Share

CAPITULO TRES

Author: Pri Hernandez
last update publish date: 2026-08-24 06:40:00

Cojo la laptop mientras me acurruco entre cojines, edredones y un desgastado e incómodo lecho. Suspirando hondo, tan profundo como mis pulmones lo permiten prendo el portátil siendo la imagen de Barbie quien da la bienvenida, ocasionando que tamborilee los dedos contra el teclado ansiosa., alce la vista y observe las rosadas paredes que conforman la habitación.

Una lágrima rueda por la mejilla en tanto reparo desde la mesilla de luz amimbrada, los lindos peluches de quince años, y el ventanal que luce al descuidado jardín, hasta nuevamente la aplicación del windows abriéndose de par en par frente a las retinas aguamarina cuál soy portadora.

El amargor que me produce entender las consecuencias futuras aumenta el desconsuelo y los sollozos silenciosos.

Comprender que una vez complete el primer paso en dirección a una vida materialista no habrá marcha atrás.

Adiós idea de familia.

Del amor genuino.

Hola irrevocable pérdida de la dignidad. Pues dejaré de ser la señorita con intenciones de relación seria, larga y duradera, para transmutar a una camuflada prostituta., una que brindará sus servicios a adinerados hombres., empresarios exitosos, magnates reconocidos o políticos condecorados.

Seré esa mujer que pondrá el sacrificio por encima del romanticismo soñado.

Soportaré las miradas prejuiciosas de cada persona moralmente hipócrita., y cuándo la m****a salga a la luz... Simplemente agacharé la cabeza.

Permitiré el bullicio de las lenguas venenosas., aceptaré el verme señalada con el dedo si gracias a ello Samantha, Liam, Christopher y Alexandra viven felices., con el manjar sobre la mesa y sus estudios asegurados.

Valdrá la pena perderlo todo, si así me aseguro de costearle a mamá, el delicado tratamiento de vértebras, que a duras penas le posibilita el moverse con facilidad.

<<¡Exacto Charlotte! Serás una puta, pero valdrá la pena>> Es lo único que consigo repetirme a modo de consuelo., de pobre excusa o justificación.

<<Liam obtendrá su beca para la universidad.>>

<<Christopher se convertirá en un excelente piloto de los mejores rallys de Miami.>>

<<Alexis, mi linda rubiales menor trotará rodeada de pequeños caballitos durante el día.>>

<<Y mi mamita santa, se dedicará exclusivamente a la criarlos. A levantarse por la mañana, y tomar un suculento desayuno., sin privarse de comer ella para que los renacuajos logren satisfacer el apetito.>>

Llevaré con convicción el título que la sociedad cruel y malvada impuso a quiénes carentes de tener otra alternativa, o una mejor solución a la economía, debieron acceder. Adentraré mi inocencia, juventud y belleza en la prostitución con un único motivo firme: el del amor por la familia.

—¡Charlie, princesa!— Llama Samantha entornando la puerta del dormitorio. —¡Cielito no llores! —Murmura viéndome de la exclusiva forma que no tolero lo haga,  acercándose cautelosa y abrazándome de manera cariñosa, protectora., el roce justo entre los brazos maternos que durante fracciones de segundo me envuelven en un mundo mejor. ¡Y vaya si los mimos de mamá no entibian un alma rota, triste, frustrada! —Nunca quise ésto para ti.— Sisea amargamente, hundiendo la respingona nariz aterciopelada contra mis larguísimos rizos dorados que tanto nos asemejan. —Siempre soñé con tus estudios. Un diploma... Una vida tranquila, cómoda.

Acaricio el dorso de su mano suave, blanca cuál nieve y observo la laptop en pausa —No... No lloro por ello.— Miento descaradamente., ocultando el dolor bajo un falso manto de superación, —Simplemente recordé cuánto extraño a papá.

Sam Houston de Donnovan enreda un mechón rubio entre los dedos y lo alza majestuoso hacia la tenue luz de la habitación. En las facciones hermosas, armoniosas... Y débiles de mi madre la sonrisa embelesada se ensancha. Ese mero gesto que evidencia el amor puro, profundo e inmaculado. La caricia delicada sobre los bucles que desde la infancia surtió el efecto tranquilizante. E inclusive la cura ideal para el más roto corazón y una dignidad mentalmente hecha picadillo.

—¡Lo necesitamos linda!— Declara besándome la frente, y separándose luego, —Nos dejó en el momento menos oportuno... Pero saldremos adelante hija. De alguna forma lo haremos.

<<¡Claro que sí!>> Afirmo para mí misma. <<Me encargaré de lograrlo.>>

—Voy a preparar algo de cenar.— Anuncia encomendando el trajín lento, cansino, extenuado hacia el marco del dormitorio, —Prométeme que no te sugestionarás más con ésto. —Implora apesadumbrada. —Porque no soportaría verte derrumbada hija. A mi primer bebé lo que menos quisiera es darle disgustos.

—Lo prometo.— Vuelvo a mentir, como costumbre que se me ha hecho. Estrujándome el pecho sus maneras afligidas de hablar, —D-debo... Estudiar para mañana mamá., en unos momentos iré a ayudarte. 

—¡Ni lo pienses!— Dice desapareciendo a través del corto pasillo, —La columna está enferma señorita., ¡pero mis manos pueden poner vegetales a hervir con facilidad todavía!

Esbozo tenues sonrisas ante la templanza de esa mujer., ¡sin dudas mi ejemplo de admiración absoluta!

Incansable, luchadora y sacrificada... Cualidades que creo, supe heredar.

Doy un pequeño brinco de la cama y en rápidas zancadas me acerco al umbral donde le paso seguro a la entrada: es momento de hacerlo. De no postergar más una decisión irrevocable.

Enciendo la pantalla nuevamente y el ordenador comienza a visualizarse.

Con rapidez tecleo las dos palabras que se grabaron a fuego en mi memoria, siendo al instante que una elegante, sumamente soberbia aplicación cibernética de fondos rojos y letras negras acaba vanagloriándose glamorosa.

<<Convenios azucarados.>>

Parpadeo ante la sofisticación de cada frase escrita allí, muy propia de una empresa sublime, discreta, exclusiva y leo atentamente el encabezado.

<<Bienvenidos a los convenios azucarados.

O mejor y deliciosamente bien definido: Bienvenidos a las relaciones mutuamente beneficiosas.>>

Trago saliva y continúo. La sola lectura inicial me produce escalofríos.

<<Aquí, los Sugar Daddy o Momma obtienen lo que buscan. Lo que sus dulces bebés de azúcar en un exclusivo acuerdo de absoluta discreción estén dispuestos a ofrecer.>>

Nada más puedo analizar, sólo la breve introducción en una divina cursiva negra, de fondo tan rojo como el carmín, seguido de la opción seguir. Inspiro hondo, cuento hasta diez y pensando que lo hago por una razón concreta le doy el visto bueno al ítem.

<<Si estás en éste lugar es porque algo te despertó curiosidad., tal vez el deseo de permitirle un giro a tu vida y el uso provechoso a la belleza y juventud.

Si ellos están en éste lugar, es porque te darán todo lo que pidas. Lo que anheles si resultas seleccionada.>>

Deslizo las retinas a donde un formulario completo espera ser completado con datos personales.

Las palabras de Ámbar, tan tentadoras, augurando la perfección hecha azúcar retumban en mi cerebro, y aunque no estoy cien por ciento segura lo hago: escribo mi nombre, edad, el peso y altura. Las medidas que poseo, el color del cabello y si lo llevo largo o corto, rizado o totalmente lacio.  Detallo estudios académicos, relaciones amorosas, entorno familiar, e incluso la zona que resido.

Sencillamente, doy un relato preciso de mi vida privada a una página web.

La misma que pregunta con desfachatez, en el último apartado si la interesada es virgen... O no.

Me estremezco de pies a cabeza, gracias a la incomodidad del ítem que omito responder.

Levemente complacida a causa de la sencillez del interrogatorio presiono la opción de envío, aguardo unos segundos y el error en letras azules empieza a vislumbrarse, dictando del campo obligatorio que a la cibernauta se le olvidó escribir.

Rechino los dientes irritada y desplazo el ratón al espacio vacío.

Es una pregunta fácil., pero extremadamente personal e íntima, y tan sólo dos posibilidades de contestación aparecen allí: sí o no. 

—¡Maldita aplicación de la gran m****a!— Murmuro furiosa.

Mordisqueo los labios ofuscada, tecleo la corta afirmativa y finalmente vuelvo a recargar la información del demonio.

<<¡Felicidades querida Charlotte ya estás registrada!>> Anuncia la desgraciada. <<Ahora te comentaremos ciertas pequeñas pautas sobre cómo éste negocio azucarado funciona. Las relaciones mutuamente beneficiosas suelen confundirse con la prostitución. Aclarando aquí, que eso es pura infamia. La práctica exclusiva se basa en pagar por mucho más que solamente sexo. Diciendo con astucia que en muchos casos han desarrollado nuestros usuarios y clientes la trama de relación estable.>>

Suelto un jadeo quizá de felicidad al comprender que tal vez... No tenga que vender mi cuerpo después de todo.

<<El sexo no es forzado., y vale aclararlo como ítem principal. Sin embargo especificamos el nivel socio económico del que paga, y la pretensión monetaria de la parte contraria.

Tú podrás adoptar el mote que desees.

Pero quién te contacte, podrá llamarte como él quiera.

Se te concede mantener varios acuerdos de Daddy&babysugar en tanto cada contrato puntualice pautas establecidas que escapan al control de la página web.>>

<<Cada vínculo acarrea firma por escrito. Daddy, es la palabra mágica. Y voluntad es lo que ellos tendrán de ti.>>

Tu voluntad.

Parpadeo agitada al leer el final del apartado, ese que después de ponerme nerviosa y provocar un inminente ataque de pánico, cuestiona si deseo culminar la inscripción... O definitivamente aventarme bajo un camión.

Mi voluntad. ¡Suena terrible!

¡Pero qué va! No puedo echarme atrás. Ya no.

Confirmo y sentenciando la solicitud del formulario, se me es exigida una fotografía de cuerpo entero.

Resoplo y minimizo la ventana., curioseo dentro de mi red social., y entre copiar, recortar, pegar la coloco en el blanco recuadro acabando el registro.

Desorientada, tomo el teléfono móvil y digito el número de la única persona que podrá apaciguar la tristeza.

—¿Ámbar? —Indago ronca al escuchar tres veces la melodía de espera y posteriormente su dulce voz.

—¡Charlie!— Responde asustada, extrañada pues rara ocasión suelo comunicarme vía telefónica con ella —¿Sucedió algo?

Niego perdida en la impotencia, sumergida en la incertidumbre —Lo hice.— Musito imaginando que la tengo delante. Que la señorita Reggins se encuentra parada a pocos metros de distancia esperando oír el relato de pies a cabeza.  —Entré allí y me registré, Am.

Suspira aliviada, e incluso feliz a través de la línea sentenciando radiante —¡Créeme amiga! ¡Es la mejor decisión tomada! Cambiará radicalmente tu vida.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Sugar Daddy LIBRO I   EPÍLOGO

    NUEVE MESES DESPUÉSLos tibios rayos del me dan de lleno, mientras riego la maceta de tulipanes que tanto me ha costado hacer crecer. La compré hace unos dos meses, a un vendedor de plantines y flores cuando venía llegando a casa, tras realizar algunas diligencias.Era la flor favorita de mamá.Tener tulipanes aquí me ayudan a sentirla cerca, a nuestro lado, acompañándonos siempre.Sobreponerse no fue fácil, pero confieso desde lo más profundo de mi ser que después de lo ocurrido, su ausencia no me desgarra por dentro como aquellos primeros días, incluso semanas. He ido acostumbrándome a no verla, a no oírla y a no tocarla. Y pese a que la extraño muchísimo su partida ya no me hiere como al principio.Hace ocho meses que nos mudamos. Mis hermanos y yo nos alejamos de Seattle y de Washington, y vinimos a probar suerte en la mágica Nueva York. Contraté el servicio de un agente de bienes raíces y vendí las propiedades que estaban a mi nombre. La gran casa estilo mediterránea, el lugar dó

  • Sugar Daddy LIBRO I   CAPÍTULO NOVENTA Y CINCO

    Han pasado dos días; cuarenta y ocho horas; dos mil ochoscientos ochenta minutos, pero para mí es como si hubiera pasado una eternidad desde que de mi vida, se fueron personas que amaba con el alma.Todavía no he podido llorarlas; no he querido hacerlo.Mis lágrimas no han vuelto a caer y a ellas las sustituyó un profundo dolor que me quema el pecho, que me acompañará por años y con el cuál tendré que aprender a convivir por el resto de mis días.Pasó tanto en tan poquito tiempo, que ni siquiera alcanzo a procesarlo todo.Cuando pienso en que mi madre murió, siento desconsuelo. Un enorme desconsuelo, porque ella sí se despidió de mí y yo no quise darme cuenta. Ignoré el pálpito de que algo no andaba bien y entonces, como el soplo de una brisa la muerte se la llevó. Sin rodeos ni preámbulos. Sin sufrimientos. Sin agonía. Su corazón sencillamente dejó de funcionar. Estaba tan débil, que pasó lo que sus médicos le advirtieron iba a pasar. Al menos eso fue lo que me explicaron, cuando lue

  • Sugar Daddy LIBRO I   CAPÍTULO NOVENTA Y CUATRO

    Mis ojos amenazan con cerrarse, pero mi yo interior se rehúsa a enfrentar con cobardía lo que será una penosa masacre. Aunque no estoy lista para ver a un demente ejecutar personas a sangre fría, me convenzo de hacer frente a mis últimos suspiros. Si esta va a ser mi forma de morir, que al menos sea viendo a los ojos al hombre del que estoy enamorada.—Nicolas, vas a hacerme los honores —Rafael, pisando fuerte se le acerca. Dos de sus matones lo levantan del piso y baldean su cuerpo con agua helada.Estremeciéndose se endereza, y veo cómo el agua mezclándose con la sangre de su rostro se escurren por su piel. Sus ojos verdes y amarronados, ahora enrojecidos se abren con desmesura, su pecho sube y baja embravecido y como loco empieza a negar con la cabeza.Trago saliva con dificultad, al darme cuenta que la idea del dealer es que él apunte y él dispare.De eso se trata, ¿no? Un "juego" suicida en dónde el azar y la suerte cumplen un rol importante si de evitar recibir un tiro en la si

  • Sugar Daddy LIBRO I   CAPÍTULO NOVENTA Y TRES

    «Vamos Charlotte, eres fuerte; eres valiente; eres grandiosa. Sólo abre los malditos ojos»No estoy dormida, pero tampoco estoy despierta. Me mantengo en el limbo del aturdimiento físico y mental. Mi cerebro me ordena algo pero mi cuerpo no obedece, no reacciona.A la distancia escucho el eco de voces. Creo que son discusiones y hasta gritos pero ni eso me orilla a abrir los ojos.Mi subconsciente me suplica que vuelva en sí, y me repite incontables veces que soy una chica fuerte, pero es que ni siquiera mi fortaleza colabora conmigo en este preciso instante.El dolor que aún dentro de mi estado de parálisis, siento, es indescriptible y tal vez sea por ello y por el miedo a lo que pueda pasarme cuando caiga cien por ciento en la realidad, que no respondo.Mi cerebro vaga en la inmensidad de mi ser, mientras que mi cuerpo sufre el daño del terror, de algunos golpes y de la incertidumbre. Estamos desconectados y supongo que lo prefiero así. Quizá suene a cobardía pero no estoy lista par

  • Sugar Daddy LIBRO I   CAPÍTULO NOVENTA Y DOS -Parte III

    Giro en la cama, abro los ojos y arrugo el ceño de inmediato. Trato de humedecer mis labios con saliva pero tengo la garganta seca. Y mi cabeza... Mi cabeza va a explotar.Suelto un quejido bajo, saco el brazo de Nico de mi abdomen y vuelvo a quejarme. Mis sienes laten y toda mi cabeza parece haber sido golpeada con un ladrillo.Necesito un buen vaso de agua y una pastilla para quitarme esta maldita jaqueca.Miro a mi costado. De lado, con su precioso y tranquilo rostro frente a mis ojos está Nicolas. Duerme profundo, destapado, y completamente desnudo. Así nos quedamos dormidos anoche: sin ropa y abrazados.Me muevo y con dificultad me levanto de la cama. Mi entorno tambalea cuando me pongo de pie. Oficialmente creo que estoy con resaca, sedienta y cansada.Doy un par de pasos y esbozo una mueca de ligera molestia e incomodidad. Cada músculo de mi cuerpo duele, principalmente mi entrepierna; mis muslos están como entumecidos.Despacio me acerco a la mesa y abro mi bolso. Busco ibupro

  • Sugar Daddy LIBRO I   CAPÍTULO NOVENTA Y DOS -Parte II

    —No los abras aún —Nicolas me da un pellizcón en el brazo.—No los voy a abrir.Después de una larga caminata y una merienda, subimos a un taxi y a los diez minutos de viaje me obligó a cerrar los ojos.Estamos en camino a la última de sus tres sorpresas.No tengo ni idea de qué se trata pero el entusiasmo y la curiosidad me están matando. No paro de juguetear con el anillo que me regaló. Es un par de talles más grande que mi dedo, pero me encanta.El taxi frena y le habla en francés al chófer.Sin poder evitarlo mi piel se eriza, se me pone de gallina. Escucho la música desde el coche y sin bajar la ventanilla. Música de bar, pegadiza, vagamente conocida para mí.Y digo vagamente porque ya he escuchado la entonación, pese a que está siendo cantada en francés.—¡No puedo creer que me trajiste aquí! —exclamo extasiada.—Te dije que no abrieras los ojos —me reprende.—No los abrí pero tengo oídos por si no lo sabes —ironizo. —Quédate quieta —tal parece que abre su portezuela, pasan uno

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status