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Capítulo 5

Penulis: Precious
last update Tanggal publikasi: 2026-08-08 03:51:46

Victor me despertó antes del amanecer con su polla ya empujando entre mis muslos desde atrás.

Estaba todavía medio dormida cuando se deslizó dentro. El estiramiento sacó un sonido suave de mi garganta. Me cubrió la boca con una mano y me folló lento y profundo debajo de las cobijas, con su otro brazo trabado alrededor de mi cintura.

—Silencio —murmuró contra mi oreja—. La alarma de tu padre suena en veinte minutos.

Empujé hacia atrás contra él. Las embestidas de Victor se mantuvieron controladas pero pesadas, rozando profundo cada vez que tocaba fondo. Sus dedos encontraron mi clítoris y me frotaron en círculos apretados hasta que me vine temblando contra su palma. Él me siguió justo después, enterrándose hasta el fondo e inundándome de nuevo.

Se quedó dentro mientras el semen se filtraba alrededor de su polla.

—No te muevas —dijo—. Mantenlo dentro.

Victor se salió solo el tiempo suficiente para girarme de espaldas. Me empujó las rodillas hacia arriba, se alineó y volvió a entrar en el desastre que acababa de dejar. Esta vez me folló más fuerte, con el sonido húmedo de su semen y mi coño retumbando fuerte en la habitación silenciosa. Mis manos agarraron las sábanas. Victor se inclinó y escupió dentro de mi boca abierta, luego me besó para que tuviera que tragármelo.

—Así es como te quiero —dijo—. Llena de mí. Viéndote como un sucio secreto.

Siguió azotándome hasta que me vine por segunda vez, luego se salió, se subió y me metió la polla en la boca.

—Límpiala. Saborea lo que acabo de bombearte dentro.

Se la chupé haciendo un desastre, con la saliva bajándome por la barbilla. Victor me sostuvo la cabeza y me folló la garganta con pasadas cortas hasta que me lloraron los ojos. Cuando se salió, me dio un golpe con la polla contra los labios una vez.

—A gatas. El trasero arriba.

Obedecí. Victor se movió detrás de mí, frotó la cabeza resbaladiza contra mi agujero más estrecho y empujó. El ardor me tensó. Fue despacio hasta que la cabeza entró, luego me metió más hasta que sus caderas chocaron con mi trasero.

—Joder... Victor...

—Tómala. El mejor amigo de tu padre está en tu trasero ahora.

Me folló el trasero con embestidas constantes, una mano en mi nuca y la otra llegando por debajo para frotar mi clítoris. La doble presión era demasiado. Me vine con fuerza con su polla enterrada en mi trasero, temblando y ahogando el sonido en la almohada. El ritmo de Victor se rompió. Se salió, volvió a empujar dentro de mi coño y descargó otra carga espesa y profunda dentro de mí con un gemido bajo y apretado.

Se quedó trabado ahí, rozando contra mi cuello uterino mientras los últimos pulsos se vaciaban dentro de mí.

—No eres su hija en este momento —dijo contra mi oreja—. Eres mi depósito de semen. Dilo.

—Soy tu depósito de semen.

—Más alto.

—Soy tu depósito de semen... joder...

Victor finalmente se salió. El semen goteaba de ambos agujeros sobre las sábanas. Me abrió con ambas manos y miró cómo caía.

—No te limpies nada. Quiero que te sientes a desayunar con mi semen bajándote por las piernas.

Me puse de pie sobre piernas temblorosas y me volví a poner la camiseta grande. Victor observó cada paso. Abrió la puerta con cuidado, revisó el pasillo y asintió una vez.

Me deslicé fuera y llegué a mi propia habitación justo cuando la alarma de mi padre empezó a sonar al otro lado del pasillo.

Veinte minutos después bajé las escaleras. Victor ya estaba en la isla de la cocina con un café. Mi padre estaba en la estufa preparando huevos revueltos. Me senté con cuidado. Cada movimiento de mis caderas me recordaba lo a fondo que Victor me había usado.

Debajo de la mesa, el pie de Victor encontró el mío y presionó hacia abajo.

Papá se giró con la sartén. —Ustedes dos están muy callados esta mañana.

Victor dio un sorbo lento al café. —Solo cansados.

Mantuve los ojos en mi plato. El semen continuaba saliendo hacia mis pantalones cortos. El pie de Victor se deslizó más arriba, rozando la parte interna de mi pantorrilla.

Papá puso platos frente a nosotros y se sentó. —Victor se va a quedar un par de noches más. ¿Te parece bien, Lena?

Levanté la vista. Los ojos de Victor ya estaban en mí, tranquilos y seguros.

—Sí —dije—. Está bien.

La boca de Victor se curvó lo suficiente para que yo lo notara. Debajo de la mesa su pie presionó más fuerte contra mi pierna.

Mi padre siguió hablando del proyecto del garaje. Victor respondía cuando era necesario. Yo me quedé sentada allí con ambos agujeros aún llenos de él, el secreto denso entre mis muslos, y sabiendo ya que volvería a la habitación de invitados en el segundo en que la casa se quedara en silencio otra vez.

Victor terminó su café, se levantó y le dio una palmadita a mi padre en el hombro.

—Voy a empezar con esas repisas —dijo.

Mientras pasaba al lado de mi silla, su mano rozó mi nuca: ligero, posesivo, ido en un segundo.

No miró hacia atrás.

Pero sentí el mensaje claro como el agua.

Esta noche no iba a ser amable.

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