FAZER LOGIN
El despertador sonó por tercera vez, pero Valeria ya estaba despierta, no había dormido bien.
-Un día mas-susurro para sí misma. Pero no era un día más, era un día en el que todo podría cambiar. En la mesa de la cocina había tres sobres abiertos, uno de la universidad uno del banco y uno del hospital. -No puedo seguir asi-susurro. Su teléfono vibró, era un mensaje de la universidad.Cerró los ojos. -Necesito trabajo...o algo-Penso. Pero ya trabajaba y lo que ganaba no le alcanzaba para nada. Su teléfono volvió a sonar(número desconocido) -¿Si?-Respondio. -Señorita Montes-Una voz masculina-Necesito verla hoy -¿Quién es? -Alguien que puede resolver sus problemas,si usted está dispuesta. Fruncio el seño. -No tengo tiempo para bromas. -No es una broma, café aurora 4pm,sea puntual. Y colgaron. La lluvia caía con fuerza sobre la ciudad, golpeando los techos como si el cielo estuviera advirtiendo algo. Apretó la correa de su bolso mientras miraba el café frente a ella sus manos estaban frías,pero no por el clima, era por los nervios. El café estaba vacío,Valeria llegó 10 minutos antes.El ambiente era elegante, demasiado elegante para ella. -No debería estar aquí. La universidad estaba a punto de despedirla,las facturas se acumulaban y su madre necesitaba tratamiento urgente, aún así había aceptado venir. El sonido de la campanilla de la puerta la hizo levantar la mirada. El entró. No caminaba como las demás personas,dominaba el lugar sin esfuerzo. Traje negro, perfectamente ajustado, zapatos impecables,mirada fría y calculadora. Sebastián Morelli, el hombre del que todos hablaban en los negocios pero nadie lo conocía de realmente. Se sentó frente a ella sin pedir permiso. -Valeria Montes-dijo el como si ya la hubiera estudiado antes. Ella trago saliva. -Usted... dijo que era urgente. -Lo es. Él coloco una carpeta negra sobre la mesa. Ella no lo toco. -No entiendo por qué estoy aqui. Sebastián la observó, no era una mirada curiosa... era una evaluación. -Porque necesito una esposa. -¿Perdon?-parpadea confundida. -No amor, no romance,no sentimientos- aclaró- un contrato. -¿Está hablando en serio? Apenas nos conocemos-solto una risa nerviosa. -No necesito conocerte, necesito tu perfil. -¿Mi perfil? El abrió la carpeta. -Tuu situación económica, tu historia tu entorno familiar, eres perfecta. -Eso suena invasivo. -Es eficiente. -¿Yqué gano yo con esto? Sebastián a miró directamente por primera vez. -Dinero, seguridad y solución a tus problemas. -¿Y usted?. Sebastián la sostuvo con la mirada unos segundos antes de responder. —Estabilidad. Una esposa ante el mundo. Una imagen impecable para mi empresa... y que todos dejen de hacer preguntas sobre mi vida privada. -¿Estás loco? -No. -Esto no es normal-dijo ella. Sebastián apoyó las manos sobre la mesa y deslizó el documento hacia ella,sus dedos temblaban. Si lo rechazaba todo se venía abajo y si lo aceptaba no sabía en que se estaba metiendo . -¿Por qué yo?. -Porque no estás aquí por interés estás por necesidad. Valeria quedó en silencio. Bajó la mirada hacia el contrato y comenzó a leer. Duración: Un año. Condición: Convivencia pública. Acuerdo: Confidencial. Frunció el ceño. ¿Y al final de esto que pasará? -Se termina. Todo quedó en silencio. -Esto es una locura. Y firmó. El se levantó. -No,es un comienzo. Valeria se quedó sola en la mesa y por primera vez sintió miedo real porque algo en su interior decía que no había regreso.La cena apenas había comenzado y Valeria ya se estaba arrepintiendo de haber aceptado la invitación.No porque la familia de Victoria fuera desagradable. Tampoco porque Sebastián la hubiera dejado sola. El problema era precisamente el contrario: él no se había separado de Victoria desde que habían llegado.—¿Te acuerdas de la casa del lago? —preguntó Victoria, inclinándose hacia Sebastián—. Tuviste que saltar la cerca porque habías perdido las llaves.Sebastián soltó una risa breve.—Tú fuiste quien perdió las llaves.—Pero tú fuiste quien terminó con la camisa rota.—Y tú te reíste durante una semana.Victoria sonrió y le dio un pequeño golpe en el hombro, con una confianza que a Valeria le resultó irritantemente natural.—Siempre terminabas resolviéndome los problemas, Sebas.Valeria apretó la servilleta sobre su regazo.Sebas.Ella nunca lo llamaba así. Ni siquiera se había atrevido a inventarle un apodo. Y aquella mujer lo decía como si tuviera un derecho reservado sobre una parte
Sebastián no había conseguido dormir bien.El nombre escrito en el reverso de aquella fotografía seguía rondándole la cabeza. Elena. La misma mujer que había aparecido en los antiguos registros relacionados con su madre, aunque todavía no sabía si el nuevo documento confirmaba una conexión o abría otra línea de investigación.A primera hora de la mañana, llamó a Lorenzo.—Necesito que averigües quién tiene acceso al archivo original y por qué alguien quiere encontrarlo antes que nosotros.—Estoy trabajando en eso. Pero hay algo que debes saber: el documento que me enviaste anoche tiene una referencia bancaria vinculada a una empresa de seguridad privada.Sebastián se acomodó en la silla de su despacho.—¿La misma empresa relacionada con Adrián?—Todavía no puedo asegurarlo. Estoy verificándolo.—Hazlo. Y no contactes a nadie sin informarme primero.—¿Sospechas de alguien?Sebastián miró por el ventanal.—Sospecho de todos los que saben más de lo que dicen.No mencionó el nombre de Vic
Valeria leyó el mensaje una segunda vez.«Pregúntale a tu esposo qué le ocurrió realmente a su madre. Él tampoco conoce toda la verdad».No era una amenaza directa. Era algo peor: una afirmación diseñada para sembrar dudas.Y había conseguido su objetivo.Valeria sabía lo que Sebastián estaba investigando. Había estado a su lado cuando encontraron las primeras pistas, había visto cómo cambiaba su expresión cada vez que aparecía un nuevo nombre y había escuchado las preguntas que todavía no conseguía responder. Sin embargo, nunca se había detenido a pensar que alguien pudiera estar utilizando aquella tragedia para acercarse a ella.—¿Qué dice el mensaje? —preguntó Elena.Valeria bloqueó el teléfono.—Nada que debas preocuparte por ahora.Su madre no pareció convencida.—Valeria, te conozco desde que aprendiste a mentir para esconder una travesura. No me digas que no pasa nada cuando tienes esa cara.Valeria quiso sonreír, pero no lo consiguió.—Es un asunto de Sebastián. Necesito habla
Capítulo 48Una amenaza demasiado cercana—Acérquense a Valeria.La orden quedó suspendida en el silencio de aquella habitación.Frente al monitor, la fotografía de Valeria seguía iluminando la pantalla. El hombre que la observaba amplió la imagen y se detuvo en el rostro de Sebastián, que aparecía a su lado durante una de las pocas ocasiones en que habían sido fotografiados juntos fuera de la mansión.—¿Y si Morelli descubre quién está detrás de esto? —preguntó una voz desde la puerta.El hombre no apartó la mirada de la pantalla.—Sebastián lleva años creyendo que puede controlar todo lo que ocurre a su alrededor. Es hora de recordarle que también tiene puntos débiles.—¿Y la mujer?Esta vez, el hombre sonrió.—Ella es precisamente el punto.En Morelli & Corporation, Sebastián permanecía de pie frente al ventanal de su despacho. La ciudad se extendía bajo sus pies, pero su atención estaba puesta en la grabación que Lorenzo acababa de reproducir por tercera vez.Adrián Salvatierra en
Sebastián volvió a mirar el mensaje de Lorenzo.“La persona que aparece en el video no es Mauricio Ferrer.”Tenía demasiadas preguntas, pero no podía quedarse encerrado en la mansión intentando resolverlas todas.También tenía una empresa que dirigir.—Voy a Morelli & Corporation —dijo.Valeria lo miró sorprendida.—¿Ahora?—Sí.—Pensé que irías directamente con Lorenzo.—Lo haré. Pero antes tengo asuntos pendientes en la empresa.Valeria cruzó los brazos.—¿Y esperas que me quede aquí?—Espero que hagas exactamente eso.—Sebastián...—Valeria.Su tono fue firme.—La seguridad de esta casa está reforzada. Analia está aquí. Mi abuelo también. No vas a estar sola.Ella lo observó unos segundos.—Siempre tienes que tener la última palabra, ¿verdad?—Cuando se trata de protegerte, sí.Valeria negó con la cabeza, aunque una pequeña sonrisa apareció en sus labios.—Tengo una reunión con los directivos dentro de una hora. Después hablaré con Lorenzo.—¿Y si descubren algo mientras estás en l
Capítulo 46 — Alguien está escuchandoSebastián esperó hasta escuchar cómo los pasos se alejaban por el pasillo.No dijo nada.Valeria permanecía frente a él, todavía intentando comprender lo que acababan de descubrir.—¿Crees que alguien nos escuchó? —preguntó en voz baja.Sebastián miró hacia la puerta.—No lo sé.—Pero dijiste que no le contáramos nada a nadie.—Porque si alguien está dentro de la casa y está relacionado con todo esto, no podemos saber en quién confiar.Valeria sintió un escalofrío.—¿Ni siquiera en tu familia?Sebastián volvió a mirarla.—No he dicho eso.Se acercó a ella y tomó la fotografía.—Pero tampoco voy a correr riesgos.Valeria observó la imagen.—¿Reconoces algo?Sebastián negó lentamente.—La fotografía sí. Mi padre tenía varias parecidas. Pero nunca había visto esta.—¿Y la fecha?Sebastián volvió a revisar la parte posterior.—Es de dos días antes de la muerte de mi madre.Valeria se quedó en silencio.—Entonces alguien la guardó durante todos estos a







