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Capítulo 10

last update Fecha de publicación: 2025-08-01 20:01:44

El avión volaba tranquilo en el cielo despejado. La luz suave del atardecer se filtraba a través de las ventanas, tiñendo todo de un tono cálido que contrastaba con el torbellino de emociones en mi interior. Sentada junto a Pietro, que estaba absorto en su teléfono móvil, apenas podía concentrarme en el libro que había traído. Todo se sentía irreal. Solo unas horas antes, había pronunciado los votos que me unían a él en una ceremonia breve y sobria. Mi madre lloró, mi hermana parecía emocionada
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  • Una novia comprada   Epílogo

    El sol de la mañana se colaba a través de las ventanas abiertas del salón, iluminando suavemente la habitación. Estaba sentada en el sofá, con mi hija en brazos, acariciando distraídamente su pequeña mano mientras la miraba dormir. Samantha tenía solo una semana de vida, pero ya había logrado robarnos el corazón a todos. Con sus cuatro kilos de puro amor, era una gordita hermosa, y no podía dejar de sorprenderme lo mucho que había cambiado mi vida desde que ella llegó.Pietro estaba en la cocina, organizando un par de cosas para la fiesta que Nikolas y Sierra habían organizado. La pequeña ya se había ganado el amor de toda la familia, y ellos querían celebrarlo a lo grande. Aunque habíamos mantenido mi embarazo en privado, las noticias del nacimiento de Samantha se esparcieron rápidamente, y pronto, toda la familia Vanderweed se estaba reuniendo para conocer a la nueva joya de la familia.No solo la familia estaba emocionada. Kalos y Karlenne, que nunca habían sido los más expresivos

  • Una novia comprada   43

    La brisa nocturna jugaba con las cortinas del salón, mientras el sonido del mar parecía estar cada vez más cerca. Pietro y yo estábamos sentados, casi en silencio, con nuestras copas de vino apenas tocadas, dejando que el ambiente se apoderara de nosotros. La noche, tan tranquila y serena, parecía invitar a una conversación más profunda, y fue entonces cuando Valeria rompió el silencio.—Pietro… hay algo que nunca te he contado, algo que ha estado rondando mi mente desde hace un tiempo.Lo miré, desconcertado. Había algo en su tono que me hacía sentir que lo que venía iba a ser importante. Ella dejó su copa sobre la mesa, sus manos temblando ligeramente, y me miró con una expresión en sus ojos que no podía descifrar.—La noche antes de casarnos… —dijo, y el peso de sus palabras me hizo respirar más hondo—. Yo… tuve un amante misterioso.Mi corazón dio un vuelco. ¿Cómo era posible que estuviera mencionando esto ahora, tantos meses después de nuestra boda? Un escalofrío recorrió mi cuer

  • Una novia comprada   42

    El sol entraba a raudales por las enormes ventanas del salón, y yo estaba en el sofá, acariciando distraída mi vientre ya redondo mientras escuchaba cómo Pietro discutía por teléfono en el estudio. Cinco meses habían pasado desde aquel viaje, desde la noche en que decidí irme para protegerme. Desde entonces, el mundo había cambiado para nosotros. O, mejor dicho, nosotros habíamos cambiado para habitar el mundo de otra forma.La casa se sentía más viva. No era solo un espacio lujoso, con mármol y madera brillante. Se había convertido en un lugar donde los silencios ya no eran incómodos, donde las risas llenaban los pasillos, donde el amor se cocinaba en las mañanas con café y tostadas mal hechas por Pietro.Pietro.Mi esposo ya no era ese hombre de mirada tensa y labios sellados. No siempre. Ahora, con frecuencia, lo sorprendía mirándome como si estuviera viendo algo sagrado. Se acercaba sin avisar, me rodeaba con sus brazos por detrás, besaba mi cuello y hablaba con nuestro bebé como

  • Una novia comprada   Capítulo 41

    Pasaron varias semanas después de aquella cena. Pietro no volvió a mencionar a su padre, y yo no pregunté. Entendí que para él, el silencio era a veces una forma de cerrar capítulos. Y aunque no sabía si Kalos volvería a nuestras vidas, tampoco me sentía lista para pensar en ello. Por primera vez, la casa se sentía como un hogar.Mis mañanas eran más tranquilas. Las náuseas se habían calmado y el embarazo avanzaba con normalidad. Pietro se mostraba cada vez más pendiente, más amoroso. Me acompañaba a las citas médicas, preguntaba por cada detalle, me sorprendía con comidas caseras que no siempre salían bien, pero que comía con gusto solo por verle sonreír. Dormíamos abrazados. Leíamos juntos. Empezábamos a compartir una cotidianidad que me hacía olvidar cómo habíamos comenzado.Hasta que sonó el teléfono.Era una mañana tibia de sábado. Yo acababa de salir de la ducha cuando vi la llamada perdida de mi madre. No era algo común. Ella no llamaba tan temprano a menos que algo estuviera m

  • Una novia comprada   Capítulo 40

    La mesa estaba servida. Los cubiertos perfectamente alineados, las copas brillantes, el vino decantando desde hacía más de una hora. Todo en su lugar. Todo impecable. Como siempre le gustaba a él.A mi padre.Valeria, sentada a mi lado, tenía una sonrisa contenida. Estaba hermosa, con un vestido azul oscuro que resaltaba su piel, y el cabello recogido en un moño elegante que dejaba ver su cuello largo y su expresión serena. Pero yo conocía esa sonrisa. Era la que usaba cuando estaba nerviosa. Cuando se preparaba para resistir. Y yo también estaba preparado. Había crecido con este hombre. Sabía cómo era. Sabía que esto no iba a ser fácil.Cuando Kalos Vanderweed entró al comedor, el silencio fue inmediato. Sus pasos resonaron como si marcara el ritmo de un juicio. Nos miró con esa frialdad suya que no necesitaba palabras. Valeria se levantó con delicadeza, como indicaban las buenas costumbres, y le extendió la mano.—Señor Vanderweed. Es un honor conocerlo finalmente.Él la observó. La

  • Una novia comprada   Capítulo 39

    Las siguientes semanas fueron como aprender a caminar con otro cuerpo. Con otra mente. Con otro corazón. Pietro se volvió diferente. Más presente. Más suave. Lo que antes era silencio ahora se llenaba de gestos pequeños: una taza de té al despertar, un roce en mi espalda cuando pasaba a mi lado, un beso en la frente cada vez que salía.Ya no era el hombre distante de antes. No era ese esposo frío que yo había conocido en los primeros días de este matrimonio pactado. No. Este Pietro me miraba con la vulnerabilidad de quien había amado y perdido. Y ahora quería amar sin volver a dejarse vencer por el miedo.Una tarde, mientras yo leía en el salón, lo vi entrar con una caja envuelta en papel blanco. No dijo nada. Solo la dejó sobre mis piernas y se sentó a mi lado, expectante.—¿Qué es esto? —pregunté, tocando la cinta.—Ábrelo.Lo hice. Y dentro había unos pequeños zapatos de bebé, tejidos en color gris claro. Me llevé la mano a los labios, con el corazón latiendo demasiado rápido.—¿Te

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