FAZER LOGINLa oficina del director ejecutivo estaba sumida en una profunda tranquilidad, aunque en su interior se escondía una tensión imperceptible. Detrás de un amplio escritorio de diseño elegante, Vicktor Caldwell permanecía sentado con un aire de absoluto control. Mientras tanto, Amora estaba de pie a su lado, sin apartar la mirada de la mesa que tenían delante.Vicktor levantó su teléfono y marcó el número de su secretaria.—Trae inmediatamente a mi despacho los documentos que estaban programados para hoy —ordenó brevemente, con firmeza y sin rodeos.—De acuerdo, señor Vicktor.La llamada terminó.A su lado, Amora no conseguía ocultar su inquietud. Entrelazaba los dedos y, de vez en cuando, tamborileaba suavemente sobre la superficie de la mesa. Su mirada estaba llena de expectación y ambición.—¿No puedes esperar más? —preguntó Vicktor, lanzándole una mirada de reojo con una leve sonrisa.Amora levantó ligeramente la barbilla.—Por supuesto. Llevo demasiado tiempo esperando este momento.
Aquella mañana llegó de manera inesperada para Amora.Abrió los ojos lentamente, pero en cuestión de segundos, todo su cuerpo se tensó. Se sobresaltó y su corazón comenzó a latir aceleradamente mientras recuperaba por completo la conciencia. Algo iba mal. Muy mal.Se le cortó la respiración.A su lado, un hombre dormía profundamente.Vicktor.El cuerpo del hombre seguía cubierto por una gruesa manta. Su rostro parecía tranquilo, como si la noche anterior hubiera sido una noche cualquiera, sin nada especial. Todo lo contrario a Amora, que ahora estaba sumida en la confusión y el pánico.—¿Qué pasó anoche? —susurró en voz baja, con la voz temblorosa.Su mano se movió por reflejo para apartar la manta y, en ese instante, sus ojos se abrieron de par en par. Miró su propio cuerpo, completamente desnudo.—¡Maldición! —siseó entre dientes.Un escalofrío le recorrió la columna vertebral. Los recuerdos de la noche anterior comenzaron a regresar en fragmentos borrosos: las bebidas, el mareo, el
La cena romántica debió haber terminado de forma dulce, pero la noche avanzaba sin que se dieran cuenta. La luz tenue, el tintineo de las copas y la suave melodía hacían que el ambiente se sintiera tan cálido—demasiado cálido como para que Amora perdiera el control.La chica soltó una risita, con las mejillas sonrojadas. La copa de vino en su mano volvió a alzarse sin vacilar.—Amora, basta —la voz de Vicktor sonó más firme que antes.Sin embargo, Amora solo negó despacio, con la mirada ya vidriosa. —¿Una más... solo una más, Vick? —murmuró con voz suave.Vicktor dejó escapar un suspiro prolongado. Sabía que Amora había ido demasiado lejos. Sin esperar más, el hombre le arrebató la copa de la mano.—No. Nos vamos a casa ahora.Amora no opuso resistencia. Su cuerpo estaba demasiado débil como para limitarse a protestar. Su cabeza cayó lentamente, casi rozando la mesa.Vicktor se puso de pie de inmediato y pagó la cuenta con rapidez. Tras hacerlo, rodeó a Amora con el brazo y la guio fu
La habitación de repente se sintió estrecha, como si el aire contuviera el aliento junto con ellos. Solo Vicktor y Amora quedaban allí, de pie con una sensación que aún no se recuperaba por completo del repentino desmayo de Lucy.Amora bajó la mirada, entrecruzando los dedos con fuerza, como si estuviera verdaderamente abrumada por la culpa.—Perdóname, Vick. Me dejé llevar por las emociones —dijo en un susurro, con una voz hecha lo más frágil posible.Detrás de su rostro apesadumbrado, se ocultaba una pequeña satisfacción que jamás dejaría ver. Todo aquello tenía que parecer perfecto. Tenía que seguir siendo la mujer delicada ante los ojos de Vicktor.Vicktor se acercó, alzó la mano y acarició con suavidad la cabeza de Amora.—No te preocupes, cariño. No es tu culpa —dijo con calma, lleno de seguridad.Amora levantó el rostro despacio, con los ojos anegados en lágrimas.—Pero Lucy se desmayó... —continuó, con un tono de voz tembloroso.—Quizá Lucy esté bajo mucha presión —respondió V
Resultó que Vicktor había llevado a Amora a un lugar que jamás se le habría pasado por la cabeza.La comisaría de policía.El automóvil en el que viajaban se detuvo justo frente al edificio. Las luces comenzaban a encenderse, señal de que la tarde estaba dando paso a la noche. El ambiente se sentía frío, haciendo que Amora mirara por la ventana con sentimientos encontrados.Antes de bajar, Vicktor apagó el motor.Amora se volvió hacia él, frunciendo el ceño.—Vick, ¿por qué hemos venido a la comisaría? —preguntó confundida—. ¿No dijiste que querías darme una sorpresa?Vicktor no respondió de inmediato. Giró lentamente la cabeza y la miró con una expresión seria que rara vez mostraba.—La policía quiere tomar tu declaración, El. Es para investigar el caso del secuestro —explicó con tranquilidad—. ¿Estás dispuesta?Amora guardó silencio por un instante.El caso del secuestro.Aquellas palabras hicieron que sus recuerdos regresaran de inmediato a aquel terrible suceso que casi le había c
Después de permanecer en silencio durante un largo rato, Amora se sentó en el borde de la cama. Introdujo lentamente la mano en su bolso y sacó el teléfono. Sus dedos temblaron ligeramente mientras buscaba el contacto que más necesitaba en ese momento: su madre. Sin dudarlo, pulsó inmediatamente el botón de llamada.Una vez… dos veces… y una y otra vez.Sin embargo, la respuesta seguía siendo la misma. La fría voz de la operadora volvió a escucharse, informándole que el número al que intentaba llamar estaba fuera de servicio.Amora bajó lentamente el teléfono y se quedó mirando al vacío.—¿Qué está pasando en realidad? ¿Por qué Mommy se ha marchado así, sin más? —murmuró en voz baja, casi inaudible.Su mente estaba completamente bloqueada. No lograba encontrar ni una sola explicación razonable. Su madre no era de las que se marchaban sin avisar. Desde que Amora era pequeña, aquella mujer siempre había estado a su lado. Siempre había sido su refugio, su apoyo cuando el mundo parecía de







