Compartilhar

Capítulo 4

Autor: Sofia Sanz
last update Data de publicação: 2025-11-05 03:27:17

Me quedé tendida en la cama, los brazos extendidos a los costados, mirando el techo blanco e impasible. La frustración y la decepción hervían en mi sangre, un veneno silencioso que me recorría cada vena. Nada de esto estaba en el plan. Mi pequeña y estúpida broma se había convertido en un monstruo que devoraba mi vida.

¿Y ahora qué? ¿Cuál era mi próximo movimiento? Estaba atrapada en la mentira más grande de todas: la de ser una inválida mental que no recordaba su propia vida. Cualquier paso en falso me delataría.

Y luego, recordé. La conversación que acababa de oír. Jasper no solo me había traicionado a mí, sino que también había mentido descaradamente a mis padres. Les había vendido esta farsa con la facilidad de un vendedor de autos usados. "Van a llevar la situación con calma", había dicho. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que él se cansara de su "libertad"? El nivel de su egoísmo era tan profundo que me dejó sin aliento.

En ese momento de rabia silenciosa, la puerta de la habitación se abrió.

Me incorporé de golpe, el corazón dando un brinco en el pecho. Era Damián. Se detuvo en el umbral, con esa elegancia innata que parecía impregnar hasta su forma más simple de moverse. Nos quedamos ahí, con la distancia de la habitación entre nosotros, nuestras miradas enredándose en un duelo mudo. Él, el guardián de una mentira. Yo, la prisionera que conocía la verdad.

—¿Jasper... se fue? —pregunté, haciendo un esfuerzo por sonar débil y no como si acabara de escuchar cada palabra de su conversación.

Él negó con la cabeza ligeramente. —Sí, ya se fue.

Perfecto, pensé, y una parte de mí, una parte peligrosa que empezaba a despertar, se frotó las manos mentalmente. Ahora estamos solos.

Un suspiro profujo escapó de mis labios, cargado con toda la tensión del día. Y entonces, como si mi estómago decidiera declarar su propia independencia, un gruñido largo y sonoro rompió el silencio entre nosotros. Me mortifiqué al instante, frunciendo el ceño y desviando la mirada hacia la ventana, deseando que el suelo me tragara.

Una sonrisa, pequeña pero genuina, asomó en los labios de Damián. Era la primera vez que lo veía sonreír de verdad, y el efecto fue desconcertante. Su rostro severo se suavizó, haciéndose casi... approachable.

—Voy a preparar algo de cenar —dijo, su voz un poco más cálida.

—¡No! —protesté demasiado rápido, sintiendo que la vergüenza me teñía las mejillas de rojo—. No es necesario, de verdad. No quiero ser una molestia.

Él se encogió de hombros, un gesto extrañamente casual en él. —No es molestia, Adeline. —Mi nombre en su boca sonó como una confesión, un recordatorio de que, a pesar de todo, éramos dos personas reales atrapadas en esta ficción.

Me quedé mirándolo, sin palabras, y finalmente asentí con la cabeza, vencida por el hambre y por la curiosidad de ver cómo se desenvolvería esto.

Él se dio la vuelta para salir, pero se detuvo en la puerta, girándose de nuevo. Su mirada se posó en mí, seria otra vez, pero con una consideración nueva.

—Antes de cenar... ¿quieres tomar una ducha? —preguntó—. Te podría ayudar a sentirte... más tú.

Mis ojos se abrieron de par en par. La sugerencia era tan simple, tan práctica, y sin embargo, tan cargada de implicaciones. Una ducha. Lavar el olor a hospital de mi piel. Sentirme humana otra vez. Era lo único sensato que alguien había dicho en todo el día, y venía de la persona que era, supuestamente, mi captor.

Lo miré fijamente, buscando algún doble sentido, alguna trampa. Pero solo vi una oferta genuina. Asentí lentamente, sin poder articular una palabra.

—Está bien —dijo él—. Las toallas están en el armario. Grita si necesitas algo.

Y con eso, salió, cerrando la puerta suavemente detrás de él.

Me quedé sentada en la cama, el eco de su oferta resonando en mis oídos. "¿Quieres tomar una ducha?". No era solo una pregunta sobre higiene. Era un salvavidas en medio del caos.

El baño era tan imponente como el resto del departamento. Amplio, revestido de mármol gris claro, con accesorios cromados y una ducha de lluvia empotrada en el techo que parecía una boca lista para tragarse mis penas. Todo estaba impecable, ordenado, sin una sola gota de agua fuera de lugar. Era la antítesis de mi caótico y colorido baño… del baño que solía ser mío.

Por un instante, me sentí como una intrusa mancillando un santuario. Pero la necesidad de lavarme la semana de hospital y la frustración acumulada pudieron más. Dejé caer la bata y me metí bajo el chorro de agua.

Fue una revelación.

El agua caliente cayó sobre mi piel como una bendición, lavando no solo el sudor y el olor a desinfectante, sino también una capa de la tensión que llevaba a cuestas. Cerré los ojos y dejé que el sonido envolvente del agua ahogara mis pensamientos. Por unos minutos gloriosos, no hubo mentiras, no hubo traiciones, no hubo un futuro incierto. Solo la sensación física del alivio, un lujo simple que nunca había apreciado tanto. Me sentí cómoda, casi en paz, suspendida en ese espacio entre la realidad y la farsa.

Pero como toda tregua, fue breve. Al salir, envuelta en una toalla suave y con el vapor empañando los espejos, la realidad volvió a aplastarme. Necesitaba ropa.

Abrió la puerta del armario empotrado y contuve la respiración.

Era más grande de lo que mi antigua habitación completa. Y allí, dividido con una precisión militar, estaban nuestras vidas. De un lado, camisas impecablemente planchadas, trajes caros y sweaters de lana ordenados por color. Del otro, mis vestidos, mis jeans, mis blusas. Mis pantuflas de dragón descansaban junto a sus zapatos de cuero italiano. Era una escena de domesticidad fabricada, tan meticulosamente montada que daba miedo. Jasper y Damián habían pensado en todo. El nivel de detalle era aterrador.

Elegí algo sencillo: unos leggings y una sudadera holgada, sintiendo la tela familiar como un pequeño ancla a mi antigua vida.

Al salir a la sala, me detuve en seco.

Damián estaba en la cocina, de espaldas a mí, con un delantal oscuro atado a su cintura sobre la camisa. La imagen era tan discordante que casi solté una risa nerviosa. Damián Rocha, el director de proyectos más temido de Aethelgard Studios, el hombre de miradas que podían helar la sangre, estaba cocinando.

Mi mente retrocedió, buscando en el archivo de mis recuerdos. Todas esas veces en la oficina: serio, distante, un muro de profesionalidad. En las salidas con Jasper, siempre en segundo plano, tomando fotos, siendo el amigo silencioso. Nunca lo había visto con una mujer que no fuera yo en contexto laboral. Parecía, como solía bromear Jasper, "alérgico al género femenino".

Él se percibió de mi presencia y se volvió. No dijo nada, solo con un gesto señaló la mesa del comedor, donde ya había dos platos blancos e impecables. Sirvió una pasta con una salsa roja que olía a tomates frescos y albahaca, un aroma que le hizo agua la boca a mi estómago hambriento.

Me senté, sintiéndome extrañamente formal. Él colocó el plato frente a mí con un movimiento suave y se sentó al otro lado de la mesa. Comenzó a comer con una elegancia natural, sin hacer ruido. Yo probé un bocado. Estaba delicioso. Increíblemente delicioso.

—Está… increíble —dije, y mi voz sonó más sincera de lo que pretendía.

Él asintió, una sonrisa casi imperceptible jugueteó en sus labios antes de desaparecer, y continuó comiendo. Sirvió jugo de naranja en dos copas altas, y el gesto me pareció tan cuidadoso, tan considerado.

Mientras comía en silencio, lo observé. La manera discreta en que llevaba el tenedor a la boca, la calma con la que bebía. Por primera vez, no lo veía como el muro de hielo inexpugnable, ni como el cómplice de mi novio traicionero. Lo veía como un hombre. Un hombre que cocinaba pasta en un delantal y que, por alguna razón retorcida del destino, era ahora el centro de mi universo ficticio.

La pregunta me salió antes de poder detenerla, impulsada por una curiosidad genuina que brotaba de entre los escombros de mi confusión.

—¿Cómo te sientes? —pregunté, dejando el tenedor a un lado.

Damián se quedó quieto, el tenedor a medio camino de su boca. Me miró, claramente sorprendido por la pregunta.

—¿A qué te refieres?

—No puedo recordarlo —dije, reforzando mi personaje pero con un dejo de verdadera urgencia—. No puedo recordar… nada. De nosotros. Esto debe ser tan extraño para ti como lo es para mí.

Su mirada se desvió, hacia la ventana oscura, como si buscara las palabras correctas en la noche. Luego, volvió a mirarme. En lugar de responder con otra mentira elaborada, hizo algo que me dejó sin aliento.

Extendió su mano lentamente a través de la mesa y colocó la suya sobre la mía. Su piel estaba caliente, una marca firme y tranquilizadora sobre mi fría incertidumbre.

—Te dije que tomaría esto con calma —dijo, su voz era un susurro grave y serio—. Sé que esto es difícil, Adeline. No espero que recuerdes. Pero podemos… podemos hacer recuerdos nuevos.

Sus palabras flotaron en el aire entre nosotros, ya no como un guión de su mentira, sino como un puente tendido en la penumbra. Peligroso, tentador. Por un instante, olvidé que todo era una farsa.

De repente, los ojos de Damián se desviaron por encima de mi hombro, hacia la enorme ventana del living. Su expresión se transformó por completo. La calma se esfumó, reemplazada por una alerta tensa y animal. Su mandíbula se apretó.

—¿Qué pasa? —pregunté, alarmada por el cambio brusco.

Él no respondió de inmediato. Se levantó con movimientos lentos y deliberados, sin hacer ruido, y se acercó a la ventana, ocultándose tras el borde de la cortina. Su espalda estaba rígida.

—Adeline —dijo, sin volverse a mirarme, su voz era un susurro gélido que me heló la sangre—. Apaga la luz de la cocina. Ahora.

Una gota de sudor frío me recorrió la espina dorsal. Algo estaba mal. Algo muy mal. Con dedos temblorosos, busqué el interruptor. 

¿Qué estaba pasando?...

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • Un Amor Enredado   Capítulo 276

    El sonido de la puerta del auto abriéndose fue como un disparo en el silencio sepulcral del aeródromo. No podía quedarme más tiempo allí, protegida por un cristal, mientras el hombre que destruyó mi vida se burlaba de nosotros. Salí del vehículo con la carta de Aurora apretada en mi puño, el papel crujiendo bajo mi fuerza. El aire caliente de Santa Catalina me golpeó el rostro, pero mi piel se sentía gélida.Caminé con pasos firmes, ignorando el grito de advertencia de Damián. Me detuve frente a Valentino, quien me miró con una ceja alzada y una sonrisa de suficiencia que me revolvió las entrañas.—¡Esto es por mi hermana! —grité con toda la rabia contenida de años.Antes de que pudiera reaccionar, mi mano se estrelló contra su mejilla con una fuerza que me dolió hasta el hombro. El impacto hizo que su cabeza girara bruscamente. El silencio que siguió fue aterrador. Valentino se llevó la mano a la cara, frotándose el lugar del golpe mientras su expresión se transformaba en algo inhuma

  • Un Amor Enredado   Capítulo 275

    El aire en la pista de aterrizaje vibraba no solo por el calor, sino por la hostilidad pura que emanaba de los tres hombres. Damián permanecía inmóvil, como una estatua de granito, mientras Santiago mantenía esa sonrisa ladeada que tanto irritaba a sus enemigos.—Solté una risa irónica —dijo Damián, rompiendo el silencio con un tono cargado de veneno—. ¿En serio crees que nos vas a asustar con tus palabritas, Valentino? Déjame decirte algo: tú no eres el único que tiene poder en esta ciudad. ¿O es que ya olvidaste de dónde vengo?Damián extendió los brazos, señalando el horizonte como si reclamara el territorio que los Rocha habían dominado por generaciones.—De hecho —continuó Damián, dando un paso intimidante hacia adelante—, una sola llamada mía y tu negocio queda en las ruinas antes de que tu jet pueda volver a despegar. Así que deja de ser tan estúpido y vamos a lo que vamos.Valentino se tensó visiblemente. La mención de sus negocios fue como un golpe bajo; la mandíbula se le pu

  • Un Amor Enredado   Capítulo 274

    El sol de Santa Catalina parecía querer derretir el asfalto, pero el frío que sentíamos dentro del auto no tenía nada que ver con el clima. Santiago conducía un vehículo alquilado que había conseguido a última hora; el motor rugía con un esfuerzo metálico mientras nos alejábamos a toda velocidad de la casa de los Spencer. Mis padres, sentados en el asiento trasero, permanecían en un silencio sepulcral, con los rostros pálidos y las manos entrelazadas, procesando aún la violenta transformación de Jasper.Miré por el retrovisor. No había rastro de él. Esa ausencia me inquietaba más que su presencia.—Se fue a buscar a Valentino —masculló Damián, sentado a mi lado, con la mandíbula tan apretada que temí que se le rompiera un diente—. Ese cobarde no dará la cara solo. Fue a lamerle las botas a su dueño para que le diga qué hacer.—Mejor para nosotros —respondió Santiago, virando bruscamente hacia una carretera secundaria—. Tenemos el tiempo justo.Después de casi una hora de trayecto por

  • Un Amor Enredado   Capítulo 273

    El estruendo de la puerta principal al abrirse me hizo saltar del sofá. Jasper entró como un torbellino de furia ciega; su rostro estaba desencajado, rojo de ira, y sus ojos tenían un brillo que nunca antes le había visto. No me dio tiempo ni de preguntar cómo le había ido en su "reunión".Antes de que pudiera reaccionar, sentí el impacto de su mano contra mi mejilla. El golpe fue tan seco y brutal que caí al suelo, aturdida, con el sabor metálico de la sangre llenándome la boca de inmediato.—¡Todo es tu maldita culpa! —rugió, abalanzándose sobre mí mientras yo intentaba retroceder por el suelo—. ¡Si no fuera por ti, en este momento yo lo tendría todo! ¡Sería alguien importante y no tendría que estar limpiando la basura de nadie por tu culpa!Yo estaba en shock, confundida y aterrada. No entendía qué había pasado en el hotel, pero estaba claro que Jasper había perdido el control. Se tumbó sobre mí, inmovilizándome contra el piso, y me rodeó el cabello con el puño, jalándolo hacia atr

  • Un Amor Enredado   Capítulo 272

    Me acomodé en el asiento de cuero de mi jet privado. El sonido de las turbinas empezó a invadir la cabina mientras las puertas se sellaban, aislándome del resto del mundo. El avión arrancó y, a través de la ventanilla, vi cómo la ciudad se iba haciendo cada vez más pequeña, reducida a un tablero de luces y concreto que yo dominaba.Entonces, mi teléfono vibró.Era el reporte de Mauricio. Había logrado interceptar y modificar el audio del video de seguridad, enviándome también la transcripción de los movimientos de los Rocha. Al leerlo, una mueca de desprecio cruzó mi rostro.—Así que Damián es un hombre intenso... —susurré para la cabina vacía.Incliné un poco la cabeza, procesando la información. No solo Damián y Santiago estaban pisándole los talones a Jasper; Adeline estaba empezando a desenterrar la verdad de lo que ocurrió después de "ese incidente". Apagué el móvil con un gesto seco. La terquedad definitivamente viene de familia.Mi mente voló directamente hacia Aurora. Era una

  • Un Amor Enredado   Capítulo 271

    Colgué la llamada con el corazón martilleando contra mis costillas. El miedo en la voz de Adeline me había calado hasta los huesos, pero no podía permitir que el pánico me nublara el juicio.—Santiago, Jasper vendrá aquí —solté sin rodeos.Santiago despegó los ojos de la laptop, totalmente sorprendido.—¿Cómo sabe ese idiota dónde estamos?—Supongo que Valentino le habrá dado nuestra ubicación —respondí, caminando hacia la ventana para vigilar la entrada del hotel—. Estamos marcados, Santiago.Él se quedó atónito por un segundo, pero su instinto de supervivencia reaccionó de inmediato. Se levantó de golpe, revolvió en su maleta y sacó una de las armas. Con una frialdad mecánica, la llenó de balas, la dejó lista para cualquier imprevisto y se la enfundó en la parte trasera de sus pantalones, cubierta por la chaqueta.—Espera —le dije, deteniéndolo con un gesto firme—. No haremos nada.Santiago me miró como si me hubiera vuelto loco.—¿Qué estás diciendo, Damián? Ese idiota viene hacia

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status