INICIAR SESIÓNEl fin de semana había llegado y la familia Di'Carlo decidió disfrutarlo juntos. El sol brillaba en lo alto, y el cielo de Miami estaba despejado y radiante, como si el clima mismo estuviera de su lado. Natasha y Mateo habían planeado llevar a Mati al centro comercial, un lugar que al niño le encantaba por sus juegos, sus tiendas y la oportunidad de comer helado.—¡Mami, papi, vamos! —gritaba Mati, saltando de emoción mientras caminaban hacia el auto—. ¡Quiero ver la tienda de juguetes! ¡Y quiero montarme en los carritos! ¡Y quiero comer helado de chocolate!—Vamos, campeón —respondió Mateo, riendo y alborotando su cabello—. Pero primero, desayunamos algo, ¿de acuerdo? No podemos comer helado antes del desayuno.—¡De acuerdo! —respondió Mati, subiendo al auto con la energía de un pequeño huracán.Natasha tomó la mano de Mateo y lo miró con una sonrisa. Había algo en la forma en que la luz del sol acariciaba su rostro, en la manera en que Mati reía, en la forma en que Mateo la miraba,
Habían pasado varios días desde la subasta benéfica. Varios días en los que Natasha había intentado recuperar la normalidad, aunque sabía que nada volvería a ser igual. Adam estaba en Miami. Adam la había visto. Adam sabía que ella estaba viva y que tenía una nueva vida. Y eso era algo que no podía ignorar, por mucho que quisiera.Pero también sabía que no podía esconderse para siempre. No podía vivir con miedo, encerrada en la mansión, alejada de su trabajo y de su pasión. Había construido una carrera, un nombre, un imperio, y no iba a permitir que Adam se lo arrebatara. Había luchado demasiado para llegar hasta donde estaba, había superado demasiadas adversidades, y no iba a dejar que el fantasma de su pasado la volviera a encerrar en una jaula.Esa mañana, Natasha estaba en la cocina, tomando una taza de café humeante mientras miraba por la ventana. El sol de Miami se filtraba a través de los cristales, bañando la estancia con una luz cálida y dorada. Llevaba una bata de seda color
La noche había terminado, pero la tormenta que se había desatado en el interior de Adam no daba tregua. Cada paso que daba fuera del hotel era un golpe de rabia que se acumulaba en su pecho, una mezcla de celos, impotencia y un dolor que no sabía cómo procesar. Había visto a Natasha en los brazos de otro hombre. Había escuchado la palabra "esposo" salir de sus labios y había sentido que el suelo se abría bajo sus pies. La imagen de ella, tan hermosa y segura, en los brazos de ese hombre, se repetía en su mente como una pesadilla de la que no podía despertar.Regresó a su habitación en el hotel y cerró la puerta de golpe, el sonido resonando en la habitación vacía como un eco de su furia. Se quitó el saco y lo arrojó al suelo con violencia. Se desabrochó la corbata y la lanzó contra la pared. Caminó de un lado a otro, con los puños apretados y la respiración agitada. Su mente era un torbellino de imágenes: Natasha sonriendo, Natasha tomada de la mano de otro, Natasha diciendo "no es na
La noche había caído sobre Miami con un brillo especial. El hotel donde se celebraba la subasta benéfica era uno de los más exclusivos de la ciudad, con una entrada alfombrada en rojo, candelabros de cristal que colgaban del techo y una elegancia que solo los eventos de caridad podían reunir. Las personas más importantes de la ciudad estaban allí: empresarios, celebridades, filántropos y diseñadores de renombre. El murmullo de las conversaciones se mezclaba con el tintineo de las copas y la música suave de la orquesta.Natasha y Mateo llegaron juntos, vestidos con sus mejores galas. Natasha llevaba un vestido azul noche que resaltaba sus ojos y su figura, con un escote delicado y una caída de tela que se movía con cada paso. Su cabello caía en ondas suaves sobre sus hombros, y un collar de perlas adornaba su cuello. Mateo, a su lado, llevaba un traje negro impecable que acentuaba su presencia imponente. Su corbata gris plata combinaba perfectamente con el vestido de Natasha, y su sonr
El centro comercial bullía de vida. La música alegre, las risas de los niños, el sonido de los juegos y las luces parpadeantes creaban un ambiente de felicidad que contrastaba profundamente con la tristeza que comenzaba a apoderarse de Adam. El bullicio a su alrededor era ensordecedor, pero él no lo escuchaba. Solo escuchaba el eco de sus propios pensamientos, el latido acelerado de su corazón, el peso de una culpa que no lo dejaba en paz.Después del encuentro con ese niño en el baño, Adam se había quedado paralizado. Algo en esa pequeña criatura lo había golpeado con una fuerza que no podía explicar. No era solo su sonrisa, o su forma de hablar, o la confianza con la que le había devuelto la billetera. Era algo más profundo. Algo que no podía nombrar, pero que sentía en lo más profundo de su ser.Era solo un niño, un niño desconocido. Pero Adam no podía sacarlo de su mente. Su risa, la forma en que había levantado una ceja y le había dicho "me estás copiando", la seguridad con la qu
Había pasado una semana desde que Adam había intentado entrar a Diseños Di'Carlo. Una semana de relativa calma en la mansión, pero también de tensión latente. Natasha había seguido trabajando desde casa, sumergida en sus diseños, mientras Mateo reforzaba la seguridad y se aseguraba de que no hubiera amenazas cercanas.Pero esa mañana, Mati había despertado con una energía que no podía contenerse.—¡Mami! ¡Papi! —gritó, corriendo hacia la habitación de sus padres—. ¡Quiero salir! ¡Quiero ir a un parque de diversiones! ¡Por favor, por favor, por favor!Natasha y Mateo intercambiaron una mirada. Sabían que era importante mantener a Mati feliz y distraído, y también sabían que no podían mantenerlo encerrado para siempre.—Está bien, campeón —dijo Mateo, con una sonrisa—. Vamos a llevarte a un centro comercial que tiene un parque de diversiones adentro. ¿Qué te parece?—¡Sí! —gritó Mati, saltando de alegría—. ¡Vamos, vamos, vamos!Natasha sonrió, sintiendo que la alegría de su hijo era con







