FAZER LOGINCAPÍTULO 2 - LA ESPOSA PERFECTA
Al día siguiente de que el escándalo en los medios se disipara por completo bajo el control de las relaciones públicas, una aparente normalidad regresó al edificio corporativo del Grupo Kingston.
Chloe caminaba hacia su propia oficina sosteniendo una pila de informes financieros, cuando sus pasos se detuvieron en seco al pasar junto a la sala de juntas principal.
Las puertas de cristal no estaban cerradas por completo.
En el interior, se llevaba a cabo una reunión de urgencia sobre el nuevo proyecto de infraestructura estatal.
A través del cristal esmerilado, Chloe vio cómo los directivos y el círculo íntimo de su esposo soltaban carcajadas ruidosas. Eran las mismas burlas mezquinas a las que ya se había acostumbrado, por el hecho de ser pobre y no haber aportado nada al matrimonio con un Kingston, pero ver a Julian sonreír de medio lado con total pereza, asintiendo ante los chistes corporativos que hacían a costa de su dignidad, le congeló el aire en los pulmones.
Esperó en silencio una palabra de su parte, un límite o un destello de respeto profesional.
Pero no hubo nada.
Para él, que su esposa fuera el hazmerreír de la junta directiva debido al escándalo de la noche anterior con Vanessa era un asunto irrelevante, tragándose la humillación, dio un paso atrás, se dio la vuelta con lentitud y caminó hacia su oficina en absoluto silencio.
Cuando cerró se recostó un momento con los ojos cerrados, respirando, poniendo en práctica los consejos de su médico, sin embargo, mientras viviera con Julian nada de lo que hiciera mejoraría su salud.
Caminó hacia el escritorio y tomó los papeles.
Era completamente cierto que ella no tenía dinero ni un apellido de alcurnia. Su madre había sido una humilde maestra de escuela primaria que había fallecido a causa de una dolorosa enfermedad cuando ella tenía apenas doce años y su padre, un policía devoto, que había muerto en cumplimiento del deber unos años atrás.
Su tío quien la había criado, era el chófer de absoluta confianza del abuelo de Julian.
Por esa simple razón de cercanía laboral, ella y Julian se conocían desde que eran niños.
Al casarse con Julian, el viejo patriarca de los Kingston, quien sentía un profundo cariño y una deuda de gratitud hacia su familia, la había colocado estratégicamente en la empresa.
El anciano conocía sus altas calificaciones académicas y su impecable carrera en finanzas, la nombró vicepresidenta con el objetivo de que apoyara a su nieto.
Aunque la familia siempre decía públicamente que era para "apoyarlo", la cruda realidad era otra: el abuelo quería que Chloe fuera el freno de mano de Julian, quien poseía un carácter impulsivo, arrogante y sumamente difícil para los negocios.
El viejo confiaba en la mente fría de Chloe para proteger el patrimonio familiar.
Desafortunadamente, ella nunca había sido capaz de controlarlo.
Julian la veía como una imposición, un grillete que su abuelo le había atado al tobillo.
Y por mucho tiempo se esforzó por hacerlo bien, demasiado bien, pero ahora, había dejado de importarle.
La voluntad de seguir desgastando su salud, su juventud y su dignidad por un hombre que la consideraba un adorno molesto se evaporó por completo en ese instante.
Y en cambio quedó una calma extraña, fría.
No quería ser el obstáculo en el camino de Julian Kingston hacia su verdadera felicidad con Vanessa, ni pretendía seguir siendo el hazmerreír de su junta directiva.
Se arregló el traje, se retocó el lápiz labial frente al espejo para ocultar la palidez de su rostro, tomó una carpeta de cuero con los presupuestos estatales que requerían su firma obligatoria y colocó los papeles del divorcio justo debajo, perfectamente alineados y con paso firme y la espalda erguida, caminó hacia la oficina de la presidencia.
Justo cuando se acercaba al umbral, la imponente puerta de madera se abrió y Julian salió, acomodándose el reloj de pulsera. Al verla de frente, él detuvo sus movimientos y mostró un destello de sorpresa al notar una frialdad inusual y cortante en los ojos azules de su esposa.
—¿Pasa algo? —preguntó él, manteniendo su habitual tono de superioridad.
—Necesito que firmes unos documentos importantes —dijo ella, con una voz completamente neutral y desprovista de la calidez que solía ofrecerle.
Julian regresó a su escritorio de caoba.
Tomó un bolígrafo de plata de su organizador y recibió la carpeta que ella le extendía.
Firmó el primer presupuesto sin leerlo, confiando en la eficiencia técnica de ella.
Bolígrafo aquí, firma. Deslizó la hoja. Firmó el segundo documento. Bolígrafo allá, iniciales escritas con trazo rápido.
Chloe esperó pacientemente, contando hasta tres en su mente en absoluto silencio. En cuanto él terminó con los asuntos de la empresa, ella estiró la mano y deslizó con suavidad el acuerdo de divorcio.
—Esto también —dijo, manteniendo la mirada fija en él.
Julian recorrió el encabezado en letras mayúsculas y el bolígrafo de plata se detuvo a escaso medio centímetro del papel, suspendido en el aire.
El silencio en la oficina de la presidencia se volvió tan denso que podía cortarse con un cuchillo.
—Revisa tu agenda con tu asistente —continuó Chloe, sin que le temblara una sola cuerda vocal—. Esta misma semana vamos al registro a introducir formalmente el trámite de divorcio.
Con el bolígrafo suspendido en el aire y la respiración contenida, el implacable CEO de la ciudad se quedó completamente sin palabras.
CAPÍTULO 114- NO PUEDES LUCHAR CONTRA ESO QUE SIENTESJulian se quedó completamente paralizado por esa confesión. —¿Soy tuyo? En el fondo, ella sabía que ya había dicho demasiado, pero en ese punto estaba demasiado enfadada y alterada como para dar un solo paso atrás. —Sí —afirmó sin dudar. Julian la sujetó del mentón mirándola fijamente a los ojos. —¿Y tú eres mía? Después de eso, se produjo una pausa helada en el aire, hasta que… —No —soltó ella. Julian quedó en auténtico shock ante la respuesta. Sin embargo, y de forma totalmente contraria a lo que Chloe esperaba, dejó escapar una risa. La contradicción de la situación era sencillamente absurda. —Eres imposible —murmuró sacudiendo la cabeza. Pero Chloe no estaba para risas ni juegos. —No vuelvas a besarla. —Ella me besó a mí. —Me da absolutamente igual. —Eso ya lo noté —ironizó él. Se miraron en silencio durante unos segundos eternos. Ninguno de los dos decía una sola palabra, pero la tensión ent
CAPÍTULO 113 - ¡PORQUE ERES MÍO!Chloe entró al edificio con la carpeta de documentos en las manos como la excusa perfecta. Mientras buscaba con la mirada los ascensores, sus ojos se desviaron hacia la cafetería del primer piso… y se le fue el color del rostro, porque lo vio.Julian estaba sentado a una de las mesas junto a la que definitivamente era Madyson.Se detuvo en seco.Él se veía completamente distinto a como se había mostrado con ella durante esos últimos días; lucía relajado, en calma.Madyson conversaba animadamente con él e incluso Julian soltó una pequeña risa por algo que ella comentó.A Chloe le molestó ver esa chispa en su rostro, pero lo que verdaderamente le desgarró el alma fue la evidente familiaridad entre ambos.Madyson sabía perfectamente cómo hablarle, y Julian se sentía cómodo a su lado.Fue en ese preciso instante cuando retumbó en su mente la frase de Harper: «Ella es la única responsable de que él siga aquí».De pronto, la psiquiatra estiró el brazo sobre
CAPÍTULO 112 — LA MUJER QUE ESTUVO AHÍPasaron unos días y Chloe mantuvo firmemente su decisión.No buscó a Julian en ningún momento y él tampoco volvió a perseguirla.En teoría, eso debería haberle dado paz; sin embargo, no se la dio.La realidad era que no había dejado de pensar en esa mujer desde que Harper se lo reveló: Madison.La psiquiatra.La persona que estuvo ahí, a su lado, cuando ella no pudo estarlo.Y, por encima de todo, el asunto del intento de suicidio la afectaba muchísimo más de lo que quería admitir.Saber que Julian había intentado quitarse la vida por ella la destrozaba por dentro, recordando cómo, en ese entonces, ella estaba criando sola a su hija, escondiéndose de Alberth y fingiendo estar muerta, mientras Julian se rompía en mil pedazos.Más tarde, por cuestiones de trabajo, necesitó localizarlo de manera urgente, por lo que llamó a su secretaria.—El señor Kingston salió —informó Eva.—¿Adónde fue?—Tenía una cita con la doctora Bennett.Chloe se quedó compl
CAPÍTULO 111 — YA SOBREVIVIÓ UNA VEZChloe estaba realmente mal.Y es que la abrumadora situación de tener que encontrar los libros espejo, sumada a la angustia de ocultarle la verdad a Julieta y a la constante presión de Isaac insistiendo en que debía alejarse de una vez por todas, la sobrepasaba.Sin embargo, no era solo eso lo que la carcomía por dentro: extrañaba a Julian.Haberle dicho todo lo que le dijo no había sido nada fácil, y ahora echaba de menos desesperadamente aquello que, aunque fuera poco, era lo que compartían.De repente, el estridente sonido del intercomunicador de su oficina la sacó de sus pensamientos.Ella presionó el botón y respondió:—¿Qué pasa, Eva?—Señora... —La secretaria sonaba sumamente nerviosa—. La señorita...La mujer no pudo terminar la frase porque la puerta de la oficina de Chloe se abrió de par en par.Harper estaba ahí.Lucía elegante, con el cabello suelto y su pronunciada barriga de embarazada, mientras fijaba una mirada llena de firmeza sobr
CAPÍTULO 110 — COMO DIGA, SEÑOR KINGSTONLa tensión entre Chloe y Julian llenó por completo el espacio, sumergiendo la habitación en un pesado silencio.Julian apretó los puños a los costados, sintiéndose profundamente enojado y dolido por dentro, pero, a la vez, impulsado por un ferviente deseo de no seguir arrastrándose.Con determinación, dio un paso firme hacia ella.—¿Estás segura?Chloe fingió una frialdad y dureza absolutas.—Sí.—¿De qué exactamente? —insistió él, encarándola.—De que ya es suficiente de que te metas en mi vida —sentenció Chloe sin titubear— y de que pretendas investigar cosas que simplemente no te interesan.Al escuchar sus palabras, Julian sintió un golpe devastador directo a su ego, pues, para él, se trataba de la vida de su propia esposa.Él no buscaba juzgarla, solo quería entender qué demonios estaba pasando.Sin embargo, comprendió que todo en esta vida tiene un límite y dio un paso atrás, distanciándose.—Está bien.Chloe parpadeó, descolocada por su re
CAPÍTULO 109 — A UNOS METROS DE LA VERDADChloe entró en el baño y cerró la puerta, sintiendo cómo el corazón le latía desbocado en la garganta.Afuera, Julian se quedó parado mirándola con evidente suspicacia.Ya dentro de la privacidad del baño, aceptó la videollamada y la imagen de Cristine apareció en la pantalla.—Chloe, buenos días.Chloe tragó saliva, tratando de disimular los nervios.—Hola, Cristine.—Perdona que te llame tan temprano —se disculpó su amiga—, pero quería contarte sobre los resultados de mis exámenes médicos. El doctor dice que solo es artritis, nada grave, pero me recetó unas pastillas horribles, ¿puedes creerlo?Chloe forzó una sonrisa incómoda, sintiendo que Cristine había escogido el peor momento posible para llamar.—Me alegra mucho que estés bien... pero estoy un poco ocupada ahora mismo...—Julieta está aquí —la interrumpió Cristine—. Quiere verte.Al escuchar ese nombre, el corazón de Chloe se detuvo por completo.Del otro lado de la puerta, Julian perm







