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POV Héctor Cuando Pilar salió de la habitación, sentí que el corazón me daba un vuelco.Era mi oportunidad.No esperé a que alguien me dijera que podía entrar dos veces.Me apresuré a buscar la ropa médica que debía utilizar para acceder a la habitación y me la coloqué con manos temblorosas.Apenas conseguía abrocharme correctamente. Tenía la garganta cerrada y sentía que cada segundo que pasaba era una eternidad.Caminé por el pasillo siguiendo las indicaciones del personal médico.Cuando llegué frente a la puerta, me detuve un instante. Tenía miedo.Miedo de verla, miedo de lo que encontraría al otro lado y, sobre todo, miedo de que aquella fuera la última oportunidad que tuviera para estar a su lado.Respiré profundamente y entré.Entonces la vi.Cinthia estaba acostada en aquella cama, inmóvil, rodeada de aparatos que vigilaban sus signos vitales.Tenía los ojos cerrados y varios dispositivos conectados a su cuerpo.La máquina junto a ella emitía sonidos constantes que me recorda
POV EvaniaSalí del pasillo y lo primero que vi fue a Lisandro, de pie junto a una de las ventanas del hospital.Tenía un cigarrillo entre los dedos y daba pequeñas caladas mientras miraba hacia el exterior.Me detuve unos segundos.Aquello me sorprendió.Lisandro nunca había sido aficionado a ese vicio. De hecho, siempre había criticado a las personas que fumaban cuando estaban nerviosas, diciendo que solo conseguían perjudicar su salud sin solucionar absolutamente nada.Pero allí estaba, con los hombros tensos y el rostro endurecido, intentando encontrar un poco de tranquilidad en algo que ni siquiera acostumbraba a hacer.Me acerqué sin decir una palabra. Cuando estuve a su lado, le quité el cigarrillo de los dedos, lo lancé al suelo y lo pisé.Lisandro giró la cabeza hacia mí.—¿Qué haces?—Evitar que te conviertas en fumador por una mala noche.No sonrió. Ni siquiera pareció encontrar gracioso mi comentario.—¿Lo defiendes? —preguntó directamente.Suspiré. Sabía que aquella conve
POV HéctorLisandro negó lentamente con la cabeza. Su expresión se endureció y, por un instante, tuve la sensación de que estaba a punto de golpearme.—¡Nunca verás a mi hermana! —sentenció—. ¡No lo permitiré, Héctor! Después de todo lo que ha sufrido por tu culpa, ¿todavía tienes el descaro de pedirme que te deje acercarte a ella?Me quedé arrodillado frente a él. No tenía fuerzas para discutir ni para defenderme.Sabía que Lisandro tenía motivos de sobra para odiarme.Si yo estuviera en su lugar, probablemente habría reaccionado de la misma manera.—Lisandro, por favor...—¡No! ¡Ya basta! Cinthia no necesita a un hombre que ha jugado con sus sentimientos. Necesita tranquilidad, necesita recuperarse y no voy a permitir que vuelvas a hacerle daño.—No quiero hacerle daño. Te juro que...—¡Tus juramentos ya no significan nada!Lisandro hizo ademán de marcharse, pero entonces Evania intervino.—No lo hagas, Lisandro.Él se detuvo y giró el rostro hacia ella, completamente desconcertado.
POV Héctor—Debemos esperar.Aquellas palabras me rompieron el corazón.Esperar... ¿Cómo se suponía que debía hacerlo?¿Cómo podía quedarme sentado, mirando una puerta cerrada, mientras la mujer que amaba luchaba por su vida al otro lado?Quise preguntarle al médico cuánto tiempo tendríamos que esperar, si existía alguna posibilidad de que despertara pronto, si estaba seguro de que Cinthia iba a sobrevivir.Sin embargo, las preguntas se amontonaron en mi garganta y no conseguí pronunciar ninguna.Solo podía pensar en ella.En su sonrisa, en su voz. Recordé la noche que nos amamos.De pronto, todo eso parecía estar a punto de desaparecer.Aquella noche me quedé en el hospital.No tenía intención de marcharme. No habría podido regresar a casa y fingir que podía descansar mientras Cinthia permanecía en una cama de cuidados intensivos, rodeada de máquinas y médicos.Me senté en una de las sillas del pasillo, con los codos apoyados sobre las rodillas y las manos entrelazadas.Miraba consta
POV HéctorSentía que iba a volverme loco.Las horas avanzaban y nadie salía a darnos noticias. Cada minuto que pasaba se convertía en una tortura.Caminaba de un extremo al otro de la sala de espera, me sentaba unos segundos y volvía a levantarme.Era incapaz de permanecer quieto.Tenía la camisa arrugada, el cabello desordenado y los ojos enrojecidos.Lo único que quería era saber cómo estaban Cinthia y nuestro bebé.Mi hijo...La sola idea de que pudiera perderlo me destrozaba.—¿Todavía sigues aquí? —escuché de pronto.Me giré y encontré a Lisandro acercándose.Su expresión era terrible. Tenía los ojos enrojecidos y la mandíbula tan apretada que parecía estar haciendo un esfuerzo enorme por contenerse.—No volverás a acercarte a mi hermana —espetó—. ¡Lárgate de aquí!Lo miré sin responder inmediatamente.Sabía que estaba furioso conmigo. Lo entendía.Pero no podía marcharme.Negué lentamente.—No me iré, Lisandro. No voy a abandonar este hospital. Cinthia está ahí dentro y espera
POV ConstanzaCaminaba de un lado a otro de la habitación, incapaz de permanecer quieta.Tenía los nervios destrozados.Miraba constantemente mi teléfono, esperando aquella llamada que me confirmaría que todo había salido bien.Necesitaba saber que Cinthia había perdido a su bebé, que mi problema estaba resuelto y que, finalmente, podría respirar tranquila.Si eso ocurría, entonces, comenzaría a bombardearla con mensajes lastimeros, hasta que por lástima o bondad me donara la medula ósea que necesitaba.Me detuve frente a una de las ventanas y aparté ligeramente la cortina.La noche estaba tranquila, demasiado tranquila para lo que estaba ocurriendo.Sin embargo, yo sentía que tenía un ejército de demonios persiguiéndome.—¡Maldita sea! ¿Por qué no llaman? —murmuré, apretando el teléfono.Había contratado a personas para hacer el trabajo sucio.Se suponía que debían cumplir mis instrucciones y desaparecer sin dejar rastros.Cinthia debía perder aquel embarazo.Si eso ocurría, todavía







