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La penitencia de una pequeña pecadora.

Autor: Alexa Mcliz
last update Data de publicação: 2026-02-16 00:03:48

Despues de oficiar la misa de la tarde, puse excusa para no entrar al confesionario. Mi lobo estaba harto, yo estaba harto... todo lo que nos rodeaba nos tenía en total hartazgo.

Lo único que me mantenía en ese pueblo caliente era esa jovencita. Después de ver sus pechos y parte de su piel expuesta no dejaba de desearla, igual mi lobo tenía una necesidad inmensa por marcarla, al mismo tiempo de castigarla por llamarlo "perrito". Aún la palabra diminuta nos chocaba.

—¿Cómo puede ser tan tonta?
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Último capítulo

  • ¡Ay padrecito!   El mejor castigo.

    —¡Oh padrecito mío! —Grite, sin importarme que los ecos parecían querer quebrar las paredes de ese feo sótano. —¡Ohhh!Sentía que explotaba en mil pedazos. Baje un poco la vista cuando las sacudidas aumentaron, para ver cómo su verga gigante entraba con más rapidez en mi coño. Me encantaba, pero el placer me estaba nublando la visión y tenía la sensación que me iba... me iba lejos. Que mis piernas se derretían.—¿Te gusta cómo te follo, Corderita?Me mordí los labios cuando escuche la pregunta, por igual baje mis manos para tocar los glúteos duros de mi amor, con eso indicarle que me siguiera dando duro, aunque casi no aguantaba cada puntada que me tocaba casi las tripas.—Si, me encanta. Ahhh...Eso provocó que mi padrecito sacará su verga de mi coño caliente, me cambiara de posición, en una que parecía más bien, una cachorra, en cuatro patas. La intensidad aumento, más duro, más gusto... más profundo. Mi coño ardia y vibraba mientras su verga salía y entraba cada vez más rapido. Su

  • ¡Ay padrecito!   La promesa de un castigo.

    Al menos en mi casa hubo un poco más de silencio en la mañana del día siguiente, mismo día que recibiría mi castigo por el simple capricho de doña Filomena. Las discusiones entre mi tía y mi mami habían bajado de intensidad, y yo lo estaba disfrutando, aunque se suponía que debía estar preocupada por el castigo que me esperaba en una hora.Pero, sinceramente, esa idea no terminaba de entrar en mi cabeza.Algo me decía que mi padrecito no permitiría que me castigaran demasiado.Aunque… también tenía mis dudas.Al fin y al cabo, doña Filomena era prácticamente quien mandaba en el pueblo. Mucho más que el panzón de su esposo, el alcalde.Con todo eso en mete, luego de alistarme para irme a la iglesian. Me miré en el espejo y suspiré.—Ay, mi padrecito no. No puede permitir eso…Le sonreí a mi reflejo. El espejo estaba bien limpiecito, así que podía verme perfectamente. Levanté una mano, me la llevé a los labios, después la posé contra el cristal.—Todo saldrá bien, linda Carmelina.Me o

  • ¡Ay padrecito!   El regreso del falso... más falso.

    POV: El padrecito ( Diogo Braconchely)—Llegas justo a tiempo.La voz de mi hermano penetró en mis oídos de una forma casi irritante. Apenas crucé la puerta de aquella oficina parroquial que, por razones obvias, se había convertido en nuestro pasadizo secreto.Estaba algo oscuro, pero no necesitaba luz para sentir su energía ni aquella conexión que compartíamos. Mi mente, en cambio, estaba muy lejos de allí, inmersa en los recuerdos de mi corderita.—Ni modo. La situación lo amerita.Fijé la vista en Mateo. Ya no llevaba la ropa de cura. En su lugar, vestía de mezclilla, la misma que solía usar cuando estaba con la manada.—Ya veo que saldrás de la zona —comenté, señalándolo con la mirada.—Sí. Aprovecharé que necesitas estar en mi lugar para reunirme con Frank.—Dio unos pasos hacia adelante. Había algo en su mirada, una seriedad que me hizo comprender que estaba a punto de decirme algo que marcaría un límite para los días que me quedaban.—Aprovecha esta semana. Posiblemente tengas qu

  • ¡Ay padrecito!   La petición de la señora Matogroso.

    POV: MateoLa mujer que tenía frente a mí había irrumpido en la oficina como si fuera ama y señora de aquella parroquia. Incluso me señalaba con el dedo, como si yo estuviera obligado a obedecer cada una de sus órdenes.Una simple bruja.Quizá no de las típicas que los hombres lobo odiábamos, pero sí en su actitud: soberbia, altiva e inquebrantable. Bastaba escuchar el tono de su voz para que mi lobo comenzara a irritarse.Piscis era uno de los lobos más calmados que podían existir en la manada Sombra. Era el alterego de Escorpión, mucho más errático y temperamental. Tal vez aquella dualidad era precisamente lo que ayudaba a mantener a mi hermano Diogo en equilibrio.Sin embargo, aquella mujer estaba consiguiendo quebrarlo.Respiré profundamente antes de indicarle que tomara asiento. Tendría que soportar aquella mierda.—Dígame, señora. ¿En qué puedo ayudarla?La mujer ni siquiera se molestó en disimular su indignación, por una simple pregunta.—Padre Mateo, le exijo, que usted como l

  • ¡Ay padrecito!   El regaño de mi madre.

    Como era de esperarse, apenas la bruja de la señora Filomena —que se creía lo más grande que había pisado aquella tierra polvorienta de Zanoc— se marchó, mi madre me regañó.Después de hacerlo, me quitó la palabra durante casi toda la tarde. Apenas volvió a dirigirmela cuando ya nos íbamos del puesto de mercado, y fue únicamente para ordenarme que subiera a la camioneta.Durante todo el camino permaneció callada. Saludaba a cuanto conocido encontraba y conducía despacio... demasiado despacio para mi gusto. Claro que entendía la razón: así le daba tiempo de saludar a todas las compañeras de la iglesia que alcanzaba a ver en el camino.La miré de reojo un par de veces.Se veía realmente atormentada.Aunque, pensándolo mejor, parecía más avergonzada que otra cosa.Primero había sido mi tía.Y después, yo misma.Las dos habíamos terminado molestadola, cada una a su manera.Hasta sentía que le había echado más tierra encima a mi tía cuando confesé que yo misma había recibido los regalos de

  • ¡Ay padrecito!   Un castigo para Carmelina.

    POV: Carmelina El día no había sido tan malo, aunque sí un poquito doloroso. Me costó no quejarme; todavía me dolía todo el cuerpo después de la noche tan intensa que había tenido con mi padrecito, en mi casa, en mi habitación.Cada movimiento me recordaba lo ocurrido, y no pude evitar que una sonrisa perversa se me escapara al pensarlo.Mejor imposible, aunque no tuviera con que comparar lo que estaba viviendo con él, sabía que era lo mejor que me había pasado en mi aburrida vida. Tal vez por esa razón mi tía Morgana estaba celosa, mi padrecito estaba mil veces más guapo que su novio panzón ( el alcalde del pueblo ) ya lo tenía claro, su esposa estaba a unos metros de mi, hablando sobre eso con mi madre. Hasta exprimi los ojos cuando dijo que mi tía era una puta zorra. Fingía no prestarle atención, pero cuando doña Filomena me señaló como posible víctima de mi tía pare más las orejas y me fui acercando despacito, con disimulo y muchas ganas de escuchar que podía decir de mí, esa br

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