Share

Episodio 2

Author: Dalex Hache
last update publish date: 2024-11-05 12:20:45

Los dos chicos restantes dejaron escapar una animada risa, logrando que el omega se encogiera de hombros y sonriera, confundido. Joel y Darrel eran un par de años mayores que él, y se ofrecieron de voluntarios para acogerlo bajo sus alas cuando él pisó la universidad.

Ryle no lo comprendió enseguida, pero luego supuso que era por su facilidad de encantar a las personas. No estaba especialmente equivocado.

Sus dos amigos estaban totalmente encantados con él y su completa inocencia.

A las personas que lo rodeaban, se les hacía inusualmente adorable el hecho de que fuera tan tierno, y no tan sólo por parecer un simple omega, también, el adorno sobre su cabello ayudaba a conseguir miradas de más. Nunca se interesó especialmente por lo que las demás personas, y vivía continuamente en un mundo completamente aislado e irreal.

En ocasiones, le costaba comprender el humor de otros, y sin duda alguna, podía notar que algunas personas eran completamente malvadas. Sin embargo, él huía de ellas la mayor parte del tiempo, aunque en contadas veces le fuera imposible diferenciar cuándo le hablaban en serio o cuándo, simplemente, se burlaban de él.

Deshaciéndose prontamente de la compañía de sus dos amigos, él se adentró en su primera clase, sentándose a mitad del salón y sonriendo a las pocas personas que le echaban un vistazo, para seguidamente agitar su mano en forma de saludo. Cuando el profesor comenzó, minutos después, él se perdió increíblemente, dibujando garabatos en su libreta e ignorando por completo la voz que resonaba por toda el aula.

Y es que a menudo, su cabeza vagaba por lugares inexplicables. Aún más, cuando no deseaba prestar atención a una tediosa charla sobre la conducta humana, que, aunque al principio le pareció increíblemente interesante, al pasar los días se volvió rutinario y fastidioso.

Con mucho cuidado él acomodó la coronita que reposaba sobre su cabello. Aquél día era de impresionantes flores turquesa; cuando se dio cuenta de que aquel color le lucía maravillosamente bien, se sintió por completo colmado. Sus ojos de inmediato comenzaron a revolotear por todo el salón, admirando a cada uno de sus compañeros y fundiéndose en sus pensamientos, como casi siempre solía hacerlo.

Y aquella vez, la imagen de un increíblemente guapo hombre, no pasó desapercibida en sus recuerdos. Y es que desde aquel Desfile, el primero de enero era su día favorito en el mundo. Tan sólo por aquellos ojos color chocolate y sonrisa por completo preciosa.

Él sabía que, indudablemente, se había quedado flechado.

No tenía idea de quién era o por qué causaba aquellos estragos en su interior; mariposas volando de aquí para allá en su estómago y cosquillas en sus piernas. Pero de lo que estaba completamente seguro era de que, a pesar de el tiempo transcurrido, él no podría sacarlo de su cabeza. En ocasiones se regañaba por estar prácticamente enamorado de alguien que jamás volvería a ver, pero cuando el Alfa volvía en una vívida imagen frente a sus ojos, olvidaba todos sus cuestionamientos y se permitía suspirar feliz.

Él nunca se había enamorado, realmente, y estarlo de una persona que tan sólo vio en una ocasión le parecía frustrante; aún así, tenía la ligera esperanza de encontrarlo en su camino una vez más. Y sabía que posiblemente pudiera sufrir un desmayo al tenerlo frente a frente, pero aquello lo valdría si tan sólo pudiera volver a verlo.

Si tan sólo pudiera permitirse observar aquella maravillosa sonrisa una vez más.

Caminando de regreso a su casa, admiró como el sol parecía golpearlo con sutileza. Inspiró con fuerza, olores ligeros abarcando sus fosas nasales y sonriendo esplendorosamente al pensar en lo bueno que estaba el clima. Aunque de por sí, siempre estaba casi igual.

Las clases ese día pasaron completamente rápido, sin excepción; y él no estaba muy seguro de si era porque el destino se había puesto a su favor o porque, simplemente, él pasó el día entero pensando en el precioso hombre de Texas .

Cuando él estuvo pasando frente a la cafetería Sounds&Coffee, percibió el peculiar escalofrío que lo arrasaba todos los días, a la misma hora y en el mismo lugar. Él, completamente desentendido, intentaba no mantener un contacto visual con aquel local, pero increíblemente, había ocurrido por mucho tiempo.

Ryle repentinamente se detuvo, una oleada de calor abrasándolo mientras giraba sobre sus talones y daba pequeños pasos hacia al frente, tanto como para observar la cafetería a través del cristal. De inmediato indagó con su mirada, podía sentir su corazón rebotando fugazmente dentro de su pecho por la anticipación, y no deseaba más que saber por qué se sentía de aquella extraña manera cada vez que cruzaba por allí.

Sentía como... ¿si le observaran?

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Un Omega que huele a Flores    Final

    Ryle sostenía a su hijo con una ternura infinita, casi con temor de quebrarlo, como si aquel pequeño ser fuese de cristal. Destiny apenas había abierto sus ojos, y aunque su mirada aún era borrosa y confusa, Ryle se sentía embelesado por la increíble similitud entre él y Leonidas. Observaba con asombro los pequeños rasgos del bebé: el mismo cabello negro azabache, las cejas definidas y esa expresión serena que tanto le recordaba a su alfa.De pronto, la voz de su madre llenó el cuarto, suave pero inesperada.—Hijo…Ryle alzó la mirada, sus ojos brillando de emoción al reconocer esa voz. No pudo contener una exclamación.—¡Mamá! —dijo con entusiasmo, luchando por no alterarse demasiado. Angela se acercó con una sonrisa, aunque su rostro mostraba un dejo de culpa. Se inclinó hacia él, besando primero su frente y luego su mejilla, como si quisiera reconectar con ese niño que había extrañado tanto. Al posar su mirada en Destiny, los ojos se le llenaron de lágrimas.—Es hermoso, mi pequeñ

  • Un Omega que huele a Flores    Extra 6

    Leonidas caminó hacia la camilla con los ojos llenos de ternura, y en cuanto sus miradas se cruzaron, sintió cómo todo a su alrededor desaparecía, dejando solo a Ryle y a su pequeño en ese instante de paz y amor absoluto. Ryle, con una enorme sonrisa que irradiaba felicidad, le mostró al bebé que descansaba tranquilo en sus brazos.—¿Viste qué hermoso es, Leo? —susurró Ryle, su voz llena de asombro y admiración—. Se parece tanto a ti… tiene tu cabello negro y esos ojos tuyos, como si desde siempre estuviera destinado a parecerse a su papá.Leonidas se inclinó para observar más de cerca al recién nacido, y una sonrisa suave y llena de orgullo se dibujó en su rostro.—Es tan hermoso como tú, amor —respondió, con una voz que contenía una mezcla de emoción y asombro—. Mira, tiene tu nariz y tu boquita… Cada rasgo suyo es perfecto.Ryle rio suavemente, su alegría era tan contagiosa que hacía que Leonidas sintiera que podía tocar el cielo solo con mirarlo. Después de un momento, Ryle bajó l

  • Un Omega que huele a Flores    Extra 5

    En ese momento, Patrick salió del hospital acompañado por un grupo de médicos y enfermeras que traían una silla de ruedas. Al verlos, Ryle suspiró profundamente, como si apenas estuviera procesando que en unas pocas horas conocería a su cachorro. La emoción se mezclaba con un poco de miedo en sus ojos, y Leonidas lo notó de inmediato. Le apretó la mano, brindándole un último gesto de seguridad antes de que se lo llevaran.Uno de los médicos se acercó a ellos, con una expresión profesional y calmada.—Necesito que se quede aquí afuera del salón. Como sabe, no puede entrar —dijo el médico a Leonidas con firmeza.Leonidas asintió, aunque sus manos se aferraban a las de Ryle como si fuera incapaz de soltarlas.—Entiendo… —respondió con voz seria, pero luego volvió a enfocarse en Ryle, sabiendo que necesitaba despedirse con todo el amor que sentía en ese instante.Se inclinó para darle un beso en los labios, suave, pero lleno de significado, deseándole toda la fuerza que necesitaba.—Mi am

  • Un Omega que huele a Flores    Extra 4

    Siete meses habían pasado, y el brillo en los ojos de Ryle era inconfundible. Su barriga redondeada era un recordatorio constante de la vida que crecía en su interior, llenándolo de una felicidad que no había sentido jamás. Cada mañana, al verse en el espejo, acariciaba su pancita, imaginando el rostro de su bebé y sintiendo un amor tan profundo que apenas podía describirlo. Preparaba su nido con entusiasmo y cada detalle era un reflejo de su amor y expectativa. Sin embargo, había una regla clara: nadie podía entrar allí, solo su alfa. Ni siquiera sus amigos o su propio padre. La idea de que otro olor, otro rastro de feromonas que no fueran las de Leonidas, invadiera su espacio, lo hacía sentirse incómodo. La presencia de su alfa lo tranquilizaba, su aroma lo hacía sentir protegido, y eso era todo lo que necesitaba para estar en paz.Leonidas, con una sonrisa amorosa y paciente, había estado observando esta transformación. Sabía cuánto significaba cada pequeño detalle para su omega, a

  • Un Omega que huele a Flores    Extra 3

    Mientras el coche avanzaba por las calles, el silencio entre Leonidas y Patrick era pesado, pero lleno de entendimiento mutuo. Ambos sabían que la situación no era fácil, pero al menos compartían el mismo deseo: ver feliz a Ryle.Patrick rompió el silencio, su voz cargada de compasión y sinceridad.—Lamento mucho esta situación, Leonidas —dijo, suspirando suavemente—. Espero que con la llegada del bebé, Angela cambie y te acepte. No mereces este trato. Eres un buen alfa para mi hijo, lo amas y lo proteges, tal como me prometiste que harías cuando nos conocimos.Leonidas, con los ojos fijos en la carretera, apretó el volante con un poco más de fuerza. Las palabras de Patrick le dieron una extraña mezcla de alivio y dolor.—No entiendo por qué ella me odia tanto, señor Patrick —dijo con un suspiro—. Nunca he hecho nada para dañarlo, jamás pondría a Ryle en peligro. Aun si en algún momento me equivoqué, ella no me da ninguna oportunidad. Desde el primer día, me rechazó sin conocerme real

  • Un Omega que huele a Flores    Extra 2

    A la mañana siguiente, los primeros rayos de sol apenas asomaban cuando Leonidas abrió los ojos. Miró el rostro apacible de Ryle, dormido a su lado, y no pudo evitar sonreír. Había algo en la fragilidad de su omega, en esa paz que emanaba al dormir, que le recordaba por qué haría cualquier cosa por él. Sin hacer ruido, Leonidas se levantó con cuidado, dejó una notita sobre la almohada de Ryle, junto con un mensaje cariñoso: *“Duerme un poco más, amor. El desayuno está en la cocina. Nos vemos pronto, cuídate mucho.”*Preparó un desayuno con esmero, llenando la cocina de un aroma dulce y cálido. Antes de salir, echó una última mirada al departamento, queriendo que Ryle encontrara un poco de tranquilidad y felicidad cuando despertara. Tomó las llaves de su coche y salió con sigilo, asegurándose de no hacer ruido y evitar que Ryle se despertara antes de tiempo.En el elevador, su teléfono emitió un leve sonido. Era un mensaje de su madre: una felicitación por la noticia de que sería padre

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status