INICIAR SESIÓNCapítulo 10
Fabiana Prass No quería ir... en mi cabeza veía imágenes de las caras y voces de mi familia en Brasil, de mi tío pegándome, y cuando apareció el jardinero, con él llegó Don y todo parecía sin vida en mi mente. - Ven, cariño - Camila me sacó de mis pensamientos, tendiéndome la mano, y fui. - Es tu ramo... Lo hizo Tony, lo recogió esta mañana -me entregó unas rosas preciosas, parecían regadas y cuidadas especialmente para esto, y me recordaron al jardinero, pero tendría que olvidarme de eso, él no existe. Había otras personas cerca de mí, pero ni siquiera miré. Me metí directamente en el coche y subí la ventanilla hasta el fondo. Estaba muy nerviosa y mis manos temblaban y estaban frías, agarrando con fuerza este precioso vestido. El silencio me ponía aún más aprensiva, pero ahora ya no había vuelta atrás... sería la dama de la mafia italiana, y lo que es peor... sería suya, le pertenecería, y lo comprendía muy bien. Cualquiera de por aquí sabe lo que significa ser una dama de la mafia, a partir de hoy moriré a mí misma convirtiéndome en parte de ella. El lugar no estaba lejos, y decidí no llorar más. Así que bajé del coche con clase, y me alegré cuando el propio Don Pablo me ofreció su brazo para que le acompañara, y acepté. El lugar era precioso, una iglesia en un hermoso jardín. Caminé por una acera decorada con rosas, el coche paró justo en la entrada y había gente esperándonos fuera. No le vi, simplemente di un paso tras otro y seguí las rosas de diferentes colores, predominando el rojo. Cerca de la puerta le vi y me estremecí. Cuando lo miro ahora, sólo veo a Don, es como si el jardinero no existiera, estaba viviendo una mentira. Don Pablo no me dejó retroceder y tuve que mantener el paso hasta acercarme al hombre que me había comprado. Estaba serio y no dijo una palabra, sólo saludó a su padre y luego me tomó de la mano y enganchó mi brazo en el suyo. Caminamos hasta un elegante altar que estaba justo enfrente de nosotros, y había mucha gente, pero yo no conocía a ninguno, ni hubiera querido hacerlo. Empezó la ceremonia, y yo ya entendía el italiano lo suficiente como para comprender lo que decía un hombre trajeado mientras celebraba la boda. No hubo votos, y di gracias a Dios, porque recé todo el tiempo para que mi tormento terminara pronto y pudiera alejarme de todo aquello. Un niño trajo una cajita con anillos, y otro un anillo muy hermoso. Don se puso delante de mí y me quitó el guante con cuidado, luego se puso el anillo. Por lo que había oído, ese anillo me hablaba del nuevo poder que tenía, de convertirme oficialmente en la dama de la mafia. La forma en que me miraba ahora era indescriptible, y en cuanto me enfrenté a él aparté la mirada. Poco después, se puso el anillo, repitiendo unas palabras con promesas tan fuertes que me asustaban, de hecho... todo en él me asustaba. Tenía que repetir las mismas cosas, y era extraño. Todos me miraban y no había salida, prometí amarle y serle fiel, me até completamente a él, acabando con cualquier esperanza de escapar, mientras intentaba ponerle el anillo con manos temblorosas. Al oír el famoso "puedes besar a la novia", me eché automáticamente hacia atrás. Él me miró enfadado, sujetándome por los codos, y yo me sobresalté. Don Antonio levantó el velo que me cubría parcialmente la cara y tiró de él hacia atrás. - No me avergüences, ragazza. Por favor... - El corazón me latía con fuerza, pero su voz suave me recordó al jardinero, y me detuve donde estaba, mirándole fijamente. - No puedo -susurré y él me acercó suavemente. - Cierra los ojos... piensa en el jardinero -me sujetó la barbilla con suavidad, y yo obedecí. En cuanto cerré los ojos, me resultó más fácil. Bastó con que me tocara la boca para que volviera a mi memoria. Relajé mi cuerpo y le devolví el beso, recordando lo bien que me sentía al besar al jardinero que tan bien me trata. Sentí sus manos bajar hasta mi cintura y me olvidé del resto. Mis manos se posaron en su nuca, y ese fue el primer momento del día en que me relajé. Oímos aplausos, y de repente le solté, girándome hacia todos, y al girarme hacia él, don Antonio me rozó los labios con el pulgar mientras me miraba la boca. - Qué guapa, ragazza. El problema es que tu cara me confunde, siento muchas cosas a la vez, y le ignoré. Se dio cuenta y me cogió de la mano de la misma forma que habíamos entrado, luego me condujo fuera de la iglesia. Noté el movimiento de la gente y seguí caminando, algunas personas nos arrojaron arroz, y luego vi que habíamos ido a la parte trasera de la iglesia, donde se había montado un lugar hermoso, con mesas y bancos rústicos, de madera muy brillante, y muchos arreglos florales. - Yo tengo que saludar a la gente, tú quédate a mi lado, no hace falta que te acerques a nadie, sobre todo a los hombres -lo miré y puse los ojos en blanco, qué vago... ahora se va a poner celoso. Fue rápido, y vi que conocía a unas cuantas personas, y no me lo podía creer cuando se me acercó la chica blanqueada que vi en la habitación de Don, creo que se llamaba Susany. - He venido a entablar amistad contigo. Ya que pronto compartiremos la misma casa, y el mismo hombre -me susurró al oído y miré sobresaltada a Don, que no escuchó lo que dijo aquella mujer, y siguió como si nada. Ella me sonrió a la cara y fue a abrazar a Don, que parecía intentar rechazarla, pero cuando me miró se dejó agarrar por ella y yo cambié la dirección de mi mirada. Le dijo algo al oído y me sentí muy mal. Estaba llena de dudas, entre ellas: si esa zorra iba a vivir en la misma casa, sería humillante, me humillaría constantemente. Me controlé para no cuestionarlo, al fin y al cabo, me había comprado y yo no tenía voz ni voto en nada. La mujer sonrió y me miró con lástima, luego se sentó en uno de los bancos, haciéndome sentir aprensión. - Vamos a comer -me acercó a la mesa, y cuando vi el festín, me olvidé de todos mis problemas, nunca había visto tanta comida deliciosa, creo que ni siquiera sabré comerme parte de ella. - ¿Me lo puedo comer todo? - pregunté avergonzada y él me miró extrañado, al parecer me había equivocado de pregunta. - Por supuesto... es nuestra mesa -asentí y me senté para empezar a comer.Capítulo 132 Narración del autor:Para Rebeca y Enzo, la vida se ha convertido en un maratón constante. La vida de esta familia es una locura, con dos bebés pequeños y la peligrosa vida en la mafia italiana, no es algo para todo el mundo, y Rebeca también es muy diferente al resto de la familia, por lo que esto funciona perfectamente para ella. Esta pareja nunca cambiará, los altibajos forman parte de su día a día, y no tendría gracia si no fuera exactamente así. Heloá tiene un carácter más fuerte que Miguel, y Enzo no para de repetir que ella es la cara de Rebeca, mientras que Miguel se porta mejor. A Maicon le fue bien en la mafia, y últimamente trabaja en una posición mejor, como mano derecha del Don. Desde que llegó, puso sus ojos en María Eduarda, la hermana de Enzo. Pero Hélio cortó pronto con él y acabó alejándose. Al ir al club nocturno, conoció a varias mujeres, pero ninguna le llamó la atención. Quizá en un próximo libro os cuente más sobre esto, porque el sigu
Capítulo 131 Enzo - ¡Santo cielo! Has alborotado a los niños. - Me peleé con Rebeca mientras caminábamos hacia el coche. - ¡YO NO HE HECHO NADA! Y DEJA DE AGITARME, ¡LA QUE AGITA ERES TÚ! AHHHH, MIERDA, ENZO, ESO DUELE. - Abrí la puerta y la ayudé a entrar, pero me estaba asustando. Estaba ansioso, y con cada respiración diferente de Rebeca, me daba cuenta de la situación. - Enzo. ¡ENZOOO! - gritó Rebeca cuando sintió más dolor. - ¿Qué le pasa? ¿Va a nacer ya? - pregunté aterrorizada. - Va a nacer. - Dijo que respiraba con dificultad y la desesperación se apoderó de mí, así que empecé a dar vueltas alrededor del coche, sin saber qué hacer.- Maldita sea, deberías haberte quedado en casa. - Enzo, por el amor de Dios... acelera, y deja de andar como un gilipollas mareado, porque mi irritación va a acelerar el parto, y creo que es... YA, YA... ¡YA VIENE, CORRE! - gritó Rebeca, haciéndome despertar de mi trance y correr con ella hacia el hospital. Ni
Capítulo 130 Enzo La noche siguiente: - Te ves peor embarazada - rocé mi barba contra su piel. - Claro que no, sólo eres tú - me susurró al oído. - Te voy a arrancar la ropa... - Me puse encima de ella. - No te atrevas o te complicaré aún más la vida. - Tumbé mi cuerpo junto al suyo, desanimado.- ¿Qué quieres ahora?- Nada... sólo dormir. Buenas noches...La maledetta se tumbó con su lencería roja, y parecía tener un rastreador de peligros en el cuerpo, porque yo no podía ni tocarla. - Vas a dejar de trabajar, ¿verdad? - Pasé mis manos por su espalda, veía que le gustaba. No quería insistir en seducirte, si no quieres, no quieres.- No voy a dejar de trabajar. Tengo cuidado, nunca me han pegado. - dijo lentamente.- No vas a misiones, ¿verdad? ¿Porque es demasiado peligroso, si te disparan o alguien te ataca? ¿Si te lanzan dagas o cuchillos? No, no puedes... Se lo contaré a Don. - Lo he pensado un poco más. - Tenemos demasiados soldados para eso, ¿po
Capítulo 129 Rebeca Me quedé asombrada al saber que no había un solo bebé en mi barriga, sino dos. El médico estaba muy atento, y creo que Enzo estaba un poco nervioso, porque empezó a hacerle muchas preguntas. - Mira, seamos prácticos. Escribe lo que puedes y lo que no puedes hacer, y luego lo leeremos en casa. - La doctora sonrió y se tomó su tiempo para teclear. Cuando salimos, estábamos en silencio, y cerca del coche, cuando fui a abrir la puerta, me giró para que le mirara y me abrazó. - Ahora seremos una familia, Rebeca. - Le devolví el abrazo. - Te quiero... - Yo también te quiero, ragazza. - Nos quedamos un rato abrazados y me sorprendió oír una voz: - Qué casualidad... - Me giré y vi que allí estaba uno de los encargados de la discoteca, de los que hacen programas. - É... - No hice mucho hincapié, fue una de las primeras en reírse de mí cuando empecé en el club. - ¿Hay alguien enfermo? - preguntó y yo me estresé, ¿sería que la puttana no me veía
Capítulo 128 Enzo - ¿Estás lista, ragazza? - pregunto, golpeando la mesa con las manos al darme cuenta de que Rebeca ha salido por fin de aquella habitación. - No sé... dímelo tú. ¿Se me nota la barriga, o no? No puedo parecer gorda, estoy embarazada. - Se giró de lado, estirando aún más el vestido, intentando mostrar la barriga, pero yo no estaba tan loca como para decir tonterías y esperar media hora más. - Diablilla, estás preciosa. Tu barriga es preciosa, puedo verla perfectamente. - Me puse las manos en la barriga y ella me miró con desconfianza. - No lo dices para complacerme o para que nos pongamos en marcha, ¿verdad? - me miró. - Por supuesto que no. Si algún desgraciado se atreve a decir lo contrario, le pego un tiro. O le meteré un calcetín por la garganta, según quién sea... - sonrió. - Eres gracioso... - Divertidísimo. Vámonos de una vez, que no por estar embarazada no te voy a poner en medio de mi espalda -ella ensanchó los ojos. - No harías e
Capítulo 127 Fabiana - Ah, pero este bebé es tan hermoso. Por eso la otra abuela está encantada con él. - Mi madre abraza a Vinícius y yo suspiro. - Sabes, mamá... cuando lo miro, pienso: se formó dentro de mí, nació dentro de mí, es tan increíble, ¿no? - Estamos bendecidos, hija mía... Estoy segura de que dentro de unos años tendremos muchos bambinos correteando por esta casa, por estas tierras. Cuando naciste, faltaba de todo... nuestra primera casa era de barro, un espacio minúsculo, yo alisaba el suelo con barro y agua, con las manos o con lo que veía delante, luego se secaba y quedaba bonito... al menos, a mí me parecía bonito. Luego sólo tenía que barrerlo bien y listo. - ¿Y cómo te las arreglabas con las cosas que faltaban? - Seguíamos así... un día tras otro, y siempre había suficiente para comer al final del día. Aunque tu padre siempre comía paçoca con Coca-Cola, porque era más barata y duraba más en el estómago. - Ella sonreía y yo le seguía la corrie







