FAZER LOGINFarid.
ENCUENTRO.
El alboroto estaba en su pleno apogeo cuando me puse de pie, y admiré a esa pequeña mujer que ni siquiera había contestado a mi pregunta. Sin embargo, eso ya no era importante, porque la palabra “Yomal” nos advirtió a todos, que de ningún modo sucedería.
No estaba en contra de nada de lo que mis antepasados mantenían como una cruz irrefutable.
Me destacaba por ser algo relajado, pero era esta característica la que ponía a mi padre de los pelos.
Sin embargo, en este momento me pregunté, ¿Cómo una chica como ella había invadido la seguridad de este edificio? Akram era una de las organizaciones más grandes e importantes de todo el reino, y no solo de Angkor, sino de todos los países vecinos que hacían parte de ella.
Y de algún modo me interesé por lo que tenía para decir. Su rostro podía arrojar todo tipo de situación, además de que no había visto uno como el suyo.
—Abud… —ordené al general cerca de mí—… Iré a una oficina…
—Señor… ¿Y la reunión?
Me giré totalmente serio hacía él.
—Tú la sucederás…
—Farid… —el que dijera mi nombre frente a todos, me indicaba que estaría en problemas en el futuro. Pero esta sería un de las mil veces en que, Remuel Sabagh, mi padre, y el mismo rey, estuviera enojado por mis decisiones.
No iba a ser una novedad escuchar sus tantos reclamos.
—Has lo que te dije, Abud…
El hombre respiró profundo, y luego les ordenó a todos los visitantes que se sentaran en la mesa, para disculparse cinco minutos.
Salí dejando mi primera reunión importante mientras escuchaba los murmullos a mis espaldas. Sin duda alguna ya sabía cómo serían los titulares en la prensa, y aquel periódico arrojado a mis pies.
Pasé por el lado de la mujer que no dejaba de mirarme, pero que mantenía la cabeza alta, y era escoltada por la seguridad detrás de mí.
No demoramos mucho en llegar, porque de cierta forma, el diseño del edificio, era muy práctico.
Pasé a la oficina, que mayormente destacaba mi padre, y en donde parte de la historia de Angkor estaba tallada en cada lugar. Desde libros, cuadros, medallas…
Me giré sin sentarme, y luego vi como la guardia entró con aquella pelirroja.
Ella estaba en unos tenis, una mochila colgada, y una camiseta blanca, que parecía enrollada por un nudo en el vientre.
Era toda una gracia, pero su rostro parecía desenfocar de su atuendo. Tenía una cara de niña caprichosa, y muy hermosa.
—Salgan… —la guardia me miró con duda, así que torcí la cabeza hacia un lado—. Ella no va a asesinarme… ¿O sí? —me dirigí a ella con una sonrisa, mientras sus ojos parpadeaban como si no pudiera creerse que le preguntara.
Entonces negó en silencio.
—Siéntese… —ella tomó asiento, y luego puso la mochila en sus piernas.
—¿Por qué fue necesario gritar de esa manera? —pregunté de forma neutra.
Parecía que tenía atorada las palabras en su garganta, pero sus mejillas rojas me dijeron que mi pregunta la avergonzó.
—Señor… no tengo nada en contra de usted… no lo conozco… yo, no sabía que usted precedería la reunión este día…
Sonreí con gracias, ella era una mentirosita.
—¿No ves noticias? ¡Todo el mundo sabía que estaría aquí!
—He intentado hablar con su padre… —ella siguió ignorando mi comentario—. El rey Remuel, ni siquiera quiere considerarlo…
—¿Cuál es tu causa? Mencionaste Yomal, ¿no es así?
La chica asintió.
—Sé que hay tratados que impiden una intervención. Pero, ¿hasta cuándo? ¿Por qué deben pagar personas que ni siquiera tienen el conocimiento en su memoria…? Señor… mi país está en la miseria… ya no podemos soportar más bloqueos…
La miré de forma seria esta vez. No me había interesado tanto por este acuerdo del que mi padre hacía tanto hincapié a diario, incluso parecía estar obsesionado con joderse en dicho país, y de hecho sin conocer el origen del problema, o al menos recordarlos, simplemente pensaba que era una estupidez, cercar a un país por tantos siglos.
Yomal era uno de los países más cercanos a Angkor, e incluso era una burla solo destacar las limitaciones. Había grandes murallas que los dividían, murallas muy antiguas, y custodiadas de forma absurda.
¿Cómo podría afectarnos un país en ruinas? Y eso sin contar como se veía desde el cielo, porque el cambio en la imagen era deplorable.
No podía hacer nada en el momento, pero de seguro que cuando estuviera en la corona, que no era mi tema principal, mandaría a la mierd@ todas estas tonterías que solo saciaban la estupidez de mi padre.
Tomé un suspiro, y luego me senté en la silla frente a esa chica.
—Escucha… ¿Cuál es tu nombre? —ella pareció dudarlo mucho, pero al final solo dio uno, corto y preciso.
—Alana… —Alcé las cejas. Le quedaba perfecto ese nombre.
—Bien Alana… escucha… no soy yo el causante de este tratado, sin embargo, imagino que eres algo así como representante de Yomal, ¿no es así?
Ella asintió con duda.
—Sí… algo así… estoy dentro de un grupo formado para sacar a mi país adelante, pero los hombres que han venido aquí para intentar llegar a algún acuerdo, han sido golpeados, incluso asesinados.
Pasé un trago al escuchar eso, pero no lo demostré, era mi cualidad más fuerte.
—Bueno, hagamos algo… por el momento, no puedo ayudarte mucho, pero estaremos en contacto para ir solventando la situación… y en cuanto llegue a la corona, ¿Qué crees?
Ella negó sin entender una sola palabra. Entonces sonreí para que su tensión disminuyera.
—¡Zas…! El acuerdo absurdo desaparece… y todos los bloqueos de tu país, se irán al carajo…
No sé por qué la iluminación en su rostro, y la sonrisa que me mostró, dejaron mis ojos sobre ella durante mucho tiempo, de hecho, uno podía permanecer observándola, y no se cansaba…
Chicas lindas, después de tanto tiempo, he culminado esta saga de REINOS que había aplazado por tanto tiempo. Nuevamente, terminamos una historia con su acompañamiento y apoyo, y no me queda nada más que agradecer por su cariño tan bonito, y todos los comentarios que recibí de su parte. Las quiero mucho, ustedes ya lo saben, espero seguir leyéndolas en mis próximos proyectos, porque no saben lo bien que se siente cada palabra que ustedes escriben para cada uno de mis personajes. No habría nada de esto sin su apoyo y sin más que decir, les envío un gran abrazo. Me encuentran en la camarita como majonissi Majo.
Alana.BODA.—¡Sí, acepto! —ambos dijimos al unísono, y no pude evitar sonreír cuando Farid me besó, aún y cuando el clérigo encargado de casarnos, no nos había dicho que nos uniéramos al beso.Las manos de Farid acunaron mi rostro y su boca saboreó mis labios sin importar que una multitud nos estaba observando. Su lengua tocaba la mía con suavidad, al mismo que tiempo que el gesto me hacía promesas inimaginables.La gente se puso eufórica en el instante mientras la capilla repleta se inundaba de aplausos ante el evento.Y cuando nos despegamos, noté que mi padre desde los primeros puestos junto a Omar se unía a la ovación de la gente.También pasé la vista hacia mi amiga Abigail, que era mi dama de honor, y luego sonreí a la reina que estaba sentada en la silla de la realeza.Mi corazón latía con fuerza cuando el sacerdote dijo las palabras y luego, a diferencia de cualquier boda en el mundo, comenzó la coronación.Farid ya tenía su corona en la cabeza, pero él me llevó de la mano, m
Alana.PEDIDA DE MANO.La reunión había demorado más de lo planeada, y aunque pensé que eso sería razón suficiente para que Farid desistiera de su idea, ahora mismo estábamos pasando el puente improvisado por debajo de los muros, mientras una caravana de escoltas y guardias, nos seguían el paso.Me mordía la boca por dentro y solo imaginaba escenarios. Pero de cierta forma también rezaba, porque mi padre, que se destacaba por ser tosco e imprudente, en muchas ocasiones, mantuviera la compostura frente a Farid.Sin embargo, era el rey de Angkor el que estaría delante de él, ¿no? Era casi obligatorio que debía portarse a la altura.De un momento a otro, y entre mis pensamientos, sentí cómo la mano de Farid envolvió la mía, haciéndome girar hacia él.—Tienes las manos heladas… —Sentí un poco de pena para con él, pero afirmé.—Creo que estoy muy asustada… —Farid me sonrió, y como costumbre suya, besó el dorso de mi mano.—¿Cuál es la razón?—Mi padre, por supuesto… a veces es…—¿Y tienes
Alana.REGRESO A ÉL.Estaba tronando mis dedos en este momento, mientras me obligué a caminar en este pequeño despacho para drenar mis nervios.Había pasado mucho para mí, aunque el resumen era de días desde que su mirada se posó en mí por última vez, y aunque había pensado de mil formas entrar de nuevo a Angkor, no había otra que esta para empezar de cero, y que a la vez me tenía aquí como unan niña de 5 años mientras me temblaba todo el cuerpo. Tenía un vestido sencillo ahora, unas sandalias altas y el cabello que fue arreglado por Abigail, y la que también había hecho mi maquillaje. Había quedado conforme con mi apariencia, pero era lo que menos me importaba ahora.Después de que le di la nota Samir y él me aseguró entregársela a Farid, me pasó a este despacho y me reí negando, y sabiendo a la vez que todo estaba iniciando como la primera vez.Sin embargo, ahora era todo diferente, y ya no quería ni una sola mentira entre nosotros.Me giré de golpe cuando escuché que la puerta se
FARID. AKRAM. Colgué la llamada y dejé el teléfono sobre la mesa, para recostarme en el asiento y apretar los ojos. Eran los ocho de la noche y aún tenía mucho por hacer, pero cuando mi madre entró en el despacho, supe que por ahora estaba finalizado el trabajo. —Si no vengo… te quedarás aquí hasta media noche, tal y como lo ha hecho todos estos días desde que Alana se fue… —tomé un suspiro y sonreí de medio lado. —Prefiero mantener mi cabeza ocupada. —Pero no así, además, llegará en cualquier momento… y este tiempo separados, les ayudará a valorarse más… —Asentí y luego me puse de pie. —Tu siempre tan sabia. —No siempre… Me acerqué a ella y pasé el brazo sobre sus hombres mientras caminamos rumbo a la salida. Remuel estaba de viaje, por petición de mi madre. Después de todo el lío que se suscitó entre ambos, y que me negué a dirigirle la palabra, estaba replanteando su vida, ahora que no lo tomaba en cuenta ni siquiera para elegir una cena en el palacio. Badra le aconsejó t
Alana.PAPÁ.Unos días después estaba caminando lento, mientras Abigail tomaba mi brazo para llegar hasta un auto que había sido preparado para mi salida.Eran las once de la mañana, estaba haciendo frío, pero entre las nubes, se podía ver y sentir la calidez del sol.Farid no estaba conmigo en este momento. Había estado desde tempranas horas en la clínica con su madre, y se había despedido de manera informal, como quien no quería decir adiós.Aún no sabía cuánto tiempo iba a pasar desde que regresara o no, pero entendía su cara dura, y su manera voluble de venir a decirme que tomara el tiempo que necesitara.No pudimos darnos un abrazo o un beso, porque Badra estuvo como una sombra, y solo nuestras miradas, inspiraron en el otro lo que nos consumía por dentro.Entramos al auto, y noté como Samir era quien estaba a cargo de nuestra salida.Después de estos días habían colocado un puente provisional entre las dos fronteras, y a estas alturas, los autos y todo tipo de transporte liviano







