Share

UN EXTRAÑO AROMA

Penulis: LauraC
last update Tanggal publikasi: 2025-05-13 04:26:26

Lyra presionó con fuerza el acelerador, y la carretera se volvió insuficiente ante la velocidad con la que huían. Miró de nuevo por el retrovisor: los vehículos seguían tras ellos.

Uno de los soldados del rey sacó un arma y comenzó a dispararles.

—Van a matarnos —dijo Lyra, apretando aún más el paso.

Kael, aferrado al pasamanos de la puerta, se encogió de hombros.

—No te resistas, Omega. Es lo mejor que podría pasarnos. Si sigues desafiándolos, nuestro destino final será aún más cruel.

«Maldita sea… solo queda una opción», pensó Lyra, al divisar la intersección que se abría frente a ellos. Un camino conducía al mundo de los lobos; el otro, a lo desconocido: el mundo de los humanos. No tenían elección. Sabía que, si tomaban esa vía los soldados no los seguirían; temían lo que habitaba al otro lado.

Sin pensarlo dos veces, tomó una decisión.

—Lyra, ¿qué camino tomaste? —preguntó Kael, frunciendo el ceño ante el olor que desprendía el asfalto.

—El mundo de los humanos, mi Alfa. No tenemos otra salida.

—¿Qué? —Kael recostó la cabeza contra el respaldo y maldijo en silencio. En el fondo, sabía que, para un Alfa marcado por la discapacidad y una Omega como ella, lo desconocido era la única alternativa.

Lyra no tenía certeza de hacia dónde se dirigían. Solo había escuchado leyendas sobre los valientes que lo arriesgaron todo y vivieron para contar sus historias en ese otro mundo.

Cuando llegaron a la ciudad, sus ojos se perdieron entre los edificios imponentes, las luces cegadoras y el bullicio incesante de los autos que colmaban las calles. Era perfecto. Un lugar ideal para pasar desapercibidos.

Tomó su teléfono y buscó un lugar en alquiler cercano. Decidida, condujo hasta una antigua casona en los suburbios de la ciudad, uno de los pocos sitios que se acomodaban a su ajustado presupuesto. Alquilaban pequeños departamentos, algo extraño para dos seres acostumbrados a los bosques infinitos y a los espacios abiertos, pero, por ahora, era lo único posible.

—Son quinientos al mes —anunció una mujer de aspecto áspero mientras les tendía un manojo de llaves y los observaba con desconfianza—. No quiero escándalos en este lugar.

Lyra aceptó las llaves con una sonrisa forzada y tomó la mano de Kael.

—No los tendrá, se lo aseguro.

Kael no dejaba de olfatear el aire. Todo le resultaba repulsivo, el olor a humedad, a encierro, y esa mezcla indescriptible de aromas humanos que se filtraba desde los otros departamentos. Con un gesto de desagrado, soltó la mano de Lyra.

—Déjame.

Ella abrió la puerta del pequeño departamento. Había gastado gran parte de la  mitad de sus ahorros en ese primer mes de alquiler y en lo mínimo indispensable para sobrevivir, pero no le importaba. Allí, al menos, estarían a salvo.

—¿Qué es este lugar pútrido, Lyra? —protestó Kael, recostándose pesadamente sobre su hombro. No dejaba de maldecir en voz baja.

—Es lo que pudimos conseguir con lo que teníamos —respondió ella, intentando sonar serena—. Pero te prometo que aquí estaremos seguros, al menos por un tiempo… hasta que te recuperes. Este será nuestro refugio.

Lyra miró a su alrededor con esperanza, mientras Kael se dejaba caer en un sillón viejo y gastado.

—¿A esto le llamas refugio? —escupió con desprecio—. Preferiría estar encadenado en la maldita mazmorra de mi hermano antes que vivir en este basurero. ¡Preferiría estar muerto!

Lyra esbozó una leve sonrisa. Las crudezas de Kael no lograban afectarla.

—Pues tendrás que acostumbrarte, Kael, porque no voy a dejar que mueras.

Mientras hablaba, comenzó a ordenar algunas cosas en un improvisado armario en la esquina del cuarto. Kael, desde el fondo, bufó con retorcido fastidio.

—Maldita sea mi suerte —murmuró.

—No me importa lo que digas, Alfa. He gastado todo mi dinero para traerte hasta aquí, para curarte, para darte de comer. Ahora me perteneces. Me lo debes.

—No te debo nada, Lyra. Yo no te pedí nada. Eres igual a los demás —espetó Kael, con una profunda rabia en la voz.

Se hizo un silencio tenso. Kael ya no encontró más palabras para defenderse. En el fondo, sabía que ella tenía razón. Lyra era la única que había hecho algo por él últimamente, aunque su orgullo le impidiera admitirlo.

—Te lo advierto, simple Omega… en cualquier momento podría romperte el cuello —gruñó Kael entre dientes, incorporándose de golpe, consumido por la ira.

Lyra interrumpió lo que hacía y se acercó a él. En lugar de retroceder o temblar, lo rodeó con los brazos y apoyó la cabeza en su pecho. Suspiró con suavidad.

—Debemos sobrevivir, mi querido Alfa. Aunque te cueste aceptarlo, solo nos tenemos el uno al otro.

Kael apartó sus brazos con brusquedad y retrocedió dos pasos.

—No me toques. Me repugnas, Omega. Te lo he dicho muchas veces: preferiría estar muerto antes que vivir en este asqueroso lugar. No sé por qué permití que me trajeras aquí.

Lyra no respondió. En su lugar, sonrió levemente y caminó hacia el baño, ignorando los gritos de Kael y la mirada cargada de desprecio que él le lanzaba.

—Voy a darme una ducha antes de dormir —anunció con calma, cerrando la puerta tras de sí.

Frente al espejo, se soltó el cabello con movimientos lentos. Entonces, algo extraño comenzó a sucederle. Sus piernas flaquearon de pronto y un crujido agudo le recorrió el cuello. Un mareo la obligó a sostenerse del lavabo. El calor le subía por la piel como una fiebre repentina.

Tomó un puñado de agua y se lo arrojó al rostro.

«Carajo… Debe ser cansancio», se repitió, pero algo en su cuerpo le decía que no era solo eso. El frío del agua no bastaba para aliviar lo que la atravesaba, y la sensación que la invadía parecía ir mucho más allá del agotamiento del viaje.

El calor comenzó a subirle desde el centro del cuerpo, atravesándole la pelvis con un ardor insoportable. La frente se le perló de sudor, y de pronto, el aire pareció escasear.

«No... no ahora…»

Sus manos, movidas por un impulso que no podía controlar, comenzaron a recorrer su pantalón, buscándolo todo en esa zona donde el fuego era más intenso. Sus mejillas ardían, y sus pechos, se endurecieron como un roble, causándole dolor.

«No, ahora ¡No!», gritó en su interior, desesperada.

Se sostuvo del lavabo, jadeante. Al alzar la vista, sus pupilas estaban dilatadas, y brillaban con un rojo cobrizo. Lo supo de inmediato: la cercanía de Kael había adelantado su celo. Y con él, llegaba una urgencia absoluta. Si no lo resolvía, podría morir.

«Carajo... puedo controlarlo.»

Abrió el grifo con brusquedad; el agua fría chirrió al salir y se estrelló contra su piel, pero apenas logró apaciguar el fuego que la consumía. Trató de respirar, de centrarse, pero el deseo la ahogaba.

Entonces, la puerta se abrió de golpe.

Kael apareció con los ojos entrecerrados, su rostro estaba tenso, respiraba agitado también —¿Qué... ? qué demonios es ese olor? —espetó desesperado.

El aroma que expedía Lyra lo envolvía como una llamarada. Era salvaje, dulce, como el humo de una hoguera mezclado con miel silvestre. Un perfume tan ancestral que despertó lo más profundo de su ser. Su lobo, dormido hasta ese instante, rugió en su interior.

Lyra se giró, y al quedar frente a frente, lo supieron.

La conexión era innegable. Instintiva. Dolorosamente real.

Ella... ella era su segunda compañera destinada.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • UNA OMEGA PARA EL ALFA CIEGO   EPILOGO

    Ya no había nada ni nadie que pudiera separarlos. Kael y Lyra se amaban con una intensidad que desafiaba todo lo vivido, y sin importar las circunstancias, lo único que deseaban era permanecer juntos.Kael había vuelto a la oscuridad; su vista se había desvanecido una vez más. Pero Lyra se convirtió en su guía, su apoyo incondicional. Meses después, sin necesidad del consejo de ancianos y sin obstáculos que los detuvieran, finalmente se casaron.Juntos, caminaban lentamente por el sendero iluminado por antorchas que los conducía al altar. Kael, aunque ciego, avanzaba con la certeza que solo puede dar lo que guardaba en su corazón. Lyra lo guiaba, apretando firmemente su mano, siendo ella su bastón. A su alrededor, el susurro de la manada y el rumor de las hojas les ofrecían su bendición.—Hoy —dijo Kael, con voz segura— será el verdadero comienzo de nuestra unión ante la manada.Lyra sonrió, apoyando la mano libre sobre su vientre con ternura.—Y también, el inicio de una vida juntos…

  • UNA OMEGA PARA EL ALFA CIEGO   VOLVIENDO AL AMOR

    De regreso a casa, Samuel y Sofía compartieron una mirada silenciosa, llena de comprensión. Sin necesidad de palabras, ambos se ofrecieron a cuidar de Ainara por el resto del día. Rose, con esa calidez natural en su expresión, se unió de inmediato, tomando en brazos a la pequeña, que jugaba entre risas con un mechón de su cabello.—Nos encargaremos de ella, Alfa —dijo Sofía con ternura—. Ustedes necesitan este momento, y algo de descanso.Kael asintió con gratitud, observando cómo se alejaban por el pasillo, llevándose con ellos a la pequeñita.La casa quedó en calma.Kael se giró hacia Lyra, y aunque la sombra de la ceguera comenzaba a empañar su vista, su alma aún sabía dónde encontrarla. Sus ojos la buscaron con la misma desesperación con la que había soñado con ella durante tantas lunas.—Lyra… —su voz era apenas un susurro—. Hemos atravesado tanto. Solo quiero saber… después de todo esto, tú… ¿tú quieres…?Ella lo miró con los ojos brillantes, sin titubeos.—Quiero estar contigo

  • UNA OMEGA PARA EL ALFA CIEGO   TODO HA SIDO SACRIFICIOS POR AMOR.

    Lyra se sentó junto a Kael sin decir palabra, simplemente lo observó en silencio. Él, con evidente torpeza, llevó la taza de té a sus labios.—Kael… dime, ¿qué está pasando? —preguntó con la voz baja, notando cómo sus manos temblaban ligeramente.—Mi vista ha ido empeorando con los días —respondió con un suspiro—. Ahora necesito usar lentes, aunque no sirvan de mucho.—¿Qué? —Lyra palideció—. Eso es imposible. Tú habías recuperado la vista por completo. ¿Qué está ocurriendo?Kael acarició su mejilla con ternura, y le ofreció una sonrisa que tenía más nostalgia que consuelo.—Eso no importa ahora. Lo único esencial es que tú estés bien.—Kael, no digas eso. Vamos al médico, debemos revisar qué te está ocurriendo, no puedes perder la vista de nuevo… no después de tanto.Ella desvió la mirada, angustiada. Sabía lo que implicaba que kael hubiera sabido su promesa a la Luna.—Claro que iremos —respondió él—. Pero solo para revisar cómo estás tú.—No tiene sentido, Kael. Yo voy a morir pron

  • UNA OMEGA PARA EL ALFA CIEGO   LAS PALABRAS NECESARIAS

    Los días siguientes al accidente fueron un limbo. Kael no se movió del hospital. Con Ainara dormida en sus brazos y el corazón temblando a cada segundo, esperó junto a la habitación donde Lyra luchaba en silencio por mantenerse con vida. Arkan se encargó de todo lo demás: de la manada, de los médicos, de silenciar los rumores. Kael sólo podía pensar en ella.Ainara sollozaba suavemente durante la noche, extrañando la presencia de su madre, pero Kael la calmaba con caricias torpes, con palabras dulces que jamás pensó pronunciar. Cada mirada a esa pequeña loba le recordaba que tenía una razón más para no rendirse. Para pelear por ambas, aprovechó para conocerla.Al amanecer del tercer día, el monitor que medía las constantes de Lyra marcó un ritmo más firme. Sus párpados, al fin, temblaron. Y entonces, despertó.—¿Ainara? —susurró con la voz rasgada por la sequedad.Kael ya estaba de pie antes de que la enfermera pudiera reaccionar. Abrió la puerta de la habitación y entró con su pequeñ

  • UNA OMEGA PARA EL ALFA CIEGO   UN MALDITO DESTINO CAPRICHOSO

    —¡Arkan, maldita sea, conduce más rápido! Tengo un mal presentimiento… no sé, siento que algo le está pasando a Lyra —gruñó Kael, apretando con fuerza el borde del asiento mientras sus ojos, ocultos bajo los lentes oscuros, temblaban por la ansiedad.—¡Alfa, voy a fondo! El acelerador está al máximo. Si vamos más rápido, terminaremos muertos en una zanja —respondió Arkan, forcejeando con el volante al tomar una curva peligrosa en la carretera montañosa.Kael no respondía. Su corazón palpitaba desbocado, su pecho dolía, y su lobo aullaba con desesperación. Algo no iba bien. Lo sentía en la sangre.Ferrer, por su parte, sostenía el volante con ambas manos, con los nudillos tensos. Su mandíbula estaba apretada, y los ojos, inyectados de furia.—No puedo creer que me trates de esta manera. ¡Maldita sea!, Lyra, te di todo. TODO —masculló, mientras miraba de reojo a la mujer que, en el asiento del copiloto, abrazaba con fuerza a la pequeña Ainara.—Ferrer… por favor, déjame ir. No tiene que

  • UNA OMEGA PARA EL ALFA CIEGO   UNA VERDAD REVELADORA

    Arkan había llevado a Kael hasta Hastings aquella mañana. Kael decidió usar lentes oscuros, alegando que la luz del sol le causaba malestar tras haber pasado tanto tiempo encerrado.Entró imponente a la compañía, su sola presencia imponía respeto. Recorrió el lugar con paso firme, memorizando cada rincón como si tratara de grabarlo en su mente. Su tacto, su olfato, y su oído parecían agudizarse más cada día, mientras sus ojos eran lentamente atrapados por una oscura telaraña que nublaba su visión. Su memoria, ahora, era su aliada más leal.—Dime, Beta… ¿a qué hora llegarán los inversionistas? —preguntó al notar el vacío del lugar.—Dijeron que vendrían temprano, es raro que no hayan llegado —respondió Arkan, mientras sacaba su teléfono y escribía con rapidez un mensaje para Ferrer:«¿Dónde estás? Ya deberían haber llegado.»El tiempo pasó. Diez minutos, luego veinte… y pronto, casi una hora. Ferrer no aparecía. El silencio era más elocuente que cualquier excusa. Arkan comenzó a sentir

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status