INICIAR SESIÓNPOV: William.
Con la llegada de mi familia me relajo e intento olvidar lo que me hizo sentir ese anuncio, ese dichoso papel que me puso en tantos apuros con esa chica que ni conozco. Mi madre, Eleonor, es la primera en llegar, acompañada de Esme, mi hermana pequeña.
—Hola madre —saludo, cuando llego a su lado y beso su mejilla—. ¿Y papá?
Me extraña que no haya venido con ellas, pero estoy seguro que llegará pronto.
—Hola, hijo. Estaba loca por verte —responde y me devuelve un abrazo enorme—. Tu padre viene con los gemelos. Andaban viendo algunos terrenos que tus hermanos quieren comprar, para extender el proyecto de desarrollo local, en conjunto con el Ayuntamiento.
Me intereso por este tema y apunto por algún lugar de mi cabeza, que necesito conocer detalles de ese proyecto. Le doy otro beso a mi madre y me vuelvo hacia donde está Esme.
—Hola, enana —la molesto, como siempre, y ella rueda sus ojos. Antes perdía su tiempo rectificando que ya es una mujer hecha y derecha, pero desistió; ahora solo me ignora.
—Hola, Will —dice, mientras me da dos besos en las mejillas y, por último, un abrazo de oso—. Te extrañé.
Me quedo así, con ella entre mis brazos, y pienso lo rápido que pasa el tiempo. Mi hermana fue el principal motivo por el que yo decidí crecer y plantearme los objetivos más ambiciosos de mi vida.
Esme siempre fue una niña tímida, introvertida e insegura. Cuando nuestros padres trabajaban y se sacrificaban para darnos una vida mínimamente modesta, yo tuve que asumir mi rol de hermano mayor y demostrarle a mi hermana pequeña que siempre estaría allí para ella. Nunca nadie supo, solo yo, lo que pasó aquella noche, ni las verdaderas causas por las que Esme se retrajo tanto, que perdió su segundo año de instituto. Nadie nunca supo tampoco, lo que significó para mí, cargar con tal secreto a cuestas. Pero por ella, soy capaz de todo.
—¿Cómo va la agencia? —pregunto y sus ojos brillan con orgullo.
Esme, como mis hermanos y yo, estudió Administración de empresas, solo que ella decidió irse por la rama del diseño empresarial, mientras yo desarrollé métodos logísticos de almacenes. Los gemelos, Rafael y Leonel, decidieron especializarse en la gestión de proyectos y, juntos, creamos una asociación donde cada uno aporta lo suyo. Mi hermana maneja su agencia de planificación empresarial para ayudar a sus clientes con estrategias de marketing, comunicación institucional, entre otras bases. Yo les proveo, a esos clientes y a mi propia cartera, lo que sea que necesiten para implementar esas estrategias. Y mis hermanos, constantemente, buscan apoyo a través de sus proyectos, con organizaciones no gubernamentales y de cooperación internacional.
—Todo marcha estupendamente, gracias por tu apoyo —contesta emocionada y me abraza otra vez—. Si no hubieras puesto tu confianza en mí, no estaría logrando mi sueño.
Mi pecho se aprieta por sus palabras. En la familia, todos apoyamos sus sueños y participamos en la creación de lo que hoy es O' Sullivan Business Design Agency, de la que Esme es su gerente principal.
—No digas tonterías —desestimo la importancia de mi participación porque en realidad, todos aportamos algo.
Me giro con Esme en mis brazos para ver a mi madre y ella nos devuelve una mirada enternecida. Yo sonrío por su estado emocional y ella reacciona, abanicando sus ojos con sus manos para evitar derramar algunas lágrimas.
—Vamos, esperemos a los demás tomando una copa de vino —digo, para romper el silencio y tomo a mi madre de la mano, para irnos hacia la terraza.
Martha, mi ama de llaves, enseguida se pone en función de traer las copas y la botella que ya tenía preparada. En lo que pasa el tiempo, esperando a mis hermanos y a mi padre, conversamos de algunos temas no tan importantes. Los viajes de mi madre y los que está planificando hacer. La nueva moda de París, que a Esme últimamente le interesa un poco más. Temas que no me generan mucho interés, aunque trato de demostrar lo contrario. Por mi parte, decido pensar en esa chiquilla. En sus ojos marrones, hermosos, mientras me acercaba a ella en la cafetería. Cómo se atrevió a decirme que yo tendría mejores cosas que hacer que pretenderla a ella y cómo su mirada cambió cuando le dije que tal vez sería así, pero que de igual forma lo haría. Hasta ese momento, las vibraciones de mi cuerpo ante su presencia, me daban a entender que Ashley Moon sería "la chica". Y me decepcionó mucho pensar que no lo sería. Por eso actué como un cabrón y le hice esa payasada, de la que me arrepentí nada más ver cómo la afectaba.
Ahora quisiera cambiar mis acciones o, al menos, pedirle una disculpa, pero con una cita pendiente con su amiga, no creo que haya alguna solución intermedia.
—Will...William —grita mi hermana y doy un brinco. Ella ríe a carcajadas, mientras intenta hablar—. ¿Por cuál mundo andabas?
Miro a mi hermana y a mi madre, ambas sonríen conocedoras.
—Will...me interesa saber qué, o quién, te tiene tan entretenido, pero ya tu padre y tus hermanos llegaron, así que queda pendiente esa conversación —comenta mi madre, como si nada. A ella no se le escapa nada, nunca.
—Nada, madre, cosas de trabajo —resoplo, rodando los ojos.
Mi hermana me da un codazo y me mira escéptica, intento ignorarla, pero al final me sale la sonrisa bobalicona; le guiño un ojo para hacerle saber que luego la pondré al tanto. Mientras, mi madre se levanta para recibir a mi padre y a mis hermanos. Esme y yo nos quedamos sentados en la terraza, esperando por los demás. Pocos minutos después, los gemelos hacen acto de presencia, bulliciosos como siempre, seguidos de mi padre, que sonríe satisfecho.
—Que afortunados somos hoy, conseguimos un hueco en la abultada agenda del primogénito O' Sullivan —farfulla Rafael, haciendo una reverencia, fingiendo servidumbre. Yo ruedo los ojos ante su pésimo chiste, pero debo confesar que me divierte un poco.
Levanto mi copa de vino y hago un gesto de brindis.
—Lo eres, hermano, lo eres —aseguro y le guiño un ojo, haciéndome el importante.
Leonel llega a su lado y resopla, me mira por unos segundos intentando pensar en algo inteligente, acostumbramos a desarrollar este tipo de interacciones, nos hace divertirnos en medio de nuestro arduo y agitado modo de vida.
—El millonario más codiciado, deberíamos decir, es a quien tenemos la dicha de visitar. Nosotros, los menos afortunados, tenemos que resignarnos con ser segundones —comenta, sentándose en la silla a mi lado; cruza su pierna y apoya el tobillo en la otra.
Suelto una carcajada que me sale de lo más profundo. Es irónico lo que dice, pero real. Literalmente, mis hermanos gemelos quedaron por detrás de mí, en una estúpida lista de los solteros más ricos y codiciados de la ciudad. Lo más extraño es que salieron en el mismo número los dos y, aunque es lógico, porque son idénticos, se supone que uno sea más deseado que otro.
—Yo creo que pronto tendrán que sacarlo de esa lista —interrumpe mi madre y yo me tenso, porque ahora me caerán todos encima—. Will anda en las nubes y yo creo que es por una mujer.
La miro, pero ella está entretenida mirando las expresiones de los demás. Mi padre, que hasta el momento no había hablado, se acerca a mi lado.
—Hijo, yo sé que eres importante, pero puedes darle un beso a tu viejo —murmura, dándome una efusiva palmada en la espalda. Yo me levanto y lo abrazo, pensando que todo se quedará así, pero él, divertido, añade—: Si es así desde ahora, cuando esa mujer te atrape del todo no te veremos ni el color del pelo.
—¿Tú también, papá? —pregunto, sorprendido. Él abre los brazos como diciendo «Está claro». Niego con la cabeza y sonrío, resignado.
Nos sentamos juntos en la mesa amplia de la terraza y disfrutamos de un excelente tiempo de calidad. Hablamos de negocios, de la vida, recordamos lo que fuimos, exponemos lo que somos. Una familia unida, comprometida con nuestros sueños y metas.
La cena la tomamos en el comedor, todo muy formal, como acostumbramos a hacer desde que podemos disfrutar todos juntos. Antes de ganarnos lo que tenemos, en la etapa donde mis padres trabajaban hasta el cansancio, siempre había uno ausente. Pero hace años que decidimos que eso no sería así. Estaremos todos, siempre.
Poco después de la medianoche, estoy aún sentado en la terraza. Ya todos se fueron y yo me quedé mirando el velo de la noche cayendo sobre la ciudad. Un contraste hermoso, la negrura del cielo con el brillo intenso de las luces de abajo. Con el teléfono en mano, pienso qué debo hacer. Lo mejor sería cancelar esa dichosa cita, pero no quiero quedar mal. Por más que haya metido la pata, ya la chica se emocionó.
Al final, decido que no me importa mucho lo que piense, puedo darle cualquier excusa, por lo que decido llamar. Marco el número que guardé como "Amiga intensa de la chica oportunista" y espero. Cuatro tonos y nada de respuesta. Miro la hora y me apena estar llamando tan tarde, me digo que insistiré una vez más y ya, lo dejo si no logro hablarle.
Casi al último tono, cuando ya había decidido colgar, una voz que reconozco responde del otro lado. Me quedo mudo en un inicio, pero trato de recomponerme para dar la impresión de que estoy equivocado.
—¿Hola? —responde con una interrogante. Supongo que desconoce mi número
—Buenas noches —susurro, con un tono bajo y debo confesar, intento sonar sensual.
Me doy un pellizco por ser tan tonto de querer provocar a la chiquilla. Por eso, intento remendar mi actuación y como todo un actor, me hago el desentendido.
—Eres Steph, ¿verdad?
Silencio. Me reconoció. La oigo suspirar del otro lado y ahora mismo quisiera verla. Me gustaría ser testigo de sus reacciones y poder, al menos por un segundo, admirar esa ternura que tanto me gusta de ella.
«Ya no es tan tierna», me recuerda mi subconsciente. Y es verdad, la prueba es el papelito que aún no me atrevo a tirar. Es otra más de las mujeres que prefieren la vida fácil.
—No, lo siento. Este es mi teléfono y Steph, está dormida.
Cuando al fin responde, lo hace con una voz monótona y desganada. Me pregunto si vivirán juntas o la amiga me habrá tomado el pelo diciendo que era su teléfono. De igual manera, creo que me quedaré con la duda por hoy.
—Bueno, solo quería comentarle que mañana la recogeré a la misma hora que acostumbro visitar la cafetería —digo, pero mientras lo hago, tapo mis ojos y niego con la cabeza, otra vez reaccionando como no debo. Pero ahora tengo que continuar, no hay remedio—. ¿Se lo dirás?
Dejo la pelota en su tejado. Y espero. Ella carraspea y yo sonrío.
—Claro. Se lo diré.
Y corta la llamada. Me quedo como tonto mirando el teléfono y pensando que soy un imbécil, por desear, con todas mis fuerzas, seguir la conversación.
«Ni modo, no hay nada que hacer»
SAN VALENTÍN RETRASADO. William O’ Sullivan. El gorgojear de Trevor en su cuna me despierta. Abro un ojo perezoso y lo veo, a través de las barandas de su cunita, con sus manos agarrando sus pies y moviéndose sin cansancio de un lado a otro, jugando consigo mismo. La pelusa rubia que tiene en la cabeza está revuelta y su pequeña boca, se abre y se cierra, como si tuviera una profunda conversación con un amigo imaginario. Sonrío al verlo. Y mi pecho se calienta con el amor más natural y verdadero que un padre puede sentir. Ashley duerme, acurrucada contra mi cuerpo, pegada completamente a mí y desnuda. Su cabeza está en mi pecho y su mano sobre mi abdomen, demasiado cerca de la zona que en las mañanas busca su atención. Y casi todo el tiempo, en realidad. La mía está apoyada en su espalda, sintiendo su tibia y cremosa piel. Y con unas ganas tremendas de seguir bajando y acunar su trasero, apretarlo como quiero y despertarla con un buen mañanero. Pero el deber llama y mi bebé, de m
MI VIDA ENTERA.Ashley Moon.Abro los ojos cuando siento un beso en mi frente. El azul más hermoso me espera y cuando reacciono, me doy cuenta que me quedé medio dormida con mi pequeño encima. Me sobresalto, aunque obviamente no pasa nada, él sigue pegado a mi pecho, dormitando, ajeno a mi preocupación.—Tranquila, preciosa. —Will me dedica la mejor de las sonrisas, cálida y amorosa—. Yo me quedé velando tu sueño.Me guiña un ojo para relajarme y no tengo más que hacer, que suspirar aliviada y más enamorada que nunca. Incluso, emocionada. Trevor cumple un año mañana y si algo puedo decir, es que la maternidad no es sencilla, pero como se disfruta con un padre como Will. Si yo fallo, por cansancio, más que por otra cosa, él está presente para cubrirme.Mis ojos se aguan un poco y él lo nota. Vuelve a acercarse, con actitud más seria ahora, pero más que enamorada de su expresión.Sus dedos cubren mis mejillas y el pulgar roza con suavidad mis labios. Me sacudo con la corriente que me p
SORPRESA.Ashley Moon.Me tapo la boca para no soltar la carcajada y despertar a Trevor en el proceso. Necesito que siga durmiendo si pretendo encontrar algo que me convenza al fin. Pero es inevitable recordar ese día y no querer morirme de risa. Ver a Will tan desencajado fue tan extraño e increíble, que seguimos riéndonos de eso a pesar de que ya ha pasado casi un año.Sigo en mi búsqueda viendo cada pequeño detalle sin que nada me convenza en lo absoluto. En definitiva, esto me pasa a mí por dejar estas cosas para último minuto. Y la verdad es que me siento de lo peor, porque mi atención ha estado al completo en la fiesta de cumpleaños de nuestro pequeño, que será mañana, y olvidé que hoy es San Valentín.Con los ánimos por el piso, pero decidida a encontrar algo, continúo buscando en distintas páginas y las pocas cosas que me gustan realmente, no tienen entrega inmediata. Así que ya empiezo a desesperarme, no dejo de ver el reloj y cuento los minutos, porque la hora de su llegada
REGALO ANTICIPADO. Ashley Moon. Suspiro frustrada cuando ninguno de los resultados de la búsqueda me convence. Hay muchas cosas, todas me gustan y a la vez, no me parecen suficiente. No sé si es la emoción excesiva que siento o que el tiempo corre y yo sigo en las mismas. Trevor duerme en su cuna a pocos metros de mí, mientras yo estoy sentada en la cama con la laptop sobre los muslos, buscando qué regalarle a mi esposo este catorce de febrero antes de que mi pequeño se despierte. Rezando, además, para que William no llegue todavía y tenga que volver a posponerlo todo. El tiempo es oro y yo ando malgastándolo con mi indecisión. Pellizco el puente de mi nariz cuando las imágenes en la pantalla, con excesivo rojo y dorado, comienzan a desesperarme. Quiero hacer algo especial en este San Valentín, es importante para nosotros por varias razones y no quiero pasarlo por alto. Sobre todo porque el año anterior fue una completa locura. Levanto la mirada y veo a mi pequeño a través de la
—¿Estás nervioso? —le pregunto a Will, mientras esperamos que la doctora entre a la consulta. Se voltea a verme y sus ojos azules me demuestran que sí, lo está. Levanto mi mano y le pido con el gesto que se acerque, para acariciarle la mejilla—. Todo está bien, solo descubriremos hoy si será un nene como tú o una pequeña, como yo. Will sonríe y suelta un ruidito extraño. Cubre mi mano con la suya. —Lo sé, amor —asegura—, pero no puedo evitarlo. Acerca su boca a mi frente y deja un beso corto. Yo sonrío, complacida con su gesto. Tomo su mano y entrelazo nuestros dedos, para reconfortarlo. Esperamos así, juntos y en silencio, a que la doctora aparezca. Yo estoy acostada en la camilla, lista para la ecografía, pero la doctora tuvo que salir un momento y aquí nos quedamos, a la espera. Jenny Parker fue la ginecóloga escogida por ambos para atender todo el embarazo y, hasta ahora, todo ha ido bien y estamos conformes con la decisión. La clínica, según Will
POV: William.“¿Reconoces ese momento en el que todo se detiene y solo necesitas saber si lo que sucede, es real? ¿Que la vida pocas veces te ha sonreído y cuando lo hace, crees que es un espejismo…? Así me he sentido la mayor parte del tiempo, desde que llegaste a mi vida. Mirando sobre mi hombro, temerosa del momento en que el sueño se rompiera y yo volviera a ser la Cenicienta del cuento, pero sin final feliz. Pera cada día ha sido una nueva batalla, una nueva confirmación de que las cosas buenas también pueden suceder, también pueden pasarnos a nosotros, los que creemos que no tenemos una oportunidad. Cada día a tu lado ha sido esa bofetada a mis mayores miedos, a mis preocupaciones, porque tú has sabido ordenar mis emociones, luego de descontrolarlas por completo.Entregarme a ti hoy, comenzar una nueva vida juntos, donde seamos







