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Las Reglas del Jeque

Autor: M Souza
last update Data de publicação: 2026-02-06 09:17:31

Khaled

Desde el principio, no confié del todo en Alberto. Un hombre capaz de vender a su propia hija sin dudar no merece confianza. Así que hice lo que siempre hago: me aseguré de tener el control de la situación. Puse a uno de mis hombres a vigilar a esa familia.

Y fue una decisión acertada.

Ella intentó huir.

Lara, tan ingenua, creyó que podía simplemente caminar por las calles de Dubái sin ser vista, sin ser atrapada. Si no hubiera sido por mí, ahora estaría muerta… o peor. No importa cuánto me odie en este momento: yo la salvé.

Mientras la observaba sentada en el sofá de mi sala, con los ojos enrojecidos de tanto llorar, no pude evitar el pensamiento que se formó en mi mente. Era hermosa. Incluso en medio de su rabia y su desesperación, su belleza era casi hipnótica. El cabello desordenado caía sobre su rostro delicado, los labios temblorosos, el pecho subiendo y bajando con rapidez por la respiración agitada.

Era mía.

Me giré hacia una de las empleadas y ordené:

—Prepara una habitación para ella.

La mujer asintió y se marchó apresuradamente. Volví mi atención a mi hombre de confianza.

—Avisa a su familia que Lara está a salvo.

Él inclinó la cabeza con respeto y salió.

Cuando nos quedamos solos, Lara se derrumbó.

Las lágrimas rodaron por su rostro y, por primera vez en mi vida, sentí una presión extraña en el pecho. ¿Compasión? Tal vez. Algo dentro de mí no disfrutaba verla tan rota.

Di un paso hacia ella, pero retrocedió de inmediato, como si yo fuera un monstruo.

—¿Su familia es tan importante para ti? —pregunté.

Ella soltó una risa amarga.

—No. Me odian. En realidad, yo morí el día en que mi madre murió al darme a luz.

Había tanto dolor en su voz que, por un instante, guardé silencio. No era solo una joven caprichosa que se negaba a aceptar su destino. Era alguien rechazada por su propia familia.

—Entonces, ¿por qué lloras?

—¡Porque no quiero ser una prisionera de lujo! —gritó, con los ojos brillando de pura frustración.

Sonreí, divertido por su resistencia.

—Si obedeces, serás bien tratada.

—Pero nunca volveré a ser libre —replicó, con la voz quebrándose al final.

Crucé los brazos.

—¿Y qué llamas libertad?

Ella dudó un momento antes de responder.

—Hacer lo que quiera.

Arqueé una ceja.

—¿Podías hacer lo que querías cuando vivías con tu padre?

Su silencio fue la respuesta.

—Entonces, ya estabas prisionera de todos modos.

Antes de que pudiera responder, la empleada se acercó.

—La habitación está lista, señor.

Extendí la mano hacia Lara.

—Vamos.

No la tomó. En su lugar, se abrazó a sí misma y caminó detrás de mí, como un animal acorralado.

Cuando entramos en la habitación, vi la sorpresa en su rostro. Era una de las mejores de la mansión: una cama enorme, sábanas de seda y un balcón con vista a la ciudad iluminada.

—Ahora, hablemos de las reglas.

Se giró hacia mí, endureciendo la expresión.

—¿Reglas?

—Sí. Aquí, en Dubái, la esposa debe respetar al marido. Nunca levantarás la voz en público, siempre me acompañarás cuando yo lo ordene y vestirás ropa adecuada. Eso significa que, cuando salgamos, cubrirás tu cabello y usarás prendas que cubran tu cuerpo.

Me miraba con furia, pero no dijo nada. Continué.

—Si me desobedeces, los castigos pueden variar. Desde restricciones, como no salir de la habitación, hasta castigos físicos.

Abrió los ojos con incredulidad.

—¿Hablas en serio?

Incliné la cabeza.

—Nunca bromeo, Lara.

Tragó saliva y luego frunció el ceño.

—¿Por qué yo?

Sonreí de lado.

—Porque llamaste mi atención. Y no pierdo la oportunidad de obtener lo que deseo.

—¡No soy un objeto que puedas comprar!

Una risa escapó de mis labios.

—Pero ya te compré.

Ella estalló de rabia.

—¡Te odio!

—Baja la voz, Lara —advertí, con amenaza en el tono—. No querrás recibir tu primer castigo antes del matrimonio, ¿verdad?

Guardó silencio, pero el odio en sus ojos lo decía todo.

—La boda será en dos días —anuncié—. Tu familia estará presente y haré la ceremonia más lujosa que Dubái haya visto.

Soltó un suspiro pesado.

—No me importa.

Sonreí levemente.

—Mañana, tu asistente personal irá contigo a elegir la ropa adecuada.

Me miró como si estuviera loco.

—No quiero tu dinero. No tengo ninguna asistente.

—Sí la tienes. Y no es algo que puedas elegir.

Sus ojos brillaron de furia, pero se mantuvo callada.

—Además, recibirás clases sobre la cultura de tu nuevo hogar.

—No quiero.

Mi paciencia empezaba a agotarse.

—Pero las tendrás.

Di un paso hacia ella y, de inmediato, comenzó a retroceder hasta que su espalda chocó contra la pared.

—¿Crees que puedes rebelarte contra mí, Lara?

No respondió. Solo me sostuvo la mirada.

—Me perteneces.

Y, sin advertencia, capturé sus labios con los míos.

Intentó resistirse, pero sentí el instante exacto en que su cuerpo cedió, cuando su rabia comenzó a diluirse bajo la presión de mi beso. Sus manos subieron a mi pecho, primero para apartarme… luego sus dedos se aferraron a la tela de mi camisa.

La sensación de victoria recorrió mi cuerpo.

Nos separamos por falta de aire y, al segundo siguiente, un ardor cruzó mi rostro.

Ella me había abofeteado.

Mi visión se oscureció de ira. Atrapé su muñeca, sujetándola con fuerza.

—Si vuelves a golpearme, te arranco la mano.

Me miraba con los ojos muy abiertos, respirando con dificultad.

—Aquí mando yo.

Y entonces la lancé sobre la cama, con la fuerza suficiente para que entendiera su lugar.

Lara se quedó allí, mirándome, el pecho subiendo y bajando, los ojos llenos de una mezcla de rabia y miedo.

Sin decir nada más, salí de la habitación y cerré la puerta detrás de mí.

Aprendería.

Me encargaría de ello.

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Comentários (1)
goodnovel comment avatar
Zamfir Nuta Cristina Elena
no entiendo lo que pasa con esta aplicación empezé 10 libros y no pude ver más de unos capítulos que debo hacer
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