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CORAZÓN ROTO

Autor: Luck
last update Fecha de publicación: 2026-03-12 21:21:38

El pasillo de la mansión Vegetti parecía interminable. Renata caminaba lentamente, como si cada paso pesara más que el anterior. Sus manos temblaban y su respiración era irregular, como si el aire se hubiera vuelto demasiado pesado para sus pulmones.

Las lágrimas caían sin control por sus mejillas. No podía detenerlas. No quería detenerlas. Todo su mundo acababa de romperse. Pero necesitaba sacar aquello que estaba destruyendo todo de ella.

Las imágenes seguían repitiéndose en su mente una y otra vez como una pesadilla cruel.

Antonio.

Su esposo.

El hombre que había amado durante tres años.

En la cama.

Con otra mujer.

Y no con cualquier mujer.

Con Claudia.

Su propia hermana.

Renata presionó una mano contra su pecho, intentando calmar el dolor que parecía desgarrarla desde dentro.

—¿Por qué…? —susurró con la voz rota. — ¿Por qué me hicieron esto?

Ella siempre había amado a Antonio.

Desde el primer día.

Desde el momento en que lo vio por primera vez en aquella gala elegante donde sus destinos se cruzaron.

Antonio Vegetti era el tipo de hombre que podía dominar cualquier lugar con solo entrar.

Alto.

Elegante.

Con una presencia poderosa que imponía respeto.

Sus ojos oscuros siempre parecían fríos, distantes, pero Renata había creído ver algo más en ellos.

Algo que nadie más veía.

Había pensado que con el tiempo él podría amarla.

Había creído que si era una buena esposa, si lo esperaba cada noche, si cuidaba de su hogar, si lo apoyaba en silencio…

Tal vez algún día él la miraría como un hombre mira a la mujer que ama.

Pero ahora comprendía algo cruel.

Antonio nunca la había visto.

Nunca.

Para él, ella había sido invisible.

Una esposa conveniente.

Nada más.

Renata llegó al final del pasillo y bajó las escaleras con pasos inseguros.

Las luces de la mansión brillaban con una elegancia fría. Todo era lujoso. Todo era perfecto.

Pero en ese momento ese lugar se sentía como una jaula dorada.

Una jaula donde su corazón había sido destruido.

Renata tomó su bolso con manos temblorosas.

Necesitaba irse.

Necesitaba escapar de esa casa.

De ese dolor.

De ese matrimonio que ahora sabía que nunca había sido real.

Pero justo cuando estaba a punto de abrir la puerta principal. Una mano la agarró con fuerza del brazo. Al principio ella tuvo la estúpida idea de que podría ser Antonio, de que todo tenía una explicación.

—¿A dónde crees que vas?

Renata se quedó paralizada. Reconocería esa voz en cualquier lugar. Giró lentamente. Claudia estaba de pie detrás de ella. Su cabello negro caía perfectamente sobre sus hombros y llevaba una bata de seda que apenas cubría su cuerpo.

Sus labios tenían una sonrisa arrogante. Una sonrisa llena de desprecio.

Renata sintió que su pecho se hundía aún más.

—Suéltame Claudia —susurró.

Pero Claudia no lo hizo. Al contrario. Apretó más su brazo.

—No seas infantil.

—Claudia, suéltame.

— Eres muy ingenua —dijo con tono burlón Claudia —. hermanita, pareces estar muy afectada.

Renata evitó mirarla. No podía soportarlo. ¿Como no iba a estar afectada si encontró al hombre que ama teniendo sexo con su hermana?

—¿Por qué? —murmuró. Aunque

Claudia soltó una pequeña risa.

—¿Por qué qué?

Renata levantó lentamente la mirada. Sus ojos azules estaban llenos de lágrimas.

—¿Por qué hiciste esto? ¿Por qué me traicionaste de esta manera?

Claudia la observó por un momento. Luego su expresión cambió. La burla se convirtió en algo más frío. Más cruel.

—Porque puedo. Porque quiero, porque Antonio es mi fantasía, es mi hombre.

Las palabras fueron como una bofetada. Renata sintió que el aire se le escapaba.

— Tú sabes perfectamente que yo lo amo, Claudia, era más fuerte tu deseo que los sentimientos de tu hermana.

—Renata, no seas santurrona. Antonio nunca te quiso —continuó Claudia con indiferencia—. Todos lo sabían menos tú. O si lo sabias y pensaste que con esa imagen lo ibas a conquistar.

Renata negó suavemente con la cabeza.

—No…

Claudia rodó los ojos.

—Eres tan patética, Renata.

Cada palabra era un cuchillo.

—Tres años casada con él y ni siquiera te tocaba.

El rostro de Renata palideció.

Claudia sonrió al ver su reacción.

—¿Pensabas que no lo sabía? —continuó—. Antonio me lo contó todo.

El corazón de Renata latía con violencia.

—Tú solo eras una esposa de nombre.

Renata apretó los labios para no sollozar.

—Un matrimonio conveniente para la familia Vegetti.

Claudia se inclinó un poco más cerca de ella.

—Pero el hombre que amas… —susurró con veneno— nunca te perteneció.

Renata sintió que su mundo giraba.

—Antonio siempre fue mío.

Las palabras resonaron en el enorme salón.

Renata la miró con incredulidad.

—Eso no es cierto. No puede ser cierto.

Claudia levantó una ceja.

—¿De verdad quieres saber la verdad?

Renata no respondió. Pero Claudia continuó de todos modos.

—Antonio y yo nos conocemos desde antes de tu boda. E incluso tuvimos sexo antes de que te cases y después del juramento de los votos.

El silencio fue brutal.

—Nos enamoramos primero.

Renata sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—Pero cuando la familia Vegetti decidió que él debía casarse contigo… —Claudia encogió los hombros— simplemente tuvimos que esperar.

Las lágrimas comenzaron a caer con más fuerza por las mejillas de Renata.

—Tres años —dijo Claudia con una sonrisa cruel—. Tres años viéndote jugar a ser la esposa perfecta.

Renata temblaba.

—¿Sabes qué era lo más divertido?

Claudia se acercó más.

—Ver cómo lo mirabas.

El dolor en el pecho de Renata se volvió insoportable.

—Como si fuera tu mundo.

Claudia soltó una pequeña carcajada.

—Pero tu mundo, nunca fue tuyo.

Renata ya no podía respirar con normalidad.

—Antonio solo estaba cumpliendo con el matrimonio que su familia le impuso.

Las lágrimas nublaban su visión.

—Pero ahora ya no necesita fingir.

Claudia finalmente soltó su brazo.

—Porque yo estoy aquí.

Renata retrocedió un paso.

Se sentía perdida.

Destruida.

Traicionada.

—Eres mi hermana… —susurró.

Claudia la miró como si la palabra no significara nada.

—La sangre no significa nada en este mundo.

El silencio volvió a llenar el salón. Renata sintió que todo dentro de ella se rompía. Había amado a Antonio. Había confiado en su hermana.

Y ahora ambos la habían traicionado. Claudia cruzó los brazos.

—Así que haznos un favor — Renata levantó la mirada. —Desaparece. No te sigas aferrando a un hombre que no te pertence, porque Antonio es mi hombre, es mío, yo soy su mujer.

Las lágrimas seguían cayendo.

—Antonio pedirá el divorcio pronto. Ya te lo estoy diciendo para que lo asimilas perfectamente y no quieras crear un conflicto.

Esas palabras terminaron de destruir lo poco que quedaba del corazón de Renata.

—Y créeme —añadió Claudia con una sonrisa venenosa—. Nadie va a extrañarte aquí.

Renata bajó la mirada. Durante unos segundos, el silencio lo envolvió todo. Luego, Renata abrió la puerta. El aire frío de la noche la golpeó inmediatamente. Pero no miró atrás. No podía.

Si lo hacía. Tal vez su corazón se rompería aún más. Así que caminó. Paso a paso. Alejándose de la mansión. Alejándose del hombre que amaba.

Alejándose de la hermana que la había traicionado.

Las lágrimas seguían cayendo mientras avanzaba por la oscura calle.

Renata levantó la mirada hacia el cielo.

Las estrellas brillaban débilmente entre las nubes.

Su corazón estaba completamente roto.

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