Mag-log inEl primer día como niñera de Noah De Luca comenzó mucho antes de lo que esperaba.
No porque tuviera que llegar temprano. Sino porque mi mente decidió despertarme antes que mi alarma. Durante unos minutos permanecí mirando el techo de mi habitación, pensando en lo que estaba a punto de comenzar. Había tenido otros trabajos. Había cuidado a otros niños. Pero esto se sentía diferente. La familia De Luca no era solamente una familia con dinero. Era una familia con una forma de vivir completamente distinta a la mía. Y yo estaba a punto de formar parte de ella. Aunque fuera solamente como una empleada. Me levanté, preparé café y revisé que todo estuviera listo. No necesitaba llevar demasiadas cosas. Lorenzo había sido claro: la residencia contaba con todo lo necesario. Pero aun así llevé una libreta. Siempre había tenido la costumbre de anotar detalles importantes. Horarios. Gustos. Pequeñas cosas que me ayudaban a conocer mejor a los niños con los que trabajaba. Porque para mí, esos pequeños detalles eran los que marcaban la diferencia. El automóvil llegó puntual. Cuando vi nuevamente los enormes portones de la residencia De Luca, tuve una sensación extraña. La primera vez había llegado como una candidata. Ahora estaba entrando como parte del personal. Aunque todavía me costaba creerlo. El conductor me saludó y me indicó la entrada. Al cruzar las puertas de la mansión, encontré a Elisa esperándome. —Buenos días, señorita Collins. —Buenos días, Elisa. Su sonrisa fue amable. —Espero que haya descansado. —Lo suficiente. Ella pareció entender exactamente lo que quería decir. —El primer día siempre es el más complicado. La seguí por el pasillo. —¿Por las reglas? —Por acostumbrarse. Sonrió ligeramente. —Esta casa puede parecer fría al principio. Miré alrededor. Sabía a qué se refería. Todo estaba perfectamente ordenado. Cada persona parecía conocer su lugar. Cada movimiento parecía planeado. —¿Y después? Elisa me miró. —Después uno aprende a ver lo que hay detrás. No pregunté qué quería decir. Había aprendido que en esa casa muchas respuestas llegaban cuando uno dejaba de buscarlas. Antes de llegar a la habitación de Noah, Elisa se detuvo. —Hay algunas cosas que debe saber. Asentí. —La rutina de Noah es importante. Sacó una pequeña carpeta. —Tiene horarios establecidos para sus clases, comidas y actividades. Tomé la carpeta. —Entendido. —Pero no olvide algo. Levanté la mirada. —¿Qué? —Una rutina ayuda a un niño. Pero no reemplaza conocerlo. Sonreí ligeramente. Era curioso. Desde que había llegado a esa casa, todos parecían decirme lo mismo de diferentes maneras. Noah no necesitaba solamente alguien que siguiera instrucciones. Necesitaba alguien que lo entendiera. Continuamos caminando. Al llegar frente a su habitación, Elisa tocó la puerta. —Noah. Esperamos. —Pasa. Entré. El niño estaba sentado en su escritorio. Esta vez no tenía un libro. Tenía varios dibujos frente a él. —Buenos días, Noah. Levantó la mirada. —Buenos días. Me sorprendió un poco que me respondiera más rápido que el día anterior. Era un pequeño cambio. Pero uno que noté. —¿Qué estás haciendo? Miró los dibujos. —Nada. Observé la mesa. Había varios bocetos de lugares, personajes y paisajes. —Parece mucho trabajo para ser "nada". Noah bajó la mirada. Durante unos segundos pensé que había dicho algo incorrecto. Pero luego tomó uno de los dibujos y lo movió ligeramente hacia mí. —Es un castillo. Lo miré con atención. —Es bonito. —No es un castillo real. —Ya lo sé. Lo miré. —Pero eso no significa que no sea bueno. Noah no respondió. Sin embargo, tampoco apartó el dibujo. Y decidí tomarlo como una pequeña victoria. Pasamos la siguiente hora revisando su rutina. No fue una conversación larga. No fue un momento mágico. Pero poco a poco empecé a notar cosas. Noah prefería leer antes que ver televisión. No le gustaba que cambiaran sus cosas de lugar. Y aunque aparentaba no necesitar ayuda, siempre estaba atento a las personas a su alrededor. Cuando terminamos, escuché unos pasos acercándose. No tuve que mirar para saber quién era. La presencia de Lorenzo era difícil de ignorar. —¿Cómo va todo? Me giré hacia él. —Bien. Sus ojos pasaron brevemente por la habitación antes de volver a mí. —¿Algún problema? Negué. —Ninguno. Hubo un silencio breve. —Bien. Era una palabra sencilla. Pero viniendo de él parecía significar más. Lorenzo miró a Noah. —Es hora de la clase. Noah asintió y comenzó a guardar sus cosas. Observé la escena en silencio. La forma en que Lorenzo hablaba con su hijo era diferente a como hablaba con los demás. Seguía siendo serio. Pero había algo más. Algo que no mostraba fácilmente. Aparté la mirada antes de que pareciera que estaba observando demasiado. Ese era mi primer día en la residencia De Luca. Y aunque todavía sentía que estaba caminando por un lugar lleno de secretos... *** Los primeros días en la residencia De Luca me enseñaron algo importante. La confianza no aparecía de la noche a la mañana. No importaba cuánta experiencia tuviera, cuántas familias hubiera ayudado antes o cuántos libros hubiera leído sobre niños. Cada niño era diferente. Y Noah era un claro ejemplo de eso. Durante mi primera semana aprendí que él no era un niño que hablara mucho. No porque no tuviera cosas que decir. Sino porque parecía elegir cuidadosamente cuándo decirlas. Por las mañanas, la rutina era bastante estricta. Desayuno. Clases. Tiempo de lectura. Actividades. Todo estaba organizado al mínimo detalle. Al principio pensé que aquella estructura podía sentirse demasiado rígida para un niño. Pero después entendí algo. A Noah le daba seguridad saber qué iba a ocurrir. Los cambios inesperados parecían incomodarlo. Así que, en lugar de intentar modificar todo de inmediato, decidí observar. Aprender. Adaptarme. Esa mañana estaba sentada en la sala de lectura mientras Noah terminaba una tarea. El silencio entre nosotros ya no era incómodo como al principio. Seguía siendo un niño reservado, pero ya no sentía que cada conversación fuera una prueba. —¿Siempre escribes así? —pregunté mientras veía su cuaderno. Levantó la mirada. —¿Así cómo? —Como si cada palabra tuviera que estar exactamente donde debe ir. Miró su cuaderno. —Me gusta que las cosas estén bien hechas. Sonreí. —Eso suena como alguien que conozco. Noah levantó una ceja. —¿Mi papá? No pude evitar sorprenderme. —¿Por qué dices eso? Volvió a mirar su tarea. —Porque él también quiere que todo sea perfecto. No supe qué responder. Era la primera vez que Noah mencionaba a Lorenzo sin que yo le preguntara. Y aunque parecía un comentario simple, me llamó la atención. —¿Crees que él es perfecto? Noah negó rápidamente. —No. La respuesta fue tan segura que casi me hizo sonreír. —Entonces ya sabes algo que muchas personas no saben. Me miró confundido. —¿Qué? —Que las personas pueden ser buenas y aun así cometer errores. Noah se quedó pensando en eso. Antes de que pudiera continuar, escuchamos un pequeño ruido proveniente de la mesa. Uno de sus lápices cayó al suelo. Me levanté para recogerlo al mismo tiempo que él. Nuestras manos llegaron al mismo tiempo. Por un segundo nos quedamos quietos. Después Noah tomó el lápiz. —Gracias. Fue una palabra sencilla. Pero era la primera vez que me agradecía algo sin que pareciera obligado. —De nada. Volvió a su tarea. Y yo intenté no darle demasiada importancia. Aunque en mi interior sabía que sí la tenía. Más tarde, durante la tarde, tuvimos un momento libre. Esperaba que Noah eligiera leer como de costumbre, pero me sorprendió cuando apareció con un libro en las manos. —¿Quieres verlo? Miré el libro. Era el mismo que había mencionado el primer día. El siguiente de la historia que estaba leyendo. —¿Me estás mostrando tu recomendación? Asintió. —Dijiste que la tendrías en cuenta. Sonreí. No podía evitar sentirme un poco sorprendida. Recordaba cosas pequeñas. Detalles que para otros podían no significar nada. Pero para un niño como Noah, compartir algo que le gustaba era una forma de acercarse. —Entonces espero que sea tan bueno como dices. Se sentó a mi lado, dejando un espacio entre nosotros. No demasiado cerca. Pero tampoco tan lejos como antes. Y comenzamos a leer. No hablamos mucho. Pero por primera vez desde que había llegado a esa casa, sentí que el silencio no era una barrera. Era simplemente compañía. No sabía cuánto tiempo tardaría Noah en confiar completamente en mí. Quizá serían semanas. Quizá meses. Pero ese día entendí algo. No necesitaba apresurar las cosas. Porque a veces las relaciones más importantes comenzaban con pequeños momentos que casi nadie notaba. Y ese pequeño momento con Noah De Luca...Habia pasado una semana desde los entrenamientos con Matteo y Lorenzo.Me encontraba frente al espejo observando algunos de los moretones que llevaba en mis piernas y brazos.—¿Ya te había dicho lo sexy que te ves en tanga? Miro a través del espejo a Lorenzo quién se encuentra recostado sobre el marco de la puerta del cuarto de closet con los brazos cruzados.—No, pero gracias por el cumplido.Me giro, tomo mi taba de dormir y me la coloco a medidas que me acerco a èl enrollando mis brazos sobre su cuello y le doy un casto beso.—¿Como les termino de ir? Suspira y puedo ver la frustración en su mirada.—Nada bien. El comisario Álvarez sera un hueso difícil de roer.—¿Por qué lo dices?—Se ha encargado de que despidan altos mandos los cuales eran clave para la organización. Ahora nuetsro único aliado es el alcalde y se esta tomando las cosas con precaución.—Vaya mierda...Esta por responder cuando su teléfono suena, observa la pantalla unos segundos y sale casi que corriendo. —¿Qué
Quince minutos después, Matteo me esperaba en la habitación de entrenamiento.A diferencia del resto de la mansión, aquel lugar no tenía nada de acogedor.Era amplio, silencioso y perfectamente ordenado. Las paredes estaban alcochonadas y en uno de los extremos, había diferentes elementos destinados al entrenamiento físico.Matteo estaba apoyado contra el borde de una de las mesas, con los brazos cruzados.Al verme entrar, levantó ligeramente la mirada.-Llegas tarde.Miro el reloj de la pared.-Todavía faltan treinta segundos.Una sonrisa ladeada apareció en su rostro.-Entonces llegas con treinta segundos de sobra.Ruedo los ojos y me acerco.-¿Vas a enseñarme o vas a seguir molestándome?-Las dos cosas.Matteo se acerca a la mesa en donde tiene varias armas y municiones. Toma ina de ellas con una naturalidad que me hizo comprender que aquello no era nuevo para él.No había nervios en sus movimientos.Tampoco arrogancia.Era simplemente la seguridad de alguien que llevaba demasiado
Había pasado un mes desde que Emily se encontrontraba viviendo en la mansión. Aún trataba de acostumbrarse al ritmo de vivir con una familia tan compleja y no la culpaba porque yo estaba igual.Pasaba todo el día con Noah. Lo acompañaba a sus clases particulares, de natación, fútbol y hacer tareas. Las noches se la dedicaba a Lorenzo en donde compartíamos y nos contábamos nuestro día.Hoy era un día importante para ellos y para la organización. Nombrarian a un nuevo comisario y todos estaban a la expectativa.Al bajar a la sala de estar se encontraba Bianca,Isabella y Matteo.Miraban con gran atención la conferencia de prensa que estaban pasando.—Finalmente te veo —Me giro encontrándome a Emily —. Pregunte por ti al llegar y me dijeron que estabas con Noah en clases de natación.—Si, ya esta tomando su siesta. —Observo el televisor —. Esta conferencia los tiene bastante entretenidos.—Diría que ansiosos —Musita —. Prefiero mantenerme al margen.Guardo silencio cuando el hombre que
Después de una intensa sesión de cardio con Lorenzo en la habitación y en la ducha me permito vestirme y salir a reunirme con los demás. Lorenzo entra a su enorme vestidor privado. Una habitación tan grande que parecía una boutique de lujo. A ambos lados había armarios de cristal repletos de ropa elegante, mientras que los zapatos estaban perfectamente ordenados en estantes iluminados. En el centro, una isla con cajones guardaba joyas, relojes y accesorios. Al fondo, un gran espejo y un elegante tocador completaban aquel impresionante espacio. Quedo maravillada observando todo hasta que algo llama mi atención haciendo que me congelé. —¿Esa es mi ropa? —Pregunto asombrada. —Si. —Responde con tranquilidad frente al espejo mientras abotona su camisa —. Pedí que fuera traída aquí, es donde pertenece. —¿Y que pasa si Noah se da cuenta? Se gira caminando hasta quedar frente a mi. Observa mi pecho el cual va descubierto solo llevando el sostén. Pasea sus dedos encima de mis pe
El trayecto de regreso a casa transcurre en silencio.Mateo permanece a mi lado, revisando algunos mensajes en su teléfono mientras yo observo por la ventana.Hay demasiadas cosas ocurriendo al mismo tiempo y, aunque intento mantener la mente fría, sé que esta situación apenas comienza a complicarse.Cuando finalmente llegamos a casa, entramos juntos.En la sala ya se encuentran Isabella y Sophie.Apenas cruzo la puerta, mis ojos la buscan encontrandola sentada en uno de los sofás junto a Isabella.Su mirada se encuentra con la mía y, por unos segundos, todo lo demás deja de importar.Me acerco directamente a ella.—¿Estás bien?Sophie asiente.—Sí.Me siento a su lado.—¿Segura?—Sí, estoy bien.La observo durante unos segundos. Parece tranquila, aunque hay algo en su mirada que me dice que algo ocurre.Mateo se acerca a Isabella.—¿Qué ocurre?Isabella intercambia una mirada con Sophie antes de responder.—Emily ya sabe la verdad.La expresión de Mateo cambia.—¿Cómo se enteró?Isab
—No estaré aquí encerrada, Soph. Necesito salir. También tengo que ver qué puedo rescatar del apartamento.—Todo fue pérdida, Emily. Es mejor que te hagas a la idea de que no quedó nada salvo allí.—Entonces, vamos al centro comercial. Necesito comprar mi uniforme para el hospital y algunas cosas básicas.Emily llevaba media hora tratando de convencerme para salir de casa. Isabella se encontraba en la oficina con Noah. Matteo y Lorenzo no estaban, y sus padres tampoco.Éramos las únicas en casa y el aburrimiento era más que evidente para ambas.—De acuerdo, iremos al centro comercial. —Aplaude feliz—. Pero no podemos salir sin seguridad. Es una regla de esta familia que no podemos pasar por alto.—De acuerdo. —Rueda los ojos—. Si es necesario para salir de esta casa, iré por mi bolso.Sube las escaleras emocionada. Tomo mi móvil y le escribo a Lorenzo para avisarle de nuestra salida. Apenas pasan treinta segundos cuando mi teléfono comienza a sonar. Es una llamada de él.—¿Bueno?—No







