FAZER LOGIN
CAPÍTULO 1 -AVENTURAS AMOROSAS
—Chloe, tu esposo está en el piso de arriba del Hotel Regent con una mujer. Muévete. Sácalo de ahí antes de que los paparazzi vendan la exclusiva a los tabloides de la mañana. Eran las diez de la noche. Chloe estaba sentada frente al escritorio de su oficina, con la luz apagada y los papeles del divorcio que le había dado su abogado, mientras la voz de su suegra, Evelyn, sonaba a través del altavoz, con desesperación. Tres años. Tres malditos años siendo la limpiadora oficial de los escándalos de Julian Kingston. Cada aventura amorosa de su esposo era una maleza que amenazaba el apellido de la familia, y a ella siempre le tocaba empuñar la pala para enterrar la basura. Al notar el silencio al otro lado de la línea, la voz de Evelyn se volvió un susurro lleno de preocupación. —Chloe, esta vez es Vanessa quien ha vuelto. Ella no es como esas modelos baratas con las que Julian se entretiene. Abre los ojos, querida. Si no proteges tu lugar, ella se va a quedar con mi hijo. ¿Vanessa? El nombre golpeó el pecho de Chloe como un mazo físico, cortándole la respiración. El fantasma del pasado, la mujer por la que Julian suspiraba estaba de regreso. —Entiendo —logró articular Chloe, con la garganta seca—. Iré hacia allá. Al colgar, las lágrimas que había estado reteniendo se desbordaron, miró la pantalla oscura del teléfono y sus manos temblaban tanto que apenas pudo sostener las llaves del auto. Media hora después, salió del ascensor del piso ejecutivo del hotel. El chófer Thomas y la asistente de su marido, Megan, la esperaban frente a la suite presidencial. Al ver el rostro pálido y demacrado de Chloe, Megan dio un paso al frente, con los ojos llenos de una lástima que le dolió más que una bofetada. —Señora... —agarrándola del brazo—. Ya compramos a los periodistas de la entrada. Todo está solucionado. Por favor... no entre. No se haga esto a sí misma. Chloe se soltó con delicadeza. Tenía la mano apoyada en la manija fría de la puerta. Llevaba tres años cediendo, tragándose el orgullo y agachando la cabeza y hoy especialmente hoy, quería ver con sus propios ojos hasta qué punto el hombre que alguna vez prometió cuidarla pretendía seguir pisoteando los pedazos de su dignidad. Empujó la puerta. El aroma a perfume de mujer cara y el olor a tabaco inundaron sus sentidos de inmediato. Julian salía del baño principal. Llevaba una bata de seda negra entreabierta, mostrando la perfecta línea de sus abdominales y la piel aún húmeda. Se secaba el cabello con una toalla, luciendo una sensualidad perezosa, la misma que a ella solía volverle loca. Al verla, sus ojos no mostraron la menor sorpresa. No hubo un destello de culpa, ni una pizca de incomodidad por haber sido atrapado en una suite de hotel con otra. Tres años de sumisión de Chloe lo habían malcriado; él sabía que ella siempre estaría ahí para recoger los platos rotos. Caminó hacia la mesa de centro, encendió un cigarrillo y expulsó una densa nube de humo gris antes de mirarla de arriba abajo con profunda indiferencia. —¿Otra vez tú? —Su voz fue un látigo de fastidio—. ¿Es que no puedes darme un maldito día de paz, Chloe? El insulto implícito la dejó sin aire. Él estaba en una suite de hotel con su amante, pero la molestia era ella. —Tu madre me pidió que viniera a llevarte a casa —dijo Chloe. Su propia voz le sonó extraña, rota, como el eco de alguien que ya no existe. Julian soltó una risa seca, burlona, llena de desprecio. —Tu suegra te ordena ladrar y tú corres a morder. Chloe, ¿acaso tienes un solo pensamiento propio en esa cabeza? ¿Por qué insistes en arrastrarte en cosas que no te corresponden? Eres patética. El insulto físico dolió, pero el verdadero golpe llegó un segundo después, cuando la puerta del baño se abrió por completo. —Julian, querido, ¿con quién estás hablando...? Vanessa se detuvo, fingiendo sorpresa al ver a Chloe. —Hola... —dijo, caminando con naturalidad hacia su bolso y luego se giró hacie el—. Julian, creo que lo mejor será que me vaya. No quiero causar un problema en tu... matrimonio. Al pasar junto a Chloe, se detuvo y con una familiaridad insultante, le dio una palmadita suave en el hombro, un gesto a ojos de Chloe, cargado de lástima victoriosa. —Deberíamos salir a cenar un día de estos, Chloe. Aunque, para ser sincera, me alegra ver que te hayas casado con Julian. Alguien tenía que cuidar de él mientras yo no estaba. Chloe sintió que el estómago se le revolvía. Nadie le advirtió, cuando aceptó casarse que ella solo era un tónico de consolación. Que el corazón de ese hombre ya tenía dueña. De haberlo sabido, jamás habría permitido que la encerraran en esta jaula de oro. Viendo que Vanessa caminaba hacia la salida, Julian se movió con una prisa que jamás había tenido con su esposa. Tomó el abrigo que descansaba en la silla y lo colocó con extrema delicadeza sobre los hombros de Vanessa. Ese pequeño gesto destruyó lo poco que quedaba del alma de Chloe. Fue un cuidado tan tierno, tan íntimo, que dolió más que si la hubieran apuñalado. En ese instante, recordó las infinitas noches que pasó despierta en la sala de la mansión, tiritando de frío, esperando un mensaje que nunca llegó. Recordó las cenas de aniversario que se enfriaron en la basura, y su propio cumpleaños, el cual pasó sola en una sala de emergencias lidiando con un dolor de estómago, mientras él apagaba el teléfono. Y ahora frente a ella Julian Kingston, el implacable y frío CEO, abrochaba el cuello del abrigo de otra mujer para protegerla. Mostrando una paciencia y un amor que ella llevaba tres años mendigando sin éxito. —Póntelo —le susurró Julian a Vanessa—. Afuera hace frío y no quiero que te enfermes. Vanessa le sonrió, tocándole la mejilla. —Sigues siendo el mismo hombre protector de siempre, Julian. Los viejos hábitos nunca cambian. Él le devolvió la sonrisa. Una sonrisa real, brillante, la misma que Chloe no había visto en tres años. El dolor físico se manifestó de golpe, le dolió el pecho de forma tan aguda que tuvo que presionar su mano contra el esternón. ¿Cuándo se había convertido su vida en este infierno? ¿Qué había hecho mal para que ese héroe se convirtiera en su verdugo? Julian terminó de abotonar el abrigo de Vanessa, se vistió y luego, sin dirigirle una sola mirada, como si ella fuera un mueble invisible en la habitación, tomó la mano de Vanessa y salió de la suite, dejando la puerta abierta de par en par. Chloe se quedó completamente sola, sus piernas cedieron y se desplomó en el sofá. Se quedó sentada durante horas, mirando al vacío y el peso en su pecho ya no era solo tristeza; era una fatiga crónica, una desesperación absoluta que le hacía desear, con cada fibra de su ser, dejar de respirar. Cuando finalmente reunió las fuerzas para levantarse, volvió a casa. En el camino de vuelta a la mansión, aferrada al volante con los nudillos blancos, la opresión en su pecho se volvió insoportable. Recordó las palabras del médico en su revisión del mes pasado: "Señora Kingston, su salud cardíaca se está deteriorando rápidamente debido al estrés crónico y la depresión. Si no reduce la presión emocional, su cuerpo va a colapsar". Antes de casarse, era una mujer sana y llena de vida. Ahora, el matrimonio la estaba matando literalmente. Miró de reojo el asiento del copiloto. Allí, dentro de una carpeta de cuero, descansaba el acuerdo de divorcio que había redactado en secreto, pero que nunca había tenido el valor de firmar. Durante tres años, se había engañado a sí misma pensando que estaba luchando por salvar su matrimonio. Pero esa noche, viendo la sonrisa de Julian hacia Vanessa, finalmente entendió la patética verdad: no estaba luchando por un matrimonio. Estaba mendigando amor a un hombre que la despreciaba. Y ninguna mujer debería tener que arrodillarse para ser amada. Chloe miró la carretera oscura frente a ella, mientras sus dedos acariciaban el borde de la carpeta de divorcio, y por primera vez en tres años, una sonrisa fría y decidida apareció en sus labios. La decisión ya no era dolorosa. Era necesaria. Tenía que terminar con ese matrimonio.CAPÍTULO 114- NO PUEDES LUCHAR CONTRA ESO QUE SIENTESJulian se quedó completamente paralizado por esa confesión. —¿Soy tuyo? En el fondo, ella sabía que ya había dicho demasiado, pero en ese punto estaba demasiado enfadada y alterada como para dar un solo paso atrás. —Sí —afirmó sin dudar. Julian la sujetó del mentón mirándola fijamente a los ojos. —¿Y tú eres mía? Después de eso, se produjo una pausa helada en el aire, hasta que… —No —soltó ella. Julian quedó en auténtico shock ante la respuesta. Sin embargo, y de forma totalmente contraria a lo que Chloe esperaba, dejó escapar una risa. La contradicción de la situación era sencillamente absurda. —Eres imposible —murmuró sacudiendo la cabeza. Pero Chloe no estaba para risas ni juegos. —No vuelvas a besarla. —Ella me besó a mí. —Me da absolutamente igual. —Eso ya lo noté —ironizó él. Se miraron en silencio durante unos segundos eternos. Ninguno de los dos decía una sola palabra, pero la tensión ent
CAPÍTULO 113 - ¡PORQUE ERES MÍO!Chloe entró al edificio con la carpeta de documentos en las manos como la excusa perfecta. Mientras buscaba con la mirada los ascensores, sus ojos se desviaron hacia la cafetería del primer piso… y se le fue el color del rostro, porque lo vio.Julian estaba sentado a una de las mesas junto a la que definitivamente era Madyson.Se detuvo en seco.Él se veía completamente distinto a como se había mostrado con ella durante esos últimos días; lucía relajado, en calma.Madyson conversaba animadamente con él e incluso Julian soltó una pequeña risa por algo que ella comentó.A Chloe le molestó ver esa chispa en su rostro, pero lo que verdaderamente le desgarró el alma fue la evidente familiaridad entre ambos.Madyson sabía perfectamente cómo hablarle, y Julian se sentía cómodo a su lado.Fue en ese preciso instante cuando retumbó en su mente la frase de Harper: «Ella es la única responsable de que él siga aquí».De pronto, la psiquiatra estiró el brazo sobre
CAPÍTULO 112 — LA MUJER QUE ESTUVO AHÍPasaron unos días y Chloe mantuvo firmemente su decisión.No buscó a Julian en ningún momento y él tampoco volvió a perseguirla.En teoría, eso debería haberle dado paz; sin embargo, no se la dio.La realidad era que no había dejado de pensar en esa mujer desde que Harper se lo reveló: Madison.La psiquiatra.La persona que estuvo ahí, a su lado, cuando ella no pudo estarlo.Y, por encima de todo, el asunto del intento de suicidio la afectaba muchísimo más de lo que quería admitir.Saber que Julian había intentado quitarse la vida por ella la destrozaba por dentro, recordando cómo, en ese entonces, ella estaba criando sola a su hija, escondiéndose de Alberth y fingiendo estar muerta, mientras Julian se rompía en mil pedazos.Más tarde, por cuestiones de trabajo, necesitó localizarlo de manera urgente, por lo que llamó a su secretaria.—El señor Kingston salió —informó Eva.—¿Adónde fue?—Tenía una cita con la doctora Bennett.Chloe se quedó compl
CAPÍTULO 111 — YA SOBREVIVIÓ UNA VEZChloe estaba realmente mal.Y es que la abrumadora situación de tener que encontrar los libros espejo, sumada a la angustia de ocultarle la verdad a Julieta y a la constante presión de Isaac insistiendo en que debía alejarse de una vez por todas, la sobrepasaba.Sin embargo, no era solo eso lo que la carcomía por dentro: extrañaba a Julian.Haberle dicho todo lo que le dijo no había sido nada fácil, y ahora echaba de menos desesperadamente aquello que, aunque fuera poco, era lo que compartían.De repente, el estridente sonido del intercomunicador de su oficina la sacó de sus pensamientos.Ella presionó el botón y respondió:—¿Qué pasa, Eva?—Señora... —La secretaria sonaba sumamente nerviosa—. La señorita...La mujer no pudo terminar la frase porque la puerta de la oficina de Chloe se abrió de par en par.Harper estaba ahí.Lucía elegante, con el cabello suelto y su pronunciada barriga de embarazada, mientras fijaba una mirada llena de firmeza sobr
CAPÍTULO 110 — COMO DIGA, SEÑOR KINGSTONLa tensión entre Chloe y Julian llenó por completo el espacio, sumergiendo la habitación en un pesado silencio.Julian apretó los puños a los costados, sintiéndose profundamente enojado y dolido por dentro, pero, a la vez, impulsado por un ferviente deseo de no seguir arrastrándose.Con determinación, dio un paso firme hacia ella.—¿Estás segura?Chloe fingió una frialdad y dureza absolutas.—Sí.—¿De qué exactamente? —insistió él, encarándola.—De que ya es suficiente de que te metas en mi vida —sentenció Chloe sin titubear— y de que pretendas investigar cosas que simplemente no te interesan.Al escuchar sus palabras, Julian sintió un golpe devastador directo a su ego, pues, para él, se trataba de la vida de su propia esposa.Él no buscaba juzgarla, solo quería entender qué demonios estaba pasando.Sin embargo, comprendió que todo en esta vida tiene un límite y dio un paso atrás, distanciándose.—Está bien.Chloe parpadeó, descolocada por su re
CAPÍTULO 109 — A UNOS METROS DE LA VERDADChloe entró en el baño y cerró la puerta, sintiendo cómo el corazón le latía desbocado en la garganta.Afuera, Julian se quedó parado mirándola con evidente suspicacia.Ya dentro de la privacidad del baño, aceptó la videollamada y la imagen de Cristine apareció en la pantalla.—Chloe, buenos días.Chloe tragó saliva, tratando de disimular los nervios.—Hola, Cristine.—Perdona que te llame tan temprano —se disculpó su amiga—, pero quería contarte sobre los resultados de mis exámenes médicos. El doctor dice que solo es artritis, nada grave, pero me recetó unas pastillas horribles, ¿puedes creerlo?Chloe forzó una sonrisa incómoda, sintiendo que Cristine había escogido el peor momento posible para llamar.—Me alegra mucho que estés bien... pero estoy un poco ocupada ahora mismo...—Julieta está aquí —la interrumpió Cristine—. Quiere verte.Al escuchar ese nombre, el corazón de Chloe se detuvo por completo.Del otro lado de la puerta, Julian perm







