Início / Romance / Venganza de la sirvienta heredera / Capítulo 4: Compañía necesaria

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Capítulo 4: Compañía necesaria

Autor: Pantergirl
last update Data de publicação: 2025-12-29 00:36:02

—Jamás pensé que Isadora diría una locura como esta —expresó el señor Delacroix—. ¿Tú, amando a una sirvienta? No entiendo en qué pensaba esa joven. Recuerdo que tu madre decidió adoptarla para que las sirvientas se encargaran de convertirla en alguien útil y servicial. Desear a uno de mis hijos…

—Tranquilo, padre. No podría rebajarme al nivel de una sirvienta —respondió su hijo, cruzando una pierna sobre la otra—. Creo que Isadora confundió mi amabilidad con coqueteo. 

—Tiene sentido. 

—Como heredero legítimo, necesito a una mujer que pueda cumplir con sus obligaciones a mi lado. Alguien con estudios, inteligencia, y sobre todo belleza —miró a Élodie con picardía, ella le sonrió con vergüenza—. Élodie es la mujer que cumple con todos esos requisitos. 

—Lo bueno es que la sirvienta ya se fue, ¿en qué estábamos? —preguntó la rubia, interesada. 

—Podemos empezar a planear la boda, si gustan —sugirió Jean, con la voz ronca—.  Estaré muy contento si se casan lo antes posible y me demuestras que eres digno de ser el heredero, Anthony. No firmaré la transferencia de poder hasta que me des un nieto, a menos que me muera antes de eso y el cargo te sea concedido por ley.

Anthony se quedó inmóvil por un segundo. El horror cruzó su rostro como una ola. Tensó la mandíbula, conteniendo la rabia entre los dientes.

Su prioridad era heredar la empresa de una vez por todas y despreocuparse de los intentos fallidos de su hermano menor por hacerlo quedar mal frente a su padre. 

—¿Un nieto? ¿Hablas en serio, padre? —inquirió, con desdén—. No puedes hacerme esto. Me dijiste que bastaba con casarme. ¿Ahora quieres a tu nieto? ¡Estás extendiendo mi destino! 

—Anthony, eso me hará sentir más seguro —informó, mirándolo—. ¿Qué pasa si luego decides divorciarte de Élodie antes de tener a tu heredero? No lo aceptaré. No dejaré que uses a esta mujer solo para conseguir mi puesto. 

Anthony apretó los puños. 

—Con todo respeto, señor —intervino Élodie—. No creo que Anthony quiera hacer eso. 

—¿Significa que todavía desconfías de mí, padre? ¿Es eso? ¿Quieres que Mateo sea el heredero y arruine todo lo que has construido? —interrogó, con veneno en su tono. 

—Oye, no me metas en tu discusión —se defendió el menor—. El único capaz de destruir la empresa eres tú, Anthony, con tus pésimas decisiones. No estás listo para tomar el liderazgo, y nuestro padre es consciente de eso. 

Anthony golpeó la mesa con fuerza, los cubiertos de hierro chocaron con los platos. Miró a Mateo con desprecio. 

—Estás celoso porque no tendrás ningún poder sobre mí, hermanito. 

—Ya basta. No voy a tolerar que se peleen en un momento como este —proclamó Jean—. Anthony, tendrás mi firma cuando tu esposa dé a luz a mi nieto. No lo volveremos a discutir. 

Anthony chasqueó los dientes. 

—Por mí no hay problema, señor —murmuró Élodie, un poco incómoda por la tensión en el ambiente. 

Mateo se levantó con brusquedad, captando la mirada de todos.

—Voy al baño —dijo, sin molestarse en disimular su fastidio.

Salió del comedor con pereza, como si el drama que acababa de presenciar no tuviera nada que ver con él, pero al pasar por el pasillo, un sonido lo detuvo.

Escuchó sollozos que provenían del salón de música.

Rodó los ojos.

—Tsk.

Empujó la puerta con cuidado y entró. Isadora se encontraba junto a la ventana, dándole la espalda. Lloraba desconsoladamente.

Mateo se apoyó en el marco de la puerta. 

—Tuve razón, ¿no crees? —rompió el silencio. 

—Ya vete. No necesito que me hagas sentir peor con tus sermones… —pidió, de mala gana. 

Mateo abrió los ojos. 

—¿Le acabas de responder mal a tu joven amo? —cuestionó, sorprendido—. Eso es una falta grave, señorita. Podrías ser despedida después de esto. 

—Ya no me importa si me despiden… —murmuró, con pesar—. De todas formas, ninguno de ustedes me quiere aquí. Será lo mejor. 

—Si te despiden, terminarás pidiendo dinero en la calle —le dijo. 

—Tal vez ese siempre fue mi destino. 

Mateo sintió una punzada de culpa debido a sus propias palabras. Pensó que habían sido crueles e innecesarias. 

Inhaló hondo, como si necesitara tragarse su orgullo, y entró en la sala. Caminó hasta el piano y se sentó sin decir nada. Tocó una sola nota. 

—Mi hermano siempre ha sido así. Mentiroso, egocéntrico, y sediento de poder —confesó, sin quitarle los ojos de encima al piano—. Sin embargo, no pienso que esté listo para heredar el cargo de mi padre. Él es muy impulsivo, y sé que la empresa se vendrá abajo con su mando. 

—Por favor, ¿puedes irte? Quiero estar sola —repitió, con la mirada fija en el jardín recién podado—. No me siento bien. Hablar de tu hermano es una tortura para mi corazón. Él me hizo sentir miserable… su mirada ni siquiera me mostró una pizca de arrepentimiento. Tampoco me siguió cuando huí… No hizo nada para recuperarme. 

Mateo tocó una melodía lenta, casi hipnótica, tratando de cubrir el dolor con algo parecido al consuelo. No sabía cómo ayudarla. 

Ignoró deliberadamente la petición de Isadora. No pensaba irse y dejarla sola en un momento tan vulnerable para ella. 

Isadora no sabía qué pensar. Tenía el corazón hecho pedazos y la mente nublada por la traición. Anthony la había engañado, la había usado y hecho creer en un futuro que nunca existió. 

—No entiendo qué pretendes hacer. ¿Humillarme aún más al decirme que sabes tocar el piano? —murmuró Isadora, abrazándose a sí misma. 

—Trato de distraer tu mente. 

—No funcionará… 

La melodía terminó con una nota suave. Mateo se levantó del piano sin hacer ruido y caminó hacia ella. 

—Señorita, ¿no te gustaría vengarte de mi hermano? —preguntó. 

Isadora se giró con sorpresa. No esperaba verlo tan cerca. Mateo estaba a escasos centímetros de ella, inmóvil como una estatua.

Sus ojos llenos de lágrimas, se alzaron con dificultad. Tuvo que inclinar el cuello para mirarlo bien. La diferencia de altura entre ellos era abrumadora, y por un instante, se sintió pequeña e intimidada ante él. 

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