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Capítulo 15

Autor: Leslie g
last update Fecha de publicación: 2026-03-07 20:27:43

Salimos del hotel un par de horas después.

Todavía me parecía extraño caminar junto a Adrián fuera de cualquier contexto laboral. En la oficina siempre iba unos pasos detrás de él, tomando notas o respondiendo llamadas, pero ahora caminábamos lado a lado por una calle llena de tiendas elegantes, turistas y el aroma dulce de flores tropicales.

—¿Compra ropa seguido en Bali? —pregunté mientras miraba los escaparates.

—No —respondió con calma—. Normalmente trabajo.

—Qué sorpresa.

Él me miró de reojo, pero no respondió.

—¿Puedo hacer una pregunta?

Adrián seguía caminando con la tranquilidad de siempre.

—Puede intentarlo.

—¿Por qué importa tanto lo que me ponga? —dije mirando una vitrina llena de vestidos de gala—. Si al final del día solo soy su secretaria.

Adrián se detuvo.

Se giró hacia mí con calma, como si la pregunta le hubiera parecido curiosa.

—Porque no irá como mi secretaria.

Fruncí el ceño.

—¿Perdón?

Él señaló con un leve gesto las tiendas alrededor.

—A las juntas llevo una secretaria.

Hizo una pequeña pausa.

—A los cócteles y a las fiestas llevo una mujer hermosa.

Lo miré.

—¿Entonces soy… parte de la estrategia?

—Exactamente.

—Eso suena terrible.

—Básicamente.

Seguimos caminando unos pasos más.

Yo todavía estaba procesando lo que acababa de decir.

—No sé si sentirme halagada o utilizada.

Adrián no parecía particularmente preocupado.

—Puede sentirse como prefiera.

Pasamos frente a otra boutique con vestidos largos y elegantes en el escaparate.

Él se detuvo.

Me miró de arriba abajo con calma.

—Hoy tiene que volverse hermosa.

Me quedé completamente quieta.

—Disculpe.

Adrián frunció ligeramente el ceño.

—¿Sí?

—¿Acaba de decir que tengo que volverme hermosa?

—Sí.

—¿Eso significa que no lo soy ahora?

Él exhaló lentamente.

—No fue lo que dije.

—Es exactamente lo que dijo.

Adrián me miró unos segundos, como si estuviera recalculando su frase.

—Quise decir que debe verse extraordinaria.

—Eso tampoco mejora mucho la situación.

—Clara.

—¿Sí?

—Entre a la tienda.

—¿Eso es una orden?

—Considérelo una sugerencia muy fuerte.

Suspiré.

—Esto va a ser un día muy largo.

Adrián abrió la puerta de la boutique.

—Probablemente.

Entramos a una boutique enorme llena de vestidos largos que parecían diseñados específicamente para fiestas en yates de multimillonarios. Una vendedora apareció casi inmediatamente y comenzó a mostrar opciones.

Yo miraba los vestidos con cierta ansiedad.

—Todos parecen muy… caros —murmuré.

—Lo son —dijo Adrián con absoluta tranquilidad.

—Eso no ayuda a mi estrés.

—No es su dinero.

Punto para él.

La vendedora me entregó varios vestidos y me indicó el probador con una sonrisa profesional que claramente esperaba una compra importante. Entré con todos los vestidos colgando de un brazo, elegí el primero y me lo puse rápidamente. Cuando salí del probador, Adrián levantó la vista de su teléfono para observarme con atención durante unos segundos antes de negar lentamente con la cabeza.

—No.

—Muy alentador —dije volviendo al probador.

El segundo tampoco pasó su evaluación.

—Demasiado formal.

El tercero fue descartado en menos de cinco segundos.

—Demasiado… algo.

—Eso no es una categoría válida —protesté.

—Lo es para mí.

Después de varios intentos, la vendedora me entregó otro vestido.

Era largo, elegante, con una caída suave que se movía con cada paso. Cuando me miré en el espejo por un segundo dudé.

Este sí era diferente. Lo noté en cuanto me miré en el espejo del probador. Respiré hondo, acomodé la tela una última vez y salí. Adrián levantó la vista en ese momento y, a diferencia de las otras veces, no dijo nada de inmediato. Sus ojos recorrieron el vestido con calma, luego se detuvieron en mi rostro, y durante un segundo pareció completamente inmóvil, como si estuviera viendo algo que no esperaba.

—Bueno —dije incómoda—. ¿Es otro “no”?

Él negó lentamente con la cabeza.

—No.

Di un pequeño giro.

—¿Entonces?

Adrián dejó el teléfono sobre la mesa.

—Entonces… ese es.

Sonreí un poco.

—¿Sí?

Él me observó unos segundos más antes de decir algo que claramente no estaba en su vocabulario habitual.

—Es una mujer hermosa, Clara.

Me quedé completamente quieta, porque no lo había dicho como un comentario casual, sino como una observación sincera que, viniendo de él, pesaba más de lo que debería. De repente el espejo frente a mí ya no reflejaba solo un vestido bonito, sino a la mujer que había pasado la noche con el hombre que ahora me estaba mirando de esa manera, y tragué saliva al darme cuenta de lo difícil que era fingir que nada había pasado.

—Entonces… supongo que lo compro.

Adrián volvió a tomar su teléfono como si la conversación hubiera terminado, pero no pude evitar notar algo curioso: una ligera sonrisa se dibujaba en sus labios. Y viniendo de un hombre que rara vez mostraba algo más que una expresión profesional, esa pequeña sonrisa resultaba peligrosamente atractiva.

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