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Capítulo 61

Autor: Melissa
last update Fecha de publicación: 2026-07-24 21:08:36

Desde el umbral de la oficina presidencial, oculto tras la sombra del marco de madera de la puerta doble que permanecía entreabierta, Adrián la observaba en un absoluto silencio. Su figura imponente parecía absorber la penumbra del pasillo lateral.

Al ver la agitación contenida de los hombros de Lia y la forma en que ocultaba el rostro entre sus manos, Adrián sintió una punzada física en el centro del pecho, un dolor sordo que lo obligó a dar un paso hacia adelante. Quería acercarse a ella, que
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  • UNA NOCHE CON UN CEO DESCONOCIDO    Capítulo 109

    El peso de las cadenasAdrián caminó con paso firme hacia la zona donde aguardaban los invitados, la jueza y la familia. Las miradas de los asistentes se posaron sobre él con admiración y alivio, pero su rostro era una máscara rígida, desprovista de cualquier atisbo de júbilo. Al llegar junto a Irma, se inclinó ligeramente y le rozó la mejilla con un beso frío, distanciado y carente de afecto.—¿Contenta? —murmuró él con voz baja y áspera, solo para que ella pudiera escucharlo.Irma erguí el mentón con suficiencia, sosteniéndole la mirada con un brillo de descarado triunfo.—Sí —respondió ella con una sonrisa calculada—. Yo siempre consigo lo que quiero, Adrián.El hombre dejó escapar un suspiro pesado, cargado de un desprecio que apenas se molestó en disimular.—Acabemos con esta farsa de una vez por todas.Con un gesto adusto, Adrián indicó el camino hacia la mesa decorada donde la jueza de registro civil aguardaba con el libro de actas abierto. La pareja avanzó entre los aplausos e

  • UNA NOCHE CON UN CEO DESCONOCIDO    Capítulo 108

    La sombra del chantajeLia permanecía inmóvil junto al ventanal del dormitorio, contemplando con los ojos anegados en lágrimas el momento exacto en que el auto deportivo de Adrián abandonaba el estacionamiento del edificio. La angustia le oprimía el pecho de tal manera que apenas podía respirar. Cada segundo transcurrido desde su partida se sentía como una punzada directa al corazón.De pronto, la puerta principal del apartamento se abrió con estrépito. Pasos apresurados resonaron en el pasillo hasta que Laura irrumpió en la recámara, con el rostro pálido y la respiración agitada.—¡Lia! ¡Amiga, por Dios! ¿Qué pasó? ¿Qué sucedió aquí? —exclamó Laura, acercándose a toda prisa—. Adrián me envió un mensaje urgente al teléfono pidiéndome que regresara de inmediato y que por nada del mundo te dejara sola.Al escuchar el nombre de Adrián, Lia no pudo contenerse más. Dejó escapar un gemido ahogado, corrió hacia su amiga y se arrojó a sus brazos, sollozando con una desesperación desgarradora

  • UNA NOCHE CON UN CEO DESCONOCIDO    Capítulo 107

    El peso de la coronaIrma permanecía de pie en el centro de la amplia habitación de Adrián, contemplándose en el espejo de cuerpo entero. Vestía un diseño blanco y ceñido al cuerpo, de líneas sencillas pero impecables, pensado originalmente para la firma del acta matrimonial. En la mano derecha sostenía con fuerza el ramo de peonías y rosas blancas.—Te casarás conmigo, Adrián Valenti... Eso te lo aseguro —susurró para sí misma, con la mirada clavada en su propio reflejo, forzando una sonrisa de triunfo que no alcanzaba a ocultar la desesperación en sus ojos.El sonido agudo de su teléfono móvil rompió la tensión de la estancia. Irma contestó de inmediato, llevándose el dispositivo a la oreja con dedos temblorosos.—¿Aló?—Está con ella en su apartamento —resonó la voz de su padre al otro lado de la línea, seca y cargada de rabia reprimida—. Su amiga salió hace un rato; al parecer los dejó solos.El rostro de Irma se transformó. La rabia contenida le deformó las facciones; apretó el

  • UNA NOCHE CON UN CEO DESCONOCIDO    Capítulo 106

    La rendición de la piel y el refugio de las sombrasAdrián se aproximó a Lia con la determinación implacable de quien se niega a soltar lo que sabe suyo. Extendió los brazos, la tomó firmemente por la cintura y la pegó a su torso con una fuerza posesiva que sofocó cualquier intento de distancia.—Pero tú eres mía, Lia... —Murmuró él con voz ronca y sobrecogedora, clavándole una mirada ardiente que desafiaba cada una de sus mentiras.Lia lo miró a los ojos, sosteniéndole la firmeza a pesar del temblor interno que amenazaba con traicionarla.—No, Adrián. —No soy tuya —respondió ella, forzando la voz para sonar distante—. Solo tenemos un contrato comercial que terminará muy pronto.Adrián dejó escapar una sonrisa de pura ironía. Elevó una mano, acariciando con la yema de sus dedos el contorno del rostro de Lia, desde la mandíbula hasta la curva suave de sus labios. Inclinó la cabeza despacio, acercando su boca a la de ella hasta que el calor de su respiración se volvió uno solo. Lia, inc

  • UNA NOCHE CON UN CEO DESCONOCIDO    Capítulo 105

    Con las manos heladas, presionó el botón verde y se llevó el auricular a la oreja.—¿Aló? —articuló Lia con un hilo de voz.—Lia... escúchame con atención —la voz del anciano resonó del otro lado, carente de cualquier calidez y cargada de una autoridad absoluta—. Si mi nieto está contigo en este preciso momento, solo voy a pedirte una sola cosa en nombre de la consideración y el respeto que nos hemos tenido durante este tiempo.Lia cerró los ojos con fuerza, sintiendo cómo una nueva lágrima se le escapaba.—Diga... señor Simón.—Mi nieto tiene que casarse hoy con Irma —ordenó el patriarca sin margen de negociación—. Esa alianza es vital para el futuro de la corporación y no voy a permitir que nada ni nadie la arruine. Te pido que te alejes de él definitivamente. Hazlo por el bien de la empresa y por el bien de Adrián. Entiéndeme, Lia.Lia apretó los labios hasta hacerse daño, sintiendo el peso aplastante del deber y del sacrificio sobre sus hombros. La felicidad de Adrián dependía de

  • UNA NOCHE CON UN CEO DESCONOCIDO    Capítulo 104

    Mentiras para salvarte—¿Señor... Adrián? —alcanzó a pronunciar Laura con la voz atascada en la garganta, retrocediendo un paso por el impacto de tener al imponente empresario frente a su puerta.Adrián la miró fijamente, con la respiración contenida y la mandíbula apretada. En sus ojos no había rastro del magnate distante de los periódicos corporativos, sino la sombra de un hombre desesperado por encontrar respuestas.—¿Está Lia? —preguntó él con voz grave y urgente.—Sí... sí, señor —respondió Laura, saliendo torpemente de su asombro—. ¿Puede pasar? Sí, claro, disculpe... Pase, por favor.Adrián cruzó el umbral del pequeño apartamento, invadiendo el lugar con su sola presencia. Pasó la mirada por el sencillo salón antes de girarse hacia la joven.—¿Dónde está Lia?Laura desvió la vista de inmediato hacia la puerta entreabierta al fondo del pasillo, señalando sutilmente la habitación. Adrián captó el gesto al instante.—Necesito hablar con ella a solas —dijo él, manteniendo la corte

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