismo, el cristal húmedo se deslizó de sus dedos, justo cuando lo levantó. El vaso cayó, rompiéndose al instante. El agua se esparció junto con los pequeños trozos de vidrio. Mientras el objeto iba en el aire, toda la sangre se desvaneció del rostro de Dayana. Cuando el sonido del material rompiéndose inundó sus oídos, la cordura también la abandonó.Ya no fue consciente de sus actos, solo supo que no
Dayana bajó la mano desde los ojos al pecho. Con la otra, revisó si tenía sus pertenencias en el bolsillo. Al comprobarlo, se giró. Debía salir de ahí, ya no soportaba más. Con un ligero movimiento de sus sentimientos y caería en el desespero.Sin embargo, antes de poder dar otro paso, se encontró con Jaziel cuando dio la vuelta - no te vayas todavía. Es mentira que debes irte.Dayana levantó la cara sin decir nada. Su labio tembló por más que quiso contenerlo. No fue capaz de mantener la mirada de Jaziel; así que miró al suelo. Sin necesidad de dar una explicación, él se acercó y de pronto, sus brazos la rodearon. No pudo más. Soltó el llanto, agarrándose con fuerza de la camisa de Jaziel. Emitió quejidos suaves, rep
Dayana también optó por una expresión formal para el asunto - No, yo misma tomé la decisión de someterme a una operación - lo miró, casi como si lo estuviera retando - no quiero tener otro hijo, ni siquiera por error - sus palabras fueron precisas, sin dar lugar a segundas opiniones.Jaziel abrió la boca; pero la volvió a cerrar. Quería preguntar el porqué; sin embargo, no se atrevió. Puesto que, internamente, más o menos comprendía a Dayana o eso creía él. Aún así, parecía frustrado. Su rostro se frunció más. Se levantó - vendrán en un momento - dio vuelta tras el sillón - estaré arriba - desapareció en cuestión de segundos.Mientras los perros peleaban entre ellos bajo la mesita, l







