LOGINLiliana Moretti lo tenía todo: belleza, riqueza, estatus y un futuro cuidadosamente planeado como la hija predilecta de una de las familias más influyentes de Estados Unidos. Pero una noche lo cambia todo. Fotos y videos explícitos de ella aparecen en internet, como si los hubiera tomado ella misma. El escándalo se propaga como la pólvora, destruyendo su reputación y amenazando la carrera política de su padre. Con el nombre de la familia al borde del colapso, sus padres toman una decisión escalofriante. Para recuperar su poder y forjar una alianza crucial, casan a Liliana con Dante Rossi, el temido líder de un poderoso imperio de la mafia italiana. Dante es todo aquello de lo que Liliana había sido advertida: peligroso, posesivo y despiadado en su mundo de crimen y sombras. Lo que comienza como un matrimonio de conveniencia de pesadilla se transforma lentamente en algo mucho más intenso. A medida que Liliana y Dante se ven obligados a convivir, las barreras comienzan a resquebrajarse y un deseo prohibido se arraiga. Juntos, inician una investigación sobre la misteriosa persona detrás de la filtración, un enemigo lo suficientemente astuto como para permanecer en el anonimato. Cuanto más profundizan, más peligrosa se vuelve la verdad. Salen a la luz secretos de la propia familia de Liliana. Resurgen viejas traiciones. Y la química entre la reticente novia y su despiadado esposo se intensifica día tras día. En una historia de humillación pública, protección férrea, pasión latente y suspense implacable, Liliana descubre que a veces la única forma de sobrevivir a la caída es resurgir en los brazos del mismísimo diablo. Ideal para los amantes del romance oscuro, los matrimonios concertados, el suspense de la mafia y las historias de amor con misterio.
View MoreCapítulo 1: La bomba de medianoche
Liliana Moretti se despertó con el zumbido constante de su teléfono.
El zumbido la sacó de un sueño profundo. Gimió y lo cogió de la mesita de noche, con los ojos aún pesados. La pantalla iluminó su oscura habitación como un foco. Eran las 2:17 de la madrugada. Cientos de notificaciones llegaron de golpe. Mensajes de personas con las que no había hablado en años. Chats grupales que explotaban. Números desconocidos. I*******m y otras aplicaciones mostraban cientos de alertas rojas.
Se incorporó lentamente, con el corazón acelerado. "¿Qué demonios está pasando?"
El primer mensaje era de su prima: *Lia, ¿eres tú de verdad? Llámame ahora mismo.*
Había un enlace adjunto. Hizo clic sin pensarlo dos veces.
El vídeo empezó a reproducirse automáticamente.
Al principio, no entendía lo que veía. Una mujer idéntica a ella yacía sobre lujosas sábanas de seda en una habitación con poca luz. El mismo pelo largo y oscuro. El mismo pequeño lunar justo encima de su cadera izquierda. El mismo delicado collar de oro que su madre le había regalado en su vigésimo primer cumpleaños. La mujer sonrió a la cámara, luego arqueó la espalda y se acarició el cuerpo lentamente, de una manera que a Liliana se le revolvió el estómago.
Esa no era ella.
Nunca había estado en esa habitación. Nunca había grabado ese vídeo. Nunca se había tocado así mientras la grababan.
Pero era su rostro. Su cuerpo. Su voz gimiendo suavemente.
A Liliana se le entumecieron los dedos. El teléfono se le resbaló de la mano y cayó sobre su regazo. Lo agarró rápidamente y empezó a revisar los mensajes frenéticamente. Había más vídeos. Desde varios ángulos. Algunos parecían selfies íntimas tomadas frente a un espejo. Otros eran más cercanos, más explícitos. Todos la mostraban de maneras que nunca había permitido que nadie viera.
Los comentarios debajo de los vídeos ya empezaban a llegar como veneno.
¡Mierda! La princesa Moretti es una auténtica zorra.
La hija del senador viviendo la vida al máximo.
Seguro que ahora le encanta toda la atención.
Las chicas ricas siempre son las más raras a puerta cerrada.
Su respiración se aceleró. Intentó cerrar las aplicaciones, pero seguían llegando mensajes. Amigos preguntando si estaba bien. Desconocidos insultándola. Un blog de chismes ya había publicado un artículo con capturas de pantalla. El escándalo se extendía a la velocidad del rayo.
Salió de la cama a trompicones y corrió al baño, apenas llegando al inodoro antes de vomitar. Todo su cuerpo temblaba incontrolablemente. Cuando por fin se puso de pie y se miró en el espejo, la chica que la devolvía tenía los ojos muy abiertos y aterrorizados, y las mejillas surcadas por las lágrimas.
Esto no podía estar pasando.
Siempre había sido tan cuidadosa. La hija perfecta. La que sonreía para las cámaras en cada gala benéfica, la que estudió administración de empresas y ciencias políticas porque su padre lo esperaba. Salía con personas autorizadas. Nunca bebía demasiado en público. Nunca enviaba fotos comprometedoras a nadie.
Y ahí estaba. Expuesta. Humillada. Destrozada.
Sonó su teléfono. Era su madre.
Liliana contestó con mano temblorosa. «Mamá…»
«No digas nada», la interrumpió su madre bruscamente. «Tu padre ya está hablando por teléfono con nuestros abogados y el equipo de crisis. Quédate en tu habitación. No abras la puerta. No hables con nadie. ¿Me entiendes?»
«Pero yo no hice esto», susurró Liliana desesperada. «Lo juro. Alguien hizo estos videos. Alguien puso mi cara en…»
«Nosotros nos encargamos. Solo guarda silencio.»
La llamada terminó abruptamente.
Liliana se desplomó sobre el frío suelo de mármol, abrazándose las rodillas mientras fuertes sollozos la desgarraban. Fuera de su ventana, los primeros rayos del amanecer asomaban sobre los terrenos de la finca. Pronto llegaría el personal. Pronto el mundo entero despertaría ante su completa destrucción.
Se arrastró de vuelta a su cama y volvió a abrir uno de los vídeos. La mujer que era idéntica a ella sonrió a la cámara antes de gemir con fuerza. El ángulo de la mandíbula era perfecto. La marca de nacimiento en su hombro. Incluso la pequeña cicatriz en su rodilla, recuerdo de una caída de la infancia.
Quienquiera que hubiera hecho esto conocía su cuerpo lo suficientemente bien como para recrearlo a la perfección.
Apareció un nuevo mensaje de un número desconocido. Sin palabras. Solo una frase escalofriante:
*Ahora todos saben quién eres en realidad, princesa.*
Liliana lo miró fijamente hasta que la pantalla se apagó. Entonces arrojó el teléfono con fuerza al otro lado de la habitación. Se estrelló contra la pared con un fuerte crujido y quedó en silencio.
Pero el daño ya estaba hecho.
Para cuando el sol saliera por completo, su vida como Liliana Moretti, la heredera intocable, habría terminado.
Y aún no tenía ni idea de quién lo había matado con tanta crueldad.
Capítulo 143: Nuestro MensajeSi estás leyendo esto, la historia ya ha llegado a su fin.**Liliana**Solía pensar que mi vida siempre estaría marcada por lo peor que me había pasado. Durante mucho tiempo, así fue. Los videos. La vergüenza. La forma en que mi propia familia me dio la espalda cuando más los necesitaba. Pasé años creyendo que el daño era permanente, que siempre sería la chica de la que la gente murmuraba, la que había que esconder, intercambiar o "arreglar". Pensaba que el escándalo había escrito el resto de mi vida de antemano y que solo reaccionaría a él.Me equivoqué.La verdad no llegó de golpe. Llegó poco a poco, lentamente, y a menudo cuando menos lo esperaba. Llegó en la silenciosa manera en que Dante se quedó cuando habría sido más fácil irme. Llegó en las noches que me sentaba junto a su cama de hospital, escuchando las máquinas y dándome cuenta de que ya no lo enfrentaba todo sola. Llegó en las mañanas cotidianas que siguieron al peligro, cuando aprendimos a
Capítulo 142: El primer alientoLas palabras de la partera aún resonaban en el aire cuando la siguiente contracción sacudió a Liliana con toda su fuerza.Ya no tenía fuerzas para caminar ni siquiera para sentarse. El dolor llegó en una oleada intensa y ascendente que le paralizó cada músculo que le quedaba y le arrancó un gemido de dolor. Arqueó la espalda contra las almohadas. Dante permaneció exactamente donde había estado toda la noche, lo suficientemente cerca como para que ella pudiera sentir su presencia, con una de sus manos atrapada entre las suyas. No le pidió que se callara. No le dijo que pronto terminaría. Simplemente se quedó, inmóvil y presente, mientras su cuerpo hacía el trabajo para el que se había estado preparando durante los largos meses.«Mírame», dijo cuando el dolor comenzó a disminuir. Su voz era baja y firme, un sonido que se abría paso entre la niebla del agotamiento. «Respira conmigo. Eso es. Inspira y espira. Estoy aquí».Liliana abrió los ojos con dificult
Capítulo 141: La esperaHabían pasado dos años desde la casa junto al mar.La mansión se sentía diferente ahora. Más ligera. La seguridad adicional se había reducido. El pesado silencio que solía reinar en los rincones había desaparecido. En su lugar, se oían los sonidos cotidianos: los pasos de Dante en la escalera, el suave zumbido del televisor por las noches y, últimamente, el leve crujido de la puerta de la habitación del bebé cada vez que Liliana la abría solo para mirar dentro.Tenía treinta y ocho semanas de embarazo.El bebé había estado activo toda la mañana, moviéndose y presionando contra sus costillas como si estuviera tanteando el espacio. Liliana estaba de pie en la habitación del bebé con una mano en la curva de su vientre, la otra apoyada en el borde de la cuna que habían armado meses atrás. La habitación era sencilla. Paredes pálidas. Un solo móvil colgando sobre la cuna. Una silla baja junto a la ventana donde a veces se sentaba a imaginar los días venideros.Dante
Capítulo 140: Picnic y pazEsperaron hasta su tercera mañana junto al mar antes de preparar la cesta.Liliana fue la primera en despertar. Un rato permaneció inmóvil, escuchando el suave vaivén de las olas contra la orilla. La luz en la habitación era tenue y pálida, como la que llega justo después del amanecer, cuando el calor aún no se ha instalado. Se levantó de la cama con cuidado para no despertarlo, buscó un vestido ligero y fue a la cocina. Las baldosas estaban frescas bajo sus pies. Fuera de la ventana abierta, el aire traía sal y el leve aroma de las hierbas silvestres que crecían cerca del camino.Para cuando Dante apareció en la puerta, con la camisa medio desabrochada y el pelo aún revuelto por el sueño, ella ya había preparado café y sacado el pan, la fruta y el pollo frío que había sobrado de la noche anterior. Había envuelto el pan en un paño limpio y colocado los melocotones y las uvas en un cuenco poco profundo para que no se estropearan. La cesta estaba abierta sobre


















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