LOGIN—Helga, ayúdame, por favor, trae el auto. Está herido, muy mal, debemos llevarlo con nosotras. —¿Lo conoces? —preguntó Helga, confundida. —Sí… es Kael —su nombre escapó de los labios de Lyra con nostalgia. —¿Kael? ¿El Alfa exiliado de la manada Luna Oscura? ¿Qué demonios le pasó? No podemos llevarlo a casa, Lyra, es peligroso. Lyra ya comenzaba a atarlo con decisión, preparándose para levantarlo. Negó con la cabeza, no iba a dejarlo ahí, no a él, no después de todo lo que había pasado, no podría vivir con ese cargo de conciencia. —No voy a dejarlo aquí tirado como un animal moribundo. ¡ayúdame! *** Traicionado por la única mujer en la que confiaba, un poderoso Alfa queda ciego y marcado por el dolor. Herido, sometido y consumido por la rabia, se niega a aceptar que su nueva compañera destinada sea una simple omega, débil y proveniente de la manada más insignificante. Pero el destino es cruelmente sabio. Sin opciones, no le queda más remedio que aceptar su ayuda, aunque esto le cuesta mucho más que dignidad: le exige enfrentarse a sus propios demonios… y abrir su corazón a lo impensable. Porque a veces, la salvación llega en el envoltorio más inesperado… y el verdadero poder no ruge, sino que susurra con ternura.
View MoreYa no había nada ni nadie que pudiera separarlos. Kael y Lyra se amaban con una intensidad que desafiaba todo lo vivido, y sin importar las circunstancias, lo único que deseaban era permanecer juntos.Kael había vuelto a la oscuridad; su vista se había desvanecido una vez más. Pero Lyra se convirtió en su guía, su apoyo incondicional. Meses después, sin necesidad del consejo de ancianos y sin obstáculos que los detuvieran, finalmente se casaron.Juntos, caminaban lentamente por el sendero iluminado por antorchas que los conducía al altar. Kael, aunque ciego, avanzaba con la certeza que solo puede dar lo que guardaba en su corazón. Lyra lo guiaba, apretando firmemente su mano, siendo ella su bastón. A su alrededor, el susurro de la manada y el rumor de las hojas les ofrecían su bendición.—Hoy —dijo Kael, con voz segura— será el verdadero comienzo de nuestra unión ante la manada.Lyra sonrió, apoyando la mano libre sobre su vientre con ternura.—Y también, el inicio de una vida juntos…
De regreso a casa, Samuel y Sofía compartieron una mirada silenciosa, llena de comprensión. Sin necesidad de palabras, ambos se ofrecieron a cuidar de Ainara por el resto del día. Rose, con esa calidez natural en su expresión, se unió de inmediato, tomando en brazos a la pequeña, que jugaba entre risas con un mechón de su cabello.—Nos encargaremos de ella, Alfa —dijo Sofía con ternura—. Ustedes necesitan este momento, y algo de descanso.Kael asintió con gratitud, observando cómo se alejaban por el pasillo, llevándose con ellos a la pequeñita.La casa quedó en calma.Kael se giró hacia Lyra, y aunque la sombra de la ceguera comenzaba a empañar su vista, su alma aún sabía dónde encontrarla. Sus ojos la buscaron con la misma desesperación con la que había soñado con ella durante tantas lunas.—Lyra… —su voz era apenas un susurro—. Hemos atravesado tanto. Solo quiero saber… después de todo esto, tú… ¿tú quieres…?Ella lo miró con los ojos brillantes, sin titubeos.—Quiero estar contigo
Lyra se sentó junto a Kael sin decir palabra, simplemente lo observó en silencio. Él, con evidente torpeza, llevó la taza de té a sus labios.—Kael… dime, ¿qué está pasando? —preguntó con la voz baja, notando cómo sus manos temblaban ligeramente.—Mi vista ha ido empeorando con los días —respondió con un suspiro—. Ahora necesito usar lentes, aunque no sirvan de mucho.—¿Qué? —Lyra palideció—. Eso es imposible. Tú habías recuperado la vista por completo. ¿Qué está ocurriendo?Kael acarició su mejilla con ternura, y le ofreció una sonrisa que tenía más nostalgia que consuelo.—Eso no importa ahora. Lo único esencial es que tú estés bien.—Kael, no digas eso. Vamos al médico, debemos revisar qué te está ocurriendo, no puedes perder la vista de nuevo… no después de tanto.Ella desvió la mirada, angustiada. Sabía lo que implicaba que kael hubiera sabido su promesa a la Luna.—Claro que iremos —respondió él—. Pero solo para revisar cómo estás tú.—No tiene sentido, Kael. Yo voy a morir pron
Los días siguientes al accidente fueron un limbo. Kael no se movió del hospital. Con Ainara dormida en sus brazos y el corazón temblando a cada segundo, esperó junto a la habitación donde Lyra luchaba en silencio por mantenerse con vida. Arkan se encargó de todo lo demás: de la manada, de los médicos, de silenciar los rumores. Kael sólo podía pensar en ella.Ainara sollozaba suavemente durante la noche, extrañando la presencia de su madre, pero Kael la calmaba con caricias torpes, con palabras dulces que jamás pensó pronunciar. Cada mirada a esa pequeña loba le recordaba que tenía una razón más para no rendirse. Para pelear por ambas, aprovechó para conocerla.Al amanecer del tercer día, el monitor que medía las constantes de Lyra marcó un ritmo más firme. Sus párpados, al fin, temblaron. Y entonces, despertó.—¿Ainara? —susurró con la voz rasgada por la sequedad.Kael ya estaba de pie antes de que la enfermera pudiera reaccionar. Abrió la puerta de la habitación y entró con su pequeñ
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