INICIAR SESIÓNLa presencia del alfa Lison desvió toda la atención hacia él. Las indicaciones de la encargada quedaron relegadas a simples murmullos que, especialmente las omegas, no estaban interesadas en escuchar.
—Camila Usuri, acérquese, por favor.
Camila estaba perdida en sus pensamientos, imaginando su futuro junto al gran prospecto de alfa que tenía frente a ella.
—¡Camila Usuri! —repitió la encargada con un tono más fuerte.
Al no obtener respuesta, continuó:
—La omega Usuri no se encuentra presente.
—¡Camila! —gritó Eduardo cerca de su oído.
—¿Qué haces? ¿Por qué gritas tan cerca? —respondió Camila mientras se sobaba la oreja.
—¿Cómo que por qué? Te están llamando.
Él señaló hacia el frente y Camila reaccionó de inmediato.
—Señorita, deje de soñar y despierte. ¿Usted es la omega Usuri?
—Sí... —respondió con evidente vergüenza. Su aroma la delataba por completo.
—Ha sido asignada como encargada de recoger los reportes de cada coordinador de grupo. Así que deje de soñar despierta y rellene este documento para que pueda comenzar sus actividades con su equipo.
—Sí, señorita. Disculpe.
La vergüenza la estaba consumiendo. Nunca en su vida le había ocurrido algo así y estaba segura de que volvería a distraerse soñando muchas más veces de las que le gustaría admitir.
—Adelante.
Camila tomó el documento y comenzó a llenarlo. Una vez terminó, se reunió con su equipo, que ya estaba recibiendo las indicaciones del alfa Lison.
—¿Qué te pasó? —preguntó una de las omegas—. Estabas completamente perdida. Seguro ya estabas imaginando tu noche de bodas con el guapísimo de nuestro supervisor.
Camila se sonrojó, pero no lo negó. Tampoco podía hacerlo; el ligero cambio en su aroma empezaba a delatarla.
Al final, solo soltó una pequeña risa.
—No te culpo —comentó Sofía—. Hasta yo lo encuentro muy... atractivo.
—Oye... —la reprendió su alfa.
Los demás no pudieron evitar reír.
—Chicas, por favor, presten atención. No quiero preguntas innecesarias después —intervino el supervisor con un tono serio.
Intentaba recuperar el control del grupo, pero mientras siguieran distraídas sería imposible. Y, para su mala suerte, su advertencia no surtió mucho efecto.
—No puede culparnos si usted mismo nos desconcentra —respondió Linda, una omega conocida por ser coqueta y siempre sonriente.
—Compórtate... —le susurró Camila.
—Disculpe, señorita...
Linda hizo una breve pausa antes de sonreír con picardía.
—No... no lo disculpo.
Nadie pudo contener la risa. Incluso algunos trabajadores de la empresa que estaban presentes terminaron contagiándose del ambiente relajado.
El alfa Lison, que hasta ese momento se había mantenido serio, también sonrió.
—Señorita, ponga atención, por favor —indicó con diversión.
—Sí, señor —respondió Linda.
—Eres un caso, Linda —comentó Lucas.
—¿Yo? Él es el que está muy lindo.
Todos negaron con la cabeza, evitando volver a reír, y finalmente prestaron atención a las indicaciones.
Después de media hora, todo había quedado acordado y dieron inicio a las actividades.
—Señorita Usuri, al terminar, por favor quédese un momento. Necesito coordinar algunas cosas con usted respecto a los grupos —le dijo el alfa Lison antes de retirarse.
—Sí, señor.
Camila se puso nerviosa, pero al mismo tiempo la emocionaba la idea de poder estar cerca de su amor platónico.
Las actividades terminaron tarde. Todos estaban cansados, pero Camila todavía tenía que reunirse con su supervisor.
Al llegar al lugar donde se encontraba, preguntó:
—¿El señor Lison está?
—Sí. ¿La señorita Usuri, verdad?
—Sí... —respondió con nerviosismo.
—La está esperando. Pase, por favor.
Camila tocó la puerta.
—Pase.
La voz que llegó desde el interior hizo que sus piernas perdieran fuerza por un instante.
—Ya terminamos las actividades, señor. ¿Quería coordinar conmigo respecto a los grupos?
—Primero, no me digas "señor". No soy tan viejo, apenas te llevo unos cuatro años —dijo con una sonrisa.
Aquella sonrisa hizo que Camila se derritiera por dentro. Sin darse cuenta, se mordió ligeramente el labio, un gesto que no pasó desapercibido para el alfa León Lison. Incluso su lobo interior pareció sentirse complacido con aquella reacción.
—Señorita, la encargada de su universidad la asignó para representar a los tres grupos que estarán a mi cargo, o mejor dicho, a cargo de la empresa —explicó sin borrar la sonrisa, claramente satisfecho por la reacción de la omega.
—¿Estaba al tanto de eso?
La verdad era que Camila no tenía idea, pero recordó vagamente lo que la encargada le había mencionado esa mañana.
—Sí... me comentaron algo, pero no me dijeron exactamente qué tendría que hacer.
—Está bien, se lo explicaré.
Lison tomó unos documentos antes de continuar.
—En primer lugar, creará un grupo de W******p únicamente con los coordinadores. Si ellos desean crear un grupo con sus respectivos equipos, eso ya dependerá de cada uno. Yo solo quiero a los coordinadores en ese grupo. Por supuesto, yo también formaré parte de él.
—¿No sería mejor que estuvieran todos? —preguntó Camila con cierta duda.
—No, señorita. Los coordinadores serán los encargados de comunicar a sus respectivos equipos todo lo que se acuerde. Ya he tenido este tipo de experiencia; en los grupos donde están todos hablan de cualquier cosa y los comunicados importantes terminan perdiéndose. Además, en ocasiones algunos son irrespetuosos.
La voz firme del alfa Lison no dejaba espacio para discutir.
—Entiendo, señor... —respondió Camila un poco cohibida. Aquel tono autoritario había inquietado incluso a su loba.
—¿Qué dije sobre llamarme "señor"? —comentó con una sonrisa.
—Disculpe...
Sin poder evitarlo, una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Camila.
—Llámame por mi nombre. Y si te resulta extraño, puedes decirme por mi apellido. Lison.
—Camila Usuri. Soy una omega... Lison.
Al pronunciar su apellido, Camila no pudo evitar imaginar lo bonito que sonaría llevarlo algún día como parte de su estado civil.
Era una soñadora de pies a cabeza y, en cuestión de segundos, ya había creado toda una historia con un final feliz en su mente.
—¿Ves? Suena mucho mejor que "señor". Además, tu aroma te delata; es muy evidente que eres una omega.
Ambos sonrieron.
—Bueno, eso es todo. ¿Tienes alguna pregunta? Si no es así, puedes retirarte. Debes de estar cansada.
—No, Lison. Con su... contigo... permiso.
La omega corrigió sus propias palabras antes de terminar la frase.
—Adelante.
—Gracias.
Camila regresó con sus compañeros y, sin perder más tiempo, reunió a los coordinadores para comunicarles lo que el alfa Lison le había indicado y crear el grupo de W******p.
—Eduardito, dame tu número de celular.
—Si ya lo sabes.
—Apúrate, me da pereza buscarlo.
—¿Y para qué lo quieres?
—Para... ya no necesito tu número, malo. Mejor ven conmigo. Vamos a reunir a los demás; tengo que comunicarles unas cosas.
Cuando todos estuvieron presentes, Camila habló con voz firme.
—Ya estamos todos.
Esperó unos segundos para asegurarse de tener la atención de todos.
—Sé que están cansados, pero esto es importante. Se creará un grupo de W******p únicamente con los coordinadores. En ese grupo también estará el señor... Lison.
—¿Por qué solo los coordinadores? ¿Y los demás? —preguntó uno de los estudiantes.
—Cada coordinador podrá crear un grupo con su equipo y mantenerlos informados sobre todo lo que se acuerde.
—Es injusto. Tú sí estarás y los demás no.
La insistencia comenzaba a irritar a Camila.
—Lison solo quiere a los coordinadores en ese grupo. Él ya tiene la lista de quiénes son y no desea que nadie más forme parte, a excepción de mí.
—Seguro le haces algunos favores... —comentó con desdén una beta llamada Edith.
Camila frunció ligeramente el ceño.
—Mide tus palabras, Edith. Yo estaré en ese grupo porque la encargada de la universidad me designó como coordinadora general de los tres equipos. Si tienes alguna queja, preséntala directamente con ella.
Edith apretó los labios, claramente molesta, pero decidió guardar silencio.
—Ya envié el enlace al grupo del aula. Solo deben ingresar los coordinadores. No quiero que después se molesten si elimino a quienes no correspondan. Eso es todo. Mañana, a primera hora, necesito que me envíen el reporte de hoy. El formato que deben llenar ya está en el grupo.
Sin añadir nada más, Camila comenzó a retirarse.
Sin embargo, recordó algo importante y regresó sobre sus pasos.
—Una cosa más. Mañana tienen como máximo hasta las siete de la mañana para enviar sus reportes. No recibiré ninguno después de esa hora. Mientras estemos aquí, ese será el horario de entrega todos los días.
Miró alrededor antes de concluir.
—¿Alguna pregunta?... Si no, eso sería todo. Descansen. Nos vemos mañana.
Mientras caminaba hacia su tienda de campaña, Eduardo no dejó de seguirla.
—Muchas omegas... y hasta algunas betas... querían comerse con la mirada a tu príncipe azul. ¿Ya conseguiste el número de tu futuro esposo? —se burló.
—¿Qué dices? ¿Cuál príncipe? —respondió Camila completamente sonrojada.
Eduardo soltó una carcajada y continuó molestándola durante todo el camino.
En ese momento, el celular de Camila vibró.
Había recibido un mensaje.
Lison: «Descansa».
Las horas pasaban lentas; el día de la terapia parecía llegar todavía más despacio.Camila casi siempre tenía la mirada pesada. Volvió a encerrarse, y sus amigos solo podían darse una vuelta por su casa para asegurarse de que estuviera bien.El que siempre estaba afuera de la puerta de la recámara de Camila era Iker. Dejaba salir su aroma, bajo y constante, sin imponerse, simplemente acompañándola. Ella no lo rechazaba; solo se cubría de la fragancia, sintiendo aquel aroma como una manta que calentaba su corazón dolido por los recuerdos.Volver a ver a León había sido como abrir todas las heridas de golpe, incluso aquellas que alguna vez la hicieron amarlo. Los ojos penetrantes del alfa que una vez consideró el amor de su vida la habían observado con culpa, con cariño, con un amor que ella ya no reconocía.Por más dolida que estuviera por las heridas del pasado, estas ya no dolían como antes. Eran más bien una sombra de lo que fue y de lo que pudo ser. Ahora solo anhelaba los brazos d
Para un matrimonio, la ley del hielo es el filo de un cuchillo que corta despacio, pero de manera constante, hasta dejar heridas que ya no saben cómo cerrarse.Las noches que llegaban con suaves caricias que alimentaban la complicidad de una pareja enamorada se habían acabado. Solo quedaba un cuarto matrimonial frío que aún compartían, negándose a dejarse por el simple hecho de tener miedo a perderse. Era mejor sentir la espalda de una presencia al costado que enfrentarse a una cama completamente vacía, sin el sonido familiar de la respiración del otro.Durante el día, Mauricio se la pasaba en la casa de Camila con su hija. Por la tarde regresaba a su casa, pues dormir fuera nunca había sido una opción.—Fugitivo de nuevo en mi casa. Te voy a empezar a cobrar, estás acabando con la comida de mis hijos.—Cállate. Te hago un favor viniendo a verte, agradece, mmm —la miró mal, con fingida indignación.—¿Agradecerte? ¿Agradecerte que acabes con mi comida y mi paciencia?—Déjame en paz, Ca
Los dos amigos estaban sorprendidos con la manera en que Iker había recibido toda la información. Más que molestarlo, era como si aquellas palabras hubieran abierto una puerta hacia la madurez, la puerta correcta. Quizás, solo quizás, todavía podía existir un futuro para ellos.Mauricio, sorprendido y confuso, quizá hasta reacio a creerlo, abrió la boca y volvió a cerrarla. Al final, las palabras que tenía atoradas lograron salir.—¿Me estás diciendo que quieres ir a terapia?Iker, que caminaba de un lugar a otro, se detuvo y finalmente se sentó. Tenía el rostro cansado, como si aquellas revelaciones lo hubieran envejecido años.—Sí… Sí quiero. Si quiero ser parte de su vida, tengo que acompañarla y ser parte de su confianza. Ella merece que le demuestre que puede tener fe en mí, que puede confiar y bajar sus barreras. Quiero que sepa que nunca la decepcionaré.El padre de Iker, que había estado escuchando en silencio, se retiró sin interrumpir aquel momento.Suspiró profundamente.Sup
Iker los llevó a la sala. Quería un lugar tranquilo, pero con suficientes aperturas que le permitieran respirar y no sentirse encerrado. Necesitaba escuchar todo sin sentirse acorralado por la información que estaba a punto de recibir.Iker entendía, de cierta forma, que llevarse mal y comportarse mal con los amigos de su omega sería ir hacia atrás. Si realmente quería tener un lugar en la vida de Camila, tendría que aprender a escuchar.—Los escucho. No quiero que me escondan nada. Quiero saber en dónde estoy parado con ella.Mauricio suspiró y decidió hablar primero. Su silencio sobre su lazo con Camila ya había causado problemas, y no quería que aquella relación comenzara nuevamente con secretos.—Camila y yo tenemos un lazo de compañeros.Iker guardó silencio unos segundos.-Solo es un lazo que nos une, pero no ha pasado los límites. Yo tengo mi pareja y ella también ha hecho una vida. No hay amor de pareja entre nosotros. Empiezo por esto porque no quiero que te enteres de la nad
Camila regresó al interior de su casa sin decir nada más, dejando a Iker sin saber qué responder.Solo pudo quedarse allí, observándola alejarse, sintiéndose impotente y odiando, por primera vez, su edad.La mirada de Iker decayó.Camila había tomado una decisión.Y aunque intentara sonreír para aparentar que aquello no le afectaba, su negativa había conseguido dolerle mucho más de lo que esperaba.Para Camila, siempre sería demasiado joven.Camila regresó junto a Mauricio.—¿Regresaste? ¿Cómo te fue?—Molesto. Quiere una oportunidad.Mauricio la observó con atención.—Lo estás dudando.—Mauricio, no te diré que es un niño, pero no quiero otro tropiezo en mi vida. Mis hijos y yo estamos bien solos.Mauricio negó lentamente.—Camila, te diré lo mismo que me dijiste a mí: piensa en ti misma. Deja el pasado. No porque tuviste un idiota en tu vida significa que te va a tocar otro de nuevo. Y si resulta ser otro idiota, lo matamos y listo. Kevin quiere que vaya a la cárcel con él. Le dejam
Ante las palabras de Kevin, Mauricio se quedó en silencio.No sabía qué decirle. En el fondo estaba seguro de que no lo culpaba, pero ahora, al recordar todo, las dudas regresaban. Cuando todo había salido a la luz, cuando sin querer había dejado escapar sus heridas, ya no encontraba las palabras correctas.No podía decirle «te perdono».Más bien, «te culpo» seguía dando vueltas en su mente, aunque sabía que no era exactamente lo que sentía.—Kevin…Al escuchar su silencio, Kevin comprendió que, por más amor que Mauricio sintiera por él, todavía no podía sanar por completo el dolor que le había causado su desconfianza.—Kevin, te amo.Kevin se levantó, soltando una risa amarga, casi burlándose de sí mismo.—Mauricio, no quiero que me digas eso, porque ya lo sé… Dime, ¿me has perdonado? Solo eso. Dime una sola palabra: sí o no.Kevin lloró de espaldas a Mauricio, quien se encontraba en la misma situación, luchando contra las lágrimas que amenazaban con escapar.—Kevin, no te culpo. No