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Capítulo 7. ¿Premio o castigo?

Autor: Nelsy Díaz
last update Data de publicação: 2026-02-12 13:10:45

Gavrel Mikhailov.

No fue mi deporte favorito. La primera vez fueron siete balazos y dos cortes.

Eso fue lo necesario para impedir que se llevaran a mi hermana. Situación que aún analizo, porque no debía pasar. A menos que…

Solo sé que no me arrepiento.

Y si tengo que hacerlo otra vez… no me va a importar nada más que volverlo mas memorable.

La modelito se remueve tirando de la colcha que hay bajo los dos. Medio la miro antes de girarme para el otro lado. Eso resulta menos fastidioso.

Debería irme y olvidar el trato. Me repito lo mismo una y otra vez. Tengo que dejar de fingir lo que no soy, porque estar en un lugar para citas de estilos exóticos no es lo mío. Nunca lo ha sido.

Clarisse adora este sitio. Marketing, campañas, experiencias sensoriales. Es lo suyo. El dueño la contrató para vender fantasías. Y le gustó al punto de regalarme “la experiencia”.

Al menos sirvió para quitármelas de encima.

«No sin efecto secundario.»

La irritante presencia patalea sola, pelea contra el aire quitándose la sábana que tiene encima, para acomodarse a su gusto, aún estando dormida.

Desorden. No lo tolero.

Si duerme así, imagino el resto.

Dudo que alguien la aguante por una semana siquiera. Se cansaría de ella a los dos días echándole de su casa.

No me agradan los tifones y esta cría parece ser eso... más que eso.

La camisa se le sube, dejando a la vista el culo redondo que alza más cuando tira una pierna casi bajo su estómago, dejando las manos bajo su pecho, como si tuviera frío.

¿Entonces por qué no conserva la colcha?

A nadie le importa.

Me giro de nuevo, encarando la pared. Prefiero el concreto al espectáculo.

Cierro los ojos. El insomnio ha sido constante desde que acepté venir aquí. Compartir espacio con alguien siempre lo empeora.

La pesadez a mis párpados llega de un momento a otro. Quiero aprovechar las horas que quedan para que amanezca, dejando que el cansancio haga de las suyas. Pero el que se me arrimen como mascota buscando cariño me jode los planes.

Percibo el aliento de la existencia desastrosa chocando contra mi espalda. Sus brazos se encogen y una pierna rodea las mías.

Esto debe ser una broma

Me muevo para quitarla pero entre más la empujo, ella más se empecina por estar pegada a mi como garrapata hambrienta. La termino de alejar, porque su contacto sólo me altera la comodidad.

Ronronea como gata en celo. Claudico a su cercanía, cuando me atrapa la mano. La lleva bajo su rostro como si fuera una almohada. Su cuello se ve tan frágil que me es imposible no rozarlo, sintiendo el pulso…que se puede corregir con un solo movimiento que evito.

Vuelve a ronronear un nombre, de quien parece odiar, porque enseguida lo insulta, moviendo la rodilla. Luego se ríe.

La mandíbula se me tensa.

No vine a escuchar a personas incoherentes. Vine a follar y marcharme.

Permanezco quieto. No porque me guste. Porque perder el control por algo tan trivial sería ridículo.

Respiro lento.

Es dormir lo que busco. No pelear con alguien que parece tomarlo como deporte. Aunque no sucede, porque cuando estoy a punto de lograrlo, se enrosca en mi abdomen, buscando temperatura. Arruinando la mía al pegarse aún más.

No sé cómo llegué a este punto.

Si Damien me viera ahora tendría con qué destruirme la vida para siempre. No perdería ni un segundo en usar esto en mi contra, aunque su foco siempre esté en la belleza que tiene como hija. Yo no puedo permitirme que sepa de esto. Nunca.

No soporto tenerla encima. No soporto que se abrace a mí como si yo fuera la almohada que se amolda a ella. Sus movimientos, su olor, la forma en que ronronea dormida… me suben la temperatura y me quitan el control. Y yo no pierdo el control. No así.

La empujo. Apenas un gesto y ella vuelve a pegarse como una garrapata. Muy bonita, pero intolerable. Es tan molesta y tan…

—Hey. —le hablo. Hunde su cara en mi cuello y la reacción fisiológica que surge me hace endurecer la mandíbula. —Carajo.

Tomo la única opción que hay; me giro sobre la cama, pero sigue pegada a mí, como si estuviera hibernando, en lugar de dormir. Caigo sobre ella, aunque al intentar alejarla, enrosca las piernas, enredando las mías. Con su boca pegada a la mía.

Gruño sin explicación razonable. Mi mano la inmoviliza, alejándola con el gimoteo que me avisa de sus alucinaciones cuando me lleva de nuevo a sus labios.

—Sí, así me gusta— dice capturándome la comisura, colgandose de mi cuello, mientras mis brazos evitan que aplaste su existencia.

—Patética hasta para besar— escupo. Sus ojos se abren de inmediato. Baja los brazos y recoge las piernas, pero no me suelta la boca.

De repente me muerde. Una reacción instintiva, despertando al ver la posición en la que estamos. La sonora bofetada me voltea la cara. La quemadura en la mejilla saca a relucir el impulso de sostener sus manos, inmovilizándolas sobre su cabeza.

Respira agitada, me mira con algo en su mirada que no distingo como miedo. Y no hay otra razón, más que por la posición, puede sentirme completo. Cada pulgada de mí, se presiona en ella.

—¿Qué haces? —jadea, luchando—. Tú…Quítate. Imbécil. Hicimos un trato y no quiero…hacer eso contigo.

—A mí tampoco se me apetece follar con alguien como tú. —No hay rastro de duda en mi voz. —Pero te advierto, cría insufrible, si vuelves a tocarme la cara, desearás que tu vida nunca se haya cruzado con la mía.

—No… puedo… —gime, temblando, tirando de sus brazos. Aunque al hacerlo lo único que logra es que sus senos se rocen en mi tórax. Puedo sentir que no soy el único que tiene una parte rígida—. Voy a golpearte de nuevo si no me sueltas.

—Dame uno más y te haré contar las nalgadas que recibirás de la zurra que te estás ganando. Serán lentas, dolorosas...y muchas—deja de hablar—. El culo tan adolorido que no podrás sentarte en días y te prometo, que cada vez que lo intentes, te vas a acordar de mí.

—¿Lo ofreces como premio o como castigo?— parece arrepentida inmediatamente después de decirlo, pero parece querer convencerse de que luce segura.

—No es un ofrecimiento para crías como tú —farfullo con frío calculado, soltándola solo para ir al baño.

—No soy una cría— se enfada. No la quiero escuchar mas y por ello, tiro la puerta del baño para ducharme, con las ganas de hacer uso de una de las enseñanzas de la historia.

El silencio se puede lograr cuando aprietas en el lugar adecuado.

Cada segundo con ella es un recordatorio de lo rápido que puede desequilibrarme. No sé cómo lo hace si apenas la conozco, pero se las arregla para romperme la paciencia, comprobando que aún con todo, mantengo el control. Debería agradecer que es óptimo.

El agua cae fuerte y fría sobre mi cabeza, descendiendo sobre mi torso y espalda. Cierro los ojos, y mi mano busca la longitud endurecida que, incluso bajo el frío, insiste en alzarse con voluntad propia, causando una reacción violenta, demandando lo que quiere con la misma autoridad que yo le niego el poder tomarla.

El baño no es suficiente para alejarme de lo que ella despierta en mí. Sus sueños, sus fantasías, no me interesan. Pero necesito que la distancia sea aún más grande.

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Comentários (2)
goodnovel comment avatar
Maria Reyes
porque tan pocos capítulos.. y en la mejor parte. jejej
goodnovel comment avatar
Maria Reyes
a caray casi le hacen el delicioso y ella dormida dándose placer, que locura jajajja.
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