INICIAR SESIÓNPasaron varios días desde que Valeria había firmado aquel contrato, pero su mente seguía atrapada en la misma pregunta.
-¿De verdad acabo de hacer esto.? Aunque ya había tomado una decisión, en su corazón seguía sintiendo una lucha constante. Una parte de ella intentaba convencerse de que todo esto era necesario pero otra no deja de repetirle que se casaría por interés. Desde niña había soñado con algo diferente, quería enamorarse de verdad, casarse por amor, formar una familia y sentir que alguien la escogía por quién era no por necesidad. Pensaba... Sebastián podía tener cualquier mujer, elegante, empresarias, modelos, mujeres de la alta sociedad,entonces ¿por qué ella?. Espero que estés preparada Valeria. Murmuró en voz baja. Esa misma noche, mientras se preparaba para dormir su teléfono vibró sobre la mesa. -Preparate, mañana paso por ti. Era un mensaje de Sebastián. Valeria sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo,por el solo hecho de saber que volvería a ver a ese imponente hombre. Paso el día y Valeria estaba buscando que ponerse ya que no tenía ropa bonita para estar al nivel de Sebastián. Horas después, un auto negro se estacionó frente a su casa, los vecinos empezaron a murmurar sobre este auto ya que nunca habían visto un auto así por el vecindario. El sonido de un automóvil deteniéndose frente a la casa hizo que el corazón de Valeria se acelerara. Había pasado toda la noche despierta. Cada vez que cerraba los ojos recordaba la hoja que había firmado y la mirada firme de Sebastián. Todavía no entendía cómo había aceptado casarse con un hombre al que apenas conocía, pero ya no había vuelta atrás. Un elegante automóvil negro esperaba frente a la entrada. Un conductor descendió primero y abrió la puerta trasera. Segundos después apareció Sebastián. Vestía un impecable traje negro que parecía hecho a su medida. Su postura era recta, su expresión tan seria como siempre. Caminó con seguridad hasta la puerta de la casa, como si todo estuviera perfectamente calculado. Valeria sintió un nudo en el estómago. Cuando abrió la puerta, él la observó de arriba abajo durante unos segundos. —Buenos días. —Buenos días... —respondió ella, intentando ocultar el temblor de su voz. Sebastián miró el reloj. —¿Estás lista? No preguntó si estaba segura. No preguntó si había cambiado de opinión. Simplemente asumía que cumpliría el acuerdo. Valeria tomó aire. —Sí. Él hizo un leve movimiento con la cabeza. —Entonces vámonos. Durante el trayecto, el silencio fue casi absoluto. El ruido del motor era lo único que rompía la tensión. Valeria observaba las calles pasar por la ventana mientras intentaba convencer a su corazón de que todo saldría bien. Después de varios minutos, no pudo soportar el silencio. —¿Siempre es usted tan serio? Sebastián giró apenas la cabeza. —Los negocios importantes no necesitan muchas palabras. Ella soltó una pequeña risa nerviosa. —¿Y nuestro matrimonio también es un negocio? Él la miró directamente a los ojos. —Especialmente nuestro matrimonio. Aquellas palabras le erizaron la piel. No había rastro de cariño. Solo un contrato. Al cabo de unos minutos, el automóvil se detuvo frente a la notaría. El conductor abrió la puerta. Sebastián descendió primero y le tendió la mano. Ella dudó un instante, pero finalmente la aceptó. Entraron al edificio. Todo estaba preparado. El juez, los documentos y dos testigos ya los esperaban. La ceremonia fue breve. Sin flores. Sin música. Sin familiares. Solo firmas. Cuando el juez les indicó que firmaran el acta de matrimonio, Valeria sostuvo el bolígrafo con manos temblorosas. Al escribir su nombre comprendió que acababa de convertirse en la esposa de un hombre que seguía siendo prácticamente un desconocido. El juez sonrió. —Los declaro legalmente marido y mujer. Sebastián estrechó la mano del juez. Luego volvió a mirarla. —Vámonos. Ella lo siguió. Al subir nuevamente al automóvil, Sebastián rompió el silencio. —A partir de hoy vivirás conmigo. Valeria tragó saliva. Sabía que aquella frase significaba mucho más que cambiar de casa. El automóvil atravesó un enorme portón de hierro. Ante sus ojos apareció una impresionante mansión rodeada de jardines perfectamente cuidados. Valeria quedó sin palabras. Nunca había visto una casa tan grande. El vehículo se detuvo frente a la entrada principal. Varios empleados esperaban formados. Sebastián bajó primero y luego le ofreció la mano. —Bienvenida a tu nuevo hogar, Valeria. Ella no sabía si acababa de entrar al lugar donde cambiaría su destino... o a la jaula más elegante que hubiera existido.La cena apenas había comenzado y Valeria ya se estaba arrepintiendo de haber aceptado la invitación.No porque la familia de Victoria fuera desagradable. Tampoco porque Sebastián la hubiera dejado sola. El problema era precisamente el contrario: él no se había separado de Victoria desde que habían llegado.—¿Te acuerdas de la casa del lago? —preguntó Victoria, inclinándose hacia Sebastián—. Tuviste que saltar la cerca porque habías perdido las llaves.Sebastián soltó una risa breve.—Tú fuiste quien perdió las llaves.—Pero tú fuiste quien terminó con la camisa rota.—Y tú te reíste durante una semana.Victoria sonrió y le dio un pequeño golpe en el hombro, con una confianza que a Valeria le resultó irritantemente natural.—Siempre terminabas resolviéndome los problemas, Sebas.Valeria apretó la servilleta sobre su regazo.Sebas.Ella nunca lo llamaba así. Ni siquiera se había atrevido a inventarle un apodo. Y aquella mujer lo decía como si tuviera un derecho reservado sobre una parte
Sebastián no había conseguido dormir bien.El nombre escrito en el reverso de aquella fotografía seguía rondándole la cabeza. Elena. La misma mujer que había aparecido en los antiguos registros relacionados con su madre, aunque todavía no sabía si el nuevo documento confirmaba una conexión o abría otra línea de investigación.A primera hora de la mañana, llamó a Lorenzo.—Necesito que averigües quién tiene acceso al archivo original y por qué alguien quiere encontrarlo antes que nosotros.—Estoy trabajando en eso. Pero hay algo que debes saber: el documento que me enviaste anoche tiene una referencia bancaria vinculada a una empresa de seguridad privada.Sebastián se acomodó en la silla de su despacho.—¿La misma empresa relacionada con Adrián?—Todavía no puedo asegurarlo. Estoy verificándolo.—Hazlo. Y no contactes a nadie sin informarme primero.—¿Sospechas de alguien?Sebastián miró por el ventanal.—Sospecho de todos los que saben más de lo que dicen.No mencionó el nombre de Vic
Valeria leyó el mensaje una segunda vez.«Pregúntale a tu esposo qué le ocurrió realmente a su madre. Él tampoco conoce toda la verdad».No era una amenaza directa. Era algo peor: una afirmación diseñada para sembrar dudas.Y había conseguido su objetivo.Valeria sabía lo que Sebastián estaba investigando. Había estado a su lado cuando encontraron las primeras pistas, había visto cómo cambiaba su expresión cada vez que aparecía un nuevo nombre y había escuchado las preguntas que todavía no conseguía responder. Sin embargo, nunca se había detenido a pensar que alguien pudiera estar utilizando aquella tragedia para acercarse a ella.—¿Qué dice el mensaje? —preguntó Elena.Valeria bloqueó el teléfono.—Nada que debas preocuparte por ahora.Su madre no pareció convencida.—Valeria, te conozco desde que aprendiste a mentir para esconder una travesura. No me digas que no pasa nada cuando tienes esa cara.Valeria quiso sonreír, pero no lo consiguió.—Es un asunto de Sebastián. Necesito habla
Capítulo 48Una amenaza demasiado cercana—Acérquense a Valeria.La orden quedó suspendida en el silencio de aquella habitación.Frente al monitor, la fotografía de Valeria seguía iluminando la pantalla. El hombre que la observaba amplió la imagen y se detuvo en el rostro de Sebastián, que aparecía a su lado durante una de las pocas ocasiones en que habían sido fotografiados juntos fuera de la mansión.—¿Y si Morelli descubre quién está detrás de esto? —preguntó una voz desde la puerta.El hombre no apartó la mirada de la pantalla.—Sebastián lleva años creyendo que puede controlar todo lo que ocurre a su alrededor. Es hora de recordarle que también tiene puntos débiles.—¿Y la mujer?Esta vez, el hombre sonrió.—Ella es precisamente el punto.En Morelli & Corporation, Sebastián permanecía de pie frente al ventanal de su despacho. La ciudad se extendía bajo sus pies, pero su atención estaba puesta en la grabación que Lorenzo acababa de reproducir por tercera vez.Adrián Salvatierra en
Sebastián volvió a mirar el mensaje de Lorenzo.“La persona que aparece en el video no es Mauricio Ferrer.”Tenía demasiadas preguntas, pero no podía quedarse encerrado en la mansión intentando resolverlas todas.También tenía una empresa que dirigir.—Voy a Morelli & Corporation —dijo.Valeria lo miró sorprendida.—¿Ahora?—Sí.—Pensé que irías directamente con Lorenzo.—Lo haré. Pero antes tengo asuntos pendientes en la empresa.Valeria cruzó los brazos.—¿Y esperas que me quede aquí?—Espero que hagas exactamente eso.—Sebastián...—Valeria.Su tono fue firme.—La seguridad de esta casa está reforzada. Analia está aquí. Mi abuelo también. No vas a estar sola.Ella lo observó unos segundos.—Siempre tienes que tener la última palabra, ¿verdad?—Cuando se trata de protegerte, sí.Valeria negó con la cabeza, aunque una pequeña sonrisa apareció en sus labios.—Tengo una reunión con los directivos dentro de una hora. Después hablaré con Lorenzo.—¿Y si descubren algo mientras estás en l
Capítulo 46 — Alguien está escuchandoSebastián esperó hasta escuchar cómo los pasos se alejaban por el pasillo.No dijo nada.Valeria permanecía frente a él, todavía intentando comprender lo que acababan de descubrir.—¿Crees que alguien nos escuchó? —preguntó en voz baja.Sebastián miró hacia la puerta.—No lo sé.—Pero dijiste que no le contáramos nada a nadie.—Porque si alguien está dentro de la casa y está relacionado con todo esto, no podemos saber en quién confiar.Valeria sintió un escalofrío.—¿Ni siquiera en tu familia?Sebastián volvió a mirarla.—No he dicho eso.Se acercó a ella y tomó la fotografía.—Pero tampoco voy a correr riesgos.Valeria observó la imagen.—¿Reconoces algo?Sebastián negó lentamente.—La fotografía sí. Mi padre tenía varias parecidas. Pero nunca había visto esta.—¿Y la fecha?Sebastián volvió a revisar la parte posterior.—Es de dos días antes de la muerte de mi madre.Valeria se quedó en silencio.—Entonces alguien la guardó durante todos estos a







