FAZER LOGINTome el primer taxi que pasó y cuando llegue al sitio indicado me quede boquiabierta mirando hacía todas partes.
El lugar era enorme y hermoso, una mansión como esas que solo se ven en las películas, con grandes jardines repletos de flores.
Le pagué al taxista y me baje del auto para acercarme hasta un enorme portón negro que era custodiado por dos hombres, los cuales sostenían en sus manos enormes armas de fuego, como una especie de rifle, creo, sinceramente es la primera vez que veo una cosa así en persona y me sentí algo nerviosa.
"Acaso está gente es famosa, mafiosa o que carajos"-Pensé para mi adentros.
Y algo vacilante, me acerque a los tipos para presentarme.
-Hola...
De inmediato clavaron su mirada en mi y colocaron sus diestras en un extremo de sus armas en completa sincronía, detallándome de arriba abajo... Admito que en ese instante si sentí pánico.
-Yo, yo, soy Stella, y vine porque... porque me ofrecieron un empleo como sirvienta.
No respondieron, pero uno de ellos se colocó un dedo en la oreja donde tenía una especie de auricular y empezó a hablar en otro idioma, mientras que el otro seguía observándome. Me cuestione si me habrían entendido o no.
-Disculpe, ¿Hablan español?
Continuaron ignorandome, pero el portón se abrió detras de ellos y se hicieron a un lado para que yo pudiera pasar.
-Gracias... maleducados-Susurre la última palabra.
-Te escuchamos-Aseguro uno de ellos, demostrando que si me habían entendido y que simplemente no quisieron responderme. No sentí vergüenza por haberlos llamado así, pero si tuve que apurar el paso.
De cerca todo parecía más impresionante. Me pare frente a la enorme puerta principal y cuando estuve apunto de tocar el timbre salió una señora algo mayor, que aparentaba poco más de cincuenta años, y supuse que era Violeta, ya que tenía cierto parecido con Julia.
-Hola, me llamo Stella y soy quien la llamo hace un rato por teléfono.
-Hola Stella, yo soy Violeta, y sinceramente me preocupa ver que solo eres una jovencita, creí que eras mayor cuando escuche tu voz.
-¡Lo soy!-Respondí de inmediato y con más desespero del necesario-Le aseguro que soy mayor de edad, tengo ventiuno.
-Te creo, pero igual pienso que eres demasiado joven para este empleo, no se si sepas manejar la presión de...
-Por favor señora Violeta-Rogué, uniendo mis manos palma con palma-De verdad necesito el trabajo, deme una oportunidad y le demostraré que se hacer de todo, no se va a arrepentir.
-Bueno, si Julia te recomendó por algo debe ser, yo confío en mi sobrina... Aunque te advierto que trabajar para los Lombardi no es nada sencillo.
-Hare mi mejor esfuerzo, se lo aseguro.
-Eso espero-Hizo seña para que pasara y lo primero que noté al entrar, fue la escalera en forma de caracol que estaba cerca la puerta-Te voy a explicar todo lo que debes hacer, y se que te parecerá demasiado, pero al final de mes devengaras un sueldo que hará que todo valga la pena.
-Eso último ya me llena de entusiasmo.
-Espero que pienses lo mismo de tus futuras tareas.
Inició dándome un recorrido por la planta baja, que se ve mucho más grande cuando estás dentro.
Me informó que deberé encargarme de la limpieza y de vez en cuando atender a los señores de la casa. Aseguró que no es necesario que me acerque a la cocina, ni al comedor principal, ya que cuentan con un chef profesional. Solo deberé hacerlo cuando uno de esos lugares amerite ser limpiado.
Conforme íbamos avanzando yo quedaba más fascinada con cada espacio de la mansión, y al mismo tiempo me daba jaqueca de solo pensar que tendría que limpiar todo eso, y eso sin contar que aun no habíamos ido a ver la parte de arriba, ni el patio donde hay una exorbitante piscina, según Violeta.
-Éste es el despacho del señor-Dijo abriendo dos enormes puertas y entramos a una especie de oficina-Debes cerciorarte de que siempre esté reluciente, no puede haber ni una particular de polvo... Las sillas, y ese sofá que está ahí-Señalo un mueble a nuestra derecha-Tienes que sacudirlos todos los días, así no haya sido utilizado.
-Entendido.
El lugar estaba repleto de libros ordénanos en estantes justo detrás de un bonito escritorio de madera, y sobre éste, había un portarretratos con la fotografía de unos recién casados, así que me acerque con algo de curiosidad.
La novia era una mujer muy bonita, pero con un bronceado algo exagerado, su cabello rubio estaba recogido en un elegante peinado que dejaba sueltos unos cuantos rulos, llevaba un enorme vestido blanco que resaltaba su escultural figura. La chica podría fácilmente bajarle el autoestima a cualquier mujer. Pero no fue eso lo que atrajo mi atención, si no, el verla a ella con el rostro contraído por una sonrisa de oreja a oreja, mientras que el novio, se veía muy diferente, totalmente inexpresivo, aunque me pareció bastante atractivo también.
Tenía el cabello negr*, largo y algo rizado, o más bien rebelde, que le llegaba un poco más abajo de las orejas, un rostro con facciones muy masculinas y llamativas, como sus intensos ojos de color marrón, y sobre ellos tenia unas cejas algo pobladas.
En cuanto a su cuerpo, se veía como alguien que se la pasa ejercitándose, mas no levantando pesas ya que a través de la tela de su elegante traje se podían apreciar unos músculos muy bien definidos pero no exagerados...
Ambos parecen igual de altos y resultaba difícil decidir quien de los dos era más apuesto, aunque a mi parecer, el puesto se lo llevaba él, pero ese solo era mi punto de vista.
-Ellos son los dueños de la mansión-Me informó Violeta, al notar mí indiscreta curiosidad-Ella es Elena y el, Salvatore. Son los señores Lombardi.
-Parece como si la fotografía la hubiesen sacado de una revista-Admití atontada-Pero se ven algo jóvenes para ser los señores, ¿Qué edad tienen?-De inmediato me arrepentí de haber abierto la bocata-Lo lamento, no quiero parecer una chismosa.
-Tranquila... En realidad si se cansaron siendo bastante jóvenes, ya llevan cuatro años de matrimonio y ahorita, Elena tiene veintiséis años y Salvatore veintisiete.
-Entonces supongo que contrajeron matrimonio porque están muy enamorados...¿Cierto?
Violeta puso cara de "no lo creo", y me pregunté por qué alguien querría cansarse siendo tan joven, si no es por esa razón.
-La fotografía habla por si sola, ahí puedes ver, quién está feliz y quién no parece estarlo.
Fruncí el ceño.
-¿Como puede alguien casarse sin estar enamorado?
-Como se nota que no conoces a el señor Massimo Lombardi.
-¿A quien?
-A el padre de Salvatore... Si ese hombre dice que debe caer nieve durante el verano, hasta el mismo cielo cumpliría sus órdenes. No ha nacido quién se atreva a llevarle la contraria-Se estremeció con solo hablar del hombre-Como te podrás imaginar, el fue quién arregló todo.
Sentí miedo de solo escuchar la referencia que me dio del tal Massimo.
-¿Y el vive aquí?, El padre de Salvatore-Intente mantener un tono neutro pero creo que se notó un leve temblor en mi voz.
-No... -Casi suspiré aliviada-El vive en Italia, pero viaja de vez en cuando para acá.
Esa última parte no me entusiasmo demasiado.
-Y supongo que Elena y Salvatore si están aquí.
-Tampoco, se encuentran de viaje y lo más probable es que regresen en una semana...ah, pero mucho cuidado con llamarlos por sus nombres, cuando te dirijas a ellos debes hacerlo con respeto, decirles señor y señora.
-Entendido mi generala-Me paré firme como un soldado y Violeta se sonrió.
-Ay Stellita, espero que al final de esta semana tengas ese mismo sentido del humor.
"Yo también espero lo mismo".
Ambas salimos del despacho y caminamos hasta una puerta que queda a pocos metros de distancia.
-Me faltó por mostrarte las habitaciones de arriba, y la alberca, pero eso puedo hacerlo más tarde...Por ahora necesito que pulas todos los adornos de la casa y para eso, tienes que cambiarte esa ropa y colocarte el uniforme.
-Comprendo.
-También debes traer tus cosas para que te instales aquí, aunque eso tendrá que esperar hasta mañana.
-¿Voy a dormir aquí?
-No pensarás viajar todos los días, ¿O sí?
-No, no, tiene razón, me parece bien quedarme aquí.
-Entonces en ese caso-Abrió la puerta que estaba frente a nosotras-Esta será tu habitación.
No pude evitar poner cara de asombro al ver el dormitorio que ocuparía.
-¿Te gusta?-Pregunto Violeta, con una media sonrisa, supongo que por mi expresión.
-Me encanta-Admití, caminando hasta la enorme cama que había en el centro, muy distinta a la colchoneta en la que suelo dormir-¿Éste cuarto es solo para mi?
-Si, esos de ahí son el baño y el closet-Señalo dos puertas adicionales que estaban a la izquierda-El el closet están los uniformes... cuando te hayas cambiado, me avisas para presentarte a los demás empleados, y después, para indicarte donde van a empezar a limpiar.
-Esta bien señora Violeta, muchas gracias.
-Lo de señora déjalo para los dueños de la casa, a mi llámame Violeta.
-Esta bien Violeta, y gracias de nuevo, por la oportunidad.
-No es nada, pero en serio espero que no me defraudes.
-No lo haré, lo prometo.
-Bueno Stella, mejor empieza a cambiarte que tenemos mucho trabajo que hacer.
-De inmediato.
Salió de la habitación y lo primero que hice fue lanzarme en la cama boca arriba con los brazos abiertos, sonriendo plácidamente porque era como acostarse en una nube suave y esponjosa.
-Definitivamente, me va a encantar éste empleó.
Si en ese instante hubiese sabido todo lo que sucedería en ésa mansión, nunca habría dicho esa frase... Por algo mi madre siempre me decía "No cuentes los pollitos antes de nacer".
*Meses después* SALVATORE. -¿Sabes lo terrible que es despertar y no ver a mi hermosa esposa junto a mi?-Le pregunto a Stella, luego de encontrarla en el despacho. -Me levanté temprano amor, y estabas durmiendo tan plácidamente que no quise despertarte. -¿No podías dormir?-Rodie el escritorio y la besé en los labios-Debiste levantarme. Despiértame, cuando sea y a la hora que sea... -No es eso, dormí muy bien, pero me levanté temprano y bajé para revisar algunos documentos de la fundación-Señaló la laptop y la miré con orgullo. Al final encontró un propósito. Ha creado una fundación que ampara a los más necesitados, a niños que están en situación de calle, incluso dicta charlas para parejas que quieran realizar una adopción, con el fin de que tomen en consideración a los niños de edad avanzada, y así ellos no se sientan desplazados, como sucedió con ella. Ayuda a personas como Julia, que han pasado por situaciones fuertes, las orienta a buscar Justicia en lugar de sentir vergüen
*Dos años después*-¿Dónde se habrán metido esos tres?-Me pregunté a mí misma.Me asomé en mi habitación y no estaban, ni en la de los gemelos, ni en la cocina, tampoco en la sala, y menos en la piscina, el único sitio que me faltaba por revisar era el despacho.Abrí las puertas y allí estaban, pude escuchar sus risas cuando notaron mi presencia -¿Se puede saber que hacen ahí metidos?-Pregunté, asomando la cabeza dentro de una cobija que estaba puesta como una especie de tienda de campaña-Salgan de ahí o van a arrugar su ropa. Ya es hora de irnos.-Ellos no saben de responsabilidades mi cielo-Comenta Salvatore, siendo el primero en salir.-Para eso estamos los adultos-Me llevé las manos a la cintura.Me observa detenidamente, y sonríe.-Estas hermosa, como siempre.-Gracias, me esmeré. Deberíamos haber salido hace diez minutos.-Minutos más, minutos menos, que importa-Se encoge de hombros.-Ojalá el Salvatore de hace cuatro años, pudiese escuchar lo que acabas de decir.-Probablement
-"Respira Stella, respira"-Tuve que recordarme yo misma, ya que estaba a punto de desmayarme por no llenar mis pulmones de aire...En solo un minuto deberé caminar hacia el altar y yo sigo aquí, intentando recordar cómo es que se inhala y se exhala el bendito oxígeno.-¿Preparada?-Pregunta Sebastián, detrás de mí, y me sobresalté cuándo escuché su voz-Veo que no, ¿Estás muy nerviosa?-Ni te imaginas cuánto...-Resople.Me observa detenidamente, y sonríe.-Estas muy bonita, pareces una princesa. Espero que no me lo tomes a mal.-Oh, no, no. Te lo agradezco, eres como mi hermano mayor y escuchar esas palabras me generan mucha confianza... Sinceramente no pensé que este momento fuese tan difícil, quizás hubiese sido más sencillo si uno de mis padres estuviese conmigo, pero, contar contigo es bastante reconfortante-Sonreí ampliamente-Y, por cierto, tú también estas muy guapo.-Gracias. Y, no es que yo sea exactamente una figura paterna para ti, pero ya que me ves como un hermano mayor, me
-Papá, ¿Quieres pedirle perdón a Stella?-Pregunta mi cuñada, y el hombre pestaña dos veces para afirmar.-No me pida perdón a mi señor Massimo, mejor pídaselo a Dios para que pueda permitirle descansar en paz-Me acerco un poco más, intentando que mis ojos no muestren lástima, sino compasión, y le digo en voz baja-Le voy a confesar algo que tal vez le traiga un poco de alegría en estos momentos de agonía que ha vivido.Hice una pausa momentánea y sentí como mi italiano me sostuvo por la cintura, busque su rostro para ver si lo que quería era que callara, pero no, la expresión que mostró fue de apoyo, así que continúe.-Señor Massimo, al final mis hijos si llevan su apellido.Abrió los parpados más de la cuenta, y suspiró cómo si sintiera calma, y tuve que aclarar.-No lo hice por usted, lo hice por su hijo, por mi Salvatore... Él, es un hombre maravilloso y lo merecía, aunque sé que, de igual forma a usted, eso le genera alivio-Pestaña dos veces para confirmar y yo asiento con la cabez
-¡Dios mío!, ¡Esto es un castillo!-Exclama una voz femenina bastante conocida, era mi amiga.Aun teniéndolos a los dos al frente, no podíamos creer que hubiesen venido.-No me vean así, estoy aquí porque ella me convenció-Dice Sebastián, señalando a la pelirroja que trae al lado-Esta casa solo me trae malos recuerdos.Debí imaginar que mi amiga estaba detrás de todo esto, y él, está demostrando que literalmente, hace lo que sea por ella.Antonella no se aguanta y corre a darle un fuerte abrazo a su hermano, y en respuesta, recibe un sonado beso en la mejilla.-Es bueno verte hermano-Dice Salvatore, acercándose a la emotiva escena, y la chica aprovecha para abrazarlos a los dos al mismo tiempo.Julia, camina en mi dirección y después de saludarla, le dije en voz baja:-Gracias por convencer a Sebastián de que viniera, para sus hermanos era importante volver a reunirse.-Lo hice porque no sé si el viejo está tan mal como pensamos, en realidad vine por ti, no podía dejarte sola.Extendí
Siempre he sentido ilusiones de viajar...Volar en avión me pareció divertido y aterrorizante al mismo tiempo. Los gemelos se portaron bastante bien durante el vuelo y cuando aterrizamos, sentí algo de emoción. Me entusiasma conocer la tierra donde nació mi amado Salvatore, aunque las circunstancias no resulten del todo agradables...Un chofer nos recogió en el aeropuerto, y pude ver parte de la ciudad cuando íbamos en camino, no hay duda de que Italia es preciosa.Cuando llegamos a casa del señor Massimo, mi mandíbula casi toca el piso. Es como un enorme palacio, hace que la mansión parezca una simple casa de campo.-Bienvenida-Dice mi pelinegro sin mostrar el mínimo rastro de alegría, y yo sonrió por amabilidad.Sé que, aunque no lo platique, la situación con su padre lo tiene preocupado...Salimos del auto y de inmediato unas personas se nos acercaron para saludar y ayudarnos a bajar nuestro equipaje.Yo cargue a Alessandro, y él, a Isabel, y entramos tomados de la mano.-Es demasi







