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Capítulo 19

Autor: Leslie g
last update Fecha de publicación: 2026-03-09 05:15:49

El beso no se detuvo.

Después de los fuegos artificiales seguimos besándonos como si el mundo alrededor hubiera desaparecido. La música de la fiesta seguía sonando detrás de nosotros, las conversaciones continuaban en la cubierta, pero todo eso parecía muy lejos.

En algún momento Adrián tomó mi mano y me guió hacia el interior del yate. No hablamos. No hacía falta.

Cuando el coche nos dejó frente al hotel, el silencio entre nosotros estaba cargado de algo más fuerte que las palabras. Caminamos por el lobby sin soltarnos, subimos al ascensor y el espacio cerrado hizo que la tensión entre nosotros se volviera casi tangible.

Nadie dijo nada, pero cuando las puertas del ascensor se abrieron en nuestro piso volvimos a besarnos casi de inmediato. Caminamos por el pasillo sin separarnos, avanzando a trompicones entre risas bajas y besos torpes hasta llegar a mi puerta, y cuando finalmente me apoyó contra ella su cuerpo quedó peligrosamente cerca del mío, tan cerca que podía sentir el calor de su respiración y el ritmo acelerado de mi propio corazón.

Sus manos se movían con seguridad, explorando mi espalda, mi cintura, la línea de mis hombros con una confianza que hacía que todo mi cuerpo reaccionara. Ningún hombre me había tocado así antes, con esa mezcla de urgencia y cuidado.

No pensaba decírselo. Ese pequeño secreto, mi inexperiencia, era algo que prefería guardar para mí. Seguimos besándonos hasta que mi respiración se volvió irregular, hasta que Adrián se detuvo de repente y tomó mi rostro entre sus manos para obligarme a mirarlo. Sus ojos estaban más oscuros que antes, cargados de una intensidad que hizo que mi corazón volviera a acelerarse.

—Clara —murmuró—. Te deseo tanto que siento que voy a volverme loco.

No sabía de dónde salió mi respuesta.

—Yo también.

Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera pensarlas.

Él me observó unos segundos.

—No quiero ilusionarte —dijo finalmente—. No puedo ofrecerte más que esto.

Por alguna razón eso no me dolió.

—No quiero más que esto —respondí—. Después de mi relación fallida… esto es lo único que quiero ahora.

Sus ojos me estudiaron durante un momento más y finalmente pareció satisfecho con mi respuesta. Entonces me levantó en sus brazos con una facilidad que me sorprendió mientras volvía a besarme, y el movimiento inesperado me hizo reír suavemente contra sus labios. Abrió la puerta de la habitación, la cerró con el pie y me dejó sobre la cama con cuidado.

Durante un instante se quedó de pie frente a mí mientras se quitaba lentamente el saco del esmoquin. No sabía muy bien si debía mirarlo o apartar la vista, pero la verdad era que no podía dejar de observarlo. Había algo casi hipnótico en la forma segura en que se movía.

Cuando me tocó a mí quitarme el vestido, lo hice con cierta timidez, consciente de cada centímetro de piel que quedaba expuesto. Sin embargo, junto a esa vergüenza había algo mucho más fuerte creciendo dentro de mí.

Deseo.

Y aquello fue una revelación inesperada.

Durante años había pensado que mi decisión de esperar hasta el matrimonio se debía únicamente a mi fe, a la educación estricta de mi familia y a todas las reglas que siempre había seguido. Pero ahora entendía algo que nunca había considerado.

Tal vez no era solo eso.

Tal vez simplemente nunca había sentido un deseo real por ningún hombre.

Hasta ahora.

Respiré hondo, tratando de calmar el latido acelerado de mi pecho, y en mi mente mandé todo lo demás al diablo. Por primera vez no estaba pensando en reglas, ni en expectativas, ni en lo que mi familia diría.

Solo estaba pensando en él.

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