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Capítulo III: Muestra de amabilidad

last update Data de publicação: 2026-01-11 08:07:52

Sin decirlo dos veces, él se sentó. Dayana se movió a la cocina, hecha de un desayunador atravesado a un lado de la sala. Del otro lado de tal, estaba el refrigerador, el lavatrastos separando la estufa, con un estante colgando arriba. Junto al desayunador, esta el estante que sostenía el galón de agua.

Dayana tomó el vaso y lo presionó contra la palanca del oasis; pero el agua no salió. Empujó el garrafón casi vacío para que soltara el último chorro de agua. Aunque no fue suficiente ni para llenar la mitad del vaso, la bebió.

-¿Tienes otro bote? - la voz animada llamó su atención.

Se separó el vaso de los labios y señaló con la barbilla antes de terminar de beber. El joven se levantó, esquivó la mesa del comedor para llegar frente al oasis. Dayana se hizo a un lado, dejando que el vaso colgara en su mano; mientras él abría el mueble y sacaba un garrafón lleno - déjalo en el suelo - le informó cuando lo vio quitar el que estaba vacío de arriba.

-Bueno - con un solo brazo subió el otro al desayunador a un lado, lo destapó y volteó sobre el agujero. Luego, se giró. Con una sonrisa le quitó el vaso de la mano - no has ido al gimnasio últimamente - dijo; en tanto lo llenaba.

-He hecho ejercicio en casa.

-Tampoco has ido a entrenar - comentó, al voltearse y entregarle el vaso.

-También he practicado aquí - tomó un poco - no he tenido tiempo de salir.

“Más bien era que no tenía ganas de convivir con más personas”. Ciertamente, había empezado a practicar una actividad de defensa personal debido a las malas experiencias adquiridas con su ex. Por otra parte, empezó a ejercitarse desde que fue mayor de edad y comenzó a vivir sola.

-Ah - asintió - tenía varios días sin verte - bajó la cabeza.

-Así es - tomó agua.

-¿Mañana, a qué hora vendrás? - la miró, con el cabello de la frente colgando a un lado.

-Mn - despegó el vaso de sus labios - no lo sé. El trabajo está un poco complicado ahora.

-Ah - se deprimió, colgando la cabeza de nuevo - yo quería ver una película contigo, aquí en tu casa.

Dayana bajó el vaso vacío - no tengo televisor. Lo sabes, ¿verdad?

-No, yo podría traer mi computadora - insistió.

-Ah - hubo un momento de silencio - te avisaré cuando tenga tiempo - se estiró para dejar el vaso en el mueble.

Solamente después de escuchar la respuesta, el chico volvió a sonreír - yo también tengo sed - dijo y aunque sabía dónde estaban los vasos limpios, tomó el mismo que ella.

Dayana abrió la boca, a punto de decir algo cuando el timbre sonó; así que fue a la puerta. Al ver a la persona afuera, se giró para adentro y llamó - ¡Andrés!

El chico sacó la cabeza - ¿Sí?

-Han venido por ti.

El joven se acercó y terminó de abrir la puerta - Mamá - la señora en el exterior lo saludó con un rostro cansado - Dayana, gracias - pasó a su lado - ten una buena noche - se marchó sin dedicarle otra mirada.

“El chico, muy descarado, sabe disimular sus intenciones en público”. O al menos, las ocultaba para que su madre no sospechara y le prohibiera ir a su apartamento cada que se le diera la gana. Cerró la puerta y en lugar de hacer lo que en un principio quería, fue a su habitación, la cual era la puerta cercana a la cocina. Se metió a bañar y fue a la cama. Después de todo, tenía que madrugar al día siguiente.

Temprano, cuando despertó, olvidó que la noche pasada no cambió la alarma; así que llegaría a la hora normal y no antes como se suponía. Envuelta en una dosis de adrenalina y desesperación, se levantó y vistió con lo primero que encontró. Sin molestarse en desayunar, salió corriendo.

-¿Dayana? - cerca de la entrada, el chico que iba saliendo de su apartamento, la notó - ¡espérame! - escuchó los pasos por detrás.

Pero no se detuvo al salir - ¡ya es tarde! - respondió cuando salió a la acera.

El parqueo estaba dividido por una banca de cemento, rodeando algunos árboles en el inicio de la carretera. Los autos pasaban a gran velocidad sin detenerse. Estaba por bajar las gradas cuando sintió una mano en su hombro - vayamos juntos hasta el metro.

El sudor comenzó a formarse en su frente - no puedo. Tomaré un taxi.

Andrés se sorprendió. Vistiendo el uniforme del colegio, con la mochila colgando de un hombro - ¿un taxi? Pero puede ser peligroso.

No tenía tiempo para convencerlo; así que cruzó el parqueo y se paró al otro lado de los árboles. Sin embargo, antes de que pudiera levantar la mano, vio a alguien más parando un taxi a su lado. El hombre abrió la puerta y le sonrió - Gracias - pronunció Dayana antes de ir y entrar.

-Ten cuidado - le dijo Andrés, cerrando la puerta.

El viaje en el auto se sintió corto; ya que no tuvo que tomar tantas paradas como en el metro. Después de entregar el dinero al chófer, se dispuso a entrar a toda prisa. El vestíbulo estaba vacío. Ni siquiera la recepcionista se encontraba detrás del recibidor; puesto que era muy temprano, probablemente ella sería la única en el lugar.

Subió las gradas. Al llegar a las puertas dobles de su piso, empujó una, quedándose estática cuando notó a la persona sentada en su puesto. La puerta se regresó, crujiendo al unirse con la otra. La persona en su escritorio sacó la cabeza de su compartimiento y automáticamente frunció el ceño.

Dayana no quería recibir un sermón; así que, lo ignoró y fue directo a trabajar. Por un simple documento tuvo que correr al trabajo, el cual, lo terminó en cinco minutos. Dio la orden a la computadora y se levantó a recoger el papel a la impresora a su espalda, topada a la segunda pared de las mesas. Solo tenía que dar unos pasos para llegar a la otra entrada del comedor.

Agarró la hoja y fue a la oficina de Jaziel - aquí está el reporte - lo puso en la mesa.

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