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Capitulo 5

Autor: Melissa
last update Data de publicação: 2026-06-05 23:13:19

– Unos ojos imposibles de olvidar

Lia se puso de pie, intentando mantener la calma. —Sí, señor —respondió, con la voz un poco más débil de lo que esperaba. —Venga a mi oficina.

Ella lo siguió con paso lento, con el corazón retumbando en el pecho. Entró detrás de él. Adrián estaba de espaldas, observando la ciudad desde la ventana, con su traje perfectamente ajustado, la espalda recta y la postura de alguien acostumbrado a mandar.

—Quiero que suspenda todo lo planeado para hoy —dijo él sin mirarla.

—Pero, señor… hoy tiene la junta con los socios de Nueva York —respondió Lia, intentando sonar profesional.

—Lo sé —replicó él con firmeza—. Sin embargo, quiero que usted se encargue de explicarles la situación.

—¿Sucede algo grave? —preguntó ella con cautela.

—Mi abuelo está enfermo —respondió Adrián, al fin dándose la vuelta. Su mirada la atravesó por completo—. Debo estar a su lado.

Lia tragó saliva, intentando parecer profesional. —Entiendo, señor. —¿Cómo se encuentra su abuelo ahora?

—Está mejor —dijo él. Su voz bajó un poco—. Le agradezco que pregunte. Fue una noche… horrible.

Los pensamientos de Lia se desordenaron. Entonces… él pasó la noche con su abuelo en el hospital. No pudo haber estado en el baile. Entonces, ¿quién fue ese hombre? Se reprendió mentalmente. Basta, Lia. No puedes estar pensando que tu jefe es ese desconocido. Eso sería una locura.

Adrián la observó unos segundos, como si intentara descifrar sus pensamientos. —¿Sucede algo? —preguntó, arqueando una ceja.

—No, señor. Nada —respondió ella rápidamente.

—Bien. ¿Algo más que necesite decirme?

—No, señor. Es todo.

—Puede retirarse entonces.

Lia dio unos pasos hacia la puerta, sintiendo la mirada de Adrián sobre su espalda. Cuando salió, respiró hondo y apoyó su mano sobre el escritorio. «Qué alivio… no era él». Se dejó caer en su asiento y susurró para sí:

—¿Quién será ese hombre con quien pasé una noche tan… encantadora?

Mientras tanto, en el despacho, Adrián seguía frente a la ventana. Su expresión era fría e impasible. Sin embargo, sus pensamientos, lejos de ser tranquilos, estaban en guerra.

Apoyó las manos en el borde de la ventana, observando las calles desde lo alto. El sonido del teléfono interrumpió el silencio. Deslizó la pantalla y respondió.

—¿Sí, madre?

—Hijo, tu abuelo ya está mejor —dijo la voz dulce de su madre—. Lo acaban de pasar a una habitación más amplia y cómoda.

Adrián cerró los ojos un instante. —Qué bueno, madre. Me alegra oírlo.

—Estimado hijo, entiendo que este tema no es de tu agrado; sin embargo, tu abuelo desea que tú contraigas matrimonio.

Adrián soltó un largo suspiro, conteniendo la molestia. —Lo sé, mamá. Sin embargo, ya te he dicho que no pienso casarme todavía.

—Aun así —insistió ella—, harías muy feliz a tu abuelo si al menos le presentas a alguien.

Adrián miró su reflejo en el cristal, el rostro que el mundo veía: serio, impenetrable, el del empresario que todos respetaban… y temían. —Está bien, mamá. Hoy le presentaré a alguien —dijo con voz fría. —Perfecto, hijo. Te espero.

Colgó. Adrián dejó el teléfono sobre el escritorio y se sentó. Cruzó los brazos, pero su mente se fue de inmediato a aquella noche. A esa mujer. A su perfume. A cómo ella se estremecía bajo su toque. Aún no sabía su nombre. El recuerdo lo golpeó con la fuerza de un disparo.

Flashback: Adrián había abierto los ojos lentamente. Antes del amanecer aún se encontraba en el hotel. Giró la cabeza… y allí estaba ella, dormida a su lado, con la máscara aún cubriéndole parte del rostro. El cuerpo cubierto por las sábanas, el cabello desordenado sobre la almohada. «¿Quién eres?», pensó mientras se acercaba un poco. Extendió la mano con cuidado, queriendo retirar la máscara para verla por completo. Sin embargo, justo en ese momento, el sonido insistente de su teléfono lo sobresaltó. Lo tomó de la mesita y vio el mensaje: Hijo, ven al hospital. Tu abuelo acaba de sufrir un infarto”. El corazón le dio un vuelco. Se levantó de golpe, recogió su ropa y se vistió en cuestión de segundos. Miró una última vez hacia la cama. Ella se movió ligeramente, como si fuera a despertar. Por un segundo dudó. Quiso dejarle una nota, un nombre, algo. Sin embargo, no lo hizo. No dejaba rastros. Nunca. Salió del hotel sin mirar atrás.

Fin del flashback

Ahora, sentado frente a su escritorio, Adrián volvió a pasar una mano por el cabello, intentando disipar el recuerdo. ¿Por qué no podía sacarla de su cabeza? Golpeó suavemente el escritorio con los dedos. Esa mujer… no era como las demás. Había algo en su voz, en la forma en la que lo miró, que lo desarmó. No supo cuándo entró en su vida, pero desde esa noche, no podía dejar de buscarla en cada rostro que veía. Se puso de pie, ajustando su saco. Debía concentrarse en los negocios, no en un recuerdo. No en un error. Sin embargo, en el fondo, lo sabía: esa noche, algo cambió. Y aunque se negara a admitirlo… la quería de nuevo frente a él.

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