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3. Mentira

Author: DannyaRent
last update publish date: 2026-08-22 23:10:46

「 ✦ ࿔˚⋆જ⁀➴ Jarrett ⍣ᝰ ⚡︎ ✦ 」

El sonido insistente de unos golpes en la puerta me obliga a abrir los ojos. El sol entra por la ventana sin darme tregua, directo y abrasador; anoche dejé las persianas abiertas. Al menos agradezco que me dejaran descansar el lunes completo. No hice más que quedarme en la habitación, recuperando fuerzas, ni siquiera revisé mi teléfono, algo que siempre intento hacer después de una carrera, tomarme el día siguiente. 

Me levanto sin muchas ganas, arrastro los pies hasta la puerta y abro. Mi madre me mira de pies a cabeza.

—Menos mal que soy yo —exclama—. Estás desnudo.

—Tengo bóxer, mamá —ruedo los ojos—. Y me despertaste; no esperaba visitas tan temprano.

—Es casi mediodía.

—Estoy agotado, sabes que antes de una carrera no descanso.

—Lo sé, por eso ayer no te molesté —asiente—. Muchas felicidades, hijo, me alegra mucho que ganaras de nuevo.

—Gracias, mamá —contesto sin ánimos—. Por cierto, ¿qué haces aquí?

—Tu hermana me llamó el domingo en la noche para darme la noticia de su compromiso. Me pidió que viniera y aquí estoy, tú padre también llegó, viene con su nueva conquista —hace mala cara.

—¿Y tú vienes sola?

—Sí, dejé a Graham en su viaje de negocios para venir, no sé si pueda alcanzarnos después —explica—. Los padres de Kenzo llegarán por la noche, tenemos una boda que planear. 

—Que bien, mamá —me doy la vuelta para regresar a la cama. 

—Jarrett, tienes que apoyar a tu hermana.

—Lo haré —aseguro—, ella sabe que cuenta conmigo. 

—Tienes que participar en los preparativos —aclara. 

—Por supuesto que no —resoplo.

—Delany quiere que… —se aclara la garganta—, la acompañes a escoger su vestido de novia.

Me detengo de golpe. Tengo un problema con los vestidos de novia; además de los malos recuerdos, siempre me han parecido innecesarios, las personas podrían casarse con la ropa que deseen, no precisamente con un vestido de novia. 

—Puede ir con sus amigas, con la familia de Kenzo y contigo—sugiero—. No tengo que ser yo quien la acompañe. 

—Jarrett, por favor.

—¿Cuándo será la boda?

—En seis meses.

—¿Y tenemos que discutir eso desde ahora? —cuestiono, molesto. 

—No, pero quería conversarlo contigo antes de que tu hermana te lo pida —toma aire—. Sé que no es un tema fácil, debido a…

—No, mamá —la corto—. No necesitas recordarme nada. Estaré ahí para mi hermana, en todo.

—Gracias, hijo —asiente, satisfecha—. Es que no me gusta verte tan solo, estás joven, necesitas una compañera, el amor es parte importante de la vida, aunque a veces venga acompañado de fracasos, decepciones y cosas que no entendemos, siempre necesitamos a alguien con quien… 

—Estoy saliendo con alguien —miento, antes de que continúe—. Y es serio, estoy muy enamorado.

—¿De verdad? ¿Por qué no me lo habías dicho antes? —cuestiona, incrédula.

—Quise mantenerlo en secreto hasta saber lo que realmente sentía por ella.

—¿Y? —presiona. 

—Estoy enamorado como un loco —exagero. 

—¿Está aquí en la ciudad?

—No. Tenía un compromiso importante con sus padres, pero la conocerás mañana, en la celebración.

—Me alegro tanto, Jarrett —me abraza con fuerza—. Estoy ansiosa por conocer a esa chica que trae loco a mi hijo, por fin el amor toco a tu puerta.

Cuando se aparta, respiro hondo, sintiéndome pésimamente mal. 

Me pesa mentirle. La amo, pero a veces es demasiado insistente con el tema de Clarisse, de que tengo que volverme a enamorar, que deje mi amargura y hoy no tengo la mínima disposición de hablar de eso.

Ahora tengo que hablar con Kenzo para que me consiga a esa chica para mañana. Después veré cómo demonios les digo que terminamos.

—Ve a vestirte, hijo. Nos esperan para comer; hay tantas cosas que celebrar —aplaude, radiante—. Graham estará feliz cuando se entere. 

Graham es su esposo, es un tipo bastante agradable, se convirtió en un gran amigo para mí. 

—Te espero en el restaurante —me avisa. 

—Está bien, bajo en un momento —voy directo a la ducha, todavía dándole vueltas a la mentira que acabo de soltar. Ojalá Kenzo pueda conseguir a la chica para mañana. Después veré cómo diablos manejo el resto.

Salgo de la ducha. Me pongo un pantalón de vestir negro, una camisa azul y dejo los primeros botones abiertos para no sentirme tan sofocado. Acomodo mi cabello con los dedos, me pongo mi loción favorita y hago varias respiraciones antes de salir de la habitación.

El ascensor baja lentamente. Me miro en el reflejo de las puertas metálicas: parezco tranquilo, pero por dentro estoy haciendo malabares con un desastre que yo mismo provoqué.

Cuando las puertas se abren, el olor a comida, a vino y a perfume caro me envuelve. El restaurante del hotel está lleno, luces cálidas, mesas elegantes, gente riendo demasiado fuerte. Y ahí, en una mesa cerca de la ventana, están ellos.

Mi hermana me ve primero y levanta la mano con emoción.

—¡Jarrett! —me llama, sonriendo como si no hubiera pasado ni un día desde la última vez, siempre hemos sido muy unidos, cuando mis padres se separaron ella lloraba por las noches y siempre terminaba durmiendo a mi lado. 

A su costado están Kenzo y mi madre. Al frente está mi padre con la chica rubia que no tengo idea de como se llama, pero que no deja su teléfono para nada. 

—Jarrett, mira —Delany me muestra su enorme anillo de compromiso.

—Espero que le hayas dicho que no —bromeo, dándole un beso en la mejilla.

—Me temo que, además de ser tu mejor amigo, tu representante y tu asesor financiero… ahora seré tu cuñado, formalmente —rebate Kenzo, divertido.

—Felicidades a los dos —palmeo la espalda de Kenzo—. Les deseo lo mejor —expreso con sinceridad.

—Felicidades, campeón —mi padre se pone de pie para abrazarme, orgulloso—. Sabía que ibas a salir victorioso nuevamente.

—¿Cómo estás, papá?

—Bien, aquí en la reunión urgente que convocó tu hermana.

Saludo a la chica que está a su lado con una media sonrisa y avanzo hacia la silla vacía. Apenas me siento, Delany me observa con esa ceja arqueada que anuncia problemas.

—Mamá dijo qué tienes noticias.

Y ahí está.

La mentira, servida en la mesa como si fuera parte del menú.

Respiro hondo, tomo el vaso de agua y sonrío, fingiendo tener todo bajo control.

—Sí… algo así.

—Cuéntanos todo —exige, emocionada.

Kenzo me mira de reojo. Sabe perfectamente que estoy improvisando.

—Sabrán los detalles más adelante. Ahora concentrémonos en tu boda —sugiero, esperando que dejen de interrogarme. Y, para mi fortuna, funciona.

La comida transcurre entre conversaciones y planes para la boda. Kenzo recibe una llamada y se aleja para responder. Aprovecho para alcanzarlo; tengo que decirle lo de la chica con tiempo. Corta la llamada y se detiene al verme.

—Mis padres llegarán en unas horas —señala su teléfono.

—Necesito hablar contigo. 

—¿Qué rayos hiciste? —me mira con el ceño fruncido, entendiendo lo que tengo que decirle. 

—Mi madre estaba a punto de empezar a hablarme de la importancia del amor y de superar una decepción, no quiero que me vuelva a hablar de Clarisse —bufo.

—Pero… ¿inventarte una pareja? ¿Formal? ¿En qué estabas pensando? —dispara todas las preguntas—. Estaba tan emocionada contándonos lo enamorado que estás. 

—¿Conseguiste la agencia? —lo interrumpo, sin ganas de seguir con el tema.

—Sí, la tengo, hablé con ellos, aunque es muy poco tiempo de anticipación para encontrar algo. El evento es mañana, idiota —me recuerda. 

—Paga lo que sea necesario. 

—Está bien, por lo que investigué, tiene buena reputación; no tendrás problemas en un futuro —asegura—. Puedes entrar a su página y revisar el catálogo; así encontrarás a esa “novia formal” que dices tener.

—No es necesario.

—¿Y entonces?

—Elige tú. Sorpréndeme.

—¿Alguna preferencia, si es que todavía tenemos opciones?

—No. Solo que sea de nuestra edad, no importa si es un poco mayor, pero no quiero que sea demasiado joven.

—Perfecto. ¿Quieres que le explique la situación?

—No, lo haré ese mismo día; yo mismo pasaré a recogerla.

—¿Y la quieres para toda la noche? —se burla—. Digo, al ser tu novia formal, no habría problema en que la lleves a tu habitación.

—No, es mejor no arriesgarme tanto. 

—Bien, te mandaré un correo con toda la información.

Regresamos a la mesa. Aún siguen hablando de los preparativos para la boda y, al parecer, ya tienen planeado que salgamos a explorar la ciudad.

—Nosotros tenemos que instalarnos —dice mi padre, poniéndose de pie para despedirse.

—No olvides que esta noche llegan los padres de Kenzo —le recuerda mi hermana—. Cenaremos todos juntos.

—Claro, hija. 

Mi padre la besa en la frente y luego me da una palmada en el hombro antes de irse. 

Delany sigue hablando con mi madre, emocionadas con la idea de recorrer la ciudad. 

—¿Están listos? —pregunta mi madre. 

—Sí —responde Kenzo. 

Yo asiento; no pretendo quedarme encerrado en el hotel. Salimos y el calor nos recibe incluso antes de cruzar la puerta. El coche nos espera frente a la entrada, el aire acondicionado es un suspiro de alivio al calor sofocante. Por supuesto, el primer lugar que quieren visitar mi madre y Delany es el centro comercial.

Al llegar, algunas personas me reconocen, me rodean y me piden fotografías. Tengo muchos años en esto y aún no me acostumbro a “ser” famoso. Pero siempre soy amable; sonrío, poso, agradezco y me alegra lo felices que se van. A veces me sorprende cómo un gesto tan simple puede iluminarles el día, incluso cuando yo mismo me siento un poco desconectado de todo ese brillo que proyectan sobre mí.

La tarde transcurre sin contratiempos. 

Mi madre y Delany avanzan por el centro comercial, entrando y saliendo de tiendas con una energía que parece inagotable. Kenzo y yo las seguimos con toda la paciencia que podemos reunir, cargados de bolsas que se multiplican a cada paso.

Cuando por fin terminan, el coche nos espera afuera. 

El conductor nos lleva a dar un pequeño recorrido por la ciudad. Las Vegas empieza a transformarse: las luces se encienden, los anuncios brillan y la gente parece multiplicarse en las calles. 

Ya tarde, volvemos al hotel para prepararnos para la cena con los padres de Kenzo. Subo a mi habitación, agradeciendo el silencio momentáneo. 

Me quito la camisa caminando directo al baño, decidido a refrescarme un poco. Termino de retirar el resto de mi ropa y dejo que el agua fría caiga sobre mí, ayudándome a despejar la mente y recuperar el aliento.

Cuando salgo, me envuelvo en una toalla y en ese momento mi teléfono vibra sobre la cama. Un correo nuevo.

Es de Kenzo.

Lo abro.

La chica está contratada.

Siento un nudo en el estómago. No sé si es alivio, nervios o la confirmación de que la mentira ya tomó forma y ahora tiene rostro, nombre y horario.

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