LOGINEl segundo día de actividades transcurría con relativa normalidad. Aunque, tratándose de un grupo de jóvenes, siempre había uno que otro que hacía bromas creyéndose el más listo.
Al mediodía todos se reunieron para almorzar y descansar un momento antes de retomar las actividades.
—Camila, yo te envié el reporte de mi equipo, pero la encargada de la universidad acaba de llamarme para preguntarme por qué no lo entregué.
Luz, una alfa conocida por su actitud arrogante, se acercó visiblemente molesta. La mañana ya había sido complicada y aquella llamada solo había empeorado su humor.
—Luz, sí envié los reportes de todos los que me los hicieron llegar hasta las siete de la mañana —enfatizó la última frase para recordarle cuál era la hora límite de entrega. Sospechaba que la alfa lo había enviado tarde—. Déjame revisar. Tal vez, por algún error, no envié el tuyo. ¿A qué hora me lo mandaste?
Camila respondió con calma. Ni ella ni su loba se dejaban intimidar por el fuerte aroma a molestia que desprendía la alfa.
—Ja, ja, ja... Lo envié antes de comenzar las actividades de esta mañana.
El tono burlón de Luz terminó por agotar la paciencia de Camila. Sabía perfectamente que lo había enviado fuera del horario establecido.
—Luz, ayer fui muy clara. Los reportes se recibían únicamente hasta las siete de la mañana. Eso ya está fuera de mi alcance. Puedes hablar con la encargada y explicarle el motivo de tu retraso. Yo ya no tengo nada que ver con ese asunto.
—¡Estás loca! —gritó, acercándose demasiado a ella.
—¿Perdón?
La paciencia de Camila también comenzaba a agotarse.
—Omega tonta. Tú eres la responsable de entregar esos reportes. ¿Por qué tendría que ir a justificar algo que es culpa tuya?
Su lobo empezaba a perder el control, olvidando incluso el lugar donde se encontraba.
Camila sonrió con tranquilidad.
—A ver, alfa tonta...
Respondió utilizando exactamente el mismo tono.
—Explícame qué parte de tu irresponsabilidad es culpa mía. Les avisé a todos cuál era la hora límite para entregar los reportes. Mi responsabilidad es enviarlos a la encargada de la universidad y al señor Lison, no hacer el trabajo que te corresponde a ti.
Su voz se elevó apenas un poco. Le irritaba la actitud necia de la alfa.
—Solo digo que no pienso justificar algo como eso. Los grupos de la empresa Center recién a esta hora están entregando los reportes de ayer. ¿Por qué tanta prisa, omega? ¿Será que quieres quedar bien con el alfa Lison?
La intención detrás de aquellas palabras era evidente.
Camila soltó una risa.
—Ja... Ja... Ja... Se me había olvidado que debía quedar bien con el alfa Lison.
Una sonrisa casi maquiavélica apareció en su rostro.
—Camila... —murmuró Eduardo.
Conocía demasiado bien a su amiga. Sabía que su paciencia acababa de llegar al límite.
Camila dirigió la mirada a todos los coordinadores.
—Escúchenme bien. Les di más tiempo del que realmente tenía disponible. Se me informó que los reportes debían entregarse, como máximo, a las ocho de la noche del mismo día. Por lo tanto, a partir de hoy esa será la hora límite. Quiero que todos los coordinadores que pertenecen a la empresa Diseños Lison me entreguen sus reportes antes de las ocho de la noche.
Hizo una breve pausa.
—Ahora sí, disfruten su almuerzo.
—¡Luz! —protestaron varios coordinadores al mismo tiempo.
Ya estaban agotados por las actividades y la idea de tener que preparar los reportes esa misma noche les parecía demasiado pesada.
—Camila... es una broma, ¿verdad? —preguntó Luz, todavía más alterada que cuando había llegado.
Todos comenzaron a mirarla con evidente molestia.
—No. Tú misma dijiste que quería complacer al alfa Lison. Si eso es lo que piensas, entonces así será.
Camila se encogió de hombros con total indiferencia.
—Ahora sí puedes decir que lo estoy complaciendo.
El sarcasmo en su voz era imposible de ocultar.
—Camila, lo que estás diciendo es ridículo. Los grupos de la otra empresa tienen más tiempo.
Aunque seguía intentando convencerla de cambiar de opinión, en el fondo Luz sabía que aquella discusión estaba perdida.
—Luz, si lo deseas, puedes ir con la empresa Center. Estoy segura de que algún grupo querrá cambiar con el tuyo. A mí me dieron indicaciones específicas, pero pensé que todos estarían cansados y por eso decidí darles más tiempo. Al final no sirvió de nada, porque igual fueron irresponsables.
Respondió sin siquiera voltear a verla.
Unos segundos después soltó un largo suspiro.
—Lo que dije no va a cambiar. Si desean reclamar, pueden hablar con la encargada de la universidad. Ella me indicará si habrá algún cambio.
Luz comprendió que no conseguiría nada y terminó por retirarse.
En ese momento, el celular de Camila vibró.
«¿Por qué quieres complacer al señor Lison?»
Era el mismo número que le había escrito el día anterior.
Como todavía seguía molesta, respondió únicamente con un emoji de una cara enfadada.
Segundos después llegó otro mensaje.
«Ja, ja, ja... ¿Ya no estás molesta?»
Camila leyó el mensaje sin responder. Guardó el celular y se dispuso a almorzar, aunque ya había perdido el apetito. La discusión con Luz le había arruinado el resto del día.
—Camila... ¿Hablas en serio? —preguntó Eduardo, todavía confundido.
—Muy en serio. Más te vale entregar tu reporte a tiempo. Si no, llamaré a la princesa. Ella no va a tenerte ninguna consideración.
Lo dijo con tanta seriedad que Eduardo decidió no insistir.
Solo puso una expresión de cachorro regañado.
En ese momento, la secretaria del alfa Lison se acercó.
—Omega Usuri, el señor Lison desea verla después del almuerzo.
—Enseguida voy.
Camila soltó un pequeño suspiro.
—De todas formas, ya se me quitó el hambre.
Lo que realmente la había molestado no era la discusión con Luz, sino que la relacionaran con alguien con quien, no tenía absolutamente nada.
Camila llamó suavemente a la puerta del despacho.
—Señor Lison, ¿me buscaba?
—¿"Señor"? —preguntó León con evidente confusión.
A su lobo no le agradó aquel cambio de trato.
—Es mejor así, señor. No quiero dar motivos para que la gente empiece a mencionar mi nombre junto al suyo.
—¿Ocurrió algo, señorita Usuri?
La actitud distante de Camila no le gustó en absoluto. En realidad, la había mandado llamar con la excusa del incidente durante el almuerzo, pero lo que más quería era volver a verla sonreír y disfrutar del dulce aroma que desprendía la omega.
En cambio, lo único que percibía era irritación.
—No ocurrió nada, señor. Su secretaria me dijo que quería hablar conmigo.
—Sí... pero antes quiero que sonría.
Camila lo miró con incredulidad.
No estaba de humor y el alfa salía con semejante petición.
—¿Y qué tiene que ver mi sonrisa con todo esto? —preguntó con un evidente reproche.
Su aroma se volvió todavía más ácido.
—Verá, señorita. Nunca es bueno tomar decisiones cuando uno está enfadado. Y su expresión me dice que está molesta por algo.
Camila mostró los dientes en una sonrisa completamente forzada.
—¿Así está bien, señor?
León negó con una pequeña risa y se puso de pie.
—Señorita, ya le dije que no soy tan viejo. Y esa sonrisa tiene que salir del alma.
Camila resopló con discreción, pero esta vez sonrió de verdad.
—Así está mucho mejor.
Él le devolvió la sonrisa antes de continuar.
—Ahora sí, vayamos al motivo por el que la hice venir. Me informaron que durante el almuerzo hubo una discusión en la que se mencionó mi nombre.
Camila no pudo ocultar su sorpresa.
No esperaba que se hubiera enterado tan rápido.
—Prefiero llevar la fiesta en paz y no negar algo que casi toda el aula presenció. Disculpe, señor. La discusión se nos salió de las manos. No volverá a pasar.
—Claro que no. De eso ya me encargué. En este momento mi secretaria está hablando con el grupo azul para revocar el cargo de la coordinadora.
La respuesta de León fue directa, sin el menor tacto.
Camila frunció ligeramente el ceño.
—Pero, señor, en todo caso la responsabilidad sería de las dos. Tanto la alfa Luz como yo mencionamos su nombre.
Aquello no le parecía justo. La discusión había sido responsabilidad de ambas por no saber controlar la situación.
—¿Quiere que también le revoque el cargo, omega Camila? —preguntó León, dejando que parte de su molestia se reflejara en su voz.
Quería demostrarle que le importaba, pero sentía que, en lugar de acercarse a ella, estaba retrocediendo.
Camila sostuvo su mirada sin apartar los ojos.
—Si usted considera que mencionar su nombre en una discusión que no tenía relación con usted merece un castigo, entonces ese castigo debería aplicarse a las dos, no solo a una. No me gustan las preferencias cuando no existe una razón para hacerlas.
Sus palabras fueron firmes, aunque aquellos ojos color miel seguían teniendo el extraño poder de hacerla estremecer por dentro.
León maldijo su suerte.
Se suponía que aquella omega debía estar intentando agradarle como todas las demás, no regañándolo como si fuera su propia madre.
Y lo que más lo desesperaba era darse cuenta de que Camila no estaba fingiendo.
Su aroma dejaba claro que realmente estaba molesta.
Había cometido un grave error al creer que Camila era igual al resto.
Y el destino terminaría cobrándole esa equivocación a León Lison con un precio demasiado alto, uno que ni todo el dinero que poseía sería capaz de pagar.
Kevin sentenció la palabra divorcio como si fuera un castigo o quizás libertad, porque el amor no basta en un matrimonio.Luego miró a Camila.—Camila, deja de culparme. Yo no lo golpeé ni lo he tocado. ¿Por qué no preguntas cómo me siento yo? Con un Mauricio que un día dice sí y al otro no. Yo también tengo mis propios miedos, pero no por eso he dudado de lo que siento por él. Mientras que Mauricio actúa según cómo amaneció. Él fue quien me alejó, él me dejó claro que no puede seguir conmigo, fue quien me apartó de su vida. Yo también tengo sentimientos, no soy su juguete.—¿Te estás escuchando, Kevin? Estás culpándolo por tu error.—Sí, me escucho muy bien, y no lo estoy culpando por lo que él calló. Solo me dejó sin decir nada. Él también tiene culpa, solo se fue y no explicó nada. ¿Cómo querías que pensara lo contrario cuando todo estaba en su contra? Él también debería pensar en cómo me he sentido yo. Mientras se revolcaba con todo lo que tuviera vida en la universidad, yo viví u
Mauricio había llegado temprano junto a los tortolitos, que derrochaban amor por todos lados.—Dejen de estar comiendo pan todo el día delante de un hambriento —la cara de Mauricio era de puro desagrado y Camila ni caso le hacía.—Ve, Mau, a molestar a otra parte.Tomó la mano de Kirian y se alejó a esperar a Mau a que terminara su entrenamiento, ya que en unos días jugaría.Mau la miró mal mientras la observaba alejarse.—No voy a amargarme —respiró resignado y también se alejó.Mauricio llegó junto a sus compañeros. Solo quería entrenar y nada más, quería acabar con ese juego y volver a su casa, recuperar a su familia, quizás.Respiró y miró al cielo como queriendo reclamar algo.—Mauricio —lo llamó un compañero.Él solo lo miró, como indicando que lo escuchaba mientras intentaba calentar.—¿Ya dejaste esa idea de dejar el equipo?Mauricio, con toda la paciencia que no tenía, no le dijo nada. Solo siguió, queriendo acabar con la conversación que para él era absurda.Su compañero se
Lo que ya está roto no se enmienda ni, aunque tengas la aguja y el hilo en la mano. Muchas veces, no es el color ni la aguja indicada.Mauricio se aferraba a lo que tenía y no quería soltar.—No quiero divorciarme —había pronunciado Mauricio antes de quedarse dormido en los brazos del alfa que amaba y odiaba en medidas iguales.Al día siguiente, Kevin se levantó temprano para hacer el desayuno para su familia. Esperaba que Mauricio despertara y pudieran hablar.Antes de todo, ya había llevado a su hija con su suegra. Ella ni siquiera preguntó; sabía que el matrimonio de su hijo dependía de un hilo. Ella misma pensaba que divorciarse no era una mala idea. Juntos solo se seguirían lastimando, y Kira ya empezaba a preguntar cosas que ninguno de los dos sabía cómo responder.Mauricio despertó sin ganas. Fue al cuarto de su hija y no la encontró. Solo se encontró con los ojos de Kevin, que lo miraban desde la cocina.—La llevé con tu madre.—Oh.—Come —le habló con voz neutra, sin darle ra
Por el lado de Kevin, se quedó en silencio, mirando a la nada. Por primera vez se quedó pensando en su vida, en lo que pudo ser, en lo que tenía y en lo que ya no tenía. Porque, al parecer, su realidad era no tener nada. Su error lo perseguía. Antes había matado su relación; ahora estaba destruyendo su matrimonio y su familia.Tomó su camino de regreso. Esconderse no lo llevaría a nada. Con las manos en los bolsillos, regresó caminando. La distancia no era nada comparada con el vacío que sentía. No era odio ni amor. No sentía nada. Se sentía como un muñeco de papel, frágil y sin rumbo, llevado de un lado a otro por decisiones que ya no podía cambiar.Las lágrimas cayeron por sus mejillas. No fueron gritos, pero sí dejó caer todo su dolor, todo su pasado, todo lo que no podía cambiar. Sus arrepentimientos, sus años de soledad y aquella fantasía que había sido su matrimonio, un matrimonio que ya tenía fecha de caducidad.Llegó a su casa y se encontró solo.Ese sería su futuro.Mauricio
Las luces de las calles se iban prendiendo una a una, pero la luz del corazón de Mauricio no se encendía, no se calentaba. La culpa de no poder mostrar más seguridad en su relación lo mataba poco a poco y, con él, moría su matrimonio.Los ojos de Kevin, cuando él entendió que se podría romper el lazo, y la negativa plantada en su rostro, no había podido sacarlos de su mente. Él mismo se odiaba por haberse acostumbrado y por hacer parte de su vida aquel lazo. No era como que tuviera algún sentimiento o esperanza de tener algo con Camila.Él amaba a Kevin más de lo que quería aceptar. Lo amaba con miedo y con pasión, como nunca, quizás, un humano amaría a nadie.Pronto tendría un juego y no tenía ganas ni energía para presentarse. Le preocupaba su hija. Antes se quedaba con Kevin, pero no quería molestar a su hermana, que estaba a días, por no decir horas, de tener a su bebé. Y Camila estaba de luna de miel y con sus cuatrillizos. Ni de pensarlo, demasiada carga.…Quería gritar.Y si qu
El instinto es algo natural. No se programa; el cuerpo lo desarrolla a través de todo lo vivido.El miedo a volver a vivir aquello que ya pasaste, a culparte por acciones de los demás, nace porque tu cuerpo y tu mente aprendieron que todo era tu culpa.Camila había reaccionado al miedo innato que sentía ante la reacción de Iker. Había esperado de todo: gritos, reclamos, culpas, incluso insultos hacia su persona. Pero…Ella todavía no aprendía que Iker no era León, que él no se dejaría llevar por lo irracional. No había esperado verlo acercarse y abrazarla con el mismo amor de siempre.Iker la mantuvo entre sus brazos hasta que se quedó dormida, ya fuera por el cansancio o por la tranquilidad que él lograba transmitirle.Para cuando Camila despertó de nuevo, todos estaban en su habitación. Estaba tan abarrotado que parecía que ni uno más podría entrar.—¿Qué hacen todos aquí? ¡Ni el aire entra! —protestó, aunque estaba mucho más tranquila al comprobar que Iker seguía a su lado.Maurici







