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C87: Intoxicación.

Autor: Yaz Salo
last update Data de publicação: 2025-11-05 10:39:03

Raymond se tensó al instante. No era un hombre dado a ese tipo de contacto; su cuerpo rígido delataba su incomodidad. El abrazo lo tomó completamente por sorpresa, y antes de que pudiera rechazarlo, la puerta de urgencias se abrió con un chirrido metálico.

El médico apareció con el rostro exhausto, aún con la mascarilla colgándole del cuello. En ese momento, Raymond reaccionó de inmediato, impulsado por una fuerza instintiva. Sin pensarlo siquiera, colocó las manos sobre los hombros de Layla y
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Último capítulo

  • ¡DAME EL DIVORCIO!: ESPERO AL HIJO DE TU ENEMIGO   CAPÍTULO FINAL

    Con el paso del tiempo, los años fueron acumulándose unos sobre otros y los niños crecieron bajo la calma de una vida que, poco a poco, encontró su equilibrio. Ámbar tomó una decisión firme desde el principio: no engañar a Celestine. Aunque la niña la llamaba "mamá" y estaba convencida de que ella lo era, Ámbar consideró que la verdad, dicha con cuidado y en el momento adecuado, era una forma de respeto.Así, conforme Celestine fue creciendo y comenzó a formular preguntas, Ámbar le mostraba fotografías de Alaska y de Vidal, señalándolos con suavidad y explicándole que ellos eran sus padres biológicos. No utilizaba palabras duras ni conceptos que una niña no pudiera comprender; hablaba de ausencias, de personas que se habían marchado y que ya no podían regresar, envolviendo la realidad en un lenguaje delicado que protegiera su sensibilidad.Ámbar nunca le dijo a Celestine que Vidal no era su padre. Por el contrario, sostuvo siempre que él lo había sido y que ambos, Alaska y Vidal, se h

  • ¡DAME EL DIVORCIO!: ESPERO AL HIJO DE TU ENEMIGO   C265: El verdadero padre de Celestine.

    Con el paso de los días, el tiempo fue avanzando de manera inexorable y todo comenzó a acomodarse. Las jornadas se transformaron en semanas y cada acontecimiento fue ocupando el lugar que le correspondía.Margot fue finalmente declarada culpable de todos los crímenes por los que había sido acusada. Hasta el último momento sostuvo una falsa inocencia, aferrándose a una versión que nadie creía, pues las pruebas eran contundentes e irrefutables. Todas las evidencias la señalaban sin lugar a dudas, y la sentencia fue severa.Su destino quedó sellado entre los muros de una prisión, donde pasaría el resto de su vida. No habría salida para ella, ni redención posible. Su mundo terminó reducido a ese encierro.En cuanto a Alaska y a Vidal, fue Ámbar, junto a Raymond, quien se ocupó de todo lo relacionado con su despedida. A pesar de las circunstancias trágicas y dolorosas que rodearon sus muertes, ambos se aseguraron de que recibieran un sepelio digno, respetuoso, como última muestra de humani

  • ¡DAME EL DIVORCIO!: ESPERO AL HIJO DE TU ENEMIGO   C264: Debí haberme dado cuenta.

    Ámbar alzó la vista de golpe, con una expresión de absoluto impacto. Sus ojos se abrieron con incredulidad, como si no hubiera escuchado bien, mientras Raymond también se quedaba paralizado, observando a Elías con el rostro completamente desencajado.—¿Qué…? —murmuró Ámbar—. ¿El cuerpo de Layla estaba en la casa de Vidal?—Sí —confirmó Elías—. Estaba debajo de algunas baldosas, dentro de la vivienda. No estaba enterrada de forma adecuada ni realmente oculta. Por ese motivo, la policía supone que no pensaba dejarla allí de manera definitiva. Lo más probable es que la intención fuera retirarla después y trasladarla a otro sitio, desaparecer el cuerpo por completo.Raymond y Ámbar quedaron paralizados ante aquella revelación. La magnitud de lo que estaban escuchando parecía demasiado grande para asimilarla.—Algo dentro de mí siempre me dijo que Vidal tenía relación con la desaparición de Layla —resaltó Raymond—. Pero… ¿qué significa esto? ¿Que él le hizo algo? ¿Vidal fue quien la mató?

  • ¡DAME EL DIVORCIO!: ESPERO AL HIJO DE TU ENEMIGO   C263: El cuerpo de Layla.

    Ámbar salió de la habitación, pero antes de avanzar por el pasillo, se detuvo sin girar la vista hacia atrás.—Raymond… —pronunció.—¿Qué sucede? —preguntó él, atento.—La bebé...Raymond comprendió al instante y asintió con seriedad.—Yo me encargo —respondió—. Te la entregaré. Espera aquí y no entres de nuevo a la habitación.Raymond se internó nuevamente en el cuarto. El llanto del bebé continuaba, agudo y constante. Él tomó a la pequeña con cuidado, la sostuvo contra su pecho y se acercó a Ámbar, a quien se la entregó con delicadeza, asegurándose de que quedara bien acomodada entre sus brazos.—Por favor, mi amor, sal de la casa y espérame afuera. Y no vuelvas a entrar —indicó Raymond.Ámbar asintió sin discutir. Abrazó a la bebé como si ese pequeño cuerpo fuera lo único que la mantenía en pie, y se dirigió hacia la salida. Cruzó la puerta y salió al exterior, alejándose de la casa.Raymond, una vez solo, sacó su celular y marcó de inmediato a la policía. Mientras hablaba, comenzó

  • ¡DAME EL DIVORCIO!: ESPERO AL HIJO DE TU ENEMIGO   C262: ¿Y si le pasó algo?

    Pasaron muchas horas. El día fue avanzando lentamente hasta que la noche comenzó a caer, y Alaska no daba señales de regresar. Ámbar empezó a inquietarse. Se suponía que su hermana solo había ido a alimentar a la bebé; no había ninguna razón para que se demorara tanto tiempo.Por un momento pensó que quizá Vidal y Alaska se habían reconciliado y que, por esa razón, ella había decidido quedarse en la casa. Sin embargo, no tenía forma de confirmarlo.Intentó comunicarse con Alaska, pero no obtuvo respuesta. Su teléfono parecía apagado o fuera de alcance. Tal vez lo había perdido, o lo había dejado olvidado en la casa de Vidal. Ámbar llamó una y otra vez, sin éxito. Luego marcó el número de Vidal, pero tampoco respondió.No había mensajes, no había llamadas, no había ninguna explicación. Alaska tampoco había tomado la iniciativa de avisarle que no volvería esa noche ni de darle alguna señal de que todo estuviera bien.La inquietud se transformó en una preocupación creciente y una sensaci

  • ¡DAME EL DIVORCIO!: ESPERO AL HIJO DE TU ENEMIGO   C261: Si no eres para mí...

    —Si no lo consigo —agregó Alaska—, si no logro recuperar a Vidal, si no volvemos a ser lo que alguna vez fuimos… entonces prefiero morirme. No me interesa nada más. No me importa nada, Ámbar. Prefiero desaparecer.Ámbar la observó con indignación y tristeza. Nunca antes había visto a su hermana en un estado tan extremo, tan desbordado, y eso la desconcertó.—¿Y tu hija? —preguntó—. ¿Ella tampoco te importa? Todo lo que dices gira en torno a Vidal, a que no puedes vivir sin él, pero en ningún momento hablas de Celestine. ¿Dónde queda ella en todo esto? Es como si no formara parte de la ecuación.Alaska guardó silencio por un instante.—Claro que me importa mi hija —aseveró—. Por supuesto que me importa. Pero ya te lo dije: necesito a Vidal para poder cuidarla, para que seamos una familia. Sin él no puedo hacerlo. No sería capaz de ser la madre que Celestine necesita si Vidal no está a mi lado.Ámbar apartó la mirada. No sabía cómo reaccionar ante lo que estaba escuchando. Comprendió qu

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