Mag-log inEl ruido de la batalla se había convertido en una especie de murmullo lejano. Seguía escuchando los golpes de las espadas, los gruñidos, los alaridos de los lobos y el sonido de las garras chocando contra el metal, pero todo parecía ocurrir muy lejos de mí. Como si estuviera hundiéndome. Abrí los ojos. Me enfoqué en los ojos sin vida de un lobo a pocos centímetros de mi cara. Parpadeé. El cadáver seguía allí. Pero algo cambió. El cuerpo del lobo comenzó a adquirir un tono rojizo. Parpadeé de nuevo. Ya no estaba en una cueva. Estaba en un prado. Un enorme prado verde se extendía frente a mí, iluminado por una luz cálida que no podía existir en aquel lugar. Y frente a mí estaba Anwen. Me sonreía. La miré durante unos segundos. No sabía por qué estaba allí. Tampoco me importaba. —Lo... siento —murmuré. Su sonrisa no cambió. Intenté extender una mano hacia ella. Quería tocarla. Pero mi brazo no respondió. Ni siquiera conseguí levantarlo del suelo.Sabía que no era real.
No sabía cuánto tiempo llevaba blandiendo la espada, transformándome para desgarrar con mis colmillos y garras y volviendo después a mi forma humana para empuñarla otra vez.El cambio constante entre ambas formas comenzaba a sentirse en mi cuerpo. Cada transformación exigía fuerza, pero apenas tenía tiempo de pensar en ello. Un enemigo caía frente a mí y otro ocupaba su lugar. Una espada chocaba contra la mía, unas garras intentaban alcanzar mi rostro y, un segundo después, mis propios colmillos se hundían en carne.A mi alrededor, los sacerdotes trataban de seguir de pie.Muchos ya no lo estaban.Nuestro acercamiento no había resultado ser tan sorpresivo como habíamos esperado.Al parecer, los lobos a los que mi Sombra y yo habíamos seguido se dieron cuenta de que los estábamos persiguiendo y tuvieron tiempo suficiente para avisar al ejército apostado en este lugar. Y aquel ejército había aprovechado cada uno de esos minutos para preparar una estrategia contra nosotros.La tenían.Y
Los sacerdotes no me dejaron avanzar sola. Desde que comenzamos a acercarnos a la boca de la grieta, varios de ellos se colocaron a mi alrededor, formando un círculo casi perfecto. Caminaban conmigo sin separarse, atentos a cualquier movimiento que pudiera venir desde el frente. Los sonidos de la batalla eran cada vez más claros. Gritos. El choque de las espadas. Aullidos. El rugido de lobos transformados. El sonido de garras y colmillos... Incluso a esa distancia podía escuchar el caos que se desarrollaba en el interior. Uno de los sacerdotes que caminaba frente a mí levantó su espada. —Detrás de nosotros, Elegida. No necesitaba que me lo repitiera. Por supuesto que no iría al frente. Mi poder era mucho más útil en un lugar donde estuviera menos expuesta a una flecha clavándose en mi corazón. Así que me quedé detrás de ellos. Y ellos se encargaron de abrirme el camino. En cuanto entramos a la grieta, me sorprendí. El espacio era mucho más grande de lo que había imaginad
Después de atender a los primeros heridos, seguimos la dirección en la que las lobas nos empujaban. No había tiempo para detenernos a preguntar demasiado. Solo seguíamos a quienes corrían de un lado a otro con cubetas, vendas y cualquier cosa que pudiera servir para atender a los heridos. Habían vaciado el establo por orden del Alfa Xander para hacer espacio. Eso me produjo un breve momento de alivio. Al menos alguien había pensado en dónde recibir a los heridos. Ese alivio se fue al carajo apenas unos segundos después. —¡Nuestro Alfa! ¡Tienes que salvar a nuestro Alfa! Las voces comenzaron a llegar desde diferentes puntos. Varias lobas hablaban al mismo tiempo, algunas llorando, otras dando órdenes y otras simplemente repitiendo que el Alfa estaba herido. Sasha maldijo por lo bajo. Yo también quería hacerlo. Pero por el momento toda mi energía estaba enfocada en continuar salvando a los lobos que encontrábamos en nuestro camino hacia mi tío. Finalmente, después de atende
**Unas horas antes**Miré hacia el sur brevemente antes de desmontar.Tenía que reconocer que el sacerdote corrupto había entrenado bien a sus sacerdotes. Todos habían conseguido mantener el ritmo, incluso con los pocos descansos que les había impuesto durante el camino.Volví a mirar hacia el sur.No creía que esta misión fuera especialmente peligrosa, pero aun así prefería que cierta Elegida se quedara lejos de los problemas.La última vez que me había seguido, habíamos terminado en un agujero a mitad del bosque, con unas probabilidades prácticamente nulas de sobrevivir.No quería tentar a la suerte.La nieve comenzó a caer con mayor intensidad mientras observaba la entrada de la manada.Dos figuras cubiertas con capas se acercaron desde allí.—Majestad —dijeron ambas Sombras al mismo tiempo, haciendo una reverencia.Hice un gesto con la mano para que se saltaran las formalidades.—¿El Alfa Xander?—Explora los límites de nuestro reino, como usted lo solicitó.—Bien. ¿Necesita algo
No era como si el ejército del Templo se hubiera tomado la molestia de esconder sus huellas. No lo necesitaba. Kryos debía priorizar la velocidad, no el sigilo. Así que fue bastante sencillo seguir su rastro, incluso aunque ya habían pasado varias horas desde que habían partido. Las huellas de los caballos se marcaban con claridad sobre el terreno y, de vez en cuando, encontrábamos alguna zona donde el paso de tantos lobos había dejado la tierra completamente removida. No había necesidad de ser una gran rastreadora para saber que un ejército entero había pasado por allí. Sasha cabalgaba a mi lado, dejándome llevar el ritmo. Y, para mi propia sorpresa, montar no era tan difícil. O quizá simplemente no me importaba demasiado aprender rápido porque sabía que aquel caballo me llevaría directamente hacia cierto trasero terco que pensaba patear en cuanto lo encontrara. Después de un par de horas más de viaje, nos detuvimos para que los caballos descansaran y pudieran tomar un po







