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3. Lo último que me queda

Autor: ShadiSaad
last update Fecha de publicación: 2026-01-13 08:37:46

Anabell

No ha pasado ni una semana desde el día en que perdí todo, y aun así siento que han pasado años.

El taxi se detiene frente a la casa y el silencio del pueblo me golpea más fuerte que el cansancio. Me vine solo con una sola maleta y una caja de cartón donde llevo lo poco que quedó de mi vida anterior. El conductor no dice nada. Yo tampoco. 

Al cabo de unos segundos el hombre se aclara la garganta.

—Llegamos —dice el conductor finalmente, mirándome por el retrovisor.

Asiento, pago lo poco que me queda y bajo con mi única maleta. El aire frío de Lakewood Falls me golpea de inmediato la cara y me hace estremecer. No es solo el clima,que presagia una tormenta. Es el peso de todo lo que dejé atrás.

Divorcio. Humillación. Ruina.

Respiro hondo.

Este es el comienzo, me digo. Aquí voy a volver a levantarme.

Antes de venir puse a la policía local sobre aviso del hombre que está invadiendo la propiedad, por eso no me sorprende cuando al bajar veo una patrulla estacionada en la esquina.

Ni siquiera lo dudo, camino con mis pocas pertenencias hasta el auto de policia y nada más llegar la puerta se abre y un oficial entrando en sus treintas y en muy buena forma me recibe.

—Señorita Granger, un placer soy el oficial Harrison. 

—Un gusto, oficial. Gracias por haber venido.

—No es nada, solo hago mi trabajo, ahora cuénteme ¿qué es lo que ocurre?

Respiro hondo y trato de calmarme un poco para poder explicarme lo mejor posible sobre lo que está pasando.

—Esta era la casa de mi padre, al morir yo la heredé, pero hace poco que vine me encontré con que la habían invadido, un hombre que dice ser el dueño, pero yo no he vendido nada. 

El oficial me mira con atención y luego revisa los documentos que le entrego, los de la herencia, la promesa y escrituras de la casa y luego regresa su vista hasta mi.

—Muy bien, vamos a resolver esto, deje que sea yo quien hable primero, ¿De acuerdo?

Me limito a asentir y luego solo sigo al oficial por las escaleras del porche.

Siento que el corazón me corre una maratón  cuando el timbre suena y contengo la respiración mientras cuento los minutos hasta que la puerta se abre.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro… y entonces sucede. La puerta se abre y el mentiroso y maleducado hombre de la vez pasada aparece ante mi. Su ceño se frunce y su cuerpo se tensa cuando ve al oficial. Nuevamente su cara se me hace conocida y me devano los sesos tratando de averiguar dónde demonios lo he visto antes.

—¿Puedo ayudarlo en algo, oficial?—la voz grave el invasor llega a mis oídos, y es entonces que doy un paso al frente quedando a la vista. —Oh por Dios, esto tiene que ser una broma ¡Otra vez tú!

Antes de que pueda decir algo, el oficial Harrison levanta una mano, en sus ojos v eo algo brillar en su mirada al ver al invasor odioso, pero se recompone antes de que pueda reconocer de qué se trata y con expresión sería se dirige al maleducado.

—Señor le pido que baje la voz y se mantenga tranquilo. La señorita Granger a levantado un reclamo de invasión de propiedad, dice que usted está invadiendo su casa.

Si las miradas mataran entonces en esos momentos yo estaría gtres metros bajo tierra, pues el maleducado, del que aún no me sé el nombre, me lanza una mirada llena de fastidio y para hacerlo mucho más dramático, el cielo se encarga de dejar salir un trueno que por poco me hace saltar.

Genial, eso es todo lo que falta, que empiece a llover.

—Como le indique a esta mujer, la casa es mía. Yo la compré, tengo los papeles de la venta si desea verlos.

—¡YO NO HE VENDIDO LA CASA!—La paciencia se me agota y el grito sale lleno de desesperación.

—Pero su apoderado si, vaya y quejese con él

—No he autorizado nada, así que esto no es válido, ¡tiene que irse!

—Ok, vamos a calmarnos.  ¿Podría enseñarme los papeles?—dice hacia el tipo, me molesta que le hable con tanta amabilidad.

¿Acaso no ve que es un patán?

Luego de soltar un gruñido, veo al tipo entrar en la casa, solo para salir unos segundos después con los papeles en mano.

—Aquí están y honestamente espero ser la última vez que tengo que ponerme a dar explicaciones sobre esto.

El oficial Harrison revisa las hojas y yo siento como mi ansiedad va creciendo en cada segundo que pasa. Esto va a definir toda mi vida. Esta casa es todo lo que me queda, lo perdí todo y si también pierdo esto…

—Señorita, ¿Çonoce usted a un tal Marcelo Galeano?

La pregunta consigue que un escalofrío me recorra entera y tratando de mantener la compostura respondo:

—Es mi es… exesposo.

La incomodidad se pinta en el rostro del oficial antes de soltar un suspiro y decir las palabras que clavan mi cruz:

—Lo lamento mucho, pero la venta es legal, el señor Galeano, como su apoderado vendió la propiedad, podría empezar una demanda, pero mientras eso llega a algo, la casa es del señor Thompson.

No….

Luego de eso todo pasa como en cámara lenta. El oficial recibe una llamada en la radio y tiene que retirarse, lo veo irse apenado y yo me quedo de pie, en el porche donde aprendí a leer, donde pasé mi infancia, donde fui amada por última vez, pensando en qué demonios haré, hasta que su estúpida voz llega a mi.

—¿Qué espera para salir de mi propiedad?

La rabia me quema, pero el dolor… el dolor es lo que me está matando. ¿Qué más daño vas a hacerme, Marcelo?

—Esta… esta casa era lo único que me quedaba —digo, con la voz rota—. No tengo a dónde ir.

Me mira. No hay compasión. Solo distancia.

—No es mi problema.

Cierra la puerta.

La lluvia comienza a caer. Primero suave. Luego feroz. Mi celular resbala de mis manos cuando intento llamar a Melanie. Se estrella contra el suelo y la pantalla se apaga.

—No… —sollozo.

El frío, el cansancio, la rabia… todo se mezcla. El tiempo pasa. No sé cuánto. Mis piernas ya no me sostienen.

Lo último que recuerdo es el cielo girando… y la oscuridad cayendo sobre mí.

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Comentarios (1)
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Betiana Beatriz Cardozo
Es un sinvergüenza el exmarido encima que la engaño la dejo sin casa debe pudrirse
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