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Capítulo 11

Autor: Edi Beckert
last update Data de publicação: 2026-01-14 20:12:03

Capítulo 11

Fabiana Prass

Hasta me olvidé de mis problemas comiendo estas delicias. Había una gran variedad de pastas, con diferentes tipos de quesos y acompañamientos.

- ¿Te ha gustado la comida? - me preguntó Don mientras dejaba la copa de vino vacía sobre la mesa.

- Hacía mucho tiempo que no comía carne y platos calientes -me miró profundamente y bajó los ojos a mi regazo, observándome minuciosamente.

Me sentía un poco incómoda, pero intenté no demostrarlo. Levanté mi copa de vino y me di cuenta de que era el mejor que había probado nunca, de hecho, nunca había comido tan bien.

- BUENO... - Volvió a llenar su copa y me di cuenta de que bebe mucho, quizá esté irritado por la fiesta.

Terminé mi almuerzo e ignoré el resto. No había dulces de boda en la fiesta, pero había mini tiramisú, mini panna cotta, mini tarta de mousse de chocolate con frambuesas, mini apfelstrudells, cerezas, fresas, entre otras cosas, así que no pensé que se echaran de menos los dulces.

La tarta era diferente, cubría toda la mesa con una sola capa, y era abierta, con mucha fruta por encima, y estaba maravillosa.

- Tenemos que empezar el baile, ven conmigo -Don se levantó muy serio y me tendió la mano, dejando muy claro que era una orden y yo me levanté.

No podía mirarle a los ojos, dejé que me guiara en el baile, pero me mantuve seria y callada, siguiendo los pasos sin involucrarme.

- ¿No vas a mirarme? - preguntó con voz aterciopelada.

- No, no lo haré.

- ¿Por qué no? - Me hizo girar sobre la hierba.

- No me apetece.

- Creo que tienes miedo de volver a perderte en mi mirada -se burló.

- No te engañes. Besé al jardinero, no a ti, y teniendo en cuenta que él no existe, ¿entonces? - Sentí que sus manos me apretaban los brazos con más fuerza.

- Eres mía. Sabes muy bien que tienes que obedecerme, y si quiero besarte toda la noche, tengo derecho, nadie me lo impedirá.

- ¿Quieres? ¿Quieres obligarme a hacer estas cosas? - Lo siguiente que supe es que ya me lo había preguntado, y su mirada depredadora, que me intimida, me dejó sin reacción e incluso le miré ahora a los ojos.

- Aún no lo sé, depende de lo satisfecha que quede después de nuestra primera vez. Te das cuenta de que tenemos que consumar el matrimonio hoy, ¿verdad? - Le miré con pánico.

- No quiero -dejé de bailar inmediatamente, desesperada.

- Ya hablaremos luego, vamos a despedirnos de los invitados, estoy cansada.

- ¿Ya? - Me preocupaba quedarme a solas con él. ¿Qué me haría? ¿Cómo es la noche de bodas?

- Sí", dijo seriamente, y yo empecé a viajar en mis pensamientos. Pensando en lo que me haría cuando estuviéramos solos... Tenía miedo, pensando en lo que haría si me obligaba a algo.

Él iba saludando a la gente, y yo sólo asentía, con el corazón saltándome por la boca. Cuando nos cruzamos con la rubia blanqueada, me dejó claro que quería que la escuchara:

- ¿Me quieres en tu casa más tarde? ¿O me buscarás más tarde? - me dejó allí solo y arrinconó a Susany para que no supiera la respuesta.

Mujer suelta... esperemos que ese horrible pelo se prenda fuego más tarde - me apoyé en una mesa mirando a los dos, si pudiera le prendería fuego yo mismo, pero desgraciadamente no podía.

Vi cuando ella deslizó su mano por el brazo de él y me miró. Él apartó el brazo, pero todo el mundo vio la ridícula escena: Don con su amante teniendo sexo anal, y su mujer allí de pie a la vista de cualquiera, como un tonto que se deja cornudar a la primera oportunidad.

- Cuñada, te voy a dar un viejo móvil que tengo guardado. Lo he cargado y he guardado mi número, así que si necesitas ayuda, llámame o mándame un mensaje. Mi madre también lo sabe, he guardado su número. Como Antonio ha tenido crisis peores, nos tememos que irá a peor, depende de cómo os llevéis -me lo entregó Laura en secreto.

- Gracias. ¿No tienes cargador?

- Lo cogeré más tarde, se me olvidó.

- No hay problema.

- Adelante, cuñada. Te apoyo - sonrió y me abrazó.

- No debería... - empecé a hablar y me cortó.

- Vamos, esposa -no sabía exactamente cómo iba a funcionar.

Imagino que hay que consumar el matrimonio, pero no quiero colaborar, sobre todo si tiene que tocarme íntimamente.

Subí a su coche y me di cuenta de que ahora estábamos los dos solos. Condujo sin decir palabra y yo apenas sabía dónde poner las manos. Cuando llegamos, salió del coche y me abrió la puerta.

- Esta es nuestra casa. Hoy he despedido a todo el personal...

- Eres un mentiroso. ¿Cómo pudiste mentir mirándome a los ojos? ¿Cómo?

- I... - intentó hablar, pero cerré la puerta del coche con fuerza.

- Recuerdo muy bien que me trajiste aquí y dijiste que conocías al dueño. Me has tomado el pelo, Antonio -se acercó con la misma mirada que el Don que me compró, y por un momento me arrepentí de haberle hablado así, podría haberme agredido.

- Y conozco al dueño -me agarró del brazo, no con fuerza, pero sí con firmeza. - Mira... hoy no tengo ganas de hablar de esto, sólo quiero darme una ducha y consumar este matrimonio.

- Eso es todo lo que te importa, ¿no? Querías humillarme eligiéndome como esposa, y además molestar a alguien del consejo, por puro capricho.

- Mis motivos no importan. Quiero que cumplas con tu deber. Vamos a nuestra habitación y me daré una ducha... cuando salga quiero que estés en la cama, suéltate el pelo y no te quites el vestido, porque voy a hacerlo -comencé a temblar y escondí las manos para que no me viera, estaba demasiado asustada.

- Prefiero ser tu criada a dejar que me toques -me miró enfadado.

- Si así lo prefieres, bien. Estaba dispuesta a intentarlo, pero si todavía te doy asco, me apresuraré a consumar. Prometo no tocarte, pero necesito consumar esto hoy. Las reglas han cambiado en el consejo y me expulsarán si no presento la hoja mañana -sus palabras me golpearon como flechas afiladas y mi cuerpo se ablandó.

Me alejé lentamente, pensando en cómo sería esto, tengo una idea de lo que es, pero no sé cómo funciona en la práctica, cada segundo estoy más nerviosa, así que pensé que si bebía sería más fácil.

- ¿Hay vino aquí?

- Pasa. Te lo enseño -se adelantó y tuve que controlarme para seguirle el ritmo, las piernas me traicionaban, ¿qué me está pasando?

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