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last update publish date: 2026-09-03 13:12:44

POV de NINA

Era el tipo de día en que la naturaleza entera parecía detenerse para celebrar el triunfo definitivo de la quietud sobre la tormenta.

Dejé sobre la mesa de trabajo el último certificado emitido por la notaría de Santander, que acreditaba la inscripción definitiva de los terrenos colindantes a la villa como reserva protegida para la fundación Cantabria y Raíz. Los trámites habían concluido con una precisión milimétrica, completamente libres de asteriscos, cláusulas abusivas o la somb
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  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-33

    El despertador marcaba las siete y media de la mañana, pero el sonido que inundaba la habitación no era el pitido mecánico y urgente de una alarma rutinaria, sino el eco lejano y cristalino de la risa de Mateo corriendo por el pasillo de la planta baja.Abrí los ojos con una lentitud sosegada, sintiendo en cada músculo de mi cuerpo la extraña y maravillosa sensación de la paz absoluta. Durante años, despertar significaba revisar mentalmente el inventario de amenazas: evaluar el perímetro, comprobar el arma oculta bajo la mesita de noche, calcular los segundos de ventaja ante un posible ataque sorpresa. Hoy, en cambio, lo único que registraba mi mente era el aroma cálido a café recién hecho que se filtraba por debajo de la puerta y el peso reconfortante del brazo de Nina cruzado sobre mi pecho.Me giré con delicadeza para no despertarla. Su rostro descansaba plácidamente contra la almohada, con los labios ligeramente entreabiertos y el cabello castaño desparramado como un abanico de se

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-32

    POV de NINALos aplausos que habían sacudido las bóvedas centenarias del edificio dieron paso a una larga fila de lectores que aguardaban pacientemente con ejemplares de mi novela firmemente apretados entre las manos. Durante las siguientes dos horas, cada firma se transformó en un intercambio de miradas profundas, sonrisas cómplices y susurros de agradecimiento que me llegaron directo al alma.Hubo un momento particular que quedó grabado a fuego en mi memoria. Una mujer joven, de mirada intensa y manos ligeramente temblorosas, se acercó al estrado con el libro abierto por la mitad. Al levantar la vista hacia mí, sus ojos estaban anegados en lágrimas contenidas.—Gracias —me dijo con la voz rota, casi un hilillo de aire—. Cuando leí el capítulo sobre cómo rompiste las cadenas del silencio frente al comité directivo... sentí que por fin alguien ponía palabras a la pesadilla que yo misma viví en silencio durante años. Gracias por no callar.Le devolví la sonrisa con una mezcla de conmoc

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-31

    POV de THEOLos días posteriores a la llegada de los primeros ejemplares impresos a casa transcurrieron en una atmósfera de anticipación vibrante y luminosa. La fecha de la presentación oficial del libro de Nina en una de las librerías históricas más emblemáticas del centro de Madrid se acercaba con rapidez. Por primera vez en años, las agendas que manejábamos no contenían plazos judiciales, comparecencias ante tribunales de instrucción ni avisos de seguridad, sino itinerarios de firmas de libros, entrevistas con medios culturales y reuniones con editores entusiasmados por el fenómeno literario que estaba a punto de estallar en el mercado español e internacional.Eran las seis de la mañana cuando desperté. La luz del alba comenzaba a teñir las cortinas de la habitación con un tono dorado y suave. Me giré despacio sobre el colchón, buscando instintivamente el calor de Nina, pero su lado de la cama estaba vacío. Las sábanas aún conservaban la forma de su cuerpo, pero el suave susurro de

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-30

    POV de NINAEl timbre de la puerta principal rompió el silencio de la mañana con un repique seco y nítido que me hizo levantar la vista de la pantalla del ordenador. A través de los ventanales del estudio, el cielo de Madrid se extendía diáfano y azul, bañado por una luz de primavera que prometía un día apacible. Dejé escapar una exhalación suave, aparté los dedos del teclado y me levanté de la silla, sintiendo el crujir leve de las tablas de madera bajo mis zapatillas.Cuando abrí la puerta del recibidor, el repartidor de una conocida empresa de mensajería internacional me saludó con una sonrisa amable, sosteniendo en los brazos una caja de cartón marrón, compacta y sellada con cinta adhesiva de seguridad.—¿Paquete a nombre de Nina Audrey? —preguntó el hombre, extendiendo una pequeña tablet digital para la firma de recepción.—Sí, soy yo —respondí con el corazón latiendo a un ritmo ligeramente acelerado, aunque no de miedo, sino de una expectación inmensa.—Por favor, firme aquí. So

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-29

    POV de THEOEra una melodía suave y acústica que se desvanecía lentamente, reemplazada por el murmullo lejano de los pájaros saludando a un nuevo amanecer en Madrid.Abrí los ojos con total tranquilidad, estirando los músculos sin la tensión defensiva que durante años había gobernado cada fibra de mi cuerpo. A mi lado, Nina dormía profundamente, con el rostro relajado y un mechón de cabello castaño esparcido sobre la almohada blanca. Su respiración era pausada, el ritmo exacto de alguien que ya no tiene que vigilar las sombras ni calcular rutas de escape al cerrar los ojos por la noche.Me incorporé con cuidado de no despertar la, apoyando los pies descalzos sobre la madera cálida del suelo. Caminé hacia el ventanal y corrí ligeramente los visillos. Fuera, la urbanización residencial despertaba bajo una luz dorada y limpia de primavera. Las calles estaban en calma; los vecinos salían a trotar o paseaban a sus perros sin mirar por encima del hombro. El mundo seguía girando, pero para n

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-28

    POV de NINAEl parpadeo constante del cursor en la pantalla en blanco del ordenador parecía marcar el ritmo exacto de un latido nuevo, un compás que ya no estaba dictado por el miedo, la urgencia o la necesidad imperiosa de sobrevivir en los márgenes. Durante tres largos años, las únicas palabras que había plasmado sobre el papel habían sido notas de seguridad, coordenadas de huida, esquemas de protección y borradores de declaraciones que pretendían mantenernos a salvo de un monstruo corporativo con tentáculos en todas partes. Ahora, por fin, la pantalla estaba limpia. Y el teclado me pertenecía por completo.Levanté la vista del monitor y eché un vistazo alrededor de mi nuevo estudio. Las paredes, pintadas en tonos neutros y cálidos, estaban decoradas con estanterías de madera clara repletas de libros de literatura clásica, novelas contemporáneas y blocs de notas donde garabateaba los primeros capítulos de la obra que llevaba años gestando en silencio. A través de los amplios ventana

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