Share

Desastre

Penulis: Blondegirl
last update Tanggal publikasi: 2025-04-07 10:53:32

El tic-tac del reloj colgado en la pared de la clínica privada resonaba como un tambor en su cabeza.

Isabella tenía las manos frías, el estómago revuelto y una sola palabra dando vueltas como una nube negra en su mente: "imposible".

Había pasado poco más de un mes desde su encuentro con Alexander, el hombre que la había marcado para toda la vida.

—Señorita Reyes —llamó la enfermera con voz suave.

Isabella se levantó lentamente y entró al consultorio. La doctora era joven, de rostro amable. Llevaba una carpeta en la mano y una mirada que intentaba ser reconfortante.

—Ya tengo tus resultados.

Isabella asintió, pero no dijo nada. No podía. Sentía que si abría la boca, iba a vomitar el miedo. Jamás había estado tan asustada como en ese momento.

—Estás embarazada, Isabella. Aproximadamente de cinco semanas.

Silencio.

Todo a su alrededor pareció alejarse: el sonido, el color, el aire.

Su mano fue rápidamente hacia su garganta, sentía que no podía respirar. De pronto todo le estaba dando vueltas y el pánico se apoderaba de ella, congelando todo su cuerpo.

—¿Embarazada? —repitió, como si la palabra le supiera a idioma desconocido.

La doctora asintió con suavidad.

—¿Te gustaría que te recomiende un obstetra? ¿O necesitas apoyo psicológico?

Isabella negó con la cabeza. Se levantó como una autómata, rompiendo el pánico que la estaba atrapando, y salió con la receta en la mano, sin escuchar nada más.

Caminó por la calle con las piernas temblorosas, como si flotara. La ciudad seguía su ritmo indiferente.

Nadie parecía notar que el mundo de Isabella acababa de volverse del revés. Nadie parecía percatarse del caos que estaba teniendo lugar dentro de ella, ni de que estaba aterrorizada.

Cinco semanas ¡Cinco! La misma noche en que conoció a Alexander, aquel desconocido con ojos verdes y una sonrisa que la desarmó, ahora la había convertido en madre.

Aquel que desapareció de su vida con la misma rapidez con la que había llegado… aunque en realidad fue ella quien se marchó.

Pensó una manera de contactarlo, pero no tenía su apellido, ni su número, ni una manera de buscarlo. Solo su rostro grabado a fuego en su memoria.

Tenía los latidos de otro corazón dentro de ella… y no había forma de encontrar al padre.

---

Horas más tarde, Isabella entraba a la oficina donde trabajaba como asistente de diseño en una agencia de publicidad cutre, con jefes con egos inflados y valores inexistentes.

El señor Calderón, su jefe directo, la esperaba en su escritorio. La miró con la sonrisa que siempre le ponía los pelos de punta. Esa sonrisa que decía “sé que tienes miedo de perder tu trabajo, y eso me da poder”.

—Llegas tarde, Isabella.

—Tuve una cita médica —dijo ella, sin dar explicaciones.

—Tienes cara de haber recibido una noticia importante.

—Lo fue.

Él la miró unos segundos más. Luego se levantó, caminó hacia ella como si fuera dueño del espacio, de su tiempo, de su sueldo.

—Sabes, podrías haber evitado muchos de tus problemas si simplemente… hubieras sido un poco más amable conmigo.

—¿Amable? —repitió Isabella, conteniendo el temblor y el asco en su voz.

—No soy un monstruo, Isabella, pero todo el mundo tiene un límite. Y el mío se acabó.

Le extendió un sobre.

—Estás despedida.

Isabella no lo creyó al principio. Pensó que era una broma, una amenaza más, pero cuando abrió el sobre y vio la notificación oficial, su cuerpo entero se congeló, por segunda vez en el día.

—No puedes hacer esto.

—Puedo, y lo hice.

Ella no podía permitirse un despido, no podía quedarse son trabajo con la noticia que justo había acabado de recibir.

Ahora no solo tenía que velar por sí misma, sino por otra vida, una que estaba creando en su interior y dependía de ella por completo.

A pesar del miedo, Isabella plantó sus pies con firmeza sobre el suelo y lo miró directo a los ojos con la amenaza clara en los suyos.

—No, no puedes porque, si lo haces, te acusaré con recursos humanos. Esta no es la primera vez que me insinúas lo mucho que hiciste cambiado mi posición aquí si hubiese... ¿cómo acabas de decir? ¡Ah, sí! Si hubiese sido más amable contigo.

La mirada de él se endureció.

—Creo que la noticia te ha afectado de mala manera. Yo nunca he insinuado nada.

—Lo has hecho, sabes que sí y, si me despides, me asegúrate de reportarte. Soy una excelente trabajadora y todos aquí me conocen, nadie dudará de mi palabra.

—Puede ser, pero sin pruebas ni testigos, solo será tu palabra contra la mía. La palabra del jefe ¿Quién se atreverá a decir algo? Vamos, adelante, te reto a que lo hagas.

Ella apretó los puños, temblando de rabia y miedo y, a pesar de que no quería mostrarse débil delante de ese imbécil, una lágrima se le escapó y rodó por su mejilla.

La ira le había ganado. Quería hacer algo, quería darle su merecido, pero estaba atada de pies y manos. No había nada que pudiera hacer.

—Me iré, pero recuerda bien mis palabras, un día reapareceré frente a ti y convertiré tu vida en un completo infierno. Te haré pagar con creces lo que me estás haciendo hoy. Que no se te olvide nunca.

—No harás nada. No eres más que una maldita perra con aires de grandeza —le respondió él escupiendo cada palabra.

—Puede que tengas razón, pero seré la maldita perra que acabe con tu vida. Te lo prometo y me lo prometo a mí misma.

Sin más, Isabella salió del edificio. La máscara de fortaleza de le cayó al estar sola y las lágrimas rodaron libres por sus mejillas.

Su vida estaba hecha todo un desastre.

Sin trabajo.

Sin ingresos.

Embarazada.

Sola.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Tres nuevas razones para el CEO    Un amor que lo supera todo

    La luz entra por los ventanales de la casa frente al mar, tiñendo todo de dorado. Afuera, las olas rompen con suavidad en la orilla, y el viento trae consigo el murmullo eterno del océano. Es un nuevo día, y en la vida de Valentina y Henry, también es un nuevo comienzo.Están sentados bajo una carpa sencilla en una feria benéfica que han organizado juntos. Henry, con una camiseta blanca con el logo de la fundación, ofrece cajas con productos artesanales. Valentina ríe mientras intenta coordinar a un grupo de niños voluntarios. La complicidad entre ellos es palpable: miradas cómplices, roces de manos, sonrisas que se escapan como suspiros.Él, ahora comprometido con ella, lleva un anillo sencillo, pero con un grabado especial: “Donde tú estés, empieza mi hogar”. Fue idea de él. Valentina lo besó cuando se lo puso, sabiendo que esta vez, sí podía confiar. Que el pasado ya no era una sombra, sino una enseñanza.—¿Sabes qué estoy pensando? —dice ella, mientras se sientan a descansar en

  • Tres nuevas razones para el CEO    Lo que merecen

    Tres años han pasado.La brisa que acaricia la costa es suave, como una caricia del tiempo que ha limpiado las heridas más profundas. En el mundo de Isabella, Alexander y los niños, la vida respira en paz. Pero lejos de ellos, en los rincones oscuros donde alguna vez germinó el rencor, la realidad ha seguido su curso. Justa. Implacable. Irrevocable.---CamilleEl reloj de la pared marca las mismas horas de siempre. Pero para Camille, ya no significan nada.Sentada en una silla acolchada que da a una ventana sin vista, murmura nombres que hace tiempo dejaron de responder. Su cabello está más corto, descuidado. Sus ojos vagan entre los pliegues del aire y el silencio, atrapados en una realidad alterna construida por los restos de su obsesión. Algunas veces sonríe. Otras, llora sin motivo aparente.El hospital psiquiátrico de alta seguridad se levanta en las afueras de la ciudad, invisible para el resto del mundo. Allí, Camille vive. O sobrevive. A veces, cuando las enfermeras la aco

  • Tres nuevas razones para el CEO    Más que el postre

    La luz del atardecer se filtra por las ventanas del hogar Blackwood, tiñendo las paredes de un dorado suave y acogedor. El aroma de una cena casera flota en el aire, mezclado con las risas infantiles que resuenan desde el jardín trasero. Emma, Liam y Gael están descalzos sobre el césped, corriendo entre juegos improvisados y carcajadas sinceras. Sus voces se entrelazan como una melodía que parece sellar con felicidad la historia que su familia ha construido.Isabella observa desde el umbral de la puerta, una sonrisa tranquila en los labios y una copa de vino en la mano. Su vestido blanco ondea con la brisa ligera, y sus ojos, antes tan llenos de miedo y fatiga, ahora están colmados de calma. Alexander se acerca por detrás, rodeándola con los brazos. Apoya el mentón en su hombro y ambos observan en silencio la escena frente a ellos.—Son tan felices —susurra Isabella.—Como su madre —responde él, besándole suavemente la mejilla.La casa resplandece de vida. En la cocina, Valentina h

  • Tres nuevas razones para el CEO    De vuelta a casa

    Detrás de ellos, un grito rompe la magia: —¡Tía Valentina! ¡Gael está atrapado en la trampa para ardillas y Liam no quiere rescatarlo porque quiere ser rey! —¡Mi reinado comienza hoy! —se escucha la voz de Liam, digna de una película de aventuras. Valentina suspira, divertida. —Vamos, rey destructor. Tenemos un rescate que hacer. Henry la sigue. Ambos corren hacia los niños con sonrisas desbordadas. Ese día no hay grandes promesas. No hay juramentos eternos. Solo hay café, panqueques, risas y una fotografía vieja que marca el inicio de algo nuevo. A veces, los milagros empiezan así. En lo simple. En lo cotidiano. En el amor que renace sin pedir permiso. Porque a veces, quedarse también es una forma de volar. La noche cae sobre la ciudad con una brisa suave que se cuela por las ventanas abiertas del apartamento de Valentina. En la sala, una manta gigante está extendida en el suelo, rodeada de cojines, palomitas, refrescos y una cantidad sospechosa de dulces que los niños han lo

  • Tres nuevas razones para el CEO    Buenos cimientos

    La casa de Valentina respira vida. Es una melodía caótica y tierna: risas desbordadas, pasos diminutos corriendo por el pasillo, canciones inventadas al instante, gritos de guerra entre príncipes y dinosaurios. El reloj apenas marca las nueve de la mañana, pero parece que han vivido ya un día entero. —¡No puedes casarte con un cactus, Gael! —grita Emma, arrastrando su capa de princesa hecha con una toalla rosa. —¡Puedo si lo amo! —responde Gael muy serio, abrazando la pequeña maceta del pasillo con la devoción de un actor de teatro. —¡El amor no tiene espinas! —proclama Liam, con una corona de cartón chueca y el torso cubierto con stickers de animales. Valentina los observa desde la cocina, taza de café en mano y sonrisa indeleble. Aunque parezca mentira, se siente en paz. Los niños llenan cada rincón de la casa con su energía, pero también con una ternura que le calienta los huesos. Isabella y Alexander están disfrutando de su luna de miel, y ella tiene el privilegio de

  • Tres nuevas razones para el CEO    Mío

    POV DE ISABELLA Alexander parecía no tener fin. Yo estaba ya agotada y susistiendo a sus embestidas mientras que él se veía íntegro, fuerte, hermoso mientras me penetraba cada vez más fuerte.La tenía tan grande, joder. Toda su dura extensión temblaba dentro de mí. Mi cuerpo respondía a sus temblores, lo apretaba desde el interior. Me clavó los dedos en la piel, me los hundió en las caderas. Con un manto de humo negro a su alrededor, como si de un viento negro se tratara, empezó a moverse. En primer lugar, despacio. Los tendones del cuello se le marcaban, orgullosos. Salió de mi interior apenas un par de centímetros. Los movimientos más leves lo acercaban cada vez más al orgasmo. Volvió a ponerse en movimiento, me embistió con las caderas, introdujo la polla un poco más con cada embestida. Iba a un ritmo que más bien era una tortura. Yo me había acomodado a él y la deliciosa fricción que crecía entre nosotros empezaba a convertirse en una agonía desesperada.—Por favor… —Alargué

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status