Masuk—¿De qué hablas? ¿Cómo podría vengarme de alguien con tanto poder? —interrogó, con el ceño fruncido—. ¡Mírame! Soy una sirvienta. Mi futuro ya está escrito… Seguiré limpiando pisos en esta mansión. No sé por qué creí en las promesas que me hizo Anthony. Era imposible que nosotros pudiéramos casarnos.
—Te equivocas —respondió Mateo, sacudiendo la cabeza—. Ser una sirvienta tiene sus ventajas, solo que no has sabido aprovecharlas. —¿Ventajas? —preguntó—. ¿Por qué me propones esto? ¿Tanto odio le tienes a tu hermano? No lo entiendo. Anthony siempre me dijo que tú quieres quitarle el poder… —No lo odio, pero sí es verdad que quiero tomar su lugar. No confío en él —expresó, con una mano en el bolsillo—. Te dije que Anthony solo llevará a esta familia a la ruina, y eso te incluye a ti. —¿Qué es lo que buscas? No creo poder ayudarte… —murmuró, con la cabeza gacha. —Me sorprende que todavía no lo hayas deducido. Quiero convertirme en el heredero de Etoile Royale —soltó, con una sonrisa ladeada—. Anthony tuvo razón al decirte que quiero robarle el puesto. Sé que mi hermano querrá irse por el camino fácil cuando se dé cuenta de lo difícil que es llevar una empresa. —¿Camino fácil? ¿A qué te refieres? —Anthony es así —resopló, caminando hasta la ventana. Miró el jardín—. No le importará desviar fondos con tal de pagar sus lujos. También es capaz de invertir en proyectos malos e imposibles, o incluso ayudar en el tráfico de drogas. —¡¿Tráfico de drogas?! Creo que te has pasado. Etoile Royale es conocida por ser la compañía más limpia de este tiempo —defendió Isadora, confundida. —Precisamente por eso temo que caiga a manos de Anthony, mi codicioso hermano mayor —masculló, con la nariz arrugada—. Lo que más me preocupa es que intente vender parte de la compañía. Una vez lo escuché hablando sobre eso… con un socio de papá. Etoile Royale caerá en las manos equivocadas si no hacemos algo. —¿Dices que Anthony hará esas cosas? ¿Cómo estás tan seguro? —Lo conozco. Es mi hermano —dijo, le clavó la mirada—. Anthony a veces me cuenta sus planes, sabiendo que yo no podré hacer nada al respecto por no tener poder sobre él. Tienes que ayudarme, Isadora… A este paso, el apellido de mi familia quedará manchado por su culpa. —¿Y qué gano yo con esto? El único que saldrá beneficiado es usted… —murmuró, un poco insegura al respecto. Mateo sonrió. —Me encargaré de darte un puesto digno en la empresa cuando me haga con ella —le aseguró—. Lo prometo. Además, ¿no te gustaría ver a ese imbécil caer después de la humillación que te dio? Si yo fuera tú, haría hasta lo imposible para destruirlo. —No sé si confiar en ti —confesó, desviando la mirada—. Eres un Delacroix. ¿Cómo podría serte de utilidad? No tiene sentido. A Mateo se le borró la sonrisa. Siempre la había observado, desde el primer día en que Isadora cruzó las puertas de la mansión Delacroix como una niña silenciosa y obediente, con una mirada triste que nadie se molestaba en descifrar. Ella era una pieza invisible en el tablero. Una sirvienta adoptada, criada para servirle a la familia, ignorada por todos. Por eso, era la aliada ideal. —Las sirvientas tienen oídos en todas partes, Isadora. Caminan entre sombras, limpian los restos de los poderosos… y nadie las escucha —explicó, caminando a su alrededor—. Tú puedes estar donde otros no llegan. Puedes oír lo que Anthony jamás diría frente a mí. Quiero que seas mis ojos, y mis oídos. Quiero que descubras sus secretos más oscuros… antes de que él destruya toda la empresa. Necesito reunir pruebas para que mi padre me convierta en el heredero. —¿Crees que Anthony oculta algo? ¿Es eso? —Puede ser. El caso es que ni mi propio padre confía plenamente en él —comentó, con las manos detrás de la espalda—. ¿Por qué crees que no ha firmado la transferencia de poder? Quiere darle más tiempo para que Anthony le demuestre que es de confianza. —¿Y por qué duda de él? —Anthony estuvo una vez metido en negocios ilegales cuando papá estuvo de viaje —explicó—. Desde ese entonces, sospecho que llevará la empresa por un mal camino. —¿D-drogas? —Así es. —No puede ser posible. Anthony siempre me… —se calló. Isadora cerró los ojos con fuerza, intentando borrar la imagen de Anthony pronunciando insultos horribles hacia ella con esa sonrisa arrogante que alguna vez confundió con amor. Quiso creer que había bondad en él, pero la realidad era otra. La había usado y humillado hasta romperla en pedazos delante de todos. —¿Qué pasa? ¿Todavía confías en él? —cuestionó Mateo, alzando una ceja. —¡No! ¡No podría! Es… —Se tocó el pecho con fuerza—. Joven… Necesito tiempo para pensar en todo esto, por favor. —No te preocupes. Sé que después de lo que te hizo mi hermano, te costará confiar en mí —dijo, con una sonrisa—. Pero cuando lo hagas, prometo que jamás te arrepentirás. —De acuerdo… —murmuró—. ¡Pero exijo un puesto alto en su empresa! Quiero demostrarle a Anthony que puedo ser mucho más que una simple sirvienta. Mateo soltó una carcajada. No sabía qué era exactamente lo que le provocaba tanta gracia, si su tono desafiante, o simplemente el hecho de que alguien como ella se atreviera a hablarle así. Isadora tenía algo que lo fascinaba. —Eres increíble —murmuró, aún sonriendo—. A veces pienso que no tienes idea de con quién estás hablando. —L-lo siento, joven amo… —Se inclinó, recordando su posición. —Hey, puedes llamarme por mi nombre —le dijo. —¿S-su nombre? —parpadeó. Mateo le colocó la mano sobre la cabeza y despeinó su cabello como si fuera una niña. —Mateo. Dime Mateo sin miedo, no te voy a regañar por eso —le guiñó el ojo. —¡I-imposible! —Isadora sintió un cosquilleo repentino en el estómago—. No me atrevería. —¿Y por que sí llamabas a mi hermano por su nombre? —Se cruzó de brazos. —Yo… —Solo hazlo. No me enojaré. Isadora no podía mirarlo. —Lo haré en cuanto pueda. —Bien —respondió—. Acabas de escoger al mejor hermano, ¿sabías? Mateo se peinó el cabello hacia atrás con orgullo, Isadora frunció el ceño, creyendo que era un egocéntrico. —Vaya ego… —Haré que mi padre te asigne tus tareas cerca de Anthony, sobre todo cuando tenga una reunión, ¿está bien? —Claro. —Estaremos en contacto, Isa. Mateo agarró su mano y le dio un delicado beso que la dejó paralizada. Luego se marchó. —¿Estaré haciendo lo correcto?Isadora se miró por última vez en el espejo y casi no reconoció a la mujer que le devolvía la mirada. Llevaba puesto un vestido de novia de estilo princesa con miles de cristales bordados a mano que parecían estrellas. Para ella, era como llevar la armadura de una reina que había conquistado su propio reino.Unos minutos después, a cada lado, Andrea y Solange le daban el soporte emocional que necesitaba. Cada una agarraba un brazo de Isadora para llevarla al altar. Solange tenía el rostro húmedo por las lágrimas que no dejaba de derramar.—Lo siento, cariño. De verdad, perdóname... es que estoy demasiado emocionada por este momento —sollozó Solange—. Verte así, tan fuerte y hermosa... es más de lo que alguna vez me atreví a soñar para ti.—No tienes por qué llorar, Solange —respondió Isadora, con una sonrisa.Andrea también la miró con un orgullo que le apretaba el pecho.—Vas a casarte, Isadora... y lo haces siendo la mujer más reconocida y respetada de todo el país.Isadora s
La tierra golpeaba el ataúd de Anthony mientras Mateo e Isadora lo veían sin ninguna pizca de sentimentalismo. El entierro fue rápido, bajo un cielo gris que anunciaba una posible lluvia. El grupo que acompañó a Mateo solo estaba conformado por: Mateo, Lisa, Isadora, Andrea, Karina y Gustavo. Nadie más. Anthony alguna vez se movió entre la alta sociedad y las fiestas más exclusivas de la ciudad, y aún así, terminó su viaje en soledad. Élodie también se había enterado de la noticia, pero el dolor y el rencor hacia Anthony seguían demasiado frescos como para permitirle asistir, prefirió quedarse en casa, cerrando su propio duelo en privado.Mateo estaba con las manos en los bolsillos y la mirada fija en el horizonte, donde las nubes empezaban a volverse grandes . Isadora lo observó de reojo, sin saber qué estaba pensando.—¿Estás bien? —preguntó ella, con suavidad. Isadora sabía que la mente de Mateo estaba en otro lugar, específicamente en la habitación del hospital donde Jean De
-¿Cómo que Anthony fue asesinado? -La pregunta de Isadora quedó flotando. No podía creerlo. Nadie en la habitación podía terminar de procesar la noticia. El juicio de Anthony estaba programado para el próximo mes y era el evento que todos esperaban para cerrar de una vez por todas ese capítulo oscuro de sus vidas. Anthony seguía tras las rejas, en una celda de máxima seguridad y supuestamente custodiado por un grupo policial estricto. Se suponía que estaba protegido, pero por lo visto, esos muros eran de papel frente al poder de la mafia.Gustavo apretó los puños aún más debido a la impotencia que sentía respecto a lo sucedido.-La policía no pudo hacer absolutamente nada -explicó, con una mezcla de rabia y resignación-. Lo hicieron en la madrugada, aprovechando el cambio de turno y los pocos guardias que custodia las celdas a esa hora. Mataron a los pocos hombres que custodiaban el lugar y al oficial que estaba en la recepción. Fue una ejecución masiva y sigilosa con el objetiv
Unas semanas después de los intensos eventos que casi acabaron con la vida de Isadora, ella había regresado a casa. Sin embargo, el descanso fue breve porque su ausencia prolongada había provocado un efecto dominó en la empresa, acumulando una montaña de documentos, contratos y estados financieros que requerían su firma y sobre todo, su revisión. Andrea Moreau se encontraba con su hija en la oficina de la mansión, rodeada de carpetas, tratando de ayudarla.—Lo lamento mucho, cariño —dijo, con cansancio, mientras le pasaba un informe—. Hice todo lo que pude para no dejarte tanto trabajo acumulado cuando volvieras, pero hay decisiones que solo tú, como cabeza de estos proyectos, puedes tomar. Siento que te estoy recibiendo muy mal...Isadora le dedicó una sonrisa, acomodando las carpetas que estaban sobre la mesa.—No te preocupes, mamá. Puedo con todo esto y mucho más. Estar fuera me dio los ánimos que necesitaba, y ahora mismo siento que tengo la energía de diez personas después d
Isadora abrió los ojos lentamente, sintiendo una pesadez abrumadora en los párpados y un dolor punzante dentro de su pecho que se extendía hasta el hombro. La luz encendida de la habitación le permitió enfocar la vista.Lo primero que vio fue a Mateo. Estaba sentado en una silla de plástico con la cabeza apoyada de forma incómoda sobre el borde de la cama. Sus hombros estaban tensos, y su respiración era irregular. Isadora desvió la mirada hacia el reloj de pared, donde las manecillas marcaban las tres de la mañana. Una oleada de ternura la invadió al darse cuenta de que él no se había movido de su lado en todo ese tiempo.-¿Mateo? -susurró, con la voz quebrada y seca.Su reacción fue instantánea. A pesar de estar consumido por el agotamiento, sus sentidos estaban en alerta máxima para estar pendiente del más mínimo movimiento de la mujer que amaba. Mateo se enderezó de un salto, parpadeando para disipar los restos de sueño.-¡Isadora! -exclamó, con el rostro desencajado por la m
—¡Soy su madre, doctor! —exclamó Andrea, abalanzándose hacia él—. Dígame que mi hija está estable, por favor. No me dé malas noticias, se lo suplico. Estoy muy preocupada por ella... yo no... El médico suspiró, guardando su tapabocas dentro del bolsillo de su bata blanca.—Isadora llegó en un estado muy crítico —comenzó, haciendo que el corazón de Mateo diera un vuelco y todos lo vieran con horror—. Sin embargo, puedo decirles que la cirugía fue todo un éxito y ella está fuera de peligro.Un suspiro de alivio por parte de todos los presentes disipó la asfixiante tensión del ambiente. Andrea se llevó las manos al rostro, rompiendo en un llanto de puro agradecimiento, mientras Mateo cerró los ojos, sintiendo que el peso que aplastaba su pecho se iba.Estaba tan agradecido. —¿Cómo está ella realmente? —preguntó Mateo, con la voz exigente, acercándose al médico.—Necesita mucho reposo para poder recuperarse —explicó el doctor—. La bala perforó tejido muscular profundo en la zona de







